Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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domingo, 8 de abril de 2018

El Evangelio para Niños: La Divina Misericordia



(Ciclo B - 2018)

         Una vez, hace mucho tiempo, Jesús se apareció a una monjita que se llamaba Sor Faustina y le dijo que pintara una imagen así como ella lo veía –así como lo vemos en la imagen- y que pusiera abajo: “Jesús en Vos confío”.
         Jesús le dijo que esta imagen era una señal –así como un semáforo es una señal que nos indica si podemos avanzar o debemos detenernos- de que Él estaba por venir al mundo por Segunda Vez para juzgar al mundo y para llevar al Cielo a los que quieran ir con Él. Jesús también le dijo que toda la humanidad tenía que convertirse a la religión católica, porque si no, la humanidad no iba a encontrar paz. También le dijo que esta imagen era como un vaso del cual la humanidad debía beber del Amor de Dios, para así poder salvarse. Pero también le dijo que si alguien no quería estar con Él y aprovechar su Misericordia, ése tendría que pasar por su Justicia Divina: “El que no quiera pasar por la puerta de mi Misericordia, tendrá que pasar por la puerta de mi Justicia”.
         Esto quiere decir dos cosas: por un lado, que Jesús no va a llevar a nadie al Cielo de forma obligada, porque van a ir al Cielo solo los que quieran refugiarse bajos los rayos de la Sangre y el Agua que brotaron de su Corazón traspasado y que en la imagen son los rayos blanco y rojo. Son los sacramentos de la Iglesia, la Confesión y la Comunión. Es decir, van a ir al Cielo los que se confiesen y comulguen con fe y con amor y además hagan obras de misericordia.
         Pero también quiere decir que los que no quieran estar bajo los rayos del Corazón de Jesús –hay muchos que no quieren cumplir los Mandamientos, que no quieren ser buenos, que no quieren confesarse ni tampoco comulgar-, esos no iban a ir al Cielo, porque Él no va a llevar a nadie obligado al Cielo.
         Y esto, porque Dios nos ama tanto, que respeta nuestra libertad y si alguien elige vivir sin Dios, aunque Dios lo ama, lo respeta y no lo hace vivir obligado con Él, y para quien no quiera estar con Él en el Cielo, Dios crea un lugar que se llama “Infierno”, en donde van todos los que no quieren saber nada de Dios. Solo que en el Infierno se sufre mucho, porque hay un fuego que quema el alma y el cuerpo, para siempre. En el Cielo también hay un fuego, pero que no quema, sino que llena al alma con la luz, la alegría y el Amor de Dios. Si queremos ir al Cielo, para estar con Jesús y la Virgen para siempre, entonces en esta vida tenemos que acudir con frecuencia a la Confesión, tenemos que recibir a Jesús por la Comunión Eucarística y tenemos que hacer obras de misericordia. Así, nos vamos a asegurar de que en la otra vida vamos a vivir felices para siempre en el Cielo.

sábado, 26 de abril de 2014

El Evangelio para Niños: La Divina Misericordia


         Una vez Jesús se le apareció a una monjita que se llamaba Sor Faustina y le dijo que pintara una imagen así, tal como lo veía. Jesús estaba de pie y de su pecho salían dos rayos: uno rojo, que da la vida de Dios al alma, y uno blanco, que significa la gracia que nos santifica.
         Jesús también le dijo que a las tres de la tarde se acordara siempre de Él, porque era la hora en la que Él murió en la cruz, y que a esa hora, pidiera perdón y misericordia por todos los pecadores, que Él no le iba a negar nada de lo que le pidiera, por los méritos de su Pasión, si eso no era contrario a su salvación.
También le enseñó una oración que se reza con el Rosario y que se “Coronilla de la Divina Misericordia” y le dijo que si se la rezaba al lado de alguien que estaba por morir, Él personalmente se iba a poner entre esa persona y Dios Padre y le iba a decir a Dios Padre que le perdonara todos sus pecados y lo iba a llevar al cielo. Y que todo aquel que rezara la Coronilla, por más que fuera muy pecador, Él le iba a dar todas las gracias necesarias, para que se arrepintiera e hiciera una buena confesión y se salvara.
También le dijo que esta imagen era la última devoción hasta que Él viniera por Segunda Vez; que todos los que quisieran salvarse, tenían que mirarlo a Él en esa imagen y rezarle y tenerle mucho amor y mucha confianza, que si no le rezaban y no le tenían confianza, no se podían salvar.
Jesús también le mandó un ángel a Sor Faustina para que la llevara al infierno y le mostrara que el infierno existe y que está ocupado con personas que no creían en el infierno y Dios le dijo que volviera y contara a todo el mundo lo que había visto, para que nadie dijera que el infierno no existe o que está vacío.
Después se le apareció la Virgen a Sor Faustina, y le dijo que su Hijo Jesús es muy misericordioso, pero que no hay que abusar de la misericordia, y que cuando Él venga por Segunda Vez, no va a venir como Rey de Misericordia, sino como Justo Juez, y que ese día, hasta los ángeles del cielo van a temblar; que el mundo tenía que prepararse para su Segunda Venida y que teníamos que obrar la misericordia, pero no abusar de ella, es decir, no tenemos que creer que porque Jesús es misericordioso, podemos vivir como queramos, sin preocuparnos por la gracia, pensando que podemos vivir en pecado y que nos vamos a confesar cinco minutos antes de morir.
Si queremos ir al cielo, tenemos que hacer obras de misericordia, corporales y espirituales, las que nos pide la Iglesia; tenemos que rezar a las tres de la tarde, que es la Hora de la misericordia; tenemos que rezar la Coronilla de la Misericordia; tenemos que venerar la imagen de Jesús Misericordioso, en la Iglesia y también en un pequeño altar que podemos hacer en nuestros hogares, pero sobre todo, la imagen de Jesús Misericordioso debe estar en ese altar vivo que es nuestro corazón en gracia: allí debe estar entronizado Jesús Misericordioso y allí le debemos rendir homenaje, día y noche, con cantos de alabanza y de adoración, en esta vida y en la otra vida, por toda la eternidad, en el cielo, para siempre.


viernes, 13 de abril de 2012

Domingo de la Divina Misericordia para Niños y Adolescentes



Una vez, hace mucho tiempo, Jesús se le apareció a una monjita, que ahora está en el cielo y que se llama Sor Faustina Kowalska, y le dijo lo siguiente: “Hija Mía, habla al mundo entero de Mi insondable Misericordia, para que toda la humanidad conozca la infinita Misericordia mía. Es la señal de los últimos tiempos. Después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos. Antes de venir como Juez justo, abro de par en par las puertas de mi Misericordia. Quien no quiera pasar por la puerta de mi Misericordia, deberá pasar por la puerta de mi Justicia”.

Jesús le dice a Sor Faustina que hable al mundo entero de su “misericordia”, pero, ¿qué quiere decir "misericordia”? Quiere decir un amor especial, infinito, de Dios, para el hombre lleno de miseria, es decir, de pecado. La “misericordia” es entonces el amor que Dios tiene al hombre pecador.

¿Cómo es este amor misericordioso de Dios? Para darnos cuenta de cómo es este amor de Dios, tenemos que leer la Biblia, en el libro del Profeta Isaías, en donde Dios nos dice cómo es su amor: como el amor que nace del corazón de la madre o del corazón de un padre: “¿Puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti” (Is 49, 15). El amor de Dios es más fuerte que el amor de una madre, que puede tal vez querer muy oco a su hijo, pero jamás se puede olvidar de él, y si una madre de la tierra no se olvida de su hijo, porque lo ama, mucho, muchísimo más, es el amor de una madre. En los Salmos se dice así del amor de Dios: “Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles” (Sal 102, 8-13).

“Divina Misericordia”, entonces, quiere decir el amor especial que Dios tiene para el hombre pecador, un amor que es como si fuera el amor de madre o de padre, pero multiplicado al infinito y por toda la eternidad, porque es un amor que nace de Dios, que es infinito y eterno.

¿Dónde encontramos este amor misericordioso de Dios? En el Sagrado Corazón de Jesús. La fuente de la Divina Misericordia es el Corazón de Jesús, de donde salen Sangre y Agua al ser traspasado, como lo dice el mismo Jesús: “De todas Mis llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de Mi Corazón es la fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las gracias para las almas. Me queman las llamas de compasión, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres” . De ese corazón Santa Faustina, vio salir dos rayos de luz que iluminan el mundo: Estos dos rayos, le explicó Jesús, representan la sangre y el agua que brotaron de su Corazón traspasado.

Entonces, es del Sagrado Corazón de Jesús de donde brota la misericordia de Dios, como de una fuente, en forma de rayos, uno blanco y otro rojo. Así cuenta Sor Faustina la aparición de Jesús: “En la noche cuando estaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido de blanco. Una mano estaba levantada en ademán de bendecir y, con la otra mano, se tocaba el vestido, que aparecía un poco abierto en el pecho, brillaban dos rayos largos: uno era rojo y, el otro blanco. Yo me quedé en silencio contemplando al Señor. Mi alma estaba llena de miedo pero también rebosante de felicidad. Después de un rato, Jesús me dijo: Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la inscripción : “¡Jesús, yo confío en Ti!”. Yo deseo que esta Imagen sea venerada, primero en tu capilla y después en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta imagen, no perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, pero especialmente a la hora de su muerte. Yo el Señor la defenderé como a Mi propia Gloria. Por orden de su confesor Santa Faustina le preguntó al Señor el significado de los rayos que aparecen en la imagen emanando del corazón y el Señor le respondió: “Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fue abierto por una lanza en la Cruz... Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí”. Yo le ofrezco a todos un instrumento por el cual podrán recibir gracias de la fuente de misericordia. Este instrumento es la imagen con la inscripción; “Jesús, en ti confío.”

¿Quiere decir entonces, que si Dios es misericordioso, cada uno puede hacer lo que quiera, portarse mal, porque al final Dios lo va a perdonar? No es así.

Jesús nos ofrece a todos su misericordia, pero también nos dice: “Antes de venir como Juez justo, abro de par en par las puertas de mi Misericordia. Quien no quiera pasar por la puerta de mi Misericordia, deberá pasar por la puerta de mi Justicia”. Esto es así porque nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica y también la Biblia, que Dios es Amor infinito, pero también es Justicia infinita, porque si no, no sería Dios.

Porque Dios es infinitamente misericordioso e infinitamente justo, es que premia a los buenos y castiga a los malos: para los buenos, el cielo; para los malos, para los que no quisieron aprovechar su misericordia, el infierno.

En realidad, más que castigar, lo que hace Dios se dar a cada uno lo que cada uno quiere: el cielo, para los buenos -los pecadores que, reconociendo que eran malos, se arrepintieron, se confesaron y obraron el bien- que aprovecharon la Misericordia; para los malos -es decir, para los pecadores que no reconocieron su pecado, no se arrepintieron de obrar el mal y siguieron siendo malos hasta el último segundo de su vida, sin pedir perdón a Dios-, el infierno.

Entonces, que Dios sea infinitamente misericordioso, no quiere decir que cada uno va a hacer lo que quiera, total Dios va a perdonar a todos.

Dios sí va a perdonar a todos, pero a todos aquellos que se arrepientan de sus pecados y de sus malas obras, y acudan al Río de gracias que es la confesión sacramental, reciban en sus corazones ese Océano sin fondo y sin playas que es el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, y den el amor recibido a sus prójimos, con obras de misericordia, las catorce obras que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, dentro de las cuales, una de las más grandes, es orar y hacer sacrificios por los pecadores, como lo pide también la Virgen en Fátima.

jueves, 28 de abril de 2011

La Divina Misericordia para Niños y Adolescentes



Jesús se apareció a Sor Faustina

y le dijo que pintara un cuadro,

así como lo veía.

Si somos misericordiosos

con los demás,

la imagen de Jesús

va a quedar pintada

en nuestros corazones

para siempre.

Una vez, hace mucho tiempo, Jesús se apareció a una monjita, que se llamaba “Faustina”, y vivía en un país que se llama “Polonia”, y le dijo que pintara un cuadro, así como ella lo estaba viendo, y que pusiera abajo: “Jesús en Vos confío”.

En esta aparición, Jesús estaba de pie, resucitado, vestido con una túnica blanca, y en sus manos y en sus pies se veían las huellas de la Pasión, aunque ya no le salía sangre. Tenía la mano izquierda señalando su corazón, y la mano derecha levantada, en señal de bendición. De su corazón salían dos grandes rayos de luz, uno de color rojo, y otro de color blanco. El rojo, le dijo Jesús a Sor Faustina, significaba su sangre, y el blanco, significaba la gracia que el alma recibe con los sacramentos.

Jesús le dijo que Él, así como estaba en el cuadro, se llamaba “Jesús de la Divina Misericordia”, y quería que Sor Faustina hiciera pintar un cuadro, y que se celebrara una misa en su honor, el primer domingo después de resurrección.

Por eso es que toda la Iglesia festeja, este domingo, la Fiesta de la Divina Misericordia, pero para saber bien qué quiere decir la fiesta de la Divina Misericordia, debemos regresar al Viernes Santo: Jesús está en la cruz, con su Cuerpo Santo clavado en la cruz, suspendido por tres clavos de hierro, todo golpeado, flagelado, escupido, cubierto de sangre y de polvo.

La Virgen María está al pie de la cruz, es la Única que lo acompaña en su agonía. Jesús, antes de morir, tiene que escuchar los insultos que le dirigen a Él, pero sobre todo, los que le dirigen a su Madre, lo cual lo hace sufrir todavía.

Después de muerto, un soldado romano, para asegurarse de que esté muerto, le clava un lanzazo en el pecho, y de su pecho sale sangre y agua, que significan la Eucaristía y la gracia del bautismo.

Pero además, junto con la sangre y el agua, sale del Corazón de Jesús, invisible pero real, el Espíritu Santo, como una dulce paloma blanca, trayendo para los hombres el Amor de Dios.

Esto nos hace ver cómo es Dios: infinitamente bueno. Nosotros, los hombres, con nuestros pecados, con nuestros pensamientos y nuestras obras malas, golpeamos a Dios Hijo, lo escupimos, lo flagelamos, le pusimos una corona de espinas, le pusimos en la mano una caña, y en sus espaldas heridas un manto, para burlarnos de Él, lo subimos a una cruz, lo clavamos con tres gruesos clavos de hierro, nos pidió agua para su sed y le dimos vinagre y hiel, lo dejamos solo, y cuando ya estaba muerto, le clavamos una lanza en su costado. Y a pesar de todas estas maldades, Dios no nos respondió con enojo, con cólera, cuando muy bien podría haber usado su poder divino para castigarnos: Dios nos respondió con Amor, porque junto con la sangre y el agua que brotaron de su Corazón traspasado, salió el Espíritu Santo, invisible, como una paloma blanca, para que nos inundara a todos con el Amor divino. Así es Dios Trinidad: a nuestras maldades, responde con Amor, perdonándonos y derramando sobre nosotros todo su Amor, el Espíritu Santo.

Y si nos fijamos bien, es esto lo mismo que pasa en la confesión sacramental: con nuestros pecados, golpeamos, flagelamos y crucificamos a Jesús, cada vez, y en la confesión, Dios, en vez de castigarnos por la maldad de nuestro corazón, nos perdona, dándonos la absolución por medio del sacerdote.

A través del Corazón abierto de Jesús, Dios derrama su Misericordia, y Misericordia quiere decir: “Amor de compasión por las miserias de los hombres”. Dios tiene compasión de nuestras miserias; su Corazón de Dios se compadece y nos perdona, y además de perdonarnos, se nos dona Él mismo, todo entero, porque Él es el Amor en Persona.

Cuando el Corazón de Jesús fue traspasado por la lanza de hierro del soldado romano, se derramó sobre el mundo el Espíritu Santo, que salió con su Sangre, igual que cuando un dique que contiene mucho agua se rompe, y deja escapar toda el agua, inundando todo el valle. El Amor de Dios, su Misericordia, inundó todas las almas, cuando su Corazón fue traspasado en la cruz, y como su Misericordia es infinita, no deja de salir Amor del Corazón de Jesús: está permanentemente saliendo Amor y Misericordia.

Adoremos a Jesús en la cruz, adoremos a Él, que es Misericordia pura, infinita, que se derrama desde su Corazón para toda la humanidad, y le prometamos que vamos a imitarlo en su misericordia, tratando de ser también nosotros bondadosos, compasivos y misericordiosos, con todos nuestros prójimos, así como Él es bondadoso, compasivo y misericordioso con nosotros.

Si hacemos así, la imagen de Jesús Misericordioso se va a pintar, no en un papel, sino en nuestro corazón, y va a quedar ahí para siempre.