Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud
sábado, 17 de septiembre de 2011
La Eucaristía es el sol divino alrededor del cual giran nuestras almas
lunes, 25 de abril de 2011
Hora Santa para Niños y Adolescentes para NACER

Para comenzar la adoración, hacemos silencio exterior, pero también interior, hacemos la señal de la cruz y nos persignamos: “Por la señal de
-Inicio: Canto de entrada: Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.
-Oración de NACER: “Dios mío, Yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni Te aman” (Tres veces).
-Oración para comenzar la adoración: “Querido Jesús Eucaristía, Tú te has quedado en
Queremos amarte y adorarte con todo el corazón. Adorar es reconocernos como somos, pequeños y pecadores, delante de Ti, que eres Dios de inmensa majestad, e infinitamente santo.
Adorar es reconocernos pequeños, delante de Ti, como si fuéramos un granito de arena, comparado con el sol. Ese granito de arena, pequeño e insignificante, somos nosotros, y ese sol, eres Tú, Sol de justicia.
Adorar es reconocer que somos pecadores, inclinados al mal. Aunque muchas veces nos damos cuenta de qué cosas son buenas, en vez de hacer lo bueno que queremos, hacemos lo malo que no queremos. Danos tu gracia, para que en todo momento deseemos el bien, y lo hagamos realmente, para no entristecerte.
Adorar es amarTe a Ti, por ser quien eres y no por lo que das. Tú eres un Dios de Amor infinito, un océano infinito de Amor eterno, y por ser quien eres, queremos adorarte con toda la fuerza de nuestro ser, aún cuando nuestro ser sea tan insignificante como un granito de arena”.
-Silencio de tres minutos. “Señor Jesús, Dios del Amor y de la alegría, Tú hablas en el silencio del alma, y para poder escuchar Tus palabras, hacemos silencio. El ruido del mundo, y el ruido de las palabras de los hombres, hace que muchas veces no escuchemos Tu voz. Ayúdanos a hacer silencio, para que Te escuchemos, y así Te podamos seguir, con todo el corazón”.
-Canto eucarístico. Te adoramos, Hostia divina.
-Oración intermedia: “Amado Jesús, Tú eres un sol gigante de amor infinito, y nosotros somos muy pero muy pequeñitos. ¡Parece que nunca podremos alcanzarte! Pero
Tú eres Dios Todopoderoso, y puedes hacer lo que para nosotros es imposible: Tú puedes hacerte tan pequeño como nosotros, para venir a habitar en nuestro corazón. Cada vez que comulgamos, es como si el sol se hiciera del tamaño de un granito de arena, y así Tú puedes venir dentro nuestro. No podemos entender cómo puede suceder, pero es eso lo que sucede con la comunión eucarística.
Ahora, que hemos venido a adorarte, tenemos ganas de recibirte en
-Silencio de tres minutos. Adoramos en silencio a Jesús Eucaristía, pidiéndole que su Misericordia infinita llegue a nuestros seres queridos, a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos, y también a aquellos que no son tan amigos nuestros. Le pedimos que inunde con su amor a todas las almas, especialmente a los más pecadores, a los más alejados de Él, a los que más necesitan de su Misericordia.
-Oración de despedida: “Querido Jesús Eucaristía, ¡qué hermoso es estar delante de Ti! No hay nada en el mundo que sea más hermoso que estar cerca de ti, cerca de Tu Corazón, que late en
En el mundo hay muy poco amor, y muchas veces, no hay nada de amor, y esto sucede porque los hombres no te conocen. Es como decía Santa Teresa de Ávila: “¡El amor no es amado!”. Jesús, Tú, que eres un oceáno infinito de Amor eterno, ten compasión del mundo entero, y derrama sobre todas las almas el río interminable de amor que brota de tu Sagrado Corazón. Te suplicamos, Jesús Eucaristía, ¡abre la herida de Tu Corazón, y deja que se derrame Tu Misericordia infinita sobre toda la tierra!
-Oración de NACER: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman” (tres veces).
-Oración final: “Querido Jesús Eucaristía. Debemos ya regresar a nuestros hogares. Nos alejamos de Tu Presencia Eucarística, con la alegría de haber estado en Tu Presencia. Enciéndenos en el fuego de Tu Amor, para que, en la familia, en la escuela, en el barrio, podamos contagiar a los demás con ese Amor inagotable de Tu Corazón Eucarístico. Nos vamos, pero volveremos pronto. Mientras tanto, te dejamos nuestros corazones delante de Tu altar, para que estén siempre, noche y día, ante Ti. No dejes que nunca nos apartemos de Ti”.
-Canto de despedida. Canción de los pastorcitos de Fátima.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Cuaresma es tiempo de cambio del corazón

¿Qué es la conversión? Es el cambio del corazón. ¿Y cómo es el cambio de corazón? Para darnos una idea de qué es el "cambio de corazón", veamos qué es lo que pasa con una flor muy particular, el girasol, que, como dice su nombre, gira alrededor del sol –en inglés, “girasol” se dice: “sunflower”, que sería algo así como: “flor del sol”-: por la noche, está quieto, con sus hojas replegadas sobre la corola, y vuelto hacia el suelo, pero cuando empieza a amanecer, y en el cielo aparece una estrella, que es la estrella de la mañana, o
Nuestro corazón, sin Jesús, sin la conversión, es como el girasol durante la noche: el corazón está cerrado, frío, sin amor, y dirigido hacia el suelo, hacia la tierra, hacia las cosas bajas. Pero con la conversión, el corazón, movido por
Así debe ser nuestro corazón en Cuaresma: debe girar y enfocar hacia ese Sol de los cielos, que es Jesucristo, y debe estar siempre pero siempre enfocado en Él.
Imaginemos que vemos un campo inmenso de girasoles: cuando es de noche, están quietos, cerrados, y hacia abajo; cuando comienza a salir el sol, se abren, giran, y siguen, desde la tierra, al sol que está en el cielo. Así deben ser los corazones de los hombres, y también nuestro corazón, en Cuaresma.
Y es para esto, para que nosotros nos convirtamos, para que nuestro corazón sea como el girasol, que sufrió Jesús en el Huerto de Getsemaní. Allí en el Huerto, Jesús sufrió muchísimo, por tres cosas: como Él era Dios Hijo, veía espiritualmente toda la fealdad del mal, y eso le provocaba horror, como cuando alguien ve algo que le causa espanto, a causa de lo feo y malo que es, pero además Jesús veía no solo un pecado, sino los pecados de todos los hombres, de todos los tiempos, desde Adán y Eva, hasta el pecado original del último bebé que iba a nacer en el Último Día, el Día del Juicio Final; lo segundo por lo que Jesús sufría en el Huerto, era porque como Dios que era, veía que todos los pecados de todos los hombres, Él los iba a llevar sobres sus hombros y en su espalda, y que Dios lo iba a castigar a Él, con todo su enojo, para no tener que castigarnos a nosotros, y sabía que eso le iba a hacer doler mucho, y que también iba a morir, y por eso Jesús sufría, y sufría tanto pero tanto, que empezó a sudar sangre; lo tercero por lo cual sufría Jesús, era que Jesús veía que, a pesar de que Él iba a llevar los pecados de todos los seres humanos, y a pesar de que iba a soportar los latigazos, los insultos, la corona de espinas, y que iba a dar su vida en la cruz, derramando hasta la última gota de sangre, a pesar de eso, muchos, pero muchos hombres, iban a desperdiciar su sacrificio, porque no se iban a convertir, y se iban a condenar en el infierno.
En el Huerto, lo que más dolor le daba a Jesús, era ver cómo muchas almas caían en el infierno, porque no querían convertirse aquí en la tierra, no querían volver sus corazones a Dios, como hace el girasol cuando sale el sol; Jesús veía cómo muchos se iban a condenar porque no se querían convertir, es decir, no querían ser buenos.
Le prometamos a Jesús que en esta Cuaresma vamos a tratar de no hacerlo sufrir, y vamos a buscar la conversión, para que nuestro corazón, como el girasol, desde la tierra, mire siempre hacia el cielo, adonde está ese hermosísimo Sol que es Jesús.
lunes, 21 de marzo de 2011
En Cuaresma tenemos que rezar, como Jesús en el desierto

La oración es al alma
lo que la respiración al cuerpo
En el evangelio para Cuaresma, se dice: “Jesús se retiró al desierto para orar” (cfr. Mt 4, 1-11). Como sabemos, fue al desierto durante cuarenta días y noches, a ayunar y a rezar por todos nosotros, y por eso decíamos que, en Cuaresma, tenemos que hacer penitencia, sacrificios, mortificación, y también tenemos que rezar, para estar siempre unidos a Jesús.
En Cuaresma entonces tenemos que hacer penitencia y tenemos que orar. ¿Qué es “orar”?
Orar es como cuando hablamos con alguien, sólo que al orar, hablamos con Dios, con Jesús, con
Orar es también como comer: así como alimentamos nuestros cuerpos con los alimentos, y no podemos vivir sin comer, porque empiezan a faltarnos las fuerzas y nos sentimos cada vez más débiles, así también necesitamos de la oración, que es el alimento del alma, para que el alma esté con fuerzas. La oración y
Orar es como tomar agua: el cuerpo no puede vivir sin agua, porque el agua es muy necesario para que los órganos funcionen bien. El agua es muy importante, porque gran parte de nuestro cuerpo está formado por agua, y por eso sentimos tanto su ausencia, y cuando pasa un tiempo sin beber, empezamos a sentir mucha sed. Así pasa con la oración, que nos abre la fuente del “agua viva” que es la gracia de Dios; la gracia es al alma lo que el agua al cuerpo, y la gracia se abre para nosotros cuando rezamos, así como el agua comienza a correr cuando abrimos el grifo.
Orar es como respirar: no podemos vivir sin respirar; a lo sumo, podemos aguantar unos cuantos segundos sin tomar aire, pero en seguida necesitamos respirar. Si una persona está bajo el agua, por ejemplo, en una piscina, después de nadar un poco, tiene que salir a tomar aire, porque si no se asfixia y se muere. La oración es para el alma lo que el aire para el cuerpo: no podemos vivir sin rezar, porque por la oración el alma toma oxígeno que viene del cielo, que es la vida y la gracia de Jesús.
Orar es como estar iluminados por una fogata, o por el sol, después de una noche oscura. Imaginemos que estamos en una noche muy oscura, en medio de un bosque; no hay luz de luna, porque la luna está tapada por nubes muy negras; las sombras que nos rodean nos parecen bestias feroces, y las bestias feroces nos parecen sombras, y por eso tenemos mucho miedo. Estar sin oración es como estar en ese bosque, en medio de la noche. Rezar, en cambio, es como si estamos en el bosque, en la noche oscura, y encendemos una fogata, que nos da luz y nos da calor; también es como cuando la noche va pasando, y empieza a amanecer, en donde se ve que empiezan a aparecer las estrellas, sobre todo el Lucero del alba, y después empieza a salir el sol: cuando aparece la primera estrella, la más grande de todas,
Finalmente, orar es como cuando uno se encuentra con un ser querido, que puede ser la madre, el padre, algún hermano, algún amigo. Así como nos da alegría encontrarnos con alguien a quien queremos mucho, así por la oración nos encontramos con Jesús y con
Como todo esto es orar, y por eso tenemos que orar en Cuaresma, para estar junto a Jesús que por mí fue al desierto, pero también tenemos que orar todos los días del año.
¿Y qué tenemos que orar? Eso lo veremos después.
