Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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miércoles, 12 de octubre de 2016

El Niño Jesús, ejemplo para toda la vida


         Muchas veces, cuando somos niños, los mayores nos preguntan: “¿Qué querés ser, cuando seas grande?”. Y muchos niños dicen: “Quiero ser maestro, como mi mamá”; “Quiero ser médico, como mi papá”; “Quiero ser zapatero, como mi tío”; “Quiero ser futbolista, como Messi”. Es decir, siempre, cuando somos niños, tenemos alguien, generalmente un adulto, que nos sirve de ejemplo. Y tanto es así que, la mayoría de las veces, lo que somos de grandes, es porque, cuando éramos niños, veíamos a un adulto y queríamos ser como él.
         En mi caso, soy maestro de primaria, como mi mamá; soy médico, como mi papá; soy sacerdote, como un tío abuelo mío. Y también quería ser militar, como mis tíos, primos de mi mamá. Como decíamos,  muchas veces, lo que somos de grandes, es porque de niños veíamos a los adultos y queríamos ser como ellos. No está mal hacer esto, pero hay algo que tenemos que saber: primero, que sólo tenemos que imitar las cosas buenas de los adultos, y nunca si hay algo que no es bueno, sino malo, porque sucede que a veces, los adultos pueden equivocarse y hacer cosas malas, y en eso malo, nunca hay que imitar a nadie.
La otra cosa que tenemos que saber -y es muy importante- es que, más allá de que deseemos ser como tal o cual adulto, todos, absolutamente todos los niños, deberían tener como ejemplo y modelo de cómo ser en la vida, a un niño: el Niño Jesús.
         Es decir, todo niño, siendo niño –e incluso ya siendo adulto más tarde-, debe tener como modelo y ejemplo de vida, al Niño Jesús. La razón es que el Niño Jesús es Dios hecho niño, sin dejar de ser Dios, para que los niños sean iguales a Él, que es Dios. Todos los niños deben desear ser como el Niño Jesús: así como era el Niño Jesús, así deben ser los niños: Jesús amaba a sus papás, la Virgen y San José, y como los amaba tanto, por el gran amor que les tenía, siempre les obedecía y la única vez que se separó de ellos fue a los doce años, pero porque debía dedicarse a los asuntos de su Padre Dios; Jesús nunca dijo mentiras, ni tampoco hizo nada malo, ni siquiera tuvo el más pequeño mal pensamiento, porque era imposible que hiciera algo malo, o que Él se portara mal, porque era Dios, y aquí, algún niño podría decir: “Bueno, pero yo no soy Dios, y por eso es que a veces me porto mal, entonces no puedo ser como Jesús”, y eso es verdad, porque somos pecadores, pero también es verdad que la gracia de Dios nos auxilia y nos fortalece y nos hace ser como el Niño Jesús, sólo basta que yo quiera realmente ser como Él. ¿Dónde encuentro la gracia para ser como Jesús? En dos sacramentos: la Confesión y la Comunión. La Confesión limpia mi alma y la deja con la inocencia del alma de Jesús; la Comunión, convierte mi corazón en el Corazón del Niño Jesús. Por la gracia, entonces, sí puedo ser como el Niño Jesús.

         Entonces, cuando alguien me pregunte: “¿Qué querés ser, cuando seas grande?”, los niños tenemos que responder: “Cuando sea grande, quiero ser como el Niño Jesús”. El Niño Jesús es nuestro ejemplo y modelo de vida, para toda nuestra vida, de niños y de adultos. ¿Por qué? Porque Jesús dice que sólo el que sea como niño entrará en el Reino de los cielos: “Si no se hacen como niños, no entraréis en el Reino de los cielos”. Entonces, sea que seamos grandes o pequeños, todos tenemos que tratar de ser como el Niño Jesús, para que así todos lleguemos al Reino de Dios.