Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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viernes, 24 de junio de 2022

El Sagrado Corazón de Jesús está vivo y lleno del Amor de Dios en la Eucaristía

 


(Homilía en ocasión de una Santa Misa celebrada para niños y jóvenes del Colegio La Asunción, Leales, Tucumán)

Jesús se le apareció a una monja santa llamada Margarita María de Alacquoque como el Sagrado Corazón de Jesús y, estando delante de ella, se sacó el Corazón y se lo mostró, colocando a su Corazón delante de ella.

¿Cómo era el Corazón de Jesús?

Era transparente como el cristal y esto quiere decir que Dios es así, es transparente, en el sentido de que en Él no hay mancha alguna de error, de falsedad, de mentira. Dios jamás puede mentir, en Él no hay el más pequeño rastro de maldad, porque es la Bondad Increada en Sí misma; si nosotros queremos ser como el Sagrado Corazón de Jesús, si queremos ser transparentes como Él, no debemos nunca decir mentiras y debemos amar siempre la Verdad.

El Corazón de Jesús tenía una cruz en la base y esto significa que quien quiera disfrutar de las delicias del Corazón de Jesús, tiene que subirse a la cruz, porque el Corazón de Jesús está en la cruz, que por eso se llama “Árbol de la Vida”; es como cuando uno ve un fruto muy rico en la rama alta de un árbol, para conseguirlo, hay que subirse al árbol; bueno, así pasa con el que quiera disfrutar del fruto exquisito del Árbol de la Vida, la Santa Cruz, debe subirse a la Cruz, para así poder tomar ese fruto delicioso que se llama “Sagrado Corazón de Jesús”.

El Corazón de Jesús estaba envuelto en llamas y esto quiere decir que en el Corazón de Jesús está todo el Amor de Dios, que es el Espíritu Santo y que es como un Fuego de Amor Divino y por eso, quien recibe al Corazón de Jesús en la Eucaristía, recibe el Fuego del Amor de Dios, el Espíritu Santo.

El Corazón de Jesús tenía una corona de espinas que lo apretaba fuertemente a su alrededor, produciéndole mucho dolor en cada latido: cuando el corazón se ensancha, las espinas entran en el Corazón y le provocan mucho dolor a Jesús; cuando el Corazón se contrae, para expulsar la sangre, las espinas también le provocan dolor, porque le provocan un desgarro. ¿Qué significan las espinas de la corona? Son nuestros pecados: cuando nos enojamos, cuando peleamos, cuando contestamos mal, cuando somos perezosos, a nosotros no nos pasa nada, pero a Jesús le provoca mucho pero mucho dolor en su Sagrado Corazón, por eso hoy vamos a hacer el propósito de ser buenos y santos, para no provocarle dolor a Jesús.

Finalmente, al Sagrado Corazón nosotros podemos verlo en las imágenes, ya sea pintado, dibujado, o esculpido en una escultura y por eso para nosotros esas imágenes y esculturas del Sagrado Corazón las queremos mucho y las veneramos, pero ahí no está en la realidad. Hay un lugar en donde el Sagrado Corazón sí está en la realidad y es en la Eucaristía: en la Eucaristía late, con el Amor de Dios, el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso es que, antes de comulgar, tenemos que hacer un acto de amor y de adoración interior al Sagrado Corazón de Jesús; al acercarnos a comulgar, nos arrodillamos para adorarlo no solo interiormente sino también exteriormente y para expresarle nuestro amor, podemos decirle esta oración: “Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, te amo con toda mi alma”.

martes, 3 de octubre de 2017

La Sagrada Familia, modelo de toda familia católica


         Aunque en nuestros días, en pleno siglo XXI, se pretendan implementar “nuevos modelos de familias”, muchos de ellos amparados en leyes contrarias a la ley natural y a la ley de Dios y favorecida esta implementación por el desarrollo científico y tecnológico –como por ejemplo, la Fecundación in Vitro, las técnicas de procreación asistida, etc.-, a los ojos de Dios, y según su divino pensamiento basado en el amor al hombre, que solo desea el mayor bien para su creatura amada, solo hay un modelo de familia, y es el de la Sagrada Familia de Jesús, José y María. Es por esta razón que la Iglesia siempre ha considerado a esta Sagrada Familia como el modelo único de la familia humana; la sigue considerando así, y la seguirá considerando hasta el fin de los tiempos. Es la familia formada por el papá-varón, la mamá-mujer, y los hijos, sean naturales o adoptados.
         Más allá de cómo estén conformadas las familias en la actualidad, y aunque muchas de ellas, debido al permisivismo moral que se refleja en las leyes y permite su constitución, no se conforman al plan original de Dios, toda familia debe contemplar a la Sagrada Familia y, según sus posibilidades, buscar de imitarla, al menos sino se puede en su ser, sí en su obrar.
         La razón es que la Sagrada Familia expresa el ideal de familia para el género humano, porque así la pensó Dios para el hombre, tal como lo dijimos, además de ser el modelo inigualable de santidad al que toda familia humana debe tender.
         En esta familia sagrada, todos sus miembros se santifican por su relación con Jesús y todo gira alrededor del Hijo de esta familia, Jesús. Cada integrante de esta Sagrada Familia, es modelo de santidad y de todo tipo de virtudes para los integrantes de la familia humana: San José es modelo para todo padre y esposo; la Virgen, para toda esposa y madre; Jesús, para todo hijo y hermano.
         Así, por ejemplo, San José es modelo para todo esposo y padre: para todo esposo, porque si bien San José no era esposo en el sentido terreno y carnal del término, porque jamás tuvo relaciones esponsales, sino que eran como hermanos con la Virgen, es modelo de esposo por su dedicación a la Virgen y a Jesús, porque toda su vida giraba en torno al trabajo, para mantener a la Sagrada Familia. Es modelo por su amor casto y por su amor puro a su esposa, porque es impensable que San José pudiera siquiera ver con ojos concupiscibles a cualquier mujer, ya que la Virgen era, ante todo, la Madre de su Hijo Jesús y no había nadie más en el mundo para San José, que María y Jesús. San José no solo trabajó sin descanso, hasta el último día de su vida para mantener a su familia –de acuerdo a la Tradición, murió en ocasión de un trabajo que debía cumplir en un pueblo vecino, enfermando de neumonía en el trayecto a causa de una gran tormenta de nieve-, sino que cuidó de ella en todo momento. Según las Escrituras, guiado por los santos ángeles, que le avisaron en sueños, llevó a la Sagrada Familia a un lugar seguro, cuando por ellos se enteró que su Hijo estaba en peligro de muerte, y luego los condujo nuevamente a Nazareth cuando ese peligro hubo pasado. San José es también modelo de padre, porque si bien no era el padre biológico de Jesús, sino su padre adoptivo, cuidó de Jesús y lo amó como si fuera su hijo, siendo que Jesús era al mismo tiempo, su Creador y Redentor y esto no dejaba de asombrar y maravillar a San José. Educó a su Hijo y le enseñó el noble oficio de carpintero, dejando su vida en el cuidado tanto de Jesús como de María. San José es también para los padres y esposos, modelo de amor a María y modelo de adorador eucarístico, porque se santificó en la fidelidad esponsal y en el amor fraterno a María y en la contemplación de su Hijo Jesús, que era Dios Hijo encarnado –el mismo Jesús que está en la Eucaristía-, y por eso es modelo para todo padre terreno que, como San José, debe amar a María con amor filial y contemplar a Jesús en la Eucaristía.
         La Virgen es modelo para toda esposa y madre: para toda esposa, porque si bien, como dijimos, fue esposa de San José sólo legalmente, porque nunca hubo relación de esposos terrenos, amó a San José con amor entrañable, por haber sido el Varón Virgen a quien Dios puso para la guarda y custodia de su matrimonio y de su Hijo. La Virgen es modelo para toda madre, porque dedicó cada instante de su vida a su Hijo Jesús, desde su Encarnación en su seno virginal, hasta su muerte en cruz, pasando por su niñez, su juventud, su edad adulta y, por supuesto, la Pasión, porque la Virgen participó de manera mística y espiritual de la Pasión de Jesús, al punto de sufrir en su Corazón Inmaculado y en su espíritu los dolores de la Pasión de su Hijo. Es también modelo de adoradora eucarística, porque en su Hijo Jesús no solo veía a su Hijo, sino también a su Dios, y extasiada en el amor de Dios, lo contemplaba y adoraba a cada instante, siendo así ejemplo para toda madre que, cuidando de su familia, de su esposo y de sus hijos, debe dedicar también un tiempo para la adoración eucarística.
         Con respecto a los hijos, Jesús es modelo para todo niño, para todo joven, para todo hijo, porque cumplió a la perfección todos los mandamientos de la Ley de Dios, pero sobre todo, el primero, que manda amar a Dios por sobre todas las cosas –y Él, siendo Dios Hijo encarnado, amaba a su Padre Dios desde la eternidad, por sobre todas las cosas-, y el cuarto mandamiento, que manda honrar padre y madre, porque Jesús honró a sus padres terrenos, la Virgen y San José, con su amor, con su obediencia filial, con su dedicación a ellos y con su vida toda, pues por ellos dio su vida en la cruz.
          Por último, la Sagrada Familia es modelo de oración, de piedad, de oración y de contemplación, para toda familia, porque el centro de esta familia era Jesús, Dios Hijo encarnado, Fuente Increada de santidad y por Quien toda la familia es llamada "sagrada": la santidad de la Virgen y de San José brotaba del Corazón del Niño Dios, y es por eso que, así como sucedía en la Sagrada Familia, que el centro de la vida y el amor era Jesús, así también, en las familias católicas, el centro de la vida, del amor, de la paz y de la alegría de Dios, debe ser Jesús, el mismo Jesús por Quien María y José se santificaron, que es el mismo Jesús que está vivo, glorioso y resucitado, en la Eucaristía. Así como la vida de la Sagrada Familia giraba en torno a Jesús, así la vida de toda familia católica debe girar en torno a Jesús Eucaristía.
         Por estos motivos, la Sagrada Familia es el modelo para toda familia humana, y lo seguirá siendo hasta el fin del mundo.

         

viernes, 18 de octubre de 2013

Hora Santa para Niños monaguillos



                Se expone el Santísimo Sacramento del altar. Se inciensa y se canta: "Te adoramos, Hostia divina". Se rezan las oraciones enseñadas por el Ángel y la Virgen a los pastorcitos en Fátima. Luego se pueden leer las siguientes meditaciones, una por niño, seguida de algunos pocos minutos de silencio. Hacia el final, bendición con el Santísimo, reserva y canto final.

        Oración inicial: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman" (tres veces).
          Oración a la Santísima Trinidad: "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén".

       Jesús, como Tú sabes, puesto que me ves en cada Misa, soy monaguillo, y vengo a decirte que me siento muy orgulloso de ayudar al sacerdote en la Santa Misa, porque me dijo el padre que el mío es “oficio de ángeles”, porque en el cielo los ángeles están alrededor de tu trono, que es el altar. Tú eres el Cordero de Dios y así como los ángeles te cantan y te adoran alrededor de tu altar en el cielo, así hago yo como monaguillo, en la tierra. ¡Hago en la tierra lo que hacen los ángeles en el cielo! ¡Te agradezco por el honor inmerecido de haberme elegido para ser monaguillo, oficio de ángeles! Por la Sangre que cae de tu Cabeza coronada de espinas, dame siempre pensamientos santos y puros, como los tuyos.

         Silencio para meditar.  

Jesús, vengo a decirte que te amo y te adoro, porque aunque no te veo con los ojos del cuerpo, sí te veo con los ojos de la fe, la fe de la Santa Madre Iglesia: te veo en el altar eucarístico con tu Cuerpo resucitado, lleno de luz y de gloria divina, más brillante que miles de soles juntos; te veo oculto en la Eucaristía, que parece un poco de pan, pero ya no es más pan, sino tu Cuerpo, tu Sangre, tu Alma y Tu Divinidad; te veo en la Cruz, porque en la Misa renuevas el sacrificio en Cruz, el mismo del Calvario, solo que en el altar lo haces sin derramar tu Sangre cruentamente; veo tu Sangre en el cáliz y veo tu Cuerpo en la Hostia; veo tu Sagrado Corazón latir en la Eucaristía y me alimento de ese mismo Amor, que es Fuego de Amor divino que abrasa mi corazón en santo ardor. Por todo esto Jesús, vengo a darte gracias, a bendecirte y a adorarte en la Eucaristía, y no veo la hora de poderte comulgar. Por la Sangre de tu mano derecha, concédeme obrar siempre el bien con mis manos, que se levanten al cielo para orar y pedir tu Misericordia, y se tiendan para dar auxilio a mi hermano más necesitado.

Silencio para meditar.  

Jesús, te consagro mi niñez, mi juventud y mi vida entera, y te pido que guíes mis pasos para que cumpla siempre, solo y únicamente tu Voluntad y nada más que tu Voluntad, porque tu Voluntad es Santa y no hay nada más santo y bueno para mi vida que cumplir tu Santa Voluntad. Si tu Voluntad es que yo sea sacerdote, dame la gracia de saber apartarme del mundo, para amarte con todas mis fuerzas, esforzándome por saber de Ti, de tu Vida y de tu Obra, para poder luego darte a conocer a mis hermanos por medio de la celebración de la Santa Misa y de la predicación; si tu Voluntad es que me case, haz que conozca a la esposa que Tú elegiste para mí desde la eternidad y concédeme que el matrimonio sea para mí el camino para llegar al cielo. Por la Sangre de tu mano izquierda, que yo me cuente entre tus elegidos en el Día del Juicio Final.

Silencio para meditar.  

Jesús, concédeme la gracia de querer lo que Tú quieres en la Cruz, y de rechazar lo que Tú rechazas en la Cruz y que Santo Dominguito del Val, niño monaguillo que murió crucificado por no renegar de Ti, me enseñe a seguirte cada día por el camino de la Cruz; dame los ojos de tu Madre para verte, su Corazón para amarte y su adoración para adorarte; haz que nunca me aparte de Ti, y haz que te siga por el Camino Real de la Cruz, el único camino que lleva al Cielo, camino señalado por el reguero de tu Sangre, Sangre que brota de tus heridas como de un manantial inagotable. Jesús, no permitas que tu monaguillo se aparte nunca de Ti y que la Sangre Preciosísima de tus llagas moje mis pies cuando yo los hunda en tus huellas.

Silencio para meditar.  


Jesús, como monaguillo, tengo el honor inmerecido que otros niños y jóvenes no tienen y es el de servirte en el altar, ayudando al sacerdote en la Santa Misa; te pido que no sea indigno de este honor y para eso haz que mis actos reflejen el Amor de tu Sagrado Corazón Eucarístico, que es el Amor que brota de tu Corazón traspasado, y es el Amor con el que me alimento con cada comunión eucarística. Por el Amor de tu Sagrado Corazón que bebo en el cáliz, dame tu Pureza de Cuerpo y Alma, dame tu Castidad, dame tu Caridad, para que en mi familia, en mi escuela, en mi barrio, y donde yo vaya, sea yo con mis actos un vivo reflejo tuyo, para que todo aquel que me vea, Te vea, y el que me oiga, Te oiga.

Silencio para meditar.

        Oración final: "Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman" (tres veces).
          Oración a la Santísima Trinidad: "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén".

          Canto final a la Virgen: "Los cielos, la tierra, y el mismo Señor Dios".

(Dedicada a Tomy, Francisco, Ignacio, Lucas, Nicolás, Tomás, Pablo, Santiago, y a todos los niños que quieran cumplir en sus vidas la Santa Voluntad de Dios)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (II): Segunda Aparición del Ángel de Portugal



La Segunda Aparición del Ángel
Durante el verano de 1916 los tres primos estaban jugando en el calor del día en el jardín cerca del pozo detrás de la casa de los Santos en Aljustrel. Lucía describe cómo el ángel se les apareció una vez más, pero esta vez, reprochándoles por su falta de seriedad espiritual.
Dice así Sor Lucía: “Ocurrió a mediados del verano, cuando llevábamos los rebaños a casa hacia mediodía para regresar por la tarde. Estábamos a la sombra de los árboles que rodeaban el pozo de la quinta Arneiro. De pronto vimos al mismo Ángel junto a nosotros: ‘¿Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad mucho! Los corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!’. ¿Cómo hemos de sacrificarnos?, pregunté. ‘De todo lo que pudierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su guardia, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe”.
Esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo el primero en ellos. Lucía nos dice: Estas palabras hicieron una profunda impresión en nuestros espíritus; fueron como una luz que nos hacía comprender quién es Dios, cómo nos ama y desea ser amado, el valor del sacrificio, cuánto le agrada y cómo concede en atención a esto la gracia de conversión a los pecadores. Por esta razón, desde ese momento, comenzamos a ofrecer al Señor cuanto nos mortificaba, repitiendo siempre la oración que el Ángel nos enseñó.
Enseñanzas espirituales en la segunda aparición del Ángel de Portugal
-El Ángel se les aparece mientras están jugando, y les dice que deben rezar, ya que los corazones de Jesús y María tienen designios misericordiosos para ellos. De hecho, en poco tiempo, Lucía y Francisco morirán e irán al cielo; Lucía, en cambio, vivirá más tiempo, aunque también morirá y será llevada al cielo. La Misericordia Divina quiere que todos nos salvemos y vayamos al cielo, pero para eso, es necesario rezar, por nosotros y por quien no lo hace.
         -El Ángel les dice que además de rezar, deben ofrecer “sacrificios al Altísimo”, y que lo pueden hacer “en todas las formas que puedan”, pidiendo por los pecadores y reparando por las ofensas cometidas contra Jesús. Todo el mal del mundo, todos los pecados de los hombres, todas las cosas malas que los hombres hacen, desde las más pequeñas hasta las más grandes, todo ofende a Jesús, porque Jesús es la Bondad y el Amor infinitos, y en Él no hay sombra alguna de maldad. Por eso es que no puede tolerar la maldad, ni la más pequeña, aun si viene del más inocente niño. Muchos hombres ofenden a Dios con muchísimos pecados, y muchos lo hacen de modo voluntario, y ése es el motivo por el cual el cristiano, que ama a Cristo, tiene que ofrecer sacrificios y oraciones en reparación por los que ofenden a Jesús. Sacrificarse es orar con el cuerpo, y tiene mucho valor esta forma de oración, porque es unirse al sacrificio de Jesús en la Cruz. El sacrificio “en todas las formas que puedan”, quiere decir que de todo se puede hacer sacrificio, sin necesidad de hacer grandes peregrinaciones para tal motivo. Por ejemplo, se puede ofrecer, interiormente, en silencio, sin que nadie se de cuenta, a Jesús y a la Virgen, un día de mucho calor, o de mucho frío; una comida que no me gusta, la como sin quejarme; una tarea en el hogar, que no me gusta hacer, pero la hago en silencio y gustoso; en vez de dar una respuesta impaciente, rechazo la impaciencia y contesto con afecto y amor; una persona que no me cae simpática, tratarla con amor y respeto, por amor a Jesús, etc. Como dice el Ángel, “de todo” se puede ofrecer sacrificios, pidiendo por la conversión de los pecadores.
         -El Ángel les dice que “acepten y soporten con paciencia los sufrimientos que Dios les enviará”. Contrariamente a lo que puede parecer, las apariciones de los ángeles, o de la Virgen y Jesús, no significa que “todo va a ir bien”, que no vamos a tener problemas de ninguna clase, que vamos a ser admirados, aplaudidos y respetados por todo el mundo. El Ángel les advierte que Dios les enviará “sufrimientos”, y que deben “aceptarlos y soportarlos con paciencia”. Esto se debe a que la bendición de Dios no es lo que el mundo piensa; estar bendecido por Dios no significa “no tener problemas”, y que los negocios del mundo vayan viento en popa; no quiere decir ganar mucha plata, ni tener buen trabajo, ni estar libre de enfermedades o tribulaciones, porque la bendición de Dios pasa por la Cruz. Para entender la bendición de Dios, hay que mirar a Jesús crucificado: en la Cruz, Jesús no está “cómodo”; en la Cruz, no está sin tribulaciones, al contrario, es la Gran Tribulación de la Cruz; en la Cruz está dolorido, y sufre con pena la traición y el abandono de muchos de sus amigos. Ser bendecido por Dios, quiere decir ser crucificados junto a Jesús, y eso es muy distinto a lo que el mundo toma como “bendición”. Pero también el que está crucificado junto a Jesús, tiene el consuelo de la presencia de la Virgen María, porque Ella está al pie de la Cruz, consolando con su amorosa presencia maternal a su Hijo Jesús. Que Dios envía sufrimientos a quienes bendice, eso lo experimentaron en persona los pastorcitos: al poco tiempo, sufrieron la incomprensión de sus padres –aunque finalmente los padres creyeron-, de alguna gente del pueblo, que no les creían que se les apareciera la Virgen; también sufrieron y mucho, de parte de las autoridades civiles, quienes los llegaron incluso a amenazar con hacerlos hervir en aceite si no decían que todo era mentira; luego, sufrieron en sus cuerpos, porque se enfermaron gravemente y murieron. Frente a los sufrimientos, los niños hicieron como el ángel les había dicho: aceptaron y soportaron todo con paciencia, porque eran sufrimientos venidos de Dios, que es infinitamente bueno, y como Dios es infinitamente bueno, el sufrimiento que manda, cuando se lo une a la Cruz de Jesús, Dios lo convierte en bendición y alegría. Además, en comparación, el sufrimiento dura muy poco, y a cambio de ese sufrimiento aceptado, Dios nos da ¡una eternidad de alegría! Eso es lo que les pasó a los pastorcitos: sufrieron todo esto por muy poco tiempo, y ¡ahora viven en el cielo, alegres junto a Jesús y a la Virgen, para siempre!
         -El Ángel les dice que él es el “Ángel de Portugal”, lo cual quiere decir que no solo las personas tienen un Ángel Custodio, sino que el país tiene su propio Ángel Custodio. Entonces nuestra Patria Argentina también tiene un ángel custodio, el Ángel de Argentina, y a él hay que rezarle y pedirle por nuestra Patria y nuestros compatriotas, porque ha sido puesto por Dios para que nos asista. Por ejemplo, hay que pedirle por los gobernantes, por los problemas que se suceden todos los días, y también por Malvinas, para que las recuperemos para siempre, y por todo lo que nuestra querida Patria necesite, sobre todo la paz, que viene por la oración y los sacrificios. Además, es doctrina de la Iglesia que todo grupo humano –familia, grupos de oración, etc.- tiene su ángel custodio.
         -Lucía dice que las palabras del Ángel actuaron en sus almas como “llamas ardientes” que les hicieron comprender “quién es Dios, cuánto nos ama, cuánto quiere que lo amemos, y cuánto le agrada el sacrificio que podamos hacer por la conversión de los pecadores. Dios es Amor infinito, como un océano sin playas y sin fondo, y quiere que todos nos salvemos, por la oración, el amor al prójimo y los sacrificios por los pecadores.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (I): Primera Aparición del Ángel de Portugal



Debido a que Su Santidad el Papa Francisco ha decidido consagrar su pontificado a Nuestra Señora de Fátima, presentaremos, Dios mediante, una serie de artículos en los que desarrollaremos las apariciones de la Virgen, acompañando las mismas con una breve reflexión, destinada a generar, incentivar y cultivar la vida espiritual y sobrenatural de los niños. Con respecto a las apariciones, hay que decir que la Virgen no se apareció inmediatamente en persona a los niños; como preparación a las apariciones de Nuestra Señora, se les apareció primero un ángel, quien se identificó como el "Ángel de Portugal" y "Ángel de la paz".

Al momento de las apariciones, en la Portugal rural del año 1916, era frecuente ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear. Esto es lo que los niños de las familias Marto y Santos estaban haciendo cuando se les apareció el ángel. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad agradecidos por la oportunidad de jugar al aire libre mientras las ovejas pastoreaban en silencio.  Los pastorcitos solían llevar a pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblito de Fátima (donde se encontraba la Iglesia parroquial) y Aljustrel (donde vivían los niños). Dos miradores favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeco (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Enseñada de Irene) a poca distancia de Fátima.

En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y anunciarían eventos futuros que involucrarían a toda la humanidad.

        La primera aparición del Ángel

En la primavera de 1916 Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron su primer encuentro con un ángel de Dios. En sus memorias, compuestas bajo obediencia a su obispo, Lucía nos cuenta sobre esa primera aparición: “Fuimos esa vez a la propiedad de mis padres, que está abajo del Cabeco, mirando hacia el este. Se llama Chousa Velha. Como a mitad de mañana comenzó a lloviznar y subimos la colina, seguidos de las ovejas, en busca de una roca que nos protegiera. Así fue como entramos por primera vez en el lugar santo. Está en la mitad de una arboleda de olivos que pertenece a mi padrino, Anastasio. Desde allí uno puede ver la aldea donde yo nací, la casa de mi padre y también Casa Velha y Eira da Pedra. La "Arboleda de los obispos", que en realidad pertenece a varias personas, se extiende hasta estos lugares. Pasamos el día allí, a pesar que la lluvia había finalizado y el sol brillaba en el cielo azul. Comimos nuestros almuerzos y comenzamos a rezar el rosario. Después de eso comenzamos a jugar un juego con guijarros. Pasaron tan solo unos segundos cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles y miramos hacia arriba para ver lo que estaba pasando, ya que era un día calmo, sin brisa. Luego comenzamos a ver, a la distancia, sobre los árboles que se extendían hacia el este, una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rallos del sol. Al acercarse pudimos ver sus rasgos. Nos quedamos asombrados y absortos y no nos dijimos nada el uno al otro.
Luego él dijo: “No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo”. Él se arrodilló, inclinando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”. Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo: “Oren de esta forma. Los corazones de Jesús y María están atentos a vuestras súplicas”.

Y desapareció. Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural que era tan intensa que estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de Dios era tan poderosa e íntima que aún entre nosotros mismo no podíamos hablar. Al día siguiente, continuaba esta atmósfera, y fue disminuyendo gradualmente hasta desaparecer. Ninguno de nosotros pensó en hablar de esta aparición o hacer ningún tipo de promesa en secreto. Las palabras del ángel impactaron tan profundamente en nuestras mentes que nunca las olvidamos, hasta el punto en que pasábamos largos ratos de rodillas repitiéndolas, a veces hasta que nos caíamos exhaustos”.

        Sentido espiritual y sobrenatural de la primera aparición del ángel

-Se aparece a los niños, y no a adultos, y esto significa dos cosas: que todo el contenido del mensaje se debe apreciar con el espíritu de un niño, es decir, la sencillez y la inocencia, recordando las palabras de Jesús: “El que no se haga como niño no entrará en el Reino de los cielos”. Quiere decir no cuestionar con razonamientos humanos y tendenciosos el contenido del mensaje, así como un niño pequeño no cuestiona lo que su madre le dice. El otro motivo por el que se aparece a los niños es que el contenido del mensaje no debe ser ocultado a nadie, ni siquiera a los niños pequeños. Se habla de penitencia, de ayuno, de oración, de infierno, de conversión, y la que lo hace es principalmente la Virgen, quien incluso muestra a los niños y les hace sentir de cerca la experiencia del infierno. No se deben ocultar estas cosas a nadie, y menos a los niños.
            -Antes de la Virgen, se aparece un ángel de luz, como preparación a las apariciones de la Virgen. Los ángeles de luz son diferentes a los ángeles de la oscuridad: se los distingue porque siempre traen paz al corazón, además de conducirnos siempre a Dios y aumentar nuestro amor a Jesús y María, dejándonos el deseo de hacer oración. Lo contrario sucede con los ángeles de la oscuridad, los ángeles caídos, los demonios.
            -Cuando se les aparece a los niños, les enseña una oración que expresa el amor y la adoración a Dios. Por su parte, los niños han hecho bien todo lo que tenían que hacer; es decir, cuidar las ovejas, rezar el Rosario y jugar. Quiere decir que en todo momento se debe elevar el alma a Dios, aun en medio de las tareas cotidianas. Además, el Ángel se aparece a los niños que cumplen su deber de estado: ayudar en las tareas del hogar y de la familia -cuidan las ovejas-, rezar -están rezando el Rosario- y jugar -cuando se aparece el Ángel, están jugando "con guijarros".
           -Se identifica como "Ángel de Portugal", lo cual quiere decir que toda Nación -y también toda familia y todo grupo humano y toda sociedad humana- tiene un ángel, al cual hay que rezarle con devoción y con frecuencia.
           -Se identifica también como "Ángel de la paz", lo cual quiere decir que nos transmite la paz de Dios, la paz de Jesús, que no es la paz del mundo, sino la verdadera paz, la paz que nace del perdón que Cristo nos da desde la Cruz, y que es la paz que debemos transmitir a nuestros hermanos.
            -Siendo él un ángel de luz, y por lo tanto lleno de gracia y de amor, se postra con la frente en la tierra para adorar a Dios, en señal de humillación ante la majestad divina. Nos enseña a amar y adorar a Dios, ante quien únicamente el hombre debe postrarse en adoración. Una señal externa del amor y de la adoración externa es recibir la comunión de rodillas. Los ángeles de la oscuridad son soberbios y no aman a Dios, y por eso no se postran ante Él. Un santo vio al demonio con las rodillas para atrás, indicando que por su soberbia no se puede arrodillar ante Dios. Arrodillarse ante Jesús Eucaristía es una muestra de amor y adoración externa, que complementa el amor y la adoración interna que se tributa con el alma y el corazón.
            

viernes, 31 de agosto de 2012

Hora Santa para Niños y Adolescentes Septiembre 2012




         Ingresamos en el Oratorio y hacemos silencio, tanto en los labios como en el corazón; dejamos de lado todo pensamiento que nos distrae. Estamos ante la Presencia de Jesús Eucaristía, que nos ve y que nos oye, y que lee nuestros pensamientos y nuestros corazones. Junto a la Virgen María, que también está presente aquí, adorando a su Hijo, están también nuestros ángeles custodios, y todos los ángeles de luz, y todos los santos del cielo, que adoran, con gozo y alegría, a Jesús en la Eucaristía. Nos unimos a ellos, a su alegría, a su amor y a su adoración a Jesús Sacramentado.

         Oración de Nacer: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         Oración inicial: Querido Jesús Eucaristía. Venimos a postrarnos ante Ti para recibir tus Gracias, para acompañarte y para reparar por nosotros y por todos aquellos que no aprecian tu Presencia sacramental.
        Queremos abrir nuestros corazones para que los inundes con la lluvia incontenible de tu Amor.
         Queremos abrir nuestros labios para decirte: “Te amamos, Jesús Eucaristía, con todo el corazón”.
         Tu Corazón Eucarístico palpita de Amor; cúbrenos con tus rayos y con la llama de tu Amor divino.
         Venimos a adorarte, a darte gracias, a hacerte compañía, a pedirte perdón por tantos y tantos niños, jóvenes y adultos, que prefieren las distracciones del mundo, antes que contemplar, con los ojos de la fe, tu dulce rostro, resplandeciente de la luz y de la gloria de Dios.
         Junto a nosotros, te traemos en el corazón a nuestros seres queridos, a nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de la escuela, y a todo el mundo, para que Tú también los bendigas a ellos.
         Queremos sentir Tu Presencia como susurro de brisa suave; queremos alimentarnos con el Pan de los ángeles; queremos sentirnos protegidos porque Tú caminas junto a nosotros.
         Haz sentir Tu voz en nuestros corazones, para que tengamos cada vez más deseos de verte y de sentirte cerca nuestro.
         Corazón Eucarístico de Jesús, Tu Amor es más grande que todo el Universo, y es más grande que todos los cielos juntos, ¡haz que seamos capaces de crecer en tu amor, para que recibamos de Ti cada vez más y más amor!
        
         Meditación en silencio (tres minutos)
        
         Peticiones
         A cada intención respondemos: Por los dolores de Tu Madre al pie de la Cruz, escúchanos Jesús.
         -Por los niños por nacer, para que sean recibidos con amor por sus padres. Oremos.
         -Por los niños que sufren en el cuerpo y en el alma, para que encuentren en los cristianos el consuelo que necesitan. Oremos.
         -Por los niños que viven en países en guerra, para que cesen las luchas y vivan en tu paz. Oremos.
         -Por los niños que no saben que Tú estás en la Eucaristía, para que seamos capaces de anunciarles de Tu Presencia con obras de amor. Oremos.       
         -Por nosotros mismos, para que nos demos cuenta que el fruto de la adoración eucarística es el aumento de amor a los padres, a los mayores, y a todo el mundo. Oremos.

         Oración final: Corazón Eucarístico de Jesús, debemos ya retirarnos, para volver a la tarea de todos los días. Nos llevamos tu Amor, y te prometemos que trataremos de dar a los demás aunque sea una pequeña parte de todo el Amor que de Ti hemos recibido. Para eso hacemos el propósito de ser cada día más obedientes, respetuosos, amables y caritativos con los que nos rodean, y con todos con los que nos encontremos. Haz que tu Mamá, la Virgen, que es también nuestra Madre, nos acompañe en todo momento, y que nos ayude a cumplir lo que te hemos prometido: tratar de ser no solo cada vez más buenos, sino ante todo, santos, para imitar a Jesús y a María.

         Oración de Nacer: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

sábado, 23 de junio de 2012

La Santa Misa para Niños (XIV) El sacerdote nos invita a unirnos al sacrificio de Jesús



Invitación a la plegaria
Sacerdote: Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
En esta parte de la Misa, el sacerdote dice una palabra que nos hace dar cuenta de algo: en el altar pasa algo misterioso, algo que no ven nuestros ojos, pero que está ahí presente, algo que no podemos comprender ni ver, pero que sí lo podemos ver con los ojos de la fe. El sacerdote dice: Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El sacerdote usa la palabra “sacrificio”, y entonces nos preguntamos: ¿qué es un “sacrificio”? ¿Quién se sacrifica en el altar? ¿Cómo lo hace? ¿Por qué lo hace?
La misa es ante todo, un sacrificio. Pero, ¿qué es un sacrificio?
         Un sacrificio es algo que cuesta mucho hacer. “Estudié para la prueba con mucho sacrificio”, es decir, tuve que dejar de ver las horas de televisión que veía por día para poder aprobar y tuve que pasar mucho tiempo estudiando. Me costó mucho esfuerzo estudiar. “Obedecí con mucho sacrificio”. A papá, porque si no le obedecía, se me dejaba sin postre. Me costó obedecer, fue un "sacrificio" obedecer.
         Igual que estas cosas –estudiar, obedecer- que son un sacrificio, también la misa es un sacrificio, es decir, es algo que cuesta mucho.
         Pero en el sacrificio de Jesús hay algo más, que hace que no sea un sacrificio cualquiera, de una persona cualquiera. Es un sacrificio hecho por el Hombre-Dios para perdonar los pecados de los hombres, librarnos del fuego del infierno, y concederles el don de ser hijos de Dios por la gracia santificante, para que al final de esta vida, puedan ir al cielo y gozar de Dios Trino para siempre.
         La Misa es el mismo sacrificio de Jesús en la cruz. En la Misa, Jesús está en la cruz, invisible, pero real, igual que hace dos mil años estuvo en la cruz. Sólo que aquí no lo vemos con los ojos del cuerpo, pero sí con los ojos de la fe. Por la fe, sabemos que Jesús hace en la misa, invisible, lo mismo que hace en la cruz, porque es el mismo sacrificio de la cruz: entrega su cuerpo en la Eucaristía y derrama su sangre en el cáliz.
Para saber porqué la misa es un sacrificio, nos tenemos que acordar de lo que hacían los judíos, hace mucho tiempo, y muy lejos de aquí, en Palestina. Los judíos tenían algo como una iglesia muy grande, que le decían: “Templo de Salomón”. Ahí llevaban algunos animales de la granja, los más lindos que tenían, para regalárselos a Dios, en agradecimiento por ser Dios tan bueno con ellos. Entre esos animales, le llevaban a Dios un cordero, al que luego de sacrificarlo, como se hace con los animales antes de comerlos, lo ponían al fuego, igualito a como se hace un asado. Eso lo hacían para significar que el cordero dejaba de pertenecer a sus dueños, para pasar a ser propiedad de Dios: así como el humo del asado sube al cielo, así el cordero, convertida su carne en humo por el fuego, subía al cielo, para que Dios lo tuviera con Él. Y esto lo hacían, además de para dar gracias a Dios, para pedirle cosas, para adorarlo, y para pedirle perdón por todos los pecados.
Pero todo eso no era más que una figura de lo que venía después, así como una figurita de Messi no es Messi, sino que el Messi real es el verdadero Messi; así también esos corderos no podían perdonar los pecados, porque tenía que venir el verdadero Cordero de Dios, que es Jesús. Y Jesús viene en la Misa, invisible, misterioso, para sacrificarse sobre la cruz, para derramar su Sangre en el cáliz y para entregar su Cuerpo en la Eucaristía, para salvarnos. Esto último es el verdadero sacrificio de la cruz, que se repite invisible en el altar: así como en la cruz la sangre se separó de su Cuerpo, cuando Jesús se sacrificaba, así también en el altar, la Sangre del cáliz está separada del Cuerpo, que está en la Eucaristía.
Así nos damos cuenta de que la Misa es un sacrificio: porque el pan y el vino se consagran por separado, para significar lo que pasa en el sacrificio de la Cruz, en donde la Sangre se separa del Cuerpo.
El pan y vino se consagran separados, uno primero y otro después, porque en la cruz el Cuerpo y la Sangre se separan.
         Es la Palabra llena de poder del Verbo del Padre, que obra con su virtud divina en la consagración, la que hace, del pan, el Cuerpo de Cristo y del vino, su Sangre.
         En virtud de las palabras de la consagración –tomad y comed... bebed... Este es mi Cuerpo... Este es el cáliz de mi Sangre- se hacen presentes, separadamente, sobre el altar, por la potencia infinita del Verbo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo: bajo las especies, bajo las apariencias del pan, se hace presente sólo el Cuerpo; bajo las especies, bajo las apariencias del vino, se hace presente sólo la Sangre.
Pero aquí no termina el sacrificio de Jesús, porque Jesús resucitó, levantándose lleno de luz y de vida en el sepulcro, y así también está en la Eucaristía, con su Cuerpo lleno de luz y de vida, y esto lo dice el sacerdote sin palabras, cuando corta un pedacito de la Hostia y la echa en el cáliz, queriendo decir que el Cuerpo se unió a su Sangre en la resurrección.
Entonces, si alguien nos preguntara qué es la misa, tendríamos que decirle: “La misa es el mismo sacrificio en cruz de Jesús”.
Cuando venimos a misa, venimos a encontrarnos con Jesús que está en la cruz invisible del altar, entregando su Cuerpo y derramando su Sangre por amor a cada uno de nosotros.



         Todos: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.
El sacerdote lee la oración sobre las ofrendas. Al terminar contestamos: Amén.

viernes, 25 de mayo de 2012

Hora Santa para Niños y Jóvenes




         Entramos en el Oratorio, nos arrodillamos y hacemos silencio. Preparamos nuestros corazones para hablar con Jesús Eucaristía, que está escondido en algo que parece ser un poco de pan, pero no es pan, sino Jesús, el Hijo de Dios, en Persona.
         No lo podemos ver ni oír, pero Él sí nos ve y nos oye. Junto a Él, se encuentran, también invisibles, pero presentes de verdad, su Mamá, la Virgen, y millones y millones de ángeles del cielo que lo adoran de rodillas.
         También nosotros hemos venido a adorar a Jesús Eucaristía, y por eso nos arrodillamos y hacemos silencio ante su Presencia sacramental.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         Meditación: Querido Jesús Eucaristía, venimos ante Ti, para darte el regalo de nuestra humilde adoración. Como niños y jóvenes, te ofrecemos nuestra compañía en este rato de adoración, y nuestros corazones para que descanses en ellos.
         Venimos a pedirte por todos los niños y jóvenes del mundo, para que nunca nos apartemos de Ti, porque solo en Ti obtendremos la paz y la alegría para nosotros y para nuestras familias.
         Te pedimos por nuestros padres, por nuestros hermanos, por nuestros abuelos, por todos nuestros familiares, para que a todos los ilumines y les des la gracia de creer en Ti, única fuente de dicha y de gozo.
         Queremos pedirte también para que todos, pero especialmente los niños y los jóvenes, encuentren en Ti, Jesús Eucaristía, el sentido de sus vidas. Que todos sepan que sólo recibiéndote a Ti en la comunión, podrán cumplir la voluntad de Dios en sus vidas.
         Que todos deseen vivir el primer mandamiento, el más importante de todos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a Ti mismo”.
         Querido Jesús Eucaristía, te pedimos la luz que viene de Tu Sagrado Corazón, para que seamos capaces de entender y de vivir el cuarto mandamiento: “Honrarás padre y madre”. Que podamos honrarlos verdaderamente, siendo para con ellos amables, obedientes, serviciales, y buscando de evitar, a toda costa, cualquier cosa que pueda entristecerlos.
         Danos también tu ayuda para que seamos capaces de vivir la pureza de cuerpo y alma, porque como dice la Biblia, “el cuerpo es templo del Espíritu Santo”. Desde ya, te consagramos nuestros corazones y nuestros cuerpos, para Tú nos ayudes con tu gracia a conservarlos puros y sin mancha, de modo que esté siempre en nosotros la dulce paloma blanca del Espíritu Santo.
         Ayúdanos, Jesús, a comprender que las obras de misericordia, corporales y espirituales, que la Iglesia nos manda aprender, no son lecciones para saberlas de memoria, sino obras de amor que tenemos que hacer, todos los días, si es que algún día queremos entrar al cielo. Ayúdanos a entender que si no ayudamos a nuestros prójimos, sobre todo los más necesitados, nunca entraremos en el Cielo. Por eso te prometemos, desde ahora, que trataremos de ser lo más buenos posibles, brindando a todos nuestra ayuda.
        
         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
         Oración de despedida: Querido Jesús Eucaristía, debemos ya retirarnos, pero antes, te dejamos nuestros corazones al pie tu Presencia Eucarística, para que no permitas que nunca dejemos de pensar en Ti y en todo lo que sufriste por nuestro amor.
         Y si lo mismo nos distraemos, llámanos con tu dulce voz, para que siempre y en todo momento estemos alabándote, adorándote y dándote gracias. Haz que tu Mamá, la Virgen, que es también nuestra Madre, nos acompañe y nos guíe en nuestro caminar hacia el encuentro contigo, en la eternidad.

viernes, 27 de abril de 2012

Hora Santa para Nacer - Niños y Adolescentes Adoradores de Cristo Eucaristía



Antes de la Adoración propiamente dicha: se enseña a hacer la genuflexión: la rodilla debe tocar el suelo, la vista debe estar fija en el Sagrario.
Se explica anteriormente a la visita, a los niños y a los adolescentes, que estamos delante de Jesús, y que por lo tanto, se debe tener una actitud de respeto y de silencio.
Vamos a hablar interiormente con Jesús; con los amigos, se puede hablar una vez que salgamos del Oratorio.
La adoración será de un máximo de veinte minutos. Debe haber un guía.
        
Inicio de la Adoración

         Canto Eucarístico: Oh Buen Jesús, yo creo firmemente.

Oración Introductoria: Nos encontramos ante la Presencia Real de Jesús. Dejemos de lado toda otra cosa, para no distraernos.

Guía: Oración de los Pastorcitos de Fátima: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro y Te amo; Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran ni Te aman”. (Se dice esta oración de forma pausada, por tres veces, con breve silencio entre ellas). Breve silencio al finalizar.

         Guía: Señor Jesús, Rey del cielo, vengo a visitarte.
                   No te veo, pero sé que estás escondido en la Eucaristía.
                   Vengo a decirte que te quiero mucho, y que te amo con todo el corazón.
                   Sé que muchas veces no me porto bien,
                   Pero desde ahora te prometo que voy a ser cada vez más bueno.
                   En esta adoración, Jesús, quiero pedirte que me ayudes a ser un niño santo, y para eso recordaré junto contigo cuando Tú eras niño como yo.

         Querido Jesús Eucaristía, queremos hacerte el regalo de nuestra niñez, ya que Tú también fuiste Niño, cuando vivías aquí en la tierra con tu Mamá, la Virgen, y San José. Así como fuiste protegido por ellos, también nosotros queremos que nos protejan, y nos enseñen a ser cada día más buenos, para crecer “en gracia y santidad”, como Tú.
        
Querido Jesús Eucaristía, queremos ser como Tú, cuando eras Niño; queremos aprender de tu infancia; queremos aprender a amar a nuestros papás y mamás como Tú los amabas. Queremos que nos enseñes a ser como eras Tú cuando tenías nuestra edad; queremos obedecer a nuestros padres, como Tú les obedecías; queremos respetarlos, honrarlos y amarlos, como Tú, Divino Niño, los respetabas, honrabas y amabas.
        
         Querido Jesús Eucaristía, cuando eras Niño, sufriste mucho por nosotros, y ya desde antes de ser un bebé en brazos de Tu Mamá, la Virgen, ofreciste tu infancia a Dios para salvarnos. ¡Ayúdanos con tu luz y tu amor, para que nosotros sepamos ofrecer sacrificios y mortificaciones para la salvación de las almas!

         Querido Jesús Eucaristía, cuando eras Niño, no tenías todas las comodidades que tenemos nosotros ahora, y además pasaste hambre y frío en muchas oportunidades, como cuando tuviste que huir de Herodes, que no quería que fueras rey. Tú, que siendo Niño te sacrificaste por nuestra salvación, ¡ayúdanos a ofrecer sacrificios, para la salvación de los pecadores! Haz que sepamos ofrecerte el sacrificio de privarnos de cosas buenas, para que todos se salven. Ven, Divino Niño Jesús, y haz que nuestra infancia transcurra en tu paz y en tu amor.
         Querido Jesús Eucaristía, que cuando tenías doce años te quedaste en el templo para ocuparte de las cosas de Dios Padre, haz que también nosotros, como niños adoradores de Tu Presencia Eucarística, seamos capaces de rezar mucho, como lo hacías Tú, y de ocuparnos más de las cosas de Dios y menos de las cosas del mundo.

         Querido Jesús Eucaristía, que cuando fuiste adolescente, aprendiste el oficio de carpintero que te enseñó tu padre adoptivo, San José, y ayudaste en los quehaceres de la casa a Tu Mamá, la Virgen María, ayúdanos para que demostremos amor a nuestros padres, ayudándolos en todo lo que podamos, de buena gana y sin que nos tengan que pedir con insistencia.

         Querido Jesús Eucaristía, que como Niño alegraste las vidas de tu Mamá y de tu papá San José, haz que también nosotros, buscando de ser santos, seamos también la alegría de nuestros padres, de nuestros hermanos, y de todos los que nos rodean.

         Querido Jesús Eucaristía, que desde Niño muy pequeño añorabas ser grande para algún día subir a la Cruz y así poder salvarnos, haz que también nosotros deseemos subir a la Cruz, para unirnos a Ti en tu sacrificio salvador.

         Oración en silencio por espacio de tres a cinco minutos. Antes de comenzar esta oración en silencio, el Guía explica a los niños que ahora tienen tiempo para hablar a Jesús con el corazón, que deben concentrarse en qué es lo que quieren decirle a Jesús.
Les explica el Guía a los niños que pueden pedir por sus papás, por sus hermanos, por sus seres queridos, por sus amigos.

         Guía: Pasados los cinco minutos, retoma el Guía, recitando nuevamente la oración de adoración de los Pastorcitos de Fátima: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro, y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman”.

         Guía: Jesús, Dios de la Eucaristía, Dios del Amor, de la luz y de la paz,
                   Me despido hasta la próxima visita.
                   Te dejo mi corazón junto al Sagrario,
                   Para que lo cuides de todo mal.
                   Te adoro con toda mi alma.
                   Querido Jesús Eucaristía,
                   Nunca dejes que me aparte de Ti.
          Querido Jesús Eucaristía, Divino Niño Jesús, acepta el don que te hago de mi infancia, y ayúdame a amar a Dios y a todo el mundo, con tu mismo Amor.

         Guía: recita nuevamente la oración de adoración de los Pastorcitos de Fátima: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro, y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman”.

Nuestra Señora de la Caridad, Tú que llevaste a Jesús dentro tuyo, como si fueras un Sagrario, te pido que me enseñes a amar a Jesús Eucaristía como Tú lo amas.

Señal de la cruz.

Canto Eucarístico de salida. Te adoramos, Hostia divina.