Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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sábado, 16 de julio de 2016

Evangelio para Niños: Marta y María sirven a Jesús


(Domingo XVI – TO – Ciclo C - 2016)

         El Evangelio narra un día que Jesús fue a visitar a sus amigos, los hermanos Lázaro, Marta y María (Lc 10, 38-42). Cuando Jesús entró en la casa, se sentó, como de costumbre, en el lugar que le preparaban sus amigos, y comenzó a hablar del Reino de los cielos. Mientras Jesús hablaba, una de las hermanas, María, lo escuchaba, arrodillada a sus pies, mientras la otra hermana, Marta, estaba ocupada preparando el almuerzo y disponiendo todo para Jesús y los invitados, y como eran varios, Marta tenía mucho trabajo. Entonces Marta se quejó a Jesús por su hermana María, diciéndole que ella debería ayudarla, porque tenía mucho trabajo, en vez de estar escuchándolo a Él. Pero Jesús, en vez de darle la razón a Marta, le dijo que María “había elegido la mejor parte”, que era escuchar la Palabra de Dios y contemplar el Santo Rostro de Dios, el rostro de Jesús.
         ¿Qué nos enseña Jesús con esta respuesta suya?
         Lo sabremos si tenemos en cuenta que Marta y María representan a dos momentos de una misma persona: Marta, cuando está ocupada con las tareas de todos los días, y al mismo tiempo piensa en Jesús, porque Marta trabaja para Jesús; María, cuando esa misma persona está leyendo la Biblia, rezando el Rosario, o  haciendo Adoración Eucarística.

         De las dos cosas, Jesús dice que es “mejor la parte de María”, pero no dice que lo de Marta no sea bueno, porque Marta trabaja, y lo hace para Jesús. Es decir, Jesús nos enseña que tenemos que hacer lo que hacen las dos hermanas: trabajar para Jesús en las ocupaciones de todos los días, como hace Marta, y leer la Palabra de Dios, rezar el Rosario y hacer adoración eucarística, como hace María, que arrodillada a los pies de Jesús, escucha la Palabra de Dios y contempla, extasiada, su Santa Faz.

sábado, 12 de julio de 2014

El Evangelio para Niños: El Sembrador


(Domingo XV – TO – Ciclo A - 2014)
         Jesús mismo explica la parábola (Mt 13, 1-23): la semilla que cae al borde del camino y es comida por los pájaros, es cuando alguien escucha y no comprende, y antes de que comprenda, viene el demonio y se lleva lo que había escuchado. Son los que fácilmente se dejan tentar por las cosas vanas que ofrece el demonio: la soberbia, la pereza, la ira, la gula, la avaricia. Pero de todas, las peores, son la soberbia y la pereza. Así, el demonio logra que la semilla, que es la Palabra de Dios, no germine en el corazón. El corazón de estas personas es como los bordes de los caminos, en donde no crece nada que sea útil, ni para las personas, ni para los animales. Por el contrario, el borde del camino, que se llama “banquina”, es siempre peligroso transitar por ahí, y estos corazones son peligrosos, porque en ellos no está Jesús.
         La semilla que cae en terreno pedregoso es el que acepta la Palabra de Dios con alegría, pero cuando hay algún problema, se olvida de la Palabra de Dios y esa persona se pone triste y deja de leer la Biblia o de ir a Misa. Son los que apenas tienen algo que les preocupa en la familia, o en la escuela, o en el barrio, en vez de ir a rezar el Rosario, para pedirle a la Virgen que los ayude, o en vez de ir al sagrario, o en vez de ir a la Misa, que es donde está Jesús, hacen lo opuesto: dejan de leer la Biblia, dejan de rezar, dejan de ir a Misa. Sus corazones son como un camino lleno de piedras, en donde no hay ni árboles, ni plantas, ni flores.
         La semilla que cae entre las espinas, es el que escucha la Palabra de Dios, pero los problemas y las riquezas hacen que se olvide de la Biblia y de la Misa, igual que los anteriores, y así la Palabra de Dios no puede dar frutos de santidad en sus corazones, y sus corazones se vuelven como tierra seca, como la tierra arenosa del desierto, que está llena de cactus espinosos.

         Por último, la semilla que cae en un terreno fértil, en donde germina y crece y da un árbol con frutos ricos y maduros, es el que lee la Palabra de Dios, la comprende, va a Misa, se confiese, hace obras de misericordia; ése es el que entiende que debe llevar la cruz de todos los días, y que debe amar a Dios y a su prójimo como a sí mismo y que si quiere llegar al cielo, debe rezar el Rosario para ser como la Virgen y como Jesús. Ése es el que produce frutos del cien, del sesenta, o del treinta por uno, como dice Jesús. Estos corazones se parecen a un hermoso jardín, lleno de flores y de árboles cargados de frutos exquisitos. De nosotros depende cómo será nuestro corazón, si como un terreno arenoso, pedregoso, sin árboles frutales, que es cuando el corazón vive sin la gracia de Dios, sin confesarse, sin comulgar, sin rezar, sin hacer obras buenas; pero también de nosotros dependerá si nuestro corazón es como un hermoso jardín, es decir, si elegimos vivir en gracia, y esto sucede cuando nos confesamos con frecuencia. Por la confesión, el alma se llena de gracia, y además comulgamos, rezamos y somos buenos con nuestros prójimos, nuestros corazones y nuestras almas serán como jardines hermosísimos, llenos de flores y de árboles con frutos riquísimos. Le tenemos que pedir a Jesús, a la Virgen y a nuestro Ángel de la Guarda, para que nuestros corazones sean así, como hermosos jardines, en donde la Palabra de Dios dé hermosos frutos de santidad.

sábado, 26 de abril de 2014

El Evangelio para Niños: La Divina Misericordia


         Una vez Jesús se le apareció a una monjita que se llamaba Sor Faustina y le dijo que pintara una imagen así, tal como lo veía. Jesús estaba de pie y de su pecho salían dos rayos: uno rojo, que da la vida de Dios al alma, y uno blanco, que significa la gracia que nos santifica.
         Jesús también le dijo que a las tres de la tarde se acordara siempre de Él, porque era la hora en la que Él murió en la cruz, y que a esa hora, pidiera perdón y misericordia por todos los pecadores, que Él no le iba a negar nada de lo que le pidiera, por los méritos de su Pasión, si eso no era contrario a su salvación.
También le enseñó una oración que se reza con el Rosario y que se “Coronilla de la Divina Misericordia” y le dijo que si se la rezaba al lado de alguien que estaba por morir, Él personalmente se iba a poner entre esa persona y Dios Padre y le iba a decir a Dios Padre que le perdonara todos sus pecados y lo iba a llevar al cielo. Y que todo aquel que rezara la Coronilla, por más que fuera muy pecador, Él le iba a dar todas las gracias necesarias, para que se arrepintiera e hiciera una buena confesión y se salvara.
También le dijo que esta imagen era la última devoción hasta que Él viniera por Segunda Vez; que todos los que quisieran salvarse, tenían que mirarlo a Él en esa imagen y rezarle y tenerle mucho amor y mucha confianza, que si no le rezaban y no le tenían confianza, no se podían salvar.
Jesús también le mandó un ángel a Sor Faustina para que la llevara al infierno y le mostrara que el infierno existe y que está ocupado con personas que no creían en el infierno y Dios le dijo que volviera y contara a todo el mundo lo que había visto, para que nadie dijera que el infierno no existe o que está vacío.
Después se le apareció la Virgen a Sor Faustina, y le dijo que su Hijo Jesús es muy misericordioso, pero que no hay que abusar de la misericordia, y que cuando Él venga por Segunda Vez, no va a venir como Rey de Misericordia, sino como Justo Juez, y que ese día, hasta los ángeles del cielo van a temblar; que el mundo tenía que prepararse para su Segunda Venida y que teníamos que obrar la misericordia, pero no abusar de ella, es decir, no tenemos que creer que porque Jesús es misericordioso, podemos vivir como queramos, sin preocuparnos por la gracia, pensando que podemos vivir en pecado y que nos vamos a confesar cinco minutos antes de morir.
Si queremos ir al cielo, tenemos que hacer obras de misericordia, corporales y espirituales, las que nos pide la Iglesia; tenemos que rezar a las tres de la tarde, que es la Hora de la misericordia; tenemos que rezar la Coronilla de la Misericordia; tenemos que venerar la imagen de Jesús Misericordioso, en la Iglesia y también en un pequeño altar que podemos hacer en nuestros hogares, pero sobre todo, la imagen de Jesús Misericordioso debe estar en ese altar vivo que es nuestro corazón en gracia: allí debe estar entronizado Jesús Misericordioso y allí le debemos rendir homenaje, día y noche, con cantos de alabanza y de adoración, en esta vida y en la otra vida, por toda la eternidad, en el cielo, para siempre.


sábado, 17 de agosto de 2013

Evangelio para niños: "No he venido a traer la paz, sino la división"


(Domingo XX - TO - Ciclo C - 2013)
          Para entender el Evangelio de hoy, en donde Jesús nos dice que "no ha venido a traer la paz, sino la división", tenemos que imaginarnos a dos ejércitos que están luchando, uno dirigido por un capitán bueno, y otro, por un capitán malo. De pronto, en medio de la lucha, el capitán de uno de los ejércitos, el capitán bueno, sin tener miedo, se mete dentro de las filas de los soldados del otro ejército, y los convence, uno por uno, de que dejen de pelear contra él y comiencen a pelear contra el otro capitán, que es muy malo. así, este capitán bueno, introduce la división dentro del ejército enemigo, y hace que muchos de los que eran sus enemigos, ahora sean amigos de él y enemigos del capitán malo.
          Los dos ejércitos, que luchan uno contra otro, son el ejército de Jesús y María, y el ejército de Satanás. El ejército de Jesús está en un lugar alto, con mucho césped, con el cielo despejado y con un sol resplandeciente; el Jefe y Supremo Capitán de este ejército bien disciplinado y aguerrido es Jesucristo, y su estandarte es el estandarte ensangrentado de la Cruz; al lado suyo, está su Mamá, la Virgen, que es la celestial Capitana de este ejército; está rodeada de sus hijos más fieles, los que aman con todo el corazón y se han consagrado a Ella; los que rezan el Rosario todos los días; los que obran la misericordia, corporal y espiritual, por amor a su Hijo Jesús; los que prefieren morir antes de cometer un pecado mortal o venial deliberado. Los integrantes de este ejército tienen una coraza poderosísima, y es la humildad, que está reforzada a la altura del corazón, y esta humildad así reforzada hace que sea un corazón contrito y humillado. El casco y el escudo protector es la oración, y las armas que usan, poderosísimas, son el Santo Rosario, el amor a la Eucaristía y a la Santa Misa. Sus otras armas, igualmente poderosas, son: castidad, diligencia, templanza, paciencia, generosidad y, la más poderosa de todas, la caridad, que es el Amor mismo del Sagrado Corazón.
          El otro ejército, es el ejército de Satanás, que es su capitán; este ejército está en una hondanada, un lugar todo sucio con barro y agua estancada; el lugar está lleno de humo, que se levanta desde el trono de Satanás, pero el humo, en vez de subir al cielo, no lo hace, porque no puede entrar en el cielo el humo de Satanás, y entonces este humo, oscuro, espeso, de mal olor, invade todo su ejército. Este está formado por los ángeles caídos y por los hijos de las tinieblas, que son los hombres aliados con ellos; las armas son la soberbia, que hace que el corazón sea duro y frío como una piedra, y todos están atados al trono del demonio con gruesas cadenas de hierro, que tienen distintos nombres: pereza, gula, avaricia, ira, lujuria y envidia. Este ejército malo hace la guerra a Dios, a su Iglesia y a los hombres de buena voluntad.
          Los dos ejércitos están así, uno frente al otro, dispuestos para la batalla, pero en un momento determinado, el Capitán del ejército bueno, Jesús, acompañado por su Mamá, se dirige hacia el campamento del ejército malo. Nadie los puede ver, porque la soberbia los vuelve ciegos a todo lo que se refiere a Dios, y así es como se acercan a los hombres que están encadenados al trono de Satanás, y les hablan al corazón, primero la Virgen y después Jesús, para que se conviertan y se pasen al ejército bueno. A los que aceptan, Jesús y la Virgen los liberan de sus cadenas de hierro, y los llevan al campamento del ejército bueno; a los que no aceptan, los dejan así, para volver después y tratar de convencerlos.
          Esta es la división que viene a traer Jesús: la división dentro del ejército malo, convirtiendo los corazones de los que estaban atadas con cadenas de hierro al trono de Satanás y luchaban contra Dios. Antes eran enemigos de Dios por el pecado; ahora son amigos de Dios por la gracia.
          Esto es lo que Jesús quiere decir cuando dice que "no ha venido a traer la paz, sino la división", porque el cristiano no está en paz con el Demonio; el enemigo del cristiano no es su hermano, sino el Demonio, y Cristo ha venido para hacerle la guerra al Demonio, y por eso dice que "no ha venido a traer la paz".

          Jesús quiere que estemos en paz con Dios y con los hermanos y que, unidos a Él y a la Virgen, con la Cruz y con el Rosario, le hagamos la guerra al Demonio. Jesús ha venido para que dejemos de ser amigos del Demonio y seamos sus enemigos; Jesús ha venido para que, de enemigos de Dios que éramos, nos convirtamos en sus amigos.

miércoles, 26 de junio de 2013

Las Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños - Sexta y última Aparición de la Virgen


13 de octubre de 1917

Tal como sucedió en las otras apariciones de la Virgen, los videntes notaron el reflejo de una luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina. Luego comenzó el diálogo entre la Virgen y Lucía:
Lucía: ¿Qué quiere Vuestra Merced de mí?
Nuestra Señora: Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor. Que soy la Virgen del Rosario. Y que continuéis rezando el rosario todos los días. La guerra va a terminar y los militares volverán pronto a sus casas.
Lucía: Tengo que pedirle muchas cosas: la curación de unos enfermos, la conversión de unos pecadores...
Nuestra Señora: A unos sí, a otros noEs preciso que se enmienden, que pidan perdón de sus pecados. Y tomando un aspecto más triste dijo: No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido.
Enseguida, abriendo las manos, Nuestra Señora las hizo reflejar en el sol, y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.
En ese momento, Lucía exclamó: ¡Miren el sol!
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Desaparecida Nuestra Señora en la inmensidad del firmamento, se desarrollaron ante los ojos de los videntes tres cuadros sucesivamente, simbolizando primero los misterios gozosos del rosario, después los dolorosos y finalmente los gloriosos (sólo Lucía vio los tres cuadros; Francisco y Jacinta vieron sólo el primero).
Aparecieron, al lado del sol, San José con el Niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Era la Sagrada Familia. La Virgen estaba vestida de blanco, con un manto azul. San José también estaba vestido de blanco y el Niño Jesús de rojo claro. San José bendijo a la multitud, haciendo tres veces la señal de la Cruz. El Niño Jesús hizo lo mismo.
Siguió la visión de Nuestra Señora de los Dolores y de Nuestro Señor agobiado de dolor en el camino del Calvario. Nuestro Señor hizo la señal de la Cruz para bendecir al pueblo. Nuestra Señora no tenía espada en el pecho. Lucía veía solamente la parte superior del cuerpo de Nuestro Señor.
Finalmente apareció, en una visión gloriosa, Nuestra Señora del Carmen, coronada Reina del cielo y de la tierra, con el Niño Jesús en los brazos.
Mientras estas escenas se desarrollaban ante los ojos de los videntes, la gran multitud de 50 a 70 mil espectadores asistía al milagro del sol.
Había llovido durante toda la aparición.
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Cual gigantesca rueda de fuego, el sol giraba rápidamente. Paró por cierto tiempo, para enseguida volver a girar vertiginosamente sobre sí mismo. Después sus bordes se volvieron escarlata y se deslizó en el cielo como un remolino, esparciendo llamas rojas. Esa luz se reflejaba en el suelo, en los árboles, en los arbustos, en los propios rostros de las personas y en las ropas, tomando tonalidades brillantes y diferentes colores. Animado tres veces por un movimiento loco, el globo de fuego pareció temblar, sacudirse y precipitarse en zig-zag sobre la multitud aterrorizada.
Duró todo esto unos diez minutos. Finalmente, el sol volvió en zig-zag hasta el punto desde donde se había precipitado, quedando de nuevo tranquilo y brillante, con el mismo fulgor de todos los días.
El ciclo de las apariciones había terminado.
Muchas personas notaron que sus ropas, empapadas por la lluvia, se habían secado súbitamente.
El milagro del sol fue observado también por numerosos testigos situados fuera del lugar de las apariciones, hasta una distancia de 40 kilómetros.   


Unas 50 a 70 mil personas asistieron a la Sexta y última Aparición de la Virgen




         Enseñanzas espirituales de la Sexta y última Aparición de la Virgen

         -La Virgen pide que se construya una capilla: el templo material es muy necesario para el Pueblo de Dios, porque como somos seres humanos, necesitamos de un lugar y de un espacio físico para reunirnos a orar a Dios. Si bien se puede orar en cualquier lugar y en cualquier momento, es muy necesario el reunirse en un templo, porque allí se le dedica y se le presta más atención a la oración y a la Presencia de Dios. Hay que recordar, sin embargo, que el templo material, hecho de piedras, ladrillos, techos, puertas y ventanas, es solo una figura y representación de ese templo de Dios que es infinitamente más valioso, y es el cuerpo humano. Por el bautismo, cada cuerpo ha sido convertido en templo del Espíritu Santo, por eso el templo material sirve para saber cómo debemos cuidar el templo que es el cuerpo. Por ejemplo: ¿a alguien se le ocurriría hacer entrar todo tipo de animales en el templo material? Por supuesto que no, porque dejarían todo sucio y ofenderían la Presencia de Jesús en el sagrario. Bueno, esos animales son figura de las pasiones y sus pecados, que no deben entrar en el cuerpo, porque se ofende al Espíritu Santo. ¿Alguien escucharía música mala e indecente, como la cumbia y algunos géneros de rock, o incluso solamente música mundana en la capilla? Por supuesto que no, y mucho menos en el cuerpo que es templo del Espíritu. ¿A alguien se le ocurriría gritar, enojarse, patalear, hablar mal de otras personas, o planear cosas malas contra alguien, en la capilla? Por supuesto que no, y por supuesto que mucho menos en el templo que es el cuerpo.
         -La Virgen da su nombre: “Virgen del Rosario”, y vuelve a pedir que se rece el Rosario todos los días, además de prometer que la guerra terminará pronto. ¡Cómo será de importante el rezo del Rosario, que la Reina de los cielos, en persona, ha venido a nuestro mundo, para pedirnos que lo recemos! Las promesas que da la Virgen por el rezo del Rosario son hermosísimas, y la más hermosa de todas, es que promete la gracia de la conversión final para quien lo rece todos los días.
         -Nuevamente, la Virgen dice que curará “a unos sí y a otros no”. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo por el cual la Virgen no va a curar a todos? El motivo es que Dios nos da, a través de la Virgen, aquello que nos conviene para nuestra salvación. Si la curación va a servir para que demos mayor gloria a Dios, entonces nos curará; pero si la curación servirá para que una vez sanos nos olvidemos de Dios y comencemos a recorrer el camino de la perdición, entonces no nos curará. Pero también puede suceder que no cura a una persona, porque esa enfermedad, ofrecida a Jesús en la cruz, sirve para abrirle las puertas del cielo a esa persona y a muchas otras más. Es decir, la Virgen puede no curar a una persona, porque esa persona, a través de su enfermedad, llegará al cielo, junto con muchas otras personas más. Si la Virgen lo curara, no iría al cielo. No lo cura, para que vaya directamente al cielo, como le pasó a Jacinta y a Francisco, que a pesar de haber recibido la visita de la Virgen, Ella no los curó, para que fueran directamente al cielo, sin pasar por el Purgatorio.
         -Además, la Virgen dice que le importa más la conversión del corazón, que la curación del cuerpo, porque por la conversión del corazón, el alma no solo deja de ofender a Dios, sino que lo ama cada vez más. Por este motivo es que la Virgen se pone triste, pidiendo que no ofendamos más a Dios. Para que nos demos cuenta, una mentira, una impaciencia, un enojo, un acto de pereza, de orgullo, de vanidad, ofenden a Dios, porque en Dios no hay nada de estas cosas malas. Pero hay que saber que, además de ofenderlo, un alma que es perezosa, enojona, impaciente, o dice mentiras, no puede estar delante de Dios, en quien no se encuentra absolutamente nada de estas cosas malas. Un alma sin convertir, es decir, un alma que no busque en esta vida, ser “mansa y humilde de corazón” como el Sagrado Corazón de Jesús; un alma que no busque ser “pura e inmaculada”, por la gracia santificante, como el Inmaculado Corazón de María, jamás entrará en el Reino de los cielos, de ahí la importancia de la conversión y la insistencia de la Virgen en la conversión.
         -Luego de este diálogo, viene la representación en el cielo: la Virgen había dicho que Ella era la Reina del Rosario, y por eso en el cielo se representan las imágenes de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y esto es una forma de enseñarnos a rezar el Rosario. El que dice que “se aburre” cuando reza el Rosario, es porque no lo sabe rezar como lo enseña la Virgen. Rezar el Rosario es repasar, con los ojos del alma y del corazón, los misterios de la vida de Jesús, misterios que pasan ante los ojos del alma como si fueran una película que se proyecta en las paredes del corazón, película de la cual no somos meros espectadores, sino actores de reparto, porque rezamos el Rosario para aprender de la vida de Jesús. Debemos “meternos” en las escenas, como dice San Ignacio de Loyola, para ver y escuchar a los actores principales, Jesús y María, para que la Virgen vaya grabando en nuestros corazones la vida y el Amor de su Hijo Jesús. Rezar el Rosario no es nunca repetir oraciones vacías dichas al aire: es entrar en el Corazón Inmaculado de María, para que Ella nos enseñe la vida de su Hijo Jesús y vaya grabando sus virtudes en nuestros corazones, de modo que cada vez seamos más y más parecidos a Él.
         -También aparece la Sagrada Familia: San José, el Niño y la Virgen, esto para enseñarnos cómo es la verdadera y única familia creada y querida por Dios: papá-varón (aunque San José era solo el padre adoptivo de Jesús), mamá-mujer, y el hijo, que es el fruto del amor de los esposos (aunque en este caso, el Niño Jesús es fruto del Amor del Espíritu Santo, Esposo de la Virgen María). Luego aparecen Nuestro Señor “agobiado de dolor camino del Calvario”, para recordarnos la Pasión de Amor que sufrió Jesús por cada uno de nosotros: cuando lo contemplemos así, con la cruz a cuestas, tenemos que pensar que en esa cruz están todos mis pecados, que Él los lleva al Calvario para destruirlos con su Sangre, y para donarme su Vida eterna, hacerme hijo de Dios, y llevarme al cielo para ser feliz para siempre. ¡Cuánto nos ama Jesús! Aparece en el cielo también Nuestra Señora de los Dolores, para recordarnos que la Virgen es Corredentora, es decir, Ella, unida a su Hijo Jesús, también nos salva, y aunque no haya sufrido los latigazos, ni haya sido coronada de espinas, ni haya llevado la cruz como Jesús, Ella sufrió todo eso en su espíritu, y se unió a su Hijo Jesús en su sufrimiento, y por eso Ella se llama “Corredentora”. Por último, apareció en el cielo la imagen de Nuestra Señora del Carmen, para recordarnos el uso del Santo Escapulario, el cual, según sus promesas, nos evita el infierno si morimos con él y, sobre todo, si nos comprometemos a vivir en estado de gracia y a preferir “morir antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado”, como dice Santo Domingo Savio.
         -Finalmente, la Virgen realizó el milagro que había prometido, para que todos creyeran, y es el milagro del baile del sol. Ella hace girar al sol y lo hacer acercarse tanto, que la gente cree que se va a estrellar contra la tierra. La Virgen lo puede hacer, porque Ella es la “Reina y Señora de todo lo creado”, por su condición de Madre de Dios, Ella es la “Mujer revestida de sol, con la luna a sus pies”, como la describe el Apocalipsis, y por eso es que tiene poder sobre toda la Creación visible, pero también es Reina de los ángeles, y por eso tiene poder sobre todos los ángeles; es Reina de todos los santos del cielo, y es por eso que su poder sobre ellos es el de una amorosísima madre sobre unos hijos bondadosos.


Los peregrinos se conmueven ante la magnitud del milagro del sol

         Para apreciar mejor la magnitud de este milagro, hay que tener en cuenta que había llovido durante toda la aparición, por lo cual toda la gente, unos 50 a 70 mil espectadores, a pesar de los paraguas, estaban todos empapados. Esto es muy importante saberlo, porque cuando finalizó el milagro del sol, todos estaban completamente secos, y esto se debió a la escasa distancia a la cual se acercó el sol a la tierra. La secuencia del milagro, según los relatos de los testigos presenciales, fue así: cuando terminó el diálogo de Lucía con Nuestra Señora, en el momento en que la Santísima Virgen se elevaba y Lucía gritaba “¡Miren el sol!”, las nubes se entreabrieron, dejando ver el sol como un inmenso disco de plata. Brillaba con una intensidad jamás vista, pero no cegaba. Esto duró apenas un instante. En ese momento, el sol comenzó una serie de movimientos inéditos, que todos coincidieron en llamar “el baile del sol”. Este baile consistió en que el sol comenzó a girar rápidamente, se detuvo por un momento, para enseguida volver a girar sobre sí mismo, como un disco; luego, sus bordes se volvieron de color rojo-escarlata (recordando el color de la Sangre de Jesús) y cuando esto sucedió, comenzó a girar como un remolino, esparciendo llamas de color rojo. Esta luz rojiza se reflejaba en los árboles, arbustos, en los rostros y ropas de las personas, para luego cambiar a tonalidades de diferentes colores. Luego, sucedió algo todavía más impresionante: el sol se movió por tres veces, como sacudido por un temblor, y luego se precipitó sobre la multitud, acercándose a la tierra vertiginosamente, en zig-zag. Esto duró unos diez minutos, y luego el sol volvió, también en zig-zag, a su lugar de siempre, quedando tranquilo y brillante, resplandeciendo con la luz de todos los días. La gente observó que sus ropas se habían secado completamente, como fruto de la cercanía del sol con la tierra: se acercó tanto, que parecía que iba a chocar con ella. Este milagro fue observado no solo por los testigos de las apariciones, sino también hasta una distancia de unos 40 kilómetros, y fue descripto al día siguiente por numerosos periódicos.
Con el “baile del sol”, terminaron las apariciones[1] en Fátima.

        


[1] Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, pp. 66-71.

miércoles, 5 de junio de 2013

Apariciones de la Virgen María en Fátima explicadas para Niños (VI) –Tercera Aparición de la Virgen - 13 de Julio de 1917


En el Infierno, los condenados deberán soportar la 
horrible visión y presencia de los demonios, 
quienes se burlarán de los condenados y los castigarán durísimamente 
por toda la eternidad.

Mientras se acercaba la fecha de Julio Lucía sufría tribulaciones a causa de la posición sostenida por el párroco quien le advertía que el diablo podría estar detrás de estas apariciones. A causa de estas sospechas Lucía le confió a Jacinta que su intención era la de no ir. Pero cuando el día finalmente llegó, sus miedos y ansiedades se desaparecieron, de manera que a las doce estaba en Cova de Iría con Jacinta y Francisco, esperando la llegada de la bella Señora. 
La Tercera Aparición, la del 13 de julio, se mostró como una de las más importantes de todo el mensaje de la Virgen en Fátima, estando formada por un secreto dividido en tres partes, secreto que los niños guardaron celosamente. Las primeras dos partes, la visión del infierno y la profecía del futuro rol de Rusia y cómo prevenirlo, fueron reveladas recién en el año 1941, cuando Lucía escribió su tercer diario. La tercera parte, comúnmente conocido como el Tercer Secreto, fue más tarde comunicado al obispo, quien lo envió sin leer al Papa Pío XII.
Así narra Lucía esta Aparición: “Unos minutos después de haber llegado a Cova da Iría, cerca de la encina donde la Virgen se había posado en la Aparición anterior, donde un gran número de personas estaban rezando el Rosario, vimos un flash de luz una vez más, y un momento después Nuestra Señora se apareció en la encina.
“Lucía”, dijo Jacinta, “habla. La Señora te está hablando”.
“¿Sí?”. Dijo Lucía. Ella habló humildemente, pidiendo perdón por sus dudas con todos sus gestos, y le dijo a la Señora: “¿Qué quieres de mí?”.
“Quiero que vengan aquí el día trece del mes que viene. Continúen rezando el Rosario todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque sólo Ella puede obtenerlo”.
“Sí, Sí”.
“Yo quisiera preguntarle quién es usted, y si puede hacer un milagro para que todo el mundo sepa a ciencia cierta que se ha aparecido”.
“Deben venir aquí todos los meses, y en octubre yo te diré quién soy y lo que quiero. Después haré un milagro para que todos crean”.
Con mucha confianza en la Virgen, Lucía comenzó a presentarle a la Virgen las peticiones que todos le habían confiado. La Señora dijo muy gentilmente que ella curaría a algunos, pero que a otros Ella no curaría.
“¿Y el hijo paralítico de Maria da Capelinha?”.
“No, no será curado ni de su enfermedad ni de su pobreza, y debe de asegurarse de rezar el Rosario junto a su familia todos los días.
Otro caso encomendado por Lucía a la Señora fue el de una mujer enferma de Atougia quien pidió que se la llevaran al cielo.
“Dile que no tenga prisa. Dile que yo sé muy bien cuando yo vendré a buscarla”.
“Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”.
Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. (Debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a horribles animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:
“Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando ustedes vean una noche que es iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió en Enero 28, 1938) sabrán que esta es la señal que Dios les dará que indicará que está a punto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y por la persecución de la Iglesia y del Papa.
Para prevenir esto, vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi Inmaculado Corazón, y pido que los primeros Sábados de cada mes se hagan comuniones en reparación por todos los pecados del mundo. Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, Rusia repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia los justos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, ciertas naciones serán aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre consagrará a Rusia a Mí, y esta será convertida y el mundo disfrutará de un período de paz. En Portugal la fe siempre será preservada… (Aquí viene la parte del secreto que aún no ha sido revelado). Recuerden no deben decirle esto a nadie más que a Francisco.
Cuando ustedes recen el Rosario, digan después de cada misterio: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, y socorre especialmente a los más necesitados de tu infinita Misericordia”.
“¿Hay algo más que quieras de mi?”.
“No, no quiero más nada de ti hoy”.
Luego, al igual que antes Nuestra Señora comenzó a ascender hacia el Este, hasta que finalmente desapareció en la inmensidad del firmamento.
La posesión del Secreto probó ser una gran prueba para los tres pequeños. La familia, los vecinos, seguidores de la aparición, hasta el clero, trató sin éxito que fuera revelado. Finalmente, en cuanto el día de la aparición se acercaba hasta el gobierno civil, que era secular y venenosamente anti-clerical, alarmado por el número de personas que estaban interesándose en los eventos de Fátima, planearon arrestar a los niños y denunciar a la Iglesia como colaboradora en un fraude.

Sor Lucía y la Virgen de Fátima


Enseñanzas espirituales de la Tercera Aparición
-El párroco le advierte a Lucía que el diablo puede estar detrás de las Apariciones. Esto es así, porque como es el “Príncipe de la mentira” (Jn 8, 44), puede “disfrazarse de ángel de luz” (2 Cor 11, 14) e incluso aparecerse como la Virgen, como Jesús o como algún santo, como de hecho ha sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia. Sin embargo, Dios nunca permite que seamos engañados y siempre nos da las herramientas para que podamos discernir si una aparición viene de Dios o del diablo. ¿Cómo saberlo? Dice San Ignacio de Loyola que si el principio, el medio y el fin son todos buenos, señal es que viene  de Dios. Pero si el principio es bueno, el medio es malo, el fin será malo, y entonces es clara señal que no viene de Dios. Otra forma de saberlo es ver a qué nos conduce: si nos lleva al arrepentimiento de los pecados y a detestar las cosas malas por pequeñas que  sean, y si nos enciende el deseo de rezar y de amar a Dios, a la Iglesia y al prójimo, es clara señal que viene de Dios. Lo contrario, es indicio de que viene del demonio. El párroco estaba bien en advertir que podía venir del diablo, pero al ver las señales del cielo, debía aceptar que las Apariciones venían del cielo y no eran ni invento de los niños ni engaños del diablo.
-La Virgen vuelve a pedirles que regresen el próximo mes y que continúen rezando el Rosario todos los días en honor de la Virgen del Rosario. Es la condición para obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque solo Ella puede hacerlo. Esto es así porque el Rosario es un arma espiritual poderosísima por medio de la cual el Instigador del mal, del rencor, de la enemistad entre los hombres, el demonio, queda totalmente desarmado cuando se reza el Rosario. El Rosario, una corona de rosas espirituales que llevan la fragancia del Amor a Dios, corona que le regalamos a la Virgen cada vez que lo rezamos, se convierte para el demonio en una pesadísima cadena con eslabones más duros que el acero, que lo envuelve todo entero y le impide, a él y a sus súbditos, hacer daño a las almas. Cuando no se reza el Rosario, esas cadenas se aflojan, y el demonio y todo el infierno quedan sueltos, y como sólo tienen odio en sus corazones angélicos privados de la gracia y llenos de maldad y rencor, buscan destruir, tentar, engañar, y provocar toda clase de males. Cuando las personas, las familias, las ciudades, las naciones enteras, no rezan el Rosario, se ven expuestas al ataque sin piedad de estos seres malignos, que destruirían el mundo y las almas en un instante si les fuera permitido. De ahí la importancia del rezo del Santo Rosario, y el pedido insistente de la Virgen de que lo recemos todos los días. Las guerras entre los hombres y las violencias de todo tipo van en aumento porque no se hace caso a las advertencias del cielo y no se reza el Rosario como lo pide la Virgen: todos los días.
-Lucía le vuelve a preguntar quién es y le pide un milagro para que todos crean, y la Virgen le dice que le dirá en octubre quién es y que hará un milagro para que todos crean.
-Lucía entonces le pide por algunos del pueblo: uno le había pedido que la Virgen lo cure de su parálisis y que lo saque de la pobreza, pero lo Virgen le dice que no hará ni una ni otra cosa, pero que debe asegurarse de rezar el Rosario todos los días junto a su familia. ¿Por qué la Virgen obra de esta manera? ¿No habría sido una muestra de bondad que se cure de su enfermedad y que deje de ser pobre? La razón por la que la Virgen no le concede lo que pide, es que Ella sabe, con la Sabiduría de Dios, lo que es verdaderamente bueno para nosotros. Ella sabía que si esta persona se curaba de su enfermedad, de su parálisis, usaría sus piernas y pies para obrar el mal, y si salía de su pobreza, usaría su dinero no para ayudar a los pobres y para dar limosna, sino para envanecerse y gastarlo en cosas malas. En otras palabras, la Virgen sabía que si le concedía lo que le pedía, eso serviría solo para la condenación de su alma, y por eso no se lo concede. Sin embargo, le pide que rece el Rosario todos los días con su familia, y esto sí es una doble ayuda: con el Rosario, más que caminar, puede volar espiritualmente al Corazón Inmaculado de María, y de allí al Sagrado Corazón de Jesús y esto es infinitamente más valioso que el hecho de caminar, porque es ya vivir el cielo en la tierra; además, con el Rosario vienen las verdaderas riquezas, aquellas que debemos “codiciar” con todo el corazón para ganarlas y depositarlas en el cielo, las riquezas espirituales, es decir, todo aquello que nos viene de Dios y de su Bondad infinita: la paz, la gracia, la alegría, el amor, la verdadera felicidad. Rezando el Rosario, entonces, esta persona iba a obtener mucho más de lo que pedía: iba a obtener la salud del alma y la riqueza del cielo. Por eso la Virgen no le concede lo que pide, pero sí le pide que rece el Rosario, para obtener infinitamente más de lo que pide.
-Una mujer le pide que la lleve al cielo. La Virgen le dice que no tenga prisa, que Ella sabe cuándo vendrá a buscarla. En la Biblia se dice: “Hay que pasar muchas tribulaciones para llegar al cielo” (Hch 14, 22), y eso es lo que nos dice también el Papa Francisco: “El Señor nos prepara para el cielo con las pruebas, con el consuelo, con las tribulaciones, con las cosas buenas”, porque nos prepara para una “belleza grande”. Esta buena señora quería ir al cielo, y la Virgen la iba a venir a buscar, como queremos que haga con todos nosotros, pero el tiempo y el momento, sólo Ella y Dios lo saben. Además, como lo dice la Biblia y el Papa, es necesario pasar por muchas tribulaciones para llegar al cielo, porque tenemos que desprendernos de todo: de nuestro propio yo, de las cosas materiales, de nuestros seres queridos, pero para reencontrar todo purificado y santificado en la otra vida. Todo lo que dejemos en esta vida por Jesús y su gloria, Él nos lo devolverá multiplicado millones y millones de veces, pero para eso tenemos que saber desprendernos de las cosas, y eso quiere decir que “para llegar al cielo hay que pasar por muchas tribulaciones”. El consuelo es que en la Cruz de Jesús, esas tribulaciones se dulcifican y desaparecen, para convertirse en bendiciones.
-La Virgen vuelve a pedir sacrificios por los pecadores, y les enseña una oración cada vez que se haga un sacrificio: “Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”. El sacrificio o mortificación es el camino más rápido para ir al cielo: un gesto de paciencia, un enojo convertido en sonrisa, una palabra de aliento en la dificultad, no quejarnos, dar ánimo a los demás, ayudar en todo lo que sea posible, según nuestro estado de vida, como por ejemplo levantar la mesa, limpiar los platos, ayudar en el hogar, no discutir, no pelear, buscar la paz, etc., uniendo todo al sacrificio de Jesús en la Cruz, pidiendo por la conversión de los pecadores, y ofreciéndolo en reparación por las ofensas al Inmaculado Corazón de María, es contribuir a que el Amor, la Bondad y la Paz de Dios reinen en los corazones de nuestros hermanos, y es anticipar el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

-Después de decirles esto, inmediatamente la Virgen abre sus manos, como lo había hecho en la otra Aparición, pero en vez de la luz de Dios, esta vez la luz que salía de sus manos les mostró otra cosa muy diferente: el Infierno. Pero más que mostrárselos simplemente, la Virgen les hizo experimentar su cercanía, y de algún modo los llevó allí, y por eso es que los pastorcitos sintieron terror, hasta el punto de dar Lucía un grito de espanto. Esto es una advertencia para aquellos que no quieren hablar del Infierno a los niños –ni a los jóvenes, ni a los adultos, ni a nadie-: si la Virgen en persona, más que hablarles del Infierno, se los muestra, y más que mostrárselos, les hace vivir la experiencia del Infierno, y esto a unos niños que se encuentran en su más tierna infancia: ¿quiénes somos nosotros para negar esta realidad sobrenatural? ¿Quiénes somos nosotros para ocultar las verdades del cielo? ¿Quiénes somos nosotros para seleccionar los contenidos de la Fe, transmitiendo lo que nos parece y ocultando lo que no nos parecer? ¿Puede acusarse a la Virgen de “cruel” por haberles mostrado y hecho experimentar el infierno a unos niños pequeñísimos? De ninguna manera, por lo tanto, es nuestro deber transmitir las verdades de la fe y entre ellas, el dogma de la existencia del Infierno. Si alguien no se decide a amar a Dios por su bondad, al menos que se abstenga de obra el mal por temor al Infierno y sus horrorosos castigos. Y si lo mismo quiere pecar y condenarse –en el fondo, el que se condena, lo hace porque quiere y porque no quiere salvarse-, que al menos no diga “Yo no sabía que existía un Infierno”, porque nosotros se lo advertimos.
Todos los hombres debemos estar certísimos de la existencia del Infierno y de la posibilidad real de condenación personal, eterna, para siempre, si endurecemos nuestro corazón y obramos el mal sin arrepentirnos. El problema no es obrar el mal, sino, no arrepentirse, y esto es lo que le pasó a Judas Iscariote y también a Pedro, el Primer Papa: los dos traicionaron a Jesús, pero Pedro se arrepintió y se salvó, mientras que Judas Iscariote no se arrepintió y se condenó.
Las penas y dolores del Infierno son dolorosísimas, tremendas, inenarrables, imposibles de imaginar siquiera, y todo lo que podamos saber, son solo una ligerísima aproximación que se quedan muy pero muy lejos de la realidad. Las almas sufren de todas las maneras posibles, sobre todo en los órganos con los cuales se pecó mortalmente y fueron la causa de la condenación eterna: tal como los ven los pastorcitos, los condenados arden como brasas incandescentes, porque el fuego del Infierno lastima cientos de miles de veces más que el fuego que conocemos en la tierra, y a diferencia de este, que al destruir la materia que consumía termina por apagarse, este fuego infernal, por un especial milagro de la Justicia Divina, ni consume los cuerpos ni se apaga, con lo cual el ardor, además de ser insoportable, es eterno, para siempre. Pero además los condenados sufren un castigo especial, además del castigo general, en los órganos con los que pecaron mortalmente, aumentando así el dolor y la pena: los ateos y apóstatas son invadidos por gusanos en sus cerebros; los ladrones sufren las amputaciones de sus miembros; los lujuriosos e impuros son acuchillados en sus partes íntimas; los avaros sufren hambre insoportable; los mentirosos y calumniadores vomitan serpientes continuamente; los brujos son obligados a comer asquerosidades inmundas eternamente, etc. etc., y todo esto envueltos en un mar de fuego y con el pensamiento de que ya no volverán a ver más a Dios –este es el dolor más grande que experimentarán por la eternidad-, y todo por un pecado que duró segundos y que no trajo más satisfacción que la del odio. Muchas de las cosas que vivimos en este mundo, y las tomamos como "normales", son manifestaciones del infierno: la música cumbia, la música rock pesada, el alcoholismo, las drogas, las modas indecentes, las minifaldas, el amor dinero, el amor al poder, la violencia, la mentira, el engaño, la pereza, el ganar dinero sin trabajar, el robar, el quedarse con bienes que no son propios, el confesarse sin propósito de enmienda... Todas estas cosas conducen directamente al infierno. Otro castigo que experimentarán los condenados es la presencia y visión continua de los demonios y de Satanás, seres horribles, espantosos, que provocan un terror y espanto tan grande por su fealdad indescriptible, que provocan la muerte, pero como en el Infierno no se muere más, se tiene que convivir con la visión, presencia, burla y castigo de estos seres malignos y perversos, por toda la eternidad, sin tener posibilidad alguna de escapar o de esconderse de su presencia abominable. Quien no quiera saber nada de Dios y de la Virgen en esta vida y quien no quiera amarlo, tendrá que saber del Diablo y de los demonios en el Infierno, en donde sólo podrá odiar sin descanso, por los siglos sin fin. Quien no quiera ser abrasado en el Fuego del Amor divino, Fuego que no solo no lastima, sino que concede el Amor, la luz, la paz, la alegría de Dios Trino por la eternidad, tendrá que indefectiblemente ser hundido en el mar de fuego que es el Infierno, fuego que lastima, quema, provocar ardor insoportable, sin consumirse, sin detenerse, sin apagarse, para siempre. No en vano la Biblia dice: “Frente al hombre están el bien y el mal; lo que él elija, eso se le dará”. Si elegimos el Bien infinito, Dios Trino, obtendremos de Él todo lo que es Él, Amor infinito; si elegimos el mal, obtendremos el mal infinito, el Infierno. De nosotros depende obtener aquello que queramos: lo que elijamos, eso se nos dará.

El que se condena en el infierno, 
lo hace porque en esta vida 
no quiso amar a Dios Trino.

-No todo está perdido para los pecadores. Mientras haya oración, hay esperanzas de salvación y ese es el motivo por el cual , luego de la visión del infierno, la Virgen pide nuevamente la oración del Rosario, pero ahora agrega algo, y es la devoción al Inmaculado Corazón de María de los primeros Sábados de cada mes: la devoción consiste en rezar el Rosario, meditando sus misterios, confesarse ese día, comulgar, y ofrecerlo todo en reparación por los pecados del mundo. También quiere que Rusia, que propaga el comunismo ateo, enseñado por el Dragón rojo, sea consagrada a su Inmaculado Corazón, para que deje de esparcir sus errores por el mundo, porque es una gran mentira decir que Dios no existe y que los hombres, para ser iguales, tienen que matarse entre sí; si se consagra a Rusia, el mundo tendrá paz.
-Finalmente, la Virgen deja un mensaje esperanzador: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”. Y esto es así, porque el Corazón de la Virgen, lleno del Amor de Dios, encenderá a todos los corazones en el Amor divino, y así el Amor de Jesús triunfará sobre el odio del Ángel caído.
-La Virgen pide que, al final de cada misterio, se rece así: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, y socorre especialmente a los más necesitados de tu infinita Misericordia”. En esta oración, nos reconocemos pecadores y pedimos perdón, como Pedro arrepentido; le pedimos a Jesús que nos libre del horroroso fuego del Infierno, y que perdone y lleve con Él a todos los pecadores, para que ninguno se condene.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (IV) - Primera Aparición de la Virgen


         
         Primera Aparición de la Virgen en Fátima (1917)

Luego de las apariciones del Ángel, transcurrieron casi 8 meses hasta que se produjo la primera aparición de la Virgen. Hasta ese entonces, Lucía, Francisco y Jacinta pusieron por obra todo lo que el Ángel les había enseñado, rezando el Rosario todos los días y ofreciendo sacrificios al Señor. Cuando la Virgen se les apareció, Lucía había cumplido 10 años, Francisco cumplía nueve en Junio y Jacinta acababa de cumplir siete en marzo. El día de la Primera Aparición de la Virgen, el 13 de mayo de 1917, los pastorcitos decidieron de llevar sus ovejas a unas colinas que pertenecían al padre de Lucía conocidas como Cova da Iria, o Ensenada de Irene. Fue ahí, solo con una excepción, donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció en seis ocasiones en 1917, y una novena vez en 1920 (sólo a Lucía).
Para entender mejor lo que la Virgen nos dice desde el cielo, hay que recordar que en estos momentos (año 1917) se lleva a cabo la Primera Guerra Mundial, cuya crueldad hace estragos en Europa y en muchas otras naciones del mundo; además, en Moscú, un hombre llamado Lenín, que pensaba que Dios no existía y que el hombre podía vivir sin Dios, estaba preparando una revolución, la revolución comunista, que terminaría gobernando Rusia por la violencia de las armas, para después exportar a otros países su extraña creencia: no hay Dios y los hombres, para ser felices, tienen que luchar entre sí con las armas.
Fue en estos momentos de caos y violencia en los que se apareció la Virgen en Fátima.
Aparición del 13 de mayo de 1917
El día 13 de mayo, la fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, los tres niños pasaron Fátima donde se encontraban la parroquia y el cementerio, llevando a su rebaño fuera de Aljustrel, y caminaron más o menos un kilómetro hacia el norte a las pendientes de Cova. Aquí dejaron que sus ovejas pastorearan mientras ellos jugaban en la pradera que llevaba uno que otro árbol de roble. Después de haber tomado su almuerzo alrededor del mediodía decidieron rezar el Rosario, aunque de una manera un poco truncada, diciendo sólo las primeras palabras de cada oración. Al instante, ellos fueron sobresaltados por lo que después describieron como un “rayo en medio de un cielo azul”. En ese momento, pensaron que se acercaba una tormenta, por lo que se preguntaban si debían regresar a sus casas con las ovejas. Mientras estaban preparándose para hacerlo, fueron nuevamente sorprendidos por una luz extraña.
Así lo cuenta Sor Lucía: “Comenzamos a ir cuesta abajo llevando a las ovejas hacia el camino. Cuando estábamos en la mitad de la cuesta, cerca de un árbol de roble (el gran árbol que hoy en día está rodeado de una reja de hierro), vimos otro rayo, y después de dar unos cuantos pasos más vimos en un árbol de roble (uno más pequeño más abajo en la colina) a una señora vestida de blanco, que brillaba más fuerte que el sol, irradiando unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de pura agua cuando el sol radiante pasa por ella. Nos detuvimos asombrados por la aparición. Estábamos tan cerca que quedamos en la luz que la rodeaba, o que ella irradiaba, casi a un metro y medio.
“Por favor no teman, no les voy a hacer daño”, les dijo la Virgen con dulzura.
Lucía respondió por parte de los tres, como lo hizo durante todas las apariciones.
“¿De dónde eres?”.
“Yo vengo del cielo”.
La Señora vestía con un manto puramente blanco, con un borde de oro que caía hasta sus pies. En sus manos llevaba las cuentas del rosario que parecían estrellas, con un crucifijo que era la gema más radiante de todas. Quieta, Lucía no tenía miedo. La presencia de la Señora le producía solo felicidad y un gozo confiado.
“¿Que quieres de mí?”. Preguntó Lucía.
“Quiero que regreses aquí los días trece de cada mes por los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quién soy, y qué es lo que más deseo. Volveré aquí una séptima vez”.
“¿Y yo iré al cielo?”
“Sí, tu irás al cielo”.
“¿Y Jacinta?”.
“Ella también irá”.
“¿Y Francisco?”.
“El también, amor mío, pero primero debe decir muchos Rosarios”.
La Señora miró a Francisco con compasión por unos minutos, matizado con una pequeña tristeza. Lucía después se recordó de algunos amigos que habían fallecido.
“¿Y María Neves está en el cielo?”.
“Sí, ella está en el cielo”.
“¿Y Amelia?”.
“Ella está en el purgatorio”.
“¿Se ofrecerán a Dios y tomarán todos los sufrimientos que Él les envíe en reparación por todos los pecados que Le ofenden y por la conversión de los pecadores?”.
“Sí, Señora, lo haremos”.
“Tendrán que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con ustedes y los fortalecerá”.
Lucía relata que mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y de ellas emanaba una hermosa luz, y esa luz no solo tenía vida, sino que era el mismo Dios. Dice así: “Fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazados por ella. Por un impulso interior de gracias caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones: “Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento”.
Los niños permanecían de rodillas en el torrente de esta luz maravillosa, hasta que la Señora habló de nuevo, mencionando la guerra en Europa, de la que tenían poca o ninguna noción.
“Recen el Rosario todos los días, para traer la paz al mundo y el final de la guerra”.
Después de esto Ella se comenzó a elevar lentamente hacia el este, hasta que desapareció en la inmensa distancia. La luz que la rodeaba parecía que se adentraba entre las estrellas, es por eso que a veces decíamos que vimos a los cielos abrirse.
Los días siguientes fueron para los niños días llenos de entusiasmo, en el recuerdo de la aparición de la Virgen. Sin embargo, Lucía había prevenido a los otros de mantener a su visita en secreto, sabiendo las dificultades que experimentarían si se conocían las apariciones. Sin embargo, Jacinta estaba tan contenta, que se olvidó de su promesa de mantener el secreto y se lo reveló todo a su madre, quien la escuchó pacientemente pero no le creyó demasiado. Sus hermanos y hermanas se burlaban, haciendo preguntas y bromas. Solo su padre, “Ti” Marto aceptó desde un principio la historia como verdadera. El creía en la honestidad de sus hijos, y tenía una fe simple y sencilla, como la de un niño, acerca de las obras de las obras de Dios, de manera que él se convirtió en el primer creyente de las apariciones de Fátima.
Muy distinta fue la reacción de María Rosa, la madre de Lucía: cuando escuchó lo que había ocurrido, creyó que su propia hija era la instigadora de un fraude, si no algo peor, una blasfemia. Lucía comprendió entonces lo que la Señora quería decir cuando dijo que ellos “sufrirían mucho”. A pesar de que lo intentó, incluso con amenazas, María Rosa no pudo hacer que Lucía se retractara. Finalmente la llevó a comparecer ante el párroco, el padre Ferreira, pero tampoco tuvo éxito. Por otro lado, el padre de Lucía, quien no era muy religioso, estaba prácticamente indiferente, atribuyendo todo a los caprichos de mujeres. Las próximas semanas, mientras los niños esperaban su próxima visita de la Señora en Junio, les revelaron que tenían pocos creyentes, y muchos en contra en Aljustrel y Fátima.
         Enseñanzas espirituales de la Primera Aparición de la Virgen en Fátima
         -La Virgen se les aparece “vestida de blanco”, envuelta en una luz que “brillaba más fuerte que el sol” e “irradiaba unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de agua pura cuando el sol radiante pasa por ella”. En el Apocalipsis se describe a la Virgen también como “una mujer vestida de sol”: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies…”. El sol representa a Dios y a su gloria; como la Virgen es la Llena de Gracia, en Ella habita ese Sol celestial que es Dios, y como Ella es la Inmaculada, es decir, La sin mancha de pecado original, Dios y su gracia se transparentan a través de Ella. Cuando un alma está en pecado, sea mortal o venial, como el pecado es una mancha oscura que envuelve al alma y la afea, envolviéndola como si fuera una densa nube negra, no deja transparentar a Dios y Dios no puede reflejarse en ella. En cambio la Virgen, como es Inmaculada y Llena de Gracia, deja transparentar la luz de Dios o más bien, a Dios que es Luz. Pero la luz que es Dios, no es como la luz del sol, o como la luz de las velas, o como la luz eléctrica, que no tienen vida: Dios es Luz, pero una luz viva, y una vida que es Amor, alegría y paz. Por eso, cuando Dios ilumina, el alma se siente inundada por el Amor, la paz y la alegría de Dios, además de experimentar una nueva vida, como les pasó a los pastorcitos. Esto se ve en lo que  experimentan los pastorcitos: no solo no tienen miedo cuando se les aparece la Virgen, quien les permite acercarse a tan sólo un metro y medio sino que, por el contrario, experimentan “confianza” y “felicidad”. Cuando los pastorcitos se acercan, lo hacen a “un metro y medio” de la Virgen, es decir, lo hacen a tan corta distancia, que “quedan envueltos” en esa luz, lo cual quiere decir que se encuentran ante la Presencia misma de Dios.
         -La Virgen les dice que Ella es “del cielo” lo cual, sumado al pedido del rezo del Rosario, da a entender, aunque todavía no lo diga, que el Rosario es una oración que viene del cielo, que es enseñada por el cielo, y que lleva al cielo. Este es el motivo por el cual la Virgen promete que el que rece el Rosario, se salvará. Cuando Lucía le pregunta si ella y sus primos se salvarán, la Virgen le dice que sí, pero que Francisco debe rezar primero “muchos Rosarios”, lo cual confirma que el Rosario es la escalera para ir al cielo.
         -En esta Aparición, la Virgen le comunica a Lucía que una de sus amigas, que ha fallecido a corta edad, está en el cielo, mientras que otra, que ha fallecido ya más grande, está en el Purgatorio. Nos confirma las verdades de la Iglesia y del Catecismo: el que muere sin purgar sus penas, es decir, con escaso amor a Dios en el corazón, debe ir al Purgatorio, en donde sus llamas le quemarán todo amor impuro, hasta el momento en que, purificado en el Amor, pueda estar en Presencia de Dios en el cielo.
         -La Virgen les pregunta, como antes hiciera el Ángel, si “aceptaban los sufrimientos que Dios les iba a mandar” para reparar las ofensas hechas a Él y para pedir por la conversión de los pecadores, y Lucía, en nombre de los tres, le contesta que sí. La Virgen les dice que “la gracia de Dios los acompañará  los fortalecerá”, y esto es así, porque no Dios no da nunca una prueba más grande que la que podemos sobrellevar, y cuando permite una prueba, da la gracia más que suficiente para que la podamos superar según su Voluntad.
         -Lucía relata que mientras la Virgen les hablaba sobre las pruebas, fueron envueltos por una “luz celestial que salía de las manos de la Virgen”, y que esa luz no solo tenía vida, sino que “era el mismo Dios”. En ese momento, sus inteligencias se iluminan acerca del misterio de Dios Uno y Trino, mientras que sus corazones se encienden en el Amor de Dios y en la Presencia Eucarística de Jesús y así son llevados, por un impulso interior de amor y adoración, a postrarse y repetir la siguiente oración: “Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento”. “Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento”. La Eucaristía es Dios en Persona, y por eso debemos adorarla en todo momento, y mucho más cuando estemos delante del sagrario, o antes de comulgar. La comunión de rodillas es una expresión exterior, corporal, de adoración, que acompaña a la adoración y al amor interior expresados primero en el corazón.
         -La Virgen les pide el rezo del Rosario, como medio para traer la paz al mundo y el fin de la guerra”, y esto es así porque rezar el Rosario no es nunca repetir palabras al vacío, sino elevar el corazón y la mente a Dios, por medio de la Virgen, y Ella, que se llama Omnipotencia Suplicante, pide por nosotros a Dios. Como a la Virgen Dios no le niega nada, lo que nosotros pedimos en el Rosario, lo conseguimos. Eso explica que una simple oración como la del Rosario tenga más fuerza que miles de bombas atómicas en el mundo. Si las bombas atómicas tienen fuerza para destruir a las personas y al mundo, el Rosario tiene la fuerza del Amor de Dios, que hace estallar a los corazones en el Amor divino, y como dice la Biblia, “el Amor es más fuerte que la muerte”, el Amor del Rosario vence a la muerte de la guerra, y así es que por el Rosario, se vence a la guerra.
-Se empiezan a cumplir las promesas del Ángel y de la Virgen, de que “Dios les iba a mandar tribulaciones”, a las cuales ellos debían aceptar con paciencia. ¿El motivo? ¡La conversión de los pecadores! Cuando aceptamos una tribulación en nombre de Jesús y por medio de la Virgen la unimos a Jesús atribulado en la Cruz, esas tribulaciones, que son preocupaciones y angustias, Dios las cambia en bendiciones y gracias, porque debido a estas tribulaciones aceptadas y ofrecidas, con amor y paciencia, muchas almas, en muchos lugares del mundo, son iluminadas por la luz del Espíritu Santo y se convierten, es decir, comienzan a conocer y a amar a Jesús, como pasó en Pentecostés, y así dejan de caminar hacia el abismo de la eterna perdición, para comenzar a dirigir sus pasos hacia el Calvario, que es la Antesala del cielo.