Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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miércoles, 5 de octubre de 2016

Santo Rosario meditado para Niños: Misterios de Luz


         Primer Misterio: El Bautismo de Jesús: Mientras Juan bautiza a Jesús, el Espíritu Santo desciende sobre su cabeza y se escucha la voz de Dios Padre: “Éste es mi Hijo muy querido”. Gracias a Jesús, cuando fuimos bautizados, Dios nos envió el Espíritu Santo y nos adoptó como “hijos suyos muy queridos”. ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, haz que yo me comporte como hijo adoptivo de Dios!
         Segundo Misterio: Las Bodas de Caná: Por intercesión de la Virgen, Jesús hace un milagro: convierte el agua en vino, como anticipo de la conversión del vino en su Sangre, en la Santa Misa. ¡María, Madre de Dios, intercede para que mi corazón sea como las tinajas de Caná, para que se llenen con el Vino de la Nueva Alianza, la Sangre de Jesús!
         Tercer Misterio: La predicación del Reino y el llamado a la conversión: Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios, pero para poder entrar en él, debemos separar nuestro corazón de las cosas de la tierra, y elevarlo al cielo. ¡Oh María, Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que nuestros corazones contemplen y amen a tu Hijo, Jesús Sacramentado!
         Cuarto Misterio: La Transfiguración en el Monte Tabor: Jesús deja traslucir su gloria, que resplandece más que mil soles juntos, y así como está en el Tabor, así resplandece en la Eucaristía. ¡Oh Jesús, Sol de mi alma, ilumíname con los rayos de tu gracia, para que ya no viva más en la oscuridad del pecado!

         Quinto Misterio: La institución de la Eucaristía: En la Última Cena, Jesús instituye la Eucaristía, quedándose entre nosotros bajo apariencia de pan, para darnos el Amor de su Sagrado Corazón y acompañarnos “todos los días, hasta el fin del mundo”. ¡Oh Jesús, haz que desee tanto tu compañía, que no pueda vivir ni un solo día sin la Eucaristía!

jueves, 25 de junio de 2015

Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 8 – Nació de María Virgen

Catecismo para Niños de Primera Comunión[1] - Lección 8 – Nació de María Virgen


         Doctrina

         ¿Quién es la Virgen María? La Virgen María es la Madre de Dios, y también es nuestra Madre espiritual, porque Jesús nos la dio como Madre antes de morir en la cruz, al decirle a Juan: “He ahí a tu Madre” (…), porque en Juan estábamos representados todos los hombres.
         Por ser “Madre de Dios”, la Virgen fue distinguida con el privilegio de ser “INMACULADA CONCEPCIÓN”, que quiere decir que fue concebida sin pecado original; también es la “LLENA DE GRACIA”, porque desde su concepción, estuvo inhabitada por el Espíritu Santo, es decir, el Espíritu Santo vivía en Ella. Por estos motivos, es la “más bendita y alabada entre las mujeres” (Lc 1, 28-42), que está en el cielo en cuerpo y alma (Lumen Gentium 59).
         En el Evangelio leemos: “María, de la cual nació Jesús” (Mt 1, 16). María es Madre de Jesús, y como Jesús es Dios, bien podemos decir que la Virgen es “Madre de Dios”. María tiene este doble privilegio: ser Virgen y ser la Madre de Dios al mismo tiempo: es Virgen y Madre de Dios.
         ¿Cómo nació Jesucristo? Los Padres de la Iglesia dicen que Jesús nació milagrosamente, saliendo de la Virgen, a la manera que el rayo de sol pasa por un cristal sin romperlo ni mancharlo: así como el cristal permanece intacto antes, durante y después del paso del rayo del sol, así la Virgen permaneció intacta en su virginidad antes, durante y después del parto, y permaneció y permanece Virgen por toda la eternidad.




         Explicación


         En esta lámina se representa el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Ocho siglos antes el profeta Isaías (7, 14) anunció que nacería de una Virgen, y el profeta Miqueas también siete siglos antes dijo que nacería en Belén de Judá (5, 1-2) y así sucedió (Mt 2, 1-6) y nació en un establo o cueva, porque cuando fueron sus padres a empadronarse no hallaron otro lugar donde cobijarse (Lc 2, 1-7). Jesús nació pobre, vivió pobre y murió pobre para enseñarnos a amar la virtud de la pobreza.
         Cuando nació Jesús, los ángeles del cielo se alegraron y cantaron el Gloria: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres…” (Lc 2, 14). San José y la Virgen, y luego los pastores y los Reyes Magos, todos, adoraron al Niño Dios (Mt 2), a Dios, que nacía en Belén –que significa “Casa de Pan”- como un Niño, para luego donarse en la cruz y entregar su Cuerpo y su Sangre como Pan de Vida Eterna en la Santa Misa.
         Quien no adoró a Dios ni se alegró por su nacimiento, pues sabía que le arrebataría a las almas de los hombres que estaban en su poder, era el demonio, puesto que Jesús, como dice la Escritura, vino para “destruir las obras del demonio” (1 Jn 3, 8).
         La Virgen concibió sobrenaturalmente, o sea, no por obra de varón –el matrimonio con San José era meramente legal y el trato entre ellos fue siempre como hermanos-, sino por obra del Espíritu Santo –fue el Espíritu Santo el que creó, de la nada, al alma y al cuerpo humanos de Jesús de Nazareth y los unió inmediatamente a la Persona del Verbo de Dios, en el instante mismo de la Encarnación-, y también sobrenaturalmente dio a luz –como un rayo de sol atraviesa un cristal o un diamante-, y permaneció y permanece virgen por toda la eternidad.
         San José, por lo tanto, no era el padre natural, sino el padre nutricio o adoptivo de Jesús. En sueños, un ángel le hizo saber que María era la Madre del Redentor por obra del Espíritu Santo (Mt 1, 18-25). San José fue el guardián y protector de Jesús y el custodio de la virginidad de María.
         Los dos nacimientos de Jesucristo
         En Jesús hubo dos nacimientos: uno eterno, en el seno del Padre, y es lo que afirmamos cuando en el Credo decimos: “nacido del Padre antes de todos los siglos”, y nace del Padre a la manera que el pensamiento y la palabra nacen del espíritu del hombre, y otro temporal, porque nace en el tiempo, en la historia humana, en la tierra, de la Virgen María y en Belén de Judá. Es por este motivo que Jesús es Dios y hombre a la vez: es Dios, porque es Dios Hijo, nacido del Padre “antes de todos los siglos”; es Hombre, porque es Hijo de María Virgen, nacido milagrosamente en un Portal de Belén. Es Dios desde la eternidad y se hizo hombre en el tiempo para que nosotros, para salvarnos a nosotros, hombres nacidos en el tiempo, para que viviéramos con Él en la eternidad.
         Práctica: no dejar pasar ningún día sin rezar el “Ave María”, porque con esta oración, además de honrar a la Virgen, recuerdo la Encarnación del Verbo de Dios, que se hizo hombre para mi salvación.
         Palabra de Dios: “Cumplido que fue el tiempo (anunciado por los profetas) envió Dios a su Hijo nacido de una mujer” (Gál 4, 4). Toda hermosa eres María y no hay en ti mancha original.
         Ejercicios bíblicos: Mt 1, 16; 1, 18; Lc 1, 28; 1, 42.   



[1] Adaptado de El Catecismo ilustrado, de P. BENJAMÍN SÁNCHEZ, Apostolado Mariano, Sevilla 3 1997.

martes, 31 de diciembre de 2013

Solemnidad de Santa María Madre de Dios para Niños




         Cuando termina el año, el día 31 de Diciembre, y empieza el Nuevo Año, el 1º de enero, la gente, que se reúne alrededor de la mesa –que todavía es mesa de Navidad-, festeja y brinda. Pero resulta que, a las 00.01 segundos del día 1º de enero, los católicos tenemos un motivo más grande para festejar y celebrar, y es que ese día la Iglesia nos hace acordar de la Virgen con una fiesta grande –cuando la fiesta es grande se llama “solemnidad”-, y por ese motivo, los hijos de la Virgen, además de festejar por el Año Nuevo, festejamos por el día de Santa María, Madre de Dios y por eso, al brindar, además de decir: “Feliz Año Nuevo”, debemos decir: “Feliz día de Santa María, Madre de Dios”.
Entonces nos preguntamos: ¿por qué la Iglesia nos hace acordar de la Virgen justo cuando comenzamos el Año Nuevo?  ¿Tiene algo que ver la Virgen con los días del Nuevo Año que comenzamos el 1º de enero, o se trata de pura casualidad?
         No, no se trata de pura casualidad y veremos por qué.
         Como sabemos, la Virgen nos trae a su Hijo Jesús, que es Dios, y como Jesús es Dios, es también “eterno”. Jesús, el Hijo de María Virgen, es Dios eterno. ¿Qué quiere decir “eterno”? ¿Qué quiere decir “eternidad”? La eternidad es como si fuera un “ahora para siempre”, que no termina más. En la eternidad de Dios, todo es alegría y felicidad. En la eternidad del infierno, no. Tanto si la eternidad es alegre o no, es para siempre. ¿Cómo es la eternidad, comparada con nuestra vida? No lo sabemos, pero para darnos una idea, imaginemos que nuestra vida en la tierra es como un granito de arena, mientras que la eternidad es como el cielo estrellado.
         Jesús, que es Dios eterno y santo, ha venido a nuestro mundo, a través de la Virgen, al nacer en Navidad, para que nosotros, santificando nuestro tiempo en la tierra, vivamos luego una eternidad de felicidad. Desde que Jesús nació en Nochebuena, todo nuestro tiempo -cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, toda mi vida- le pertenece a Jesús, y por eso tenemos que ser, más que buenos, santos, porque el Dueño de mi vida, Jesús, es Santo.
         Entonces, la Virgen nos trae a Jesús, Dios eterno, para que todo nuestro tiempo –los segundos, minutos, horas, días, meses, años-, esté consagrado a Jesús. Quiere decir que todo lo que hagamos en el tiempo y en esta vida, lo tenemos que hacer pensando en la feliz eternidad de Jesús.
         Por eso es que la Iglesia nos hace acordar de la Virgen al comienzo del Año Nuevo: para que consagremos el Año Nuevo, con todos sus días, a su Inmaculado Corazón, para que todo el año vivamos bajo su manto maternal, y para que cuando termine nuestro tiempo en la tierra, sea Ella quien nos lleve a la feliz eternidad con su Hijo Jesús.

sábado, 5 de octubre de 2013

El Evangelio para Niños: "Si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a la morera que se plante en el mar, y lo haría"


(Domingo XXVII - TO - Ciclo C - 2013)
          En este Domingo, Jesús nos habla de la fe: "Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, le dirían a la morera: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', y ella les obedecería" (Lc 17, 3b-10). Jesús nos quiere decir que si tuviéramos fe, aunque sea una fe muy pero muy chiquita, tan chiquita como un grano de mostaza -que es como una bolita negra pequeña-, seríamos los seres más poderosos del mundo: ¡imagínense, que con solo decirle a un árbol que se arranque de raíz, que saque todas sus raíces del suelo, y se vaya volando hasta el mar, y se plante en el mar, el árbol lo haría! Ni siquiera Superman puede hacer eso, porque primero que Superman no existe, y nosotros en cambio, sí, y segundo, que Superman, si existiera, usaría su fuerza bruta, y no la fuerza de la fe. Jesús entonces quiere que seamos, más que super-héroes, súper-santos, porque la fe nos hace ser santos, y si tenemos fe como para arrancar un árbol y plantarlo en el mar, ¡entonces ya somos santos!
          ¿Cómo hacer para tener fe? Primero, saber lo que quiere decir "fe": es "creer en lo que no se ve". ¿Y en qué tenemos que creer, que no vemos? En Dios, que es Uno y Trino; en Jesús, que es el Hijo de Dios hecho hombre sin dejar de ser Dios; en la Virgen María, que es la Madre de Jesús y por eso es Madre de Dios, porque Jesús es Dios; en la gracia que nos dan los sacramentos, que es invisible, pero real y nos hace ser hijos adoptivos de Dios. Y también tenemos que creer en la Santa Misa, en el poder del sacerdote ministerial, que por las palabras de la consagración, hace bajar del cielo a Jesús, para que Jesús se quede, escondido en algo que parece ser pan, pero que ya no es más pan, sino que es la Eucaristía.

          Creer en todo esto, es tener una fe más grande que un grano de mostaza, porque es una fe que hace algo más grande que arrancar un árbol de raíz y plantarlo en el mar: esta fe nos hace arrancar nuestro corazón de la tierra y nos lo lleva hasta el trono de Dios en los cielos. ¿Cómo hacer para tener esta fe? Pidiéndosela a Jesús, como se la pedían sus amigos: "Señor, auméntanos la fe".

domingo, 1 de enero de 2012

Solemnidad de Santa María Madre de Dios para Niños y Adolescentes



Al comienzo del año nuevo civil, la Iglesia nos hace recordar a la Virgen, con su nombre de “Madre de Dios”.
         ¿Por qué?
         Porque la Iglesia quiere que la Virgen, así como estuvo desde el comienzo de la vida en la tierra de Jesús, Hijo de Dios, y así como Ella cuidó de Él todo el tiempo de su niñez, de su adolescencia, de su juventud y de su madurez, hasta que subió a la Cruz, así la Iglesia quiere que la Virgen esté también con nosotros, desde el inicio del tiempo que es el año que comienza, para que nos cuide y nos cubra con su manto maternal y nos refugie en su Corazón Inmaculado, cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día del año nuevo.
         Y si la Virgen nos acompaña a cada momento, Ella hará con nosotros lo mismo que hizo con su Hijo Jesús: así como lo cuidó y lo acompañó toda su vida terrena, hasta que subió a la Cruz para pasar a la vida eterna, así también nos cuidará a nosotros, no para que “todo nos salga bien y tengamos éxito en la vida”, sino para algo infinitamente más grande y maravilloso: la Virgen hará que no nos desviemos del Camino de la Cruz, el único camino que conduce a la feliz eternidad con su Hijo Jesús.
         Nos consagremos entonces en este día para que no solo todo el año que inicia, sino toda nuestra vida, quede bajo el amparo de su Corazón Inmaculado para que, al terminar nuestro tiempo de vida terrena, podamos llegar a la feliz eternidad en los cielos, para alegrarnos para siempre en la compañía de Jesús y de María, y de todos los ángeles y santos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad para Niños y Adolescentes




         ¿Qué vemos en el pesebre? Vemos a una Madre, a un Niño, a un padre, a algunos animales. ¿Qué significa esta escena? ¿Es un nacimiento más, como tantos otros? ¿Lo que vemos en el pesebre es todo lo que hay, o hay algo más escondido?
         Hay algo más escondido, porque no es el nacimiento de un niño más, es el Nacimiento del Niño Dios, de Dios, hecho Niño sin dejar de ser Dios. Todo lo que vemos en el pesebre tiene un sentido sobrenatural: la Madre, el Niño, el padre adoptivo, la gruta, los animales, los pastores, los ángeles.
         Empecemos por el Niño que vemos acostado en el pesebre de Belén. ¿Quién es este Niño? Es Dios, que viene a nosotros no como vino a Moisés y al Pueblo Elegido, en medio de rayos y truenos y temblores de tierra; Dios no viene a nosotros para amedrentarnos, para hacernos tener miedo; Dios viene a nosotros como un Niño pequeño, recién nacido, para que no dudemos de sus intenciones: ¿acaso alguien puede pensar que un niño recién nacido puede hacer daño? ¿O puede tener malas intenciones? ¿O puede o quiere hacer algún mal? De ninguna manera; un niño recién nacido, ni puede hacer daño, ni tiene malas intenciones, ni puede ni quiere hacer mal; un niño recién nacido es todo inocencia, amor, pureza y ternura; es la obra de las Manos de Dios Padre, y si Dios viene a nosotros como un Niño recién nacido, y extiende sus brazos, es para que lo alcemos, lo abracemos, y lo cubramos de besos.
         Si Dios quisiera, podría venir en medio de fulgores, rayos, truenos, porque cuando Dios se enoja, tiemblan hasta los ángeles del cielo, dice la Virgen a Sor Faustina; pero Dios viene como un niño recién nacido, para que no tengamos dudas de que viene a perdonarnos, a darnos su Amor, a bendecirnos, a darnos su paz, su alegría, su vida divina y, sobre todo, viene a nuestra tierra, a nuestro mundo, a nuestro tiempo, para llevarnos al cielo, a su Reino, a la eternidad.
La Madre que toma en sus brazos al Niño recién nacido y lo mece suavemente, y lo abriga  para después colocarlo suavemente en la cuna, no es una madre más: es la Madre de Dios, la Virgen María, Aquella que fue concebida en gracia y sin pecado original, Llena del Espíritu Santo, para ser precisamente la Madre de Dios Hijo, para poder concebir y alumbrar luego virginalmente a su Niño Dios.
La Virgen también es la otra señal del Amor infinito de Dios, porque Dios viene a este mundo acompañado no de millones de ángeles guerreros, con las espadas de la justicia de Dios listas para descargarlas sobre los pecadores -como por otra parte, tiene todo el derecho Dios de hacerlo, visto la maldad del corazón de los hombres-: Dios viene a este mundo por medio de María Santísima, la Madre más dulce y amorosa de todas las madres dulces y amorosas. Y si Dios viene a este mundo traído por su Mamá, ¿acaso quiere hacernos algún mal? ¿No es su Mamá la garantía de que Dios quiere nuestro amor? ¿No nos está diciendo Dios, al querer ser sostenido por los brazos de una Mujer, la Virgen María, que lo único que quiere es perdonarnos y darnos su Amor? ¿Quién puede resistirse al ver a la Madre de Dios que después de concebir virginalmente a su Hijo, nos lo da amorosamente, para que luego de adorarlo, lo tomemos en nuestros brazos y lo besemos con respeto y amor?
Veamos al padre adoptivo, San José: no es el padre real del Niño, porque el padre real del Niño es Dios Padre, que engendró a su Hijo Dios desde toda la eternidad. San José es el padre virgen, casto y puro, que ama virginal y castamente a la Virgen María y a su hijo adoptivo, Jesús. San José adopta al Hijo de Dios, para que Dios adopte a los hombres como hijos suyos. Como es carpintero, enseñará a su Hijo a trabajar la madera, como un modo de prepararlo para cuando deba subir a la Cruz de madera para ser crucificado y morir allí por todos los hombres.
La gruta en la que nace el Niño, es en realidad un albergue para animales, oscuro, frío, con su suelo lleno de las cosas que los animales hacen, las cuales son limpiadas por la Virgen, mientras San José va a buscar leña para que el Niño tenga luz y calor.
La Virgen y San José deben ir obligadamente a este lugar para hacer nacer al Niño, ya que los otros lugares más cómodos y calientes, los hospedajes y las casas de Belén, están todos ocupados, y en todos les han dicho que no pueden entrar, y les han cerrado las puertas en la cara, sin apiadarse de una mujer embarazada que está a punto de dar a luz.
Los hospedajes y casas de Belén, que no se abren cuando la Virgen golpea a las puertas para poder entrar y hacer nacer al Niño Dios, representan a los corazones de los hombres, endurecidos por el pecado y el mal, que se niegan a la conversión y rechazan a Dios.
La gruta, oscura y fría, representa el corazón humano, que sin Dios, es oscuro y frío, mientras que los animales representan a las pasiones sin control, y así como la gruta, cuando nazca Dios Niño, será iluminada con la luz de la Gracia Increada, que es más fuerte y brillante que mil soles juntos, porque es la luz de Dios, así también el corazón humano, cuando nazca el Niño Dios por la gracia, será iluminado con esta misma luz, la luz que brota del Corazón del Niño Dios, una luz más brillante que mil soles juntos.
Los pastores representan a los hombres de buena voluntad que, aún sin conocer a Dios, obran el bien según el dictado de sus conciencias: están trabajando, porque están pastoreando al momento de recibir el anuncio, y están por lo tanto despiertos y vigilando, atentos a que el lobo no despedace con sus dientes a sus ovejas, es decir, evitan obrar el mal. Esta actitud de los pastores los prepara para recibir la Buena Noticia del Nacimiento de Dios como Niño en Belén.
Por último, los ángeles, los mensajeros de Dios, son los encargados de anunciar, con sus cantos de alegría, que para los hombres ha terminado la oscura noche del pecado, de la triste y penosa rebelión del hombre contra Dios, porque Dios en Persona ha venido a este mundo, como un Niño, para perdonarles sus pecados y, todavía más, para hacerlos ser hijos de Dios y llevarlos al Cielo, a la feliz eternidad en compañía de las Tres Personas de la Trinidad, de la Virgen, y de todos los ángeles buenos. Los ángeles cantan “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”, es decir, paz a aquellos que son como los pastores, que están atentos y vigilantes para obrar el bien y evitar el mal. Y la Iglesia toma el Gloria de los ángeles, para glorificar a Dios que continúa su Nacimiento en el altar, en la Eucaristía, convirtiendo al altar en un Nuevo Pesebre de Belén.
Pero además de los ángeles buenos, también hay un ángel malo, con muchos de sus secuaces, ángeles de sombra y de maldad, no de luz y de amor, como los ángeles de Dios, que no se alegran por el Nacimiento, sino que se llenan de odio y de rabia porque saben que ese Niño los derrotará para siempre cuando abra sus brazos en la Cruz, y también se enojan con su Mamá, porque saben que la Mamá de este Niño, con su delicado piececito, les aplastará la cabeza y los sepultará en el infierno para siempre.
Cuando miremos el Pesebre, entonces, meditemos en todo lo que se ve, y también en lo que no se ve, y pensemos que ese Niño, que es Dios, que abre sus bracitos en su cuna, ha venido a este mundo para abrir después sus brazos en la Cruz, para dar su vida por nosotros, para perdonar nuestros pecados, para hacernos ser hijos de Dios, y para llevarnos al Cielo al final de nuestro paso por la tierra.
Es por esto por lo que nos alegramos en Navidad.

jueves, 21 de julio de 2011

Consagración a la Virgen para Niños y Adolescentes 4a Semana



Los dogmas de la Virgen

¿Qué es un “dogma”?

Es algo que enseñó Jesús, pero no está en la Biblia. Lo tenemos que creer, aún si no entendemos bien, porque ese es nuestro deber como hijos de la Iglesia. Además, si Jesús es Dios, Jesús no podía enseñar nada que esté equivocado, y nada que sea malo, y por todo eso, lo tenemos que creer.

¿Cuáles son los dogmas de la Virgen?

Los dogmas marianos son:

Inmaculada Concepción

Maternidad divina

Virginidad perpetua

Asunción de María

Un dogma de la Virgen es el de la “Inmaculada Concepción”.

¿Qué quiere decir “Concepción”?

Quiere decir “concebida”, que es cuando los bebés empiezan a existir en la panza de la mamá. Todos comenzamos a existir siendo sólo una pequeñita célula, y desde esa pequeñita célula, empezamos a crecer, hasta ser tan grandes como somos ahora.

¿Qué quiere decir “Inmaculada”?

Quiere decir: sin mácula, y como mácula es “mancha”, quiere decir: “sin mancha”.

La Virgen es “Inmaculada Concepción” porque Ella fue concebida sin mancha de pecado original. Nunca tuvo pecado original, ni venial, ni mucho menos mortal, y esto quiere decir que la Virgen nunca pensó, ni deseó ni hizo nada malo. Ni siquiera un poquitito. Nunca pensó mal de nada ni de nadie, nunca deseó nada malo, nunca hizo mal a nada ni a nadie. Su Corazón era como un cristal limpísimo, que no tiene ni la más pequeñita mota de polvo, y esto desde que nació.

Pero además, la Virgen era la “Llena de gracia”, y como la gracia es la vida de Dios, Ella estaba llena de la vida de Dios, porque el Dios de la vida vivía en Ella desde que fue concebida. Dentro de la Virgen vivía Dios, y Dios la llenaba con su Espíritu, el Espíritu Santo, que es el Amor divino.

Por eso, además de no tener ninguna mancha, y de no pensar, querer o hacer nada malo a nadie, nunca, la Virgen estaba llena de Amor de Dios en su Corazón Inmaculado. La Virgen, desde que fue concebida, es decir, desde que era sólo una célula chiquitita, amaba a Dios y sólo a Dios. Y durante toda su vida, amaba a Dios y cumplía su Voluntad.

Y de aquí viene el segundo dogma mariano: “Madre de Dios”.

Como Ella era Concebida sin mancha, era la única, entre todas las mujeres del mundo, que podía ser la Mamá de Dios. Era la única que era tan pura, tan hermosa, tan delicada, y con tanto amor a Dios, que podía recibirlo en su corazón y en su seno.

Para darnos una idea de la Virgen Madre de Dios, pensemos en un diamante: un diamante es una roca de cristal, que tiene la particularidad de que cuando entra la luz, la atrapa en su interior, y por eso el diamante brilla tanto. Después la deja salir, pero primero la atrapa en su interior.

La Virgen es así: concibe en su seno a Jesús, que es luz, porque Jesús dijo de sí mismo: “Yo Soy la luz del mundo”, y después lo deja salir, en Belén. Por eso el nacimiento de Dios Hijo es como “un rayo de sol que atraviesa el cristal”.

Y aquí viene otro dogma de la Virgen: es virgen antes, durante y después del parto. La Virgen es virgen por toda la eternidad, y eso quiere decir que no tuvo un esposo de la tierra, ni lo tendrá jamás, porque su Esposo es Dios.

El otro dogma de la Virgen es la Asunción de María Santísima en Cuerpo y Alma a los cielos.

Según este dogma, la Virgen se durmió, y su Cuerpo Inmaculado se llenó de la luz y de la gloria de Dios. Cuando se despertó, estaba en el cielo, junto a su Hijo Jesús, para siempre.

Este dogma sí está en la Biblia, en el libro del Apocalipsis, en el capítulo Ap 12, 1, y es el cuarto misterio del Rosario. El dogma de la Asunción quiere decir que la Virgen fue llevada al cielo. Después que resucitó, Jesús se apareció a muchos, pero a la Primera en aparecerse, fue a la Virgen. Ahí Jesús le prometió que Él la iba a llevar al cielo un día. Cuando llegó ese día, la Virgen se recostó en su camita, y se durmió, y por eso este misterio se llama también “La Dormición de la Virgen”. Estaba así dormida, cuando de pronto, empezó a aparecer una lucecita muy suave, muy tenue, a la altura de su Corazón. Poco a poco, esa luz se fue haciendo cada vez más y más fuerte, tan fuerte, que parecía que se había vestido con el mismo sol. Cada vez que la luz se hacía más grande, su Cuerpo purísimo se convirtiendo en un cuerpo de luz, porque se llenaba de la gloria de Dios, que es luz. Y así, cuando estuvo todo llena de la gloria y de la luz de Dios, se despertó, y cuando se despertó, se dio cuenta de que ya no estaba en su camita, sino ¡en las puertas del cielo! Y había muchos, pero muchos ángeles de luz, que la venían a recibir; los había mandado su Hijo Jesús, para que acompañaran a su Mamá, que entraba en el cielo para siempre. Y cuando llegó al cielo, ahí la estaba esperando Jesús, con los brazos abiertos, loco de contento porque su Mamá llegaba para quedarse con Él para siempre.

¡Qué lindo que es el cielo, que es estar con Jesús y la Virgen para siempre! Le pidamos a nuestra Mamá del cielo, la Virgen, que así como Ella fue llevada al cielo en cuerpo y alma, interceda ante su Hijo Jesús para que nosotros, que somos sus hijos, algún día también lleguemos al cielo.

Y el último dogma mariano, es el de la Virgen “Corredentora”: quiere decir que Ella es, junto a Jesús, la Salvadora de la humanidad, porque Ella sufrió toda la Pasión, en su alma, junto a su Hijo Jesús. Pero es un dogma que todavía la Iglesia lo tiene que decir al mundo.


Oraciones para rezar cada día

Nos ponemos en presencia de Dios y hacemos silencio por unos momentos

Nos hacemos la señal de la cruz.

Oración al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,

Danos tu amor.

Ven a nuestras vidas, ven Santo Espíritu

Ven a nuestros cuerpos, ven Santo Espíritu (tres veces)

Recemos un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria

Oración a Jesús

Jesús, yo creo en Ti, Jesús, Te adoro

Jesús, yo espero en Ti y Te amo

Jesús, perdón por los que no creen en Ti,

y no Te adoran, no esperan, y no Te aman.

Oración a la Virgen María

Te elijo hoy, oh María,

en presencia de toda la corte celestial

por Madre y Reina mía.

Invocación

Oh María, Reina de la Paz y la Reconciliación

Ruega por nosotros y por el mundo entero.