Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

miércoles, 12 de octubre de 2022

Recibir la Primera Comunión quiere decir comenzar una nueva vida en Cristo

 



(Homilía en ocasión de Santa Misa de Primeras Comuniones)

         Muchos niños y jóvenes, cuando toman la Primera Comunión, al terminar el tiempo de formación en Catequesis, piensan que con eso, han terminado sus compromisos con la Iglesia y con Dios. Muchos piensan, equivocadamente, que recibir la Primera Comunión es como cuando alguien termina la primaria o la secundaria: así como quien termina la primaria y la secundaria no regresa más, así también muchos, luego de recibir la Primera Comunión, no regresan más y nunca más vuelven, ni a confesarse, ni a comulgar. Alguno, con suerte, asistirá a alguna misa cuando lo inviten para el aniversario de un difunto, o para cuando algún conocido cumpla años, pero por lo general, no volverá nunca más, ni a la Confesión sacramental, ni a la Sagrada Comunión. Para estos, la Primera Comunión es la última, pero eso indica que no entendieron nada de lo que en realidad se trata el Sacramento de la Eucaristía.

         Recibir la Primera Comunión no es finalizar algo, sino comenzar algo, es comenzar una nueva vida, una vida caracterizada por la relación personal con Jesús, que es Dios y que se queda en Persona en la Eucaristía, para venir a nuestros corazones y para colmarnos con el Amor de su Sagrado Corazón. Por esta razón es que comulgar no es comer un pedacito de pan bendecido: comulgar es abrir el corazón para recibir a Jesús con todo el amor del que seamos capaces, para adorarlo, para darle gracias, para bendecirlo y para hablar con Él, así como se habla con un padre, con un amigo, con un hermano. Comulgar es recibir a una Persona, la Segunda Persona de la Trinidad, que por la Eucaristía viene a habitar en mi corazón, pero no porque Él tenga obligación de hacerlo, sino solamente porque me ama con todo el Amor de su Corazón, que es el Amor de Dios, el Espíritu Santo.

         No cometamos el error de muchos que toman la Primera Comunión y luego desaparecen de la Iglesia. Recibir la Primera Comunión es comenzar una nueva vida, la vida de los hijos de Dios, la vida de la luz de Dios, la vida en la que Jesús Eucaristía tiene que ocupar el centro de mi vida y de mi corazón.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Oración a San Ignacio de Loyola

 


Oración a San Ignacio de Loyola

Querido San Ignacio/

Tú que en el Cielo/

Eres mi santo protector/

Ruega a Jesús y María por mí/

Para que la Sabiduría, el Amor/

Y la Fuerza de Dios/

Me hagan crecer cada día más/

En la vida de la gracia./

Protégenos desde el Cielo/

Querido San Ignacio/

A mí, a mis padres/

Y a mis seres queridos/

Para que, amparados por el Amor Divino,/

Lleguemos un día al Reino de Dios. Amén./

Un Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Recibir la Primera Comunión es recibir a Jesús

 



         El día de la Primera Comunión es un día muy importante en la vida de una persona, en la vida de un niño y la razón es que van a comenzar una nueva vida, porque van a recibir a una Persona muy pero muy especial y esa Persona se llama Jesús. Es muy especial porque Él es Dios, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad y también porque Él está, escondido, en la Eucaristía, en algo que parece un pedacito de pan, pero no lo es, porque la Eucaristía es Jesús en Persona.

         Es por esto que tomar la Primera Comunión no es algo que puede pasar desapercibido: es lo más hermoso que le puede pasar a una persona en esta vida, porque lo más hermoso de esta vida es recibir a Jesús en el Corazón por medio de la Hostia consagrada.

         Por eso, al comulgar, no debemos estar distraídos ni pensando en cualquier cosa: en lo único en lo que tenemos que pensar, al recibir la Eucaristía, es en Jesús, que, por la Comunión, viene para darnos todo el Amor de su Sagrado Corazón. Jesús viene a nosotros por la Comunión para darnos su Amor; por eso mismo, nosotros debemos responder dándole a Jesús todo el amor de nuestro corazón, como dice el dicho: “Amor con amor se paga” y si Jesús me da su Amor, el Amor de su Corazón, entonces yo tengo que darle el amor de mi corazón.

         La Primera Comunión es la primera de muchas, de ahora en adelante, ustedes van a comenzar una nueva vida, en la que van a entrar en relación de amor con Jesús Eucaristía y para eso tienen que venir los Domingos, para recibir a Jesús y al Amor de su Corazón en la Eucaristía.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

La Tercera Persona de la Trinidad les concederá el Amor y la Fortaleza de Cristo para que sean sus soldados ante el mundo

 



         ¿Qué sucede en el Sacramento de la Confirmación? Sucede algo tan grandioso, tan maravilloso, tan asombroso, que si pudiéramos verlo con nuestros ojos del cuerpo, moriríamos de amor en el acto. No podemos ver con los ojos del cuerpo qué es lo que sucede cuando se imparte el Sacramento de la Confirmación, pero sí podemos saber lo que sucede por medio del don de la fe.

         La Santa Fe Católica nos dice que en el Sacramento de la Confirmación nuestro corazón se abre, por la gracia, para recibir a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, el Amor del Padre y del Hijo y obrará grandes milagros en el alma de quien lo reciba en gracia y con amor.

         ¿Cuáles son las obras de la Tercera Persona de la Trinidad en el alma, en el Sacramento de la Confirmación?

         Convertirá al alma y al cuerpo del confirmando en un templo suyo, en un templo del Espíritu Santo. Imaginemos el templo católico más hermoso que seamos capaces de imaginar: pues bien, el Espíritu Santo convertirá el cuerpo y el alma del confirmando en un templo infinitamente más hermoso que el más hermoso de los templos terrenos; convertirá sus corazones en el altar de Jesús Eucaristía; convertirá sus almas en morada de la Santísima Trinidad.

         Otra acción del Espíritu Santo es comunicar al alma el Amor de Dios: así como el carbón, negro y oscuro y frío, al contacto con el fuego, se convierte en una brasa ardiente, que transmite luz y calor, así el Espíritu Santo, Fuego del Divino Amor, enciende los corazones en este Fuego Santo, convirtiéndolo en una brasa ardiente de Amor a Dios, que brilla con la luz de Dios y ama con el Amor de Dios.

         Otra acción del Espíritu Santo es el comunicar al alma la Fortaleza de Cristo, para que el alma no sólo pueda llevar su Cruz hasta el fin de sus días, sino que pueda dar testimonio de Cristo Dios, Presente en Persona en la Eucaristía, con sus obras de misericordia e incluso hasta con su vida si fuera necesario.

         El Sacramento de la Confirmación es algo tan grandioso, tan maravilloso, tan lleno del Amor de Dios, que moriríamos de alegría y de amor, si pudiéramos verlo con los ojos del cuerpo.

viernes, 26 de agosto de 2022

El Niño Dios, ejemplo a imitar para todo niño que desee ser santo

 



         La sociedad civil acostumbra a celebrar lo que se ha denominado “Día del Niño”. Ahora bien, aunque no se trata en absoluto de una festividad religiosa, es una buena ocasión para recordar a un Niño absolutamente especial, el Niño Dios, Jesús.

         Jesús, siendo Dios Hijo del Padre Eterno, quiso encarnarse y nacer, por medio del Espíritu Santo, como niño y fue eso lo que sucedió, de manera que Jesús, desde su Nacimiento, creció bajo la custodia de su Padre adoptivo, San José y de su Madre, la Virgen.

         Si queremos ser niños no solo buenos, sino santos, es decir, que se ganen el ingreso en el Reino de los cielos, entonces debemos mirar siempre al Niño Dios, porque Él es El ejemplo insuperable para todo niño que aspire a la santidad.

         Algo que se caracteriza en el Niño Dios es que Él jamás, pero jamás de jamás, dijo ni siquiera una pequeña mentira –no podía mentir al ser Dios-, jamás levantó la voz a sus padres, jamás hizo ningún mal a nadie. Al contrario, era un niño santo, bueno, paciente, servicial, amable, que amaba muchísimo a sus padres, a sus primos y a toda la gente.

         Es por esta razón que cualquier niño que desee ser santo, lo único que debe hacer es contemplar e imitar al Divino Niño Jesús.

domingo, 14 de agosto de 2022

Comulgar es abrir el corazón al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús



 (Homilía en ocasión de Santa Misa de Primera Comunión)


         Si alguien nos dijera que recibir la Primera Comunión es como comer un pedacito de pan, con la única diferencia que es un pan bendecido, nosotros deberíamos responderle con un fuerte “NO”, porque comulgar o recibir la Primera Comunión, no es comer un pedacito de pan, aunque por fuera pueda ser parecido a como cuando alguien come un pedacito de pan.

         El Catecismo nos enseña que en la Misa sucede algo inimaginable, algo misterioso, algo maravilloso: cuando el sacerdote extiende sus manos sobre las ofrendas del pan y del vino, Jesús baja desde el cielo y, a través del sacerdote y a través de la voz del sacerdote, pronuncia unas palabras –“Esto es mi Cuerpo, Éste es el cáliz de mi Sangre”-, que por el poder de Jesús, que es Dios, hacen que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Es por esto que nosotros adoramos la Eucaristía, porque la Eucaristía no es un pedacito de pan: parece un pedacito de pan, pero es el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

         Por esta razón, recibir la Primera Comunión, no es comer un pedacito de pan: es abrir el corazón para recibir al Sagrado Corazón de Jesús, que late, vivo y glorioso, en la Sagrada Eucaristía.

         Lo más hermoso que puede pasarle a una persona en esta vida, es recibir la Comunión, porque es recibir a Dios Hijo en Persona. No cometamos el error de muchos niños y jóvenes, para los cuales la Primera Comunión es la última. Si comulgar es lo más hermoso del mundo, porque es recibir al Sagrado Corazón de Jesús, ¿por qué no acudimos todos los Domingos, para recibir, con todo el amor posible, al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús?

sábado, 13 de agosto de 2022

Dejad que los niños vengan a Mí

 



         A pesar de que los discípulos tratan de impedir que los niños se acerquen a Jesús, Jesús, lejos de darles la razón, les dice que se lo permitan, que permitan que los niños se acerquen a Él, porque “el Reino de los cielos es de quienes son como ellos”.

         Ahora bien, esto suscita varias preguntas: por un lado, ¿qué sucede con nosotros, los adultos, que ya no somos niños? ¿Qué sucede con los que ahora son niños, pero luego serán adultos? ¿El Reino de los cielos ya no nos pertenece?

         Lo que tenemos que entender es qué entiende Jesús por “niños”: se trata de niños literalmente hablando, es decir, de quienes transitan por su niñez, pero también está hablando de todo católico, independientemente sea su edad, porque, a los ojos de Dios, todos somos niños, aun cuando tengamos noventa, cien o ciento veinte años. Entonces, estas palabras de Jesús se aplican a nosotros.

         Otra pregunta que surge es: ¿qué clase de niños? O mejor dicho: ¿niños de qué edad? Podríamos decir que se trata de niños de dos o tres años, por los siguientes motivos: son inocentes –aunque nacen con el pecado original, lo mismo conservan algo de la inocencia original con la cual Dios creó al hombre-, son obedientes a sus padres, aman a sus padres y tienen confianza en ellos. Esto se ve cuando la mamá o el papá les dice: “No vayas por ahí, porque te puedes hacer daño”, o también, cuando les ofrecen un trozo de pan o un poco de agua, el niño no desconfía de sus padres, sino porque confía en ellos y los ama.

         Lo mismo sucede con nosotros, espiritualmente hablando: nuestro Padre celestial es Dios Padre, que nos adoptó como hijos con el Bautismo; nuestra Madre espiritual es la Virgen pero también la Santa Madre Iglesia. ¿Qué nos dice la Santa Madre Iglesia? “No adores a ídolos demoníacos, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, la Santa Muerte, el dinero, la fama, el éxito”; “Aliméntate con el Pan de Vida eterna, la Eucaristía”; “Vive según los Mandamientos de la Ley de Dios”; “Recibe la gracia santificante, que te concede toda clase de bienes espirituales”.

         Si somos como niños espirituales, si hacemos lo que la Santa Madre Iglesia nos dice, entonces, al final de nuestra vida terrena, entraremos al Reino de los cielos para adorar a Jesús por toda la eternidad.