Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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viernes, 14 de diciembre de 2012

El Adviento para Niños 3er Domingo de Adviento - Ciclo C





  En este Domingo de Adviento, el color que se usa en la Santa Misa cambia: de morado a rosa. ¿Por qué? Recordemos que Adviento es tiempo de penitencia, porque la penitencia sirve para purificar el corazón, lo cual es muy necesario para poder recibir al Niño Dios en Navidad. Pero resulta que la Iglesia hoy nos dice que, en vez del color morado, que significa penitencia, hay que usar el color rosado, que significa alegría, y el motivo del cambio es que la Iglesia se alegra por lo que dice Juan el Bautista en el Evangelio: “Cuando venga el Mesías –el Mesías, el Salvador, es el Niño Dios-, Él los va a bautizar con fuego y Espíritu Santo”. Esto que dice el Bautista, es lo que nos causa gran alegría: ¡el Niño de Belén, para Navidad, nos va a traer al Espíritu Santo!
Entonces, en este Domingo, la Iglesia, escuchando lo que dice Juan el Bautista, nos dice a nosotros: “El Niño Dios está ya muy cerca; ¡Haz una pausa en la penitencia, y alégrate por su llegada, porque el Niño Dios vendrá para regalarte su Espíritu, que es fuego de Amor!”.
         El motivo para alegrarnos es que cuando llegue el Niño Dios, Él nos va a regalar su Espíritu, que es el Espíritu de Dios, un Espíritu que Amor Puro, más puro que el cielo azul en un día de sol. Y esto nos hace pensar: si el Niño Dios me trae un regalo para Navidad, que es su Espíritu de Amor, entonces yo tengo que ofrecerle también un regalo, que es el pobre amor de mi pobre corazón.
         El Espíritu que nos trae el Niño Dios -es un regalo que Él nos hace de parte de Dios Padre- es como si fuera un fuego, y por eso en la Biblia al Espíritu de Dios se llama “fuego”, y los pocos que lo han visto, lo han visto como fuego, aunque también algunos, como Juan el Bautista, lo vieron como paloma.
         Bueno, la cosa es que este Niño Dios nos va a traer su Espíritu, que es fuego, pero es un fuego que se parece en algo al que conocemos, y en otras cosas no se parece tanto. ¿Cómo es este fuego que nos trae el Niño Dios?
         Para saber cómo es este fuego del Niño Dios, vamos a compararlo con el fuego de la tierra. El fuego de la tierra, cuando se acerca a la hierba seca, la quema y la consume; cuando se acerca a la madera, la convierte, primero en brasa, y luego en cenizas; cuando se acerca al hierro, éste primero es negro, duro y frío, y el fuego lo convierte en algo blanco, blando y caliente, es decir, el fuego lo que hace es, a todo lo que se le acerca a él, lo convierte en algo parecido a él: una hierba con llamas de fuego, una brasa encendida, un hierro “al rojo vivo”, que quiere decir que tiene fuego dentro de él, y eso es lo que hace que el hierro cambie de color, se vuelva más blando y adquiera luz y calor. Así es la forma de actuar del fuego de la tierra. ¿Cómo actúa el Espíritu Santo, ese fuego que nos trae el Niño de Belén?
Lo primero que hay que ver es que  el Espíritu Santo no actúa sobre la hierba, la madera o el hierro, sino sobre el corazón humano, y lo transforma: así como el fuego de la tierra incendia el pasto seco, así el Espíritu del Niño Dios, incendia el corazón del hombre en el Amor de Dios; así como el fuego de la tierra hace arder la madera, convirtiéndola en brasa, así el Espíritu del Niño de Belén convierte al corazón en una brasa que arde en el Amor a Dios; así como el fuego, entrando dentro del hierro, lo convierte a éste, que es negro, duro, oscuro y frío, en algo nuevo, porque es blanco, blando y caliente, además de ser capaz de dar luz, así el Espíritu Santo convierte al corazón, que está endurecido y frío por la falta de amor, y que es oscuro porque le falta la luz de Dios, en un corazón igual al Corazón de Jesús: envuelto en las llamas del Amor de Dios, lleno de Amor divino, y resplandeciente, porque ilumina a todos con la luz misma del fuego del Espíritu Santo. Todo esto hace el fuego de Dios, el que nos viene a traer el Niño de Belén.
¿Cómo podemos conseguir ese fuego? Acercándonos al Pesebre para adorar al Niño Dios: quien se acerca al Pesebre, para adorar al Niño de Belén, recibe de Él su Espíritu Santo, Espíritu que hace arder al corazón en el Amor de Dios, ¡y éste es el motivo del color rosa en este día, y el motivo de tanta alegría para la Iglesia y para todos nosotros, que amamos al Niño Dios!
         

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