Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

martes, 21 de julio de 2026

Solemnidad del Divino Niño Jesús

 



(Ciclo A – 2026)

         Santa Teresita de Lisieux le dijo al Divino Niño Jesús: “Haz de mi corazón tu morada”.

¿Qué quiere decir esto?

Por un lado, es la petición que todo ser humano debe hacer al Divino Niño, porque en la realidad, todo corazón humano, el corazón de cada hombre nacido en esta tierra, sin importar la raza, el credo, la nacionalidad, la geografía, está creado por Dios para ser un trono del Sagrado Corazón del Divino Niño Jesús. Esto quiere decir que en nuestros corazones solo debe estar entronizado el Corazón del Divino Niño y, por añadidura, el Inmaculado Corazón de María, porque donde está el Hijo está la Madre y donde está la Madre está el Hijo. Nuestros corazones, entonces, han sido creados para ser tronos de los Sagrados Corazones de Jesús y María y por eso Santa Teresita hace esta petición, de que el Divino Niño haga de su corazón su morada.

Por otro lado, la petición de Santa Teresita es una correspondencia a la invitación que Jesús hace en el Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre, entraré y cenaré con él”. Jesús, Dios Hijo encarnado, llama a la puerta de nuestros corazones, como cuando un amigo que nos quiere mucho llama a la puerta de nuestra casa, para saber si estamos, porque viene a visitarnos. Pero Jesús no se contenta solo con pasar: Él dice: “Cenaré con él y él conmigo”. ¿De qué cena se trata? No es una cena material, sino espiritual, celestial, sobrenatural: Jesús trae con Él la cena y esta cena no es otra cosa que la Carne del Cordero de Dios, el Pan de Vida eterna y el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, es decir, la Eucaristía. Jesús entra en nuestras almas, para hacer de ellas su morada y además nos convida con su Ser divino, con su Amor divino, con su Sangre, su Alma y su Divinidad, que es la Eucaristía. Por esto debemos sentirnos honrados por recibir al Divino Niño en la Eucaristía, porque somos indignos de recibirlo, pero a Él no le importa nuestra indignidad, solo quiere un corazón “contrito y humillado”.

Junto a Santa Teresita, le pedimos también a Jesús que haga de nuestros corazones, contritos y humillados, su morada y que esta morada sea eterna, para siempre, que comience en esta y no termine nunca, que esta morada de nuestro corazón sea la morada del Divino Niño para toda la eternidad.

Guiados de la mano de Nuestra Madre, la Virgen María, la Mamá de Jesús y Madre Nuestra, le decimos así al Divino Niño: "Divino Niño Jesús, tesoro de nuestras almas, delicia del Cielo, dulzura celestial, te suplicamos que tu gracia convierta nuestros pobres corazones, oscuros y desolados por el pecado, en una luminosa morada en la que Tú vengas a habitar, por la Eucaristía, en lo que resta de mi vida en la tierra y luego por toda la eternidad. Amén".


domingo, 26 de octubre de 2025

Qué es Halloween explicado para niños

 



         Primero veamos qué es lo que parece ser Halloween, o qué es lo que nos dicen que es Halloween.

         -Una fiesta inocente

         -Una fiesta donde solo se hacen travesuras y se comen dulces y cosas ricas

         -Una fiesta en donde los niños se divierten y los adultos salen a bailar

         -Una fiesta de disfraces

         -una fiesta divertida

         -una fiesta de la familia

         -una fiesta para niños y adolescentes y en donde los adultos también se divierten

         -La gente se disfraza y los disfraces parecen inocentes y divertidos

         -Los niños reciben dulces a cambio de una simple broma

         -Las familias están todas en un ambiente festivo y preparan cosas ricas, como para cuando es Navidad o Año Nuevo

Qué nos dicen los que participaron de Halloween y se arrepintieron:

         No es una fiesta inocente

         No es una fiesta de disfraces

         Es una fiesta satánica

         Los disfraces no son inocentes y tienen una sola temática: muertos, demonios, brujas, fantasmas, espectros, vampiros, hombres-lobos, esqueletos, zombies, muertos vivientes, etc.

         Ningún disfraz es de algo bueno o inocente o que recuerde la santidad de Dios y del Reino de los cielos

         Astrológicamente, Halloween se asocia con la temporada de Escorpio, un signo de agua que rige la transformación, la muerte, el renacimiento y los misterios ocultos.

         Origen real: “Los orígenes de Halloween vienen del Samhain, una festividad que los pueblos celtas celebraban la tarde del 31 de octubre y que marcaba el fin del período de cosecha y la llegada del invierno en el hemisferio norte. Los celtas creían que la noche del Samhain se corría el velo que separaba al mundo de los vivos del mundo de los muertos”.

         Hace miles de años los pueblos celtas paganos crearon fiestas estacionales en sincronía con los momentos de siembra, cosecha y descanso de la tierra. El Samhain, por ejemplo, se hacía en una fecha a mitad del equinoccio de septiembre y el solsticio de diciembre y se consideraba una antesala al invierno.

Esta civilización creía que, por una noche, el límite entre el mundo terrenal y el de los espíritus se borraba. Los fantasmas vagaban con los vivos sin que éstos lo advirtieran. Por este motivo, los celtas encendían grandes fogatas para ahuyentarles.

         Halloween es una festividad de demonios, de ángeles  caídos y de muertos condenados en el infierno

         Así como el Cielo celebra a sus habitantes en el Día de Todos los Santos, así el infierno celebra a los habitantes del Infierno (demonios, condenados)

         El día de Halloween se reúnen los brujos y las brujas en los covens para hacer oraciones de insultos contra Dios, Jesús, la Virgen y los santos

         El día de Halloween se hacen misas negras o satánicas

         El día de Halloween se celebra al Demonio como rey de Infierno

         En el día de Halloween se profana la Eucaristía

         En Halloween se secuestran niños para sacrificarlos al demonio

         En Halloween es el día en el que más ofensas se hacen contra Jesús Eucaristía, contra la Virgen y contra la Santa Misa.

 

La devoción de Nuestra Señora de la Eucaristía surge para reparar todas las ofensas contra Jesús en la Eucaristía

        


sábado, 4 de octubre de 2025

Homilías para niños de Primera Comunión y de Confirmación 2025

 


Homilías para niños de Primera Comunión y de Confirmación 2025

         Queridos niños, ustedes están por recibir un “sacramento”, que significa “misterio”, significa algo que es “sagrado”, algo que se realiza, que se confecciona, en el Altar y lo realiza Dios, Jesús, a través de su representante, que es el sacerdote ministerial. Esto quiere decir que NADIE MÁS que un sacerdote puede realizar este sacramento, en este caso, la Eucaristía. Si alguien que no fuera sacerdote intentara hacerlo, sería inválido, es decir, no habría Eucaristía.

         ¿Qué sucede en la Santa Misa? Sucede algo invisible, por medio de los visible. Cuando el sacerdote dice “Esto es mi Cuerpo, Esta es mi Sangre”, es Jesús quien pronuncia estas palabras y con el poder de su Espíritu Santo, baja desde el cielo con la cruz y convierte el pan, que es pan sin levadura, en su Cuerpo y luego convierte el vino del Cáliz en su Sangre. Esto es lo que se llama “misterio de la fe”, porque es un misterio que no podemos entender, pero que tenemos que creer, porque así sucede en la realidad. Por eso después, cuando nosotros comulgamos, no comulgamos un poco de pan ni bebemos un poco de vino, sino que comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, aunque tengan sabor a pan y a vino; tienen sabor a pan y a vino, pero son el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por eso nunca debemos comulgar en la mano, sino de rodillas y en la boca.

         Y como Jesús Eucaristía es el Dios del cielo y de la tierra, debemos pedirle a la Virgen que prepare nuestro pobre corazón para que reciba a este Gran Rey del cielo, que ha querido venir a nuestra pobre morada, no porque tenga obligación con nosotros, sino porque nos ama con un amor infinito. Cada vez que Jesús viene a nosotros por la Eucaristía, nos hace el regalo del Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico, que es el Espíritu Santo, por eso, como dice el dicho, “Amor con amor se paga”, entonces, si Jesús viene a darme su Amor, yo debo a cambio darle todo el amor de mi pobre corazón y así, después de comulgar, tengo que permanecer concentrado, diciéndole a Jesús Eucaristía: “Jesús Eucaristía, te doy gracias, por haber bajado del cielo para venir a mi pobre corazón, para darme el Amor de tu Sagrado Corazón; toma a cambio, por manos de la Virgen María, el pobre amor de mi corazón y jamás permitas que aparte de Ti. Amén”.

         Para los niños que van a recibir la Confirmación.

         Ustedes van a recibir un Sacramento, algo sagrado; en este caso, van a recibir, cuando el obispo les imponga las manos en la cabeza, a una Persona, la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, el Amor de Dios. ¿Bajo qué figuras aparece el Espíritu Santo en las Escrituras? Bajo la figura de fuego y la de viento. Si aparece bajo la figura de fuego, entonces, ustedes van a recibir un Fuego espiritual, pero eso no quiere decir que van a sentir ardor como si se estuvieran quemando con fuego; no van a sentir nada, porque es fuego espiritual y el fuego espiritual no se siente. Pero sí pueden hacer lo siguiente: cuando vayan a pasar, imaginen que sus corazones son como el carbón, que es negro, seco, frío, para que cuando el obispo les imponga las manos y ustedes reciban al fuego del Espíritu Santo, sus corazones se enciendan en el Fuego del Divino Amor, es decir, se conviertan en brasas ardientes: luminosas, quemantes, que dan calor con el calor del Amor de Dios, el Espíritu Santo; también pueden imaginar que sus corazones son como el pasto seco, para que al contacto con el Fuego del Espíritu Santo se enciendan en el Fuego del Amor Divino; o también que sean como la leña seca, para que al contacto con el Fuego del Espíritu Santo ardan de Amor a Dios. Todo esto pueden y deben pensar e imaginar ustedes, sabiendo que no van a sentir nada, porque como dijimos, el Espíritu Santo que van a recibir en la Confirmación es un fuego espiritual y no se siente, pero sí obra espiritualmente, así que le pueden pedir a la Virgen que haga que sus corazones sean así, para que arda en el Amor de Dios.

         Cada uno de ustedes tiene que hacer este trabajo espiritual, para recibir con provecho los sacramentos, ya sea la Eucaristía o la Confirmación ya que si ustedes no los hacen por ustedes mismos, nadie los puede hacer por ustedes.


lunes, 30 de diciembre de 2024

Los niños y adolescentes de la Infancia y Adolescencia Misionera tienen el encargo de anunciar a Cristo, Presente en la Eucaristía y en la Cruz

 


(Homilía para la IAM)

         La Infancia y Adolescencia Misionera tienen una característica que está definida por su nombre y es el de la “misión”. Por eso podemos preguntarnos qué significa la palabra “misión”, para recordar y tener presentes cuáles son los objetivos de la IAM.

          Según la Real Academia Española, la palabra “misión” significa “Acción de enviar” y también “Poder, facultad que se da a alguien de ir a desempeñar algún cometido”[1]. Es decir, el misionero es aquel que “es enviado” y además de ser enviado, recibe un poder para “desempeñar un cometido”, es decir, para hacer algo.

          Los integrantes de la IAM, entonces, son “enviados para cumplir un encargo”.

          ¿De qué se trata este envío y este encargo que tienen los integrantes de la IAM?

          Al ser un grupo católico, debemos tener en cuenta que antes de todo, todos los católicos, desde el Bautismo, somos enviados y tenemos que cumplir un encargo de parte de Dios. El envío es hacia el mundo y el encargo a cumplir, como todo bautizado, es el de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo. Este mismo envío lo tienen los integrantes de la IAM: son niños y adolescentes misioneros, es decir, enviados para cumplir un encargo. ¿Enviados por quién y para qué? Enviados por Dios Padre, para dar testimonio de Nuestro Señor Jesucristo, bajo el carisma propio de la IAM.

          Entonces, los niños y jóvenes de la IAM, son enviados con el encargo de anunciar el Evangelio, la Buena Noticia de Jesucristo. ¿Cuál es esa novedad? La unión con Cristo Eucaristía, en el Amor de Dios, el Espíritu Santo, para ser llevados por el Espíritu Santo al seno del Padre.

          Para poder cumplir con su misión, el integrante de la IAM debe primero conocer a Jesucristo, para así amarlo y darlo a conocer, porque nadie ama lo que no conoce, como dice el dicho. Y este conocimiento de Jesucristo, se hace por medio de la oración y por la frecuencia de los sacramentos, por eso los niños y jóvenes de la IAM deben hacer oración y deben frecuentar los sacramentos, ya que es la única forma de conocer y amar a Jesucristo.

          Por último, el primer lugar en donde la IAM debe misionar, es en la propia familia: los integrantes de la familia son los primeros prójimos que tienen que recibir la caridad, el amor, la paciencia, la humildad, la dulzura, la comprensión, de parte de los niños y jóvenes de la IAM; luego, eso mismo, lo deben transmitir a todo prójimo. Es decir, el integrante de la IAM debe entonces, conocer y amar a Jesucristo, que está en Persona en la Eucaristía y luego transmitir ese amor recibido de parte de Jesús y comunicarlo, primero a los integrantes de la familia y luego a todo prójimo, como el prójimo es imagen de Dios y esto quiere decir que, así como tratamos a nuestro prójimo, como integrantes de la IAM, es así cómo tratamos en realidad a Dios. Y así, amando a Dios y al prójimo, los integrantes de la IAM cumplirán la hermosa tarea recibida de Dios y de la Iglesia: anunciar a todo el mundo la Buena Noticia de Nuestro Señor Jesucristo.

         

 


miércoles, 9 de octubre de 2024

Santa Misa de Primeras Comuniones

 



(San José en Alto Verde, Concepción, Tucumán, Argentina)

         Para saber qué es lo que vamos a recibir en la Comunión, tenemos que saber qué es lo que sucede en la Santa Misa, porque la Santa Misa y la Comunión están unidas inseparablemente.

         ¿Qué sucede en la Santa Misa?

         En la Santa Misa sucede algo invisible, algo que no podemos ver con nuestros ojos del cuerpo, pero que igualmente sucede y esto pasa principalmente cuando el sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino y pronuncia las palabras de la consagración diciendo las mismas palabras que dijo Jesús en la Última Cena: “Esto es mi Cuerpo”, “Este es el Cáliz de mi Sangre”.

         En ese momento, cuando suena la campanita para que todos se arrodillen, lo que sucede es que Jesús, que es Dios, baja desde el Cielo con su Cruz -acompañado de miles de millones de ángeles de luz y también de todos los santos y por supuesto también está la Virgen, su Mamá y nuestra Mamá- y cuando Jesús baja desde el Cielo hasta el Altar, deja su Cuerpo en la Hostia y así la Hostia, que hasta entonces era solo pan de trigo, deja de ser pan de trigo para ser el Cuerpo de Jesús, y también Jesús derrama su Sangre, la Sangre que sale de sus manos, de sus pies, de su costado traspasado, sobre el Cáliz y así el vino que había en el Cáliz deja de ser vino y se convierte en la Sangre de Jesús; por eso es que nosotros, cuando comulgamos, no comulgamos pan y vino, sino que comulgamos “el Cuerpo y la Sangre” de Jesús, es decir, la Sagrada Eucaristía.

         Esto es entonces lo que sucede en la Santa Misa: Jesús convierte el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre; convierte el pan y el vino en la Eucaristía y es lo que ustedes van a recibir por primera vez, por eso se llama “Primera Comunión”, porque van a recibir por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús, la Sagrada Eucaristía.

         Cuando comulgamos, cuando recibimos la Eucaristía, no recibimos un pedacito de pan: recibimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, recibimos el Corazón de Jesús, que late con el Amor de Dios en la Eucaristía. Y cuando comulgamos, cuando recibimos al Corazón de Jesús, el Corazón de Jesús se funde con nuestro pequeñito corazón -el Corazón de Jesús es como un horno gigante de fuego de Amor y nuestro corazón es como una chispita pequeñita que entra dentro de ese horno gigante- y se funde con nuestro corazón para darnos todo el Amor de Dios, el Espíritu Santo.

         Por eso, no hay nada más importante, ni hermoso, ni maravilloso, ni bonito, ni grandioso, que recibir la Comunión, porque recibir la Comunión es recibir a Jesús, que es Dios y Dios nos da su Amor, que es infinito y es eterno, gigante, dura para siempre, para siempre, porque nadie nos ama más que Dios, nadie nos ama más que Jesús.

         No seamos como la inmensa mayoría de niños y jóvenes, que hacen la Comunión y dejan de recibir a Jesús y así se pierden lo mejor y lo más lindo de esta vida, que es recibir la Eucaristía, recibir al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.


domingo, 5 de noviembre de 2023

Santa Misa de Primeras Comuniones

 


(Homilía en ocasión de Santa Misa de Primeras Comuniones en Capilla San José 
en Alto Verde, Parroquia Nuestra Señora del Valle en Alvear, 
Concepción, 051123)


         En la Santa Misa se confecciona, se realiza, se produce, un sacramento, la Eucaristía.

         Como todo sacramento, la Eucaristía tiene dos partes: una visible y otra invisible.

         La parte visible es lo que vemos, oímos, sentimos: el altar, las oraciones, los libros, etc,.

         La parte invisible es lo que no vemos, pero que igualmente sucede porque sin lo invisible, no hay sacramento.

         Lo visible viene de la tierra; lo invisible, viene del cielo.

         Entonces, en la Santa Misa, en el altar, sucede algo visible y algo invisible: lo invisible consiste en que Jesús EN PERSONA baja desde el Cielo y convierte el pan en su Cuerpo y convierte el vino en su Sangre, que queda en el Cáliz; por eso el pan deja de ser pan y se convierte en el Cuerpo de Cristo y el vino deja de ser vino y se convierte en la Sangre de Cristo. En ese momento debemos hacer silencio interior y exterior, porque Cristo está misteriosamente en el sacerdote, obrando el milagro.

         Por eso cuando comulgamos, no comulgamos pan, sino el Cuerpo de Jesús y no bebemos el vino sino la Sangre de Jesús.

         Cuando comulgamos no comulgamos pan, aunque a los ojos y al gusto parezcan pan, sino que comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, comulgamos a Jesús en Persona; cuando comulgamos, recibimos con la boca la Eucaristía y con el corazón a Jesús que en Persona viene a nuestros corazones por la Comunión.

         Antes de comulgar y cuando hemos comulgado, debemos hacer un acto de amor y de adoración interior, en silencio, sin que nos importe nada de lo que pasa en el exterior, concentrándonos en nuestro interior, porque Jesús está en nuestros corazones. No vamos a sentir nada sensiblemente, pero eso no quiere decir que Jesús no esté; aunque no sintamos nada, Jesús está en nuestros corazones por la Eucaristía y por eso debemos regresar a nuestros asientos luego de la Comunión, arrodillarnos y dar gracias a Jesús por haber bajado desde el cielo para venir a nuestros corazones.

         Este hermosísimo milagro sucede en cada Misa; Jesús baja desde el Cielo, acompañado por su Madre, la Virgen y por cientos de miles de ángeles y santos y el altar se convierte en una parte del Cielo, deja de ser de cemento para ser de cielo, donde está Jesús.

         Jesús hace este milagro en cada Misa para venir a nuestros corazones, para que lo recibamos a nuestros corazones; deja el cielo en donde está con sus ángeles y santos, para estar con nosotros, para darnos el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico.

         No hay nada más hermoso en el mundo que recibir a Jesús con el corazón purificado por la confesión, en la Sagrada Eucaristía.

         Los niños deben preguntarse: si Dios quiere darme su Amor, el Espíritu Santo, ¿yo me voy a quedar durmiendo o jugando o viendo televisión? Para eso tengo todo el día, primero voy a recibir al Corazón de Jesús en la Eucaristía y después todo lo demás.

         No cometamos el error de muchísimos niños y jóvenes, que se pierden de recibir el Amor del Sagrado Corazón de Jesús por cosas que no tienen importancia. NADA tiene más importancia que Jesús en la Eucaristía.

         Algo que deben tener en cuenta los papás es que son responsables ante Dios por sus hijos, porque van a responder ante el Juicio de Dios, en el Juicio Final, por si se preocuparon o no por traerlos los Domingos para que reciban a Jesús Eucaristía, al menos hasta que cumplan la mayoría de edad.

jueves, 20 de julio de 2023

El Divino Niño Jesús

 



         Es una devoción muy antigua entre los católicos; en antiguos escritos se indica que la devoción al Divino Niño empezó en el Monte Carmelo (Israel), donde, según la tradición, Jesús iba frecuentemente a pasear y a rezar con sus padres, San José y la Virgen María, y sus abuelos San Joaquín y Santa Ana[1]. Para los católicos, el honrar esta edad de Jesucristo, la Santa Infancia, es un recordatorio de cómo Dios ama la inocencia y la pureza de cuerpo y alma[2].

Ya hacia el año 1200 San Francisco de Asís dispuso recordar con mucha solemnidad la Navidad haciendo un pesebre lo más parecido posible al de Belén y representando al Divino Niño con un niño recién nacido, recordando al mismo tiempo la gran bondad del Hijo de Dios al quererse hacer hombre, sin dejar de ser Dios, para salvar nuestra alma.

También San Antonio de Padua fue un entusiasta devoto del Niño Jesús quien, según la tradición, se le apareció mientras meditaba en las Escrituras, razón por la cual se retrata al santo con el Divino Niño.

Otro santo al que se le presenta en las imágenes teniendo entre sus brazos al Niño Jesús es San Cayetano, el cual lo que necesitaba pedir lo pedía por los méritos de la infancia de Jesús. Además de los santos, millones de católicos han obtenido favores y gracias a Dios, por los méritos de la infancia de Jesús y han conseguido milagros inimaginables y esto se corresponde con la promesa que Jesús le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, en el año 1636: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada”.

Modernamente los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén fueron Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz. De manera especial, Santa Teresa de Jesús le tenía un gran amor al Divino Niño y un día tuvo una experiencia mística con el Divino Niño: estaba Santa Teresa en el Convento, al pie de unas escaleras, cuando contempló a un niño; entonces la santa, que todavía no se había dado cuenta que era Jesús Niño, le dijo: “Yo soy Teresa de Jesús, ¿y tú quién eres?” Y el Divino Niño le respondió: “Yo soy Jesús de Teresa”, luego de lo cual desapareció y ahí fue cuando Santa Teresa de Ávila se dio cuenta que era el Niño Jesús. Como recuerdo de esta visión la santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño, y en cada casa de su comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre ella misma dejaba de regalo al despedirse.

Existen alrededor de todo el mundo muchas figuras e imágenes representando al Niño Jesús mediante las cuales se han obtenido grandes milagros. Entre las más conocidas se encuentran: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia, entre otros.

Por último, podemos preguntarnos: ¿qué representa el Divino Niño para los católicos?

Ante todo, es un recuerdo de cómo Dios Hijo, siendo el Hijo Eterno del Eterno Padre, quiso encarnarse por obra del Espíritu Santo, en el seno virginal de María Santísima, para así manifestarse ante nosotros, los hombres, como un “hijo de hombre”, es decir, como un niño, aunque en realidad, su Padre no es San José, que era casto y puro, sino Dios Padre. Nos recuerda entonces que el Verbo Eterno del Padre, por quien todas las cosas, visibles e invisibles, fueron creadas, siendo Dios, quiso atravesar todas las etapas de la vida humana, sin dejar de ser Dios. Así, por ejemplo, si regresamos a las etapas anteriores del Divino Niño -que en las imágenes debe tener unos nueve o diez años-, el Verbo de Dios encarnado también pasó por todas las etapas que atraviesa un ser humano; de esta manera, antes de ser Divino Niño, el Verbo Encarnado fue Divino Cigoto -hay que recordar que los cromosomas paternos no pertenecen a ningún hombre, sino que fueron creados por el Espíritu Santo en el momento de la Encarnación-, luego Divino Embrión, al nacer fue el Divino Niño recién nacido, luego el Divino Niño propiamente, luego el Divino Jesús Adolescente, el Divino Jesús Joven, el Divino Jesús Adulto, en cuya edad terrena, a los treinta y tres, se inmoló voluntariamente por nuestra salvación en el Santo Sacrificio de la Cruz, Santo Sacrificio que se renueva cada vez, incruenta y sacramentalmente, en la Santa Misa.

Representa también el Divino Niño la pureza, la inocencia, el candor, de la niñez, pero no solo de la niñez humana, sino la Pureza, Inocencia, Candor, del Acto de Ser divino trinitario, del cual se deriva y es imagen la pureza, la inocencia y el candor de la niñez humana. En otras palabras, si el niño es inocente, puro y cándido, lo es ante todo Dios Uno y Trino, quien es la Inocencia Increada, la Pureza Increada y la Candidez Increada y es eso lo que nos recuerdan cada niño que vemos.

Quienes somos ya adultos, poco y nada tenemos de esa pureza, inocencia y candor que tienen los niños, imagen de la pureza, inocencia y candor del Divino Niño y aquí se nos presenta un problema, porque Jesús nos advierte que no entraremos en el Reino de los cielos, sino somos “como niños”, lo cual no quiere decir obrar de modo infantil siendo adultos, sino ser “como niños”, tener la pureza, la inocencia y el candor de los niños. Entonces, surge la pregunta: ¿cómo podemos ser como niños, para entrar en el Reino de los cielos, si ya somos adultos? La respuesta es: por medio de la gracia santificante que nos otorgan los sacramentos, porque por la gracia participamos de la vida de la Trinidad y por lo tanto participamos de la Pureza, de la Inocencia y del Candor de la Santísima Trinidad. Al recordarlo en su día, le pidamos al Divino Niño Jesús que bendiga y proteja a todos los niños del mundo, y que a nosotros nos conceda la gracia de “ser como niños”, para así poder entrar en el Reino de los cielos.

domingo, 23 de abril de 2023

Jesús y los discípulos de Emaús

 


         Dos amigos de Jesús van caminando hacia un pueblito llamado Emaús. En el camino, van muy tristes, porque se acuerdan del Viernes y Sábado Santo, cuando Jesús murió en la cruz y después fue sepultado. Están tristes porque piensan que Jesús está muerto, que no ha resucitado.

         En ese momento se les aparece Jesús, quien los saluda y comienza a caminar con ellos. Los discípulos de Emaús, a pesar de que conocían a Jesús, no lo reconocen, porque tenían “algo” que no les dejaba conocerlo, algo como una nube oscura en sus mentes y corazones. Como Jesús los ve tristes, les va explicando en el camino las Escrituras, en todas las partes en donde decía que el Mesías iba a resucitar, para darles ánimo.

         Al llegar a Emaús, Jesús quería seguir de largo, pero ellos le piden que se quede con ellos, porque ya es tarde y comienza la noche: “Quédate con nosotros, Señor”. Jesús les da el gusto y se queda con ellos.

         Una vez en Emaús, Jesús celebra la Misa y, en el momento en el que parte el pan, Jesús sopla sobre ellos el Espíritu Santo, que es luz de Dios, les quita esas nubes oscuras que tenían en los ojos y en el corazón, los ilumina con la luz de Dios y entonces los discípulos de Emaús se dan cuenta que es Jesús y se dicen uno a otro: “¡Es Jesús, nuestro Maestro!”. Y en ese momento, Jesús desaparece. También se acuerdan que cuando Jesús les explicaba las Escrituras, les ardía el pecho, porque era el Amor del Espíritu Santo el que les hacía arder el pecho por tanto amor. Entonces deciden volver a Jerusalén, ahora contentos y muy alegres, para contarles a todos que Jesús está vivo, que ha resucitado y está entre sus amigos.

         También a nosotros nos puede pasar que nos olvidemos que Jesús resucitó y que Jesús está no solamente en el Cielo, sentado a la derecha de Dios Padre, sino que está también en la Eucaristía, en el sagrario, vivo, glorioso y resucitado, esperando que vayamos a visitarlo y a decirle que lo amamos que lo queremos con todo el corazón.

         Porque sabemos que Jesús ha resucitado y está con nosotros, le vamos a decir esta oración: “Jesús Eucaristía, quédate con nosotros, todos los días de nuestra vida, y enciende nuestros corazones con el Fuego del Divino Amor”.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Comulgar es abrir el corazón para recibir al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús

 



(Homilía en ocasión de la Santa Misa de Primeras Comuniones, Villa Regina, Leales)

Si alguien, que no conoce nuestra religión católica, al ver que un católico comulga, diría que la Comunión es nada más que recibir un pedacito de pan sin levadura, de forma circular y de color blanco, que ha sido bendecido en una ceremonia religiosa. Pero el que dice esto, es porque solo ve con los ojos del cuerpo, pero no ve con los ojos del alma, iluminados por la luz de la fe católica. El que tiene los ojos del alma abiertos e iluminados por la luz de la fe, puede “ver”, por así decir, que la Comunión, la Sagrada Eucaristía, no es un pedacito de pan bendecido, sino una Persona, la Segunda Persona de la Trinidad, Jesús, el Hijo de Dios, que bajando del cielo en la consagración, convierte el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre, para quedarse en Persona en la Eucaristía, para que cuando nosotros comulguemos, lo recibamos a Él en Persona.

Por eso, si alguien nos preguntara qué es la Comunión, nosotros, que podemos “ver” con los ojos de la fe católica, fe que hemos recibido en el Bautismo, tendríamos que contestarle que la Comunión es abrir el corazón, purificado previamente por el Sacramento de la Confesión, para recibir a una Persona, a Jesús, que ingresa en nuestros corazones con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad y que, al ingresar, derrama sobre nosotros el Amor de su Sagrado Corazón, el Amor de Dios, el Espíritu Santo.

Esto es así porque en la Santa Misa, cuando el sacerdote extiende las manos sobre el pan y el vino y pronuncia las palabras de la consagración –“Esto es mi Cuerpo, Ésta es mi Sangre”-, Jesús baja desde el cielo y con su poder divino, convierte la substancia del pan en su Cuerpo y convierte la substancia del vino en su Sangre, de manera que antes de la consagración solo hay pan y vino, mientras que después de la consagración ya no hay más pan y vino, sino el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

Algo más que debemos tener en cuenta es que la expresión “Primera Comunión” significa “Primera de muchas”, tantas como pueda recibir a lo largo de la vida terrena; no significa “última”, como lamentablemente muchos parecen así creer, porque muchos niños y jóvenes, reciben la Primera Comunión y luego no regresan nunca más a comulgar, no se vuelven a confesar nunca más, no preparan sus corazones para la Comunión y no asisten nunca más a la Santa Misa dominical, con lo cual se privan de recibir al Corazón Eucarístico de Jesús.

El niño o el joven que ame verdaderamente a Jesús, no cometerá este error, porque se dará cuenta que no hay nada más hermoso y grandioso en esta vida, que comulgar, es decir, abrir el corazón para recibir a Jesús Eucaristía, quien a su vez nos dará el Amor de su Sagrado Corazón, el Espíritu Santo.

No cometamos el error de cerrar el corazón, impidiendo el ingreso de Jesús; por el contrario, acudamos cada vez a la Santa Misa, para abrir nuestros corazones, purificados por el Sacramento de la Penitencia, para recibir a Jesús Eucaristía, para adorarlo en nuestros corazones, convertidos en otros tantos altares y para darle, por medio de la Virgen, a cambio de su Corazón Eucarístico, nuestro pobre corazón.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Cristo Eucaristía es la luz que guía nuestros pasos, en la escuela y en la vida

 



(Homilía en ocasión de Santa Misa de fin de ciclo escolar, Mancopa, Leales)

         Al finalizar el año escolar, los alumnos cristianos debemos pensar en lo que hemos vivido en la etapa escolar, en lo que hemos aprendido, y también en lo que nos queda por delante, sea en la vida de todos los días, como en la propia escuela, en el tiempo que queda por venir, por cursar en ella.

         La reflexión, como alumnos cristianos, debe ser la siguiente: al mirar hacia el año transcurrido, debemos considerar si lo que hemos aprendido lo hemos aprendido a la luz de Cristo y sus Mandamientos, porque si hay algo que se contradice con los Mandamientos de Cristo, entonces eso, aunque lo hayamos aprendido, no podemos incorporarlo a nuestras vidas. Solo debemos saber que eso aprendido, contrario a Cristo, no debe nunca ingresar en nuestras vidas, en nuestras creencias, en nuestras conductas.

         Luego, al mirar hacia adelante, la reflexión debe ser la misma: cuando comience un nuevo año escolar, debemos tener siempre presente a Cristo en nuestras mentes y corazones, para que lo que vayamos a aprender nos sirva para saber discernir, diferenciar, qué es lo que podemos aplicar en nuestras vidas y qué es lo que no: todo lo que se oponga a Cristo y a sus Mandamientos, debemos dejarlo de lado. La razón de esta reflexión es que Cristo es la Sabiduría Divina encarnada; es el Verbo del Padre, es Dios Hijo, a quien Dios Padre le comunica toda su Sabiduría Divina desde toda la eternidad. Ejemplos de cosas que aprendemos y que no debemos incorporar a nuestra conducta cotidiana, sobran, pero podemos hacer referencia brevemente a algunos hechos, teniendo en cuenta que en nuestros días, a lo que es bueno -la virtud- se le llama malo y a lo que es malo -el pecado- se lo llama bueno. Por ejemplo, hoy se enseña que la madre puede eliminar a su niño en su vientre -el aborto- y que los hijos pueden eliminar a sus padres cuando ya están ancianos o terminales -eutanasia-, en ambos casos, se manda la muerte, sea del niño o del adulto, lo cual es contrario al mandamiento de Dios que dice: "No matarás".

          Otro ejemplo es la ideología de género o también ideología LGBT: se enseña que eso es bueno, pero estas ideologías son contrarias a las enseñanzas de la Iglesia Católica, que enseña que el varón ha sido creado para la mujer y la mujer para el varón y que si se unen en matrimonio sacramental, debe ser "uno con una, para siempre". Como estos ejemplos, hay muchos más, pero estos nos sirven para reflexionar acerca de qué es lo que podemos incorporar a nuestra vida cotidiana y qué no, a la luz de la Cruz de Cristo, a la luz del Cristo Eucarístico, Luz del mundo y Sabiduría de Dios encarnada.

         Algo que debemos tener en cuenta es que el Cristo al que hacemos referencia, es el Cristo Eucarístico, el Único Cristo verdadero, el Cristo de la Iglesia Católica, ya que cualquier cristo que no sea el Cristo crucificado y el Cristo de la Eucaristía, es un cristo falso y no debemos seguirlo. Cristo Eucaristía es la luz que guía nuestros pasos, en la escuela y en la vida, todos los días y si Cristo no nos ilumina, vivimos en tinieblas, porque el mundo en el que vivimos es un mundo que está sumergido en las más oscuras tinieblas espirituales.

         Si tenemos siempre presente a Cristo Eucaristía, en nuestras mentes y corazones, no solo en la escuela sino en la vida cotidiana, nunca estaremos solos, porque Cristo es el Amigo Fiel, el Amigo que nunca abandona. El cristiano nunca debe sentirse solo, aun cuando esté solo de compañía humana, porque si está con Cristo Eucaristía, está acompañado por Cristo. Para esto, es necesario acudir a visitarlo en la Iglesia, allí donde Cristo se encuentra vivo, glorioso, resucitado, en Persona, en la Sagrada Eucaristía, en el Sagrario.

         Hagamos entonces el propósito de tener siempre a Cristo Eucaristía en la mente y en el corazón, para que todo lo que hemos aprendido y todo lo que nos quede por aprender, sea siempre para mayor gloria de Dios y salvación de nuestras almas.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Tomar la Primera Comunión es comenzar a vivir una vida nueva en Cristo

 



(Homilía en ocasión de Santa Misa de Primeras Comuniones, Fronterita, Leales)

         ¿Qué es recibir la Primera Comunión?

         Visto desde afuera, es como si alguien recibiera en su boca un pedacito de pan blanco, sin levadura.

         Sin embargo, tomar la Primera Comunión es algo muy distinto, porque la Eucaristía no es un pedacito de pan, es una Persona, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, que está vivo, glorioso, resucitado, en persona, en la Eucaristía. Jesús baja del cielo, en la Santa Misa, para quedarse en la Eucaristía, para que nosotros lo recibamos en nuestros corazones, que deben estar purificados por la gracia que recibimos en la Confesión sacramental.

         Entonces, si recibir la Primera Comunión no es comer un pedacito de pan, sino recibir a una Persona, al Hijo de Dios, entonces la Primera Comunión es comenzar una nueva vida en la que Jesús es el centro. Recibir la Primera Comunión es recibir a Jesús en Persona y como es una persona -la Segunda de la Trinidad-, entonces comulgar es establecer una relación de vida y de amor con Dios Hijo, con Jesús. Cuanto más lo reciba en mi corazón, con amor, con fe, con piedad, en estado de gracia, tanto más crecerá mi amistad y mi amor con Jesús Eucaristía.

         Muchos pueden decir: “Yo no siento nada, no escucho a Jesús, no veo a Jesús” y es así, porque no vemos ni escuchamos a Jesús con los ojos y los oídos del cuerpo, pero no porque no lo veamos, no quiere eso decir que Jesús no esté Presente, en Persona, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía. Por eso es tan importante y tan hermoso recibir la Comunión, porque es recibir a Jesús en Persona, quien me da todo el Amor de su Sagrado Corazón.

         No cometamos el error de muchos niños y jóvenes, para quienes la Primera Comunión es la última, porque luego nunca más vuelven a la Iglesia para recibir a Jesús. Primera Comunión no significa “última”, sino la primera de muchas, tantas como pueda recibirlas. Además, si recibir la Comunión es lo más hermoso de esta vida, ¿porqué nos vamos a privar de lo más hermoso que tiene esta vida?

         Antes de comulgar por primera vez, digamos esta oración a Jesús: “Querido Jesús Eucaristía, Tú bajas desde el cielo en cada Santa Misa, para venir a mi corazón y para darme tu Amor; ayúdame a recibirte con amor y piedad y que esta Primera Comunión sea la primera de muchas más. Jesús Eucaristía, Tú me das tu Corazón en cada comunión, yo a cambio te doy mi pobre corazón, para que lo enciendas en el Fuego de tu Amor. Amén”.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Por el Espíritu Santo recibido en la Confirmación, somos convertidos en soldados de Cristo

 



Cuando recibimos el Sacramento de la Confirmación, el Espíritu Santo en Persona ingresa en nuestras almas, para convertirnos en templos suyos, en templos del Espíritu Santo y para convertir nuestros corazones en altar de Jesús Eucaristía.

Pero, además, el Espíritu Santo realiza en nosotros muchas otras cosas y entre ellas, está la de convertirnos en soldados de Cristo. Ser soldados de Cristo quiere decir ser pertenecer a la Iglesia Militante, a la Iglesia que peregrina en la tierra hacia la Jerusalén celestial, en el Reino de los cielos y que en ese peregrinar debe luchar contra los enemigos de la Fe Católica, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y contra las “potestades de los aires”, es decir, los demonios, los ángeles caídos.

El Espíritu Santo, entonces, nos convierte en soldados de Cristo y para saber qué significa eso en la realidad de todos los días, recordemos qué es lo que hace un soldado en la tierra, como por ejemplo, un soldado de nuestro Ejército Argentino. El soldado, en primer lugar, está para defender a la Patria; no está para atacar a nadie injustamente, sino para defender la Patria, cuando la Patria es agredida injustamente. Eso es lo que pasó en Malvinas, por ejemplo, los soldados argentinos lucharon para defender a nuestra Patria, que estaba siendo ocupada -y lo sigue estando- por los usurpadores británicos.

De la misma manera a como un soldado en la tierra defiende a la Patria, así un soldado de Cristo defiende a Cristo, pero no a cualquier cristo, sino al Único Cristo Verdadero, el Cristo de la Iglesia Católica, el Cristo Eucarístico, el Dios del sagrario y lo defiende de los enemigos de la Santa Fe Católica y del Altar Eucarístico. Y las armas que utiliza el soldado de Cristo, no son armas materiales, sino armas espirituales, principalmente la penitencia, el ayuno, la oración, el Santo Rosario y los Sacramentos, sobre todo la Confesión y la Sagrada Eucaristía. De entre muchísimos soldados de Cristo, se destacan los valientes cristeros, los soldados mexicanos católicos que defendieron con sus vidas a Cristo y a la Iglesia Católica, como el mártir adolescente San José Sánchez del Río.

Y así como un soldado de la tierra rinde homenaje a su Patria honrando a su bandera, así el soldado de Cristo le rinde honores, adorándolo en el altar de su corazón, cuando Cristo Dios ingresa en su alma por medio de la Comunión Eucarística.

jueves, 27 de octubre de 2022

En la Confirmación el Espíritu Santo convierte sus cuerpos en su templo y sus corazones en altares de Jesús Eucaristía

 


(Homilía en ocasión de Santa Misa de Confirmaciones)


¿Qué sucede en la Confirmación?

A decir verdad, suceden varias cosas, pero nos detendremos en un solo aspecto: cuando alguien recibe el Sacramento de la Confirmación, su cuerpo se convierte en algo especial, en algo más valioso que todo el oro del mundo entero: se convierte en templo del Espíritu Santo. Además, el corazón se convierte en altar en donde debe ser adorado única y exclusivamente, Jesús Eucaristía.

¿De qué manera el cuerpo se convierte en templo del Espíritu Santo? Lo hace porque, en primer lugar, Nuestro Señor Jesucristo lo “compró”, por así decirlo, a un precio altísimo, al precio de su Preciosísima Sangre derramada en la Cruz y vertida en el Cáliz del altar.

Para darnos una idea de cómo el cuerpo es templo del Espíritu Santo, imaginemos que nuestro cuerpo es como este templo: el altar es el corazón, las paredes y el techo son la cabeza y el resto del cuerpo. Ahora hagamos este ejercicio de reflexión: a este templo material, en el que estamos celebrando la Santa Misa, ¿podríamos convertirlo en un establo para caballos, por ejemplo? Por supuesto que no, porque sería una gran ofensa a Jesús Eucaristía; de la misma manera, no podemos dejar que las pasiones sin la gracia -ira, envidia, gula, lujuria- dominen nuestro cuerpo. A este templo, ¿podríamos pintarlo con toda clase de letreros, de frases indecentes? Por supuesto que no, y por eso no podemos hacernos tatuajes en nuestro cuerpo. A este templo, ¿podríamos poner música a todo volumen, música indecente, que incite a cosas malas, y podríamos colocar luces de colores, como se hace un lugar donde se va a bailar? ¿Podríamos consumir cosas que no se deben consumir? Por supuesto que no, y por esa razón, nuestro cuerpo no puede escuchar música inapropiada, ni tampoco beber cosas que no se deben beber, ni consumir cosas que no se deben consumir.

En otras palabras, a partir de la Confirmación, nuestro cuerpo es sagrado y por este motivo es que el cuerpo debe ser tratado con respeto, con veneración, porque ya no nos pertenece: es propiedad del Espíritu Santo. Esto incluye muchas cosas, como por ejemplo, no escuchar música indecente, no mirar cosas que no se deben mirar, no colocarse tatuajes, no colocarse cosas de metal incrustadas en la piel, no modificarlo con  cirugías innecesarias -hay quienes se hacen cirugías para parecerse a marcianos, o a vampiros, por ejemplo-.

Por el contrario, en nuestro cuerpo deben resonar cantos de alabanza a Dios, de adoración a Jesús Eucaristía y así como en el altar y en el sagrario se adora a Jesús Eucaristía, así también en nuestro corazón no se debe adorar a nadie más que no sea Jesús Eucaristía. Por el Sacramento de la Confirmación, nuestro cuerpo es propiedad del Espíritu Santo, es templo del Espíritu Santo, del Amor de Dios y por eso debemos cuidarlo y respetarlo.

sábado, 22 de octubre de 2022

En la Eucaristía, Jesús nos da su Sagrado Corazón

 



Una vez, en una de sus apariciones a Santa Margarita, Jesús le dijo lo siguiente: le dijo que le diera su corazón y la santa así lo hizo, entregándoselo a Jesús. Ella decía que su corazón, comparado con el horno de fuego que era el pecho de Jesús, era como un granito de arena en un inmenso horno de fuego.

Entonces Jesús tomó el corazón de la santa y lo introdujo en su pecho, luego lo sacó y se lo devolvió, pero no ya como corazón de carne, sino como una llama en forma de corazón. Estas llamas eran las llamas del Amor de Dios, el Espíritu Santo, las mismas llamas que envuelven al Sagrado Corazón. El Sagrado Corazón había convertido al corazón de Margarita en una pequeña copia de su propio Corazón Divino.

Cuando pensamos sobre esta experiencia, nos ponemos a pensar cuán dichosa fue la santa, porque Jesús convirtió su corazón en una copia del suyo. Pero cuando nos ponemos a pensar bien, con cada Comunión Eucarística -y no solo con la Primera Comunión-, Jesús hace con nosotros algo infinitamente más grande y hermoso: a nosotros, Jesús no nos pide nuestro corazón para introducirlo en su pecho, sino que NOS DA su propio Sagrado Corazón en la Eucaristía, para que nosotros lo introduzcamos en nuestros pechos por la Comunión. Y una vez que el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús está en nuestro pecho, le transmite las llamas del Divino Amor, el Espíritu Santo, para que nuestros corazones se incendien de amor con el Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo. Aunque no sintamos nada, si recibimos la Eucaristía con fe y con amor y en estado de gracia, después de confesarnos, lo que sucede es eso: el Sagrado Corazón nos comunica su Amor, el Espíritu Santo, para que nuestros corazones ardan en el Fuego del Divino Amor. Por esta razón es que no hay nada más hermoso, en esta vida, que recibir la Sagrada Comunión, porque lo que recibimos, que por fuera parece un pan, en realidad es el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. Cuando nosotros vemos una imagen del Sagrado Corazón, vemos una representación, pero en la Eucaristía, el Sagrado Corazón está vivo, palpitando de Amor Divino; está real, glorioso, resucitado, deseoso de concedernos su Amor.

Ustedes van a recibir ahora al Sagrado Corazón en la Eucaristía por primera vez, y eso es lo más hermoso que le puede pasar a una persona en esta vida. No cometan el error de muchos niños y jóvenes, para quienes la Primera Comunión es la última, porque nunca más vuelven a recibir a Jesús Eucaristía. En cada Santa Misa, Jesús repite el milagro de bajar del Cielo para dejar su Corazón en la Eucaristía, para que nosotros lo recibamos con un corazón puro y lleno de amor. Si ustedes no vienen a recibir al Sagrado Corazón en las misas de Domingo, Jesús se queda triste y solo en el sagrario. Hagamos el propósito de asistir a la Santa Misa del Domingo, para recibir al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.