Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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sábado, 9 de julio de 2016

El 9 de Julio explicado a niños


         En el día en el que nuestra Patria cumple 200 años, y siendo la Patria un regalo de Dios, es muy importante recordar sus orígenes y saber cómo nació, para que así seamos capaces de amarla cada vez, del mismo modo a como un niño ama cada vez más a su madre, al recordar el amor con el que su madre lo trajo al mundo.
         Lo que tenemos que saber es la Independencia del 9 de Julio de 1816 no se hizo de un día para otro: es más, comenzó a gestarse el 25 de Mayo de 1810; es decir, el 9 de Julio es la finalización de la Independencia declarada por la Primera Junta.
         Nuestra Patria proclamó su Independencia, pero no a través de una “revolución”, porque cuando se dice “revolución”, se quiere significar que hubo toda clase de cosas malas, como traiciones y mentiras. Nada de eso hubo en los patriotas de Mayo de 1810 y de Julio de 1816, porque la independencia no fue un acto de rebelión, como cuando un hijo malo se enoja injustamente con sus padres. La Independencia fue, por un lado, una proclamación de fidelidad al Rey de España, Fernando VII, que estaba preso por los franceses; por otro, fue un acto de madurez, porque decidimos los argentinos que, conforme a la ley vigente en ese entonces, debíamos asumir nuestro auto-control, nuestro auto-dominio y nuestra independencia, al no estar nuestra Madre Patria, España, en condiciones de gobernarnos y defendernos de las potencias extranjeras, como Francia e Inglaterra. Es como cuando un hijo bueno, respetando y amando a sus padres, decide irse a vivir solo para formar su familia, porque sus padres ya no pueden sostenerlo: ama a sus padres, pero desde ahora, forma una nueva familia con su esposa e hijos, y así es como podemos comparar nuestra independencia, porque los patriotas de Mayo y de Julio, se independizaron sólo políticamente de España, pero no renegaron, en ningún momento, de los dos legados más preciosos que nos dejó nuestra Madre Patria España: la religión católica y su cultura e idioma. Si los patriotas no se hubiesen independizado, las potencias extranjeras –Francia e Inglaterra- habrían invadido nuestra Patria, partiéndola en pedacitos cada vez más chicos, y nos habrían hecho desaparecer.
         Que nos hayamos independizado, no quiere decir que hayamos renegado de nuestra Madre Patria España; por el contrario, fue un acto de fidelidad al Rey de España, al tiempo que un acto de madurez, por el que ya asumíamos nuestro propio destino como Nación independiente. Y dice un patriota de 1810, Fray Francisco de Paula Castañeda, que la independencia “no fue obra nuestra, sino de Dios”, por lo que también debemos estar agradecidos eternamente, porque entonces fue Dios mismo quien nos hizo nacer como Nación. Por otra parte, los Congresistas de Tucumán firmaron la Declaración de la Independencia al pie de la Santa Cruz de Jesús, un crucifijo de los franciscanos llamado “Cristo de los Congresales”, con lo cual podemos decir que la Declaración de la Independencia fue firmada por los Congresales, pero fue sellada por el sello del Rey del cielo, la Sangre de Nuestro Señor Jesús.
          Y del mismo modo a como un niño, al nacer, es arropado por su mamá, para protegerlo de las inclemencias del tiempo, así también nuestra Patria, al nacer bajo la Santa Cruz de Jesús, estuvo arropada y envuelta en el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, porque su Bandera Nacional fue creada por el General Manuel Belgrano con los colores del manto de la Virgen de Luján, de quien era ferviente devoto, para así rendir su homenaje a la Madre de Dios.
         Entonces, nuestra Patria nació así: bajo la Santa Cruz de Jesús y arropada en el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján. Si queremos ser fieles hijos de nuestra Patria amada, debemos siempre recordar sus orígenes sagrados y agradecer a quienes nos dieron la Patria: Jesús crucificado y la Virgen de Luján, y el mejor modo de agradecer postrados ante los altares, besando los pies de Jesús en la cruz y besando el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, de donde fueron tomados los colores de nuestra Enseña Nacional.



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