Nacer
Niños y Adolescentes Adoradores de Cristo Eucaristía
Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud
lunes, 5 de enero de 2026
domingo, 26 de octubre de 2025
Qué es Halloween explicado para niños
Primero veamos
qué es lo que parece ser Halloween, o qué es lo que nos dicen que es Halloween.
-Una
fiesta inocente
-Una
fiesta donde solo se hacen travesuras y se comen dulces y cosas ricas
-Una
fiesta en donde los niños se divierten y los adultos salen a bailar
-Una fiesta
de disfraces
-una
fiesta divertida
-una
fiesta de la familia
-una
fiesta para niños y adolescentes y en donde los adultos también se divierten
-La
gente se disfraza y los disfraces parecen inocentes y divertidos
-Los
niños reciben dulces a cambio de una simple broma
-Las
familias están todas en un ambiente festivo y preparan cosas ricas, como para
cuando es Navidad o Año Nuevo
Qué nos dicen los que participaron de Halloween y se
arrepintieron:
No es
una fiesta inocente
No es
una fiesta de disfraces
Es una
fiesta satánica
Los disfraces
no son inocentes y tienen una sola temática: muertos, demonios, brujas,
fantasmas, espectros, vampiros, hombres-lobos, esqueletos, zombies, muertos
vivientes, etc.
Ningún
disfraz es de algo bueno o inocente o que recuerde la santidad de Dios y del
Reino de los cielos
Astrológicamente,
Halloween se asocia con la temporada de Escorpio,
un signo de agua que rige la transformación, la muerte, el renacimiento y los
misterios ocultos.
Origen real: “Los orígenes de Halloween vienen del Samhain,
una festividad que los pueblos celtas celebraban la tarde del 31 de octubre y
que marcaba el fin del período de cosecha y la llegada del invierno
en el hemisferio norte. Los celtas creían que la noche del Samhain se corría el
velo que separaba al mundo de los vivos del mundo de los muertos”.
Hace miles de años los pueblos celtas paganos crearon
fiestas estacionales en sincronía con los momentos de siembra, cosecha y descanso de
la tierra. El Samhain, por ejemplo, se hacía en una fecha a mitad del equinoccio de septiembre y
el solsticio de diciembre y se consideraba una antesala al invierno.
Esta civilización creía
que, por una noche, el límite entre el mundo terrenal y el de los espíritus se
borraba. Los fantasmas vagaban con los vivos sin que éstos lo
advirtieran. Por este motivo, los celtas encendían grandes fogatas para
ahuyentarles.
Halloween es una festividad de demonios, de ángeles caídos y de muertos condenados en el infierno
Así como
el Cielo celebra a sus habitantes en el Día de Todos los Santos, así el infierno
celebra a los habitantes del Infierno (demonios, condenados)
El día
de Halloween se reúnen los brujos y las brujas en los covens para hacer
oraciones de insultos contra Dios, Jesús, la Virgen y los santos
El día
de Halloween se hacen misas negras o satánicas
El día
de Halloween se celebra al Demonio como rey de Infierno
En el
día de Halloween se profana la Eucaristía
En Halloween
se secuestran niños para sacrificarlos al demonio
En Halloween
es el día en el que más ofensas se hacen contra Jesús Eucaristía, contra la
Virgen y contra la Santa Misa.
La devoción de Nuestra Señora de la Eucaristía surge para
reparar todas las ofensas contra Jesús en la Eucaristía
sábado, 4 de octubre de 2025
Homilías para niños de Primera Comunión y de Confirmación 2025
Homilías para niños de Primera Comunión y de
Confirmación 2025
Queridos
niños, ustedes están por recibir un “sacramento”, que significa “misterio”,
significa algo que es “sagrado”, algo que se realiza, que se confecciona, en el
Altar y lo realiza Dios, Jesús, a través de su representante, que es el
sacerdote ministerial. Esto quiere decir que NADIE MÁS que un sacerdote puede
realizar este sacramento, en este caso, la Eucaristía. Si alguien que no fuera
sacerdote intentara hacerlo, sería inválido, es decir, no habría Eucaristía.
¿Qué
sucede en la Santa Misa? Sucede algo invisible, por medio de los visible.
Cuando el sacerdote dice “Esto es mi Cuerpo, Esta es mi Sangre”, es Jesús quien
pronuncia estas palabras y con el poder de su Espíritu Santo, baja desde el
cielo con la cruz y convierte el pan, que es pan sin levadura, en su Cuerpo y
luego convierte el vino del Cáliz en su Sangre. Esto es lo que se llama
“misterio de la fe”, porque es un misterio que no podemos entender, pero que
tenemos que creer, porque así sucede en la realidad. Por eso después, cuando
nosotros comulgamos, no comulgamos un poco de pan ni bebemos un poco de vino,
sino que comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, aunque tengan sabor a pan
y a vino; tienen sabor a pan y a vino, pero son el Cuerpo y la Sangre de
Cristo. Por eso nunca debemos comulgar en la mano, sino de rodillas y en la
boca.
Y como
Jesús Eucaristía es el Dios del cielo y de la tierra, debemos pedirle a la
Virgen que prepare nuestro pobre corazón para que reciba a este Gran Rey del
cielo, que ha querido venir a nuestra pobre morada, no porque tenga obligación
con nosotros, sino porque nos ama con un amor infinito. Cada vez que Jesús
viene a nosotros por la Eucaristía, nos hace el regalo del Amor de su Sagrado
Corazón Eucarístico, que es el Espíritu Santo, por eso, como dice el dicho,
“Amor con amor se paga”, entonces, si Jesús viene a darme su Amor, yo debo a
cambio darle todo el amor de mi pobre corazón y así, después de comulgar, tengo
que permanecer concentrado, diciéndole a Jesús Eucaristía: “Jesús Eucaristía,
te doy gracias, por haber bajado del cielo para venir a mi pobre corazón, para
darme el Amor de tu Sagrado Corazón; toma a cambio, por manos de la Virgen
María, el pobre amor de mi corazón y jamás permitas que aparte de Ti. Amén”.
Para los
niños que van a recibir la Confirmación.
Ustedes
van a recibir un Sacramento, algo sagrado; en este caso, van a recibir, cuando
el obispo les imponga las manos en la cabeza, a una Persona, la Tercera Persona
de la Trinidad, el Espíritu Santo, el Amor de Dios. ¿Bajo qué figuras aparece
el Espíritu Santo en las Escrituras? Bajo la figura de fuego y la de viento. Si
aparece bajo la figura de fuego, entonces, ustedes van a recibir un Fuego
espiritual, pero eso no quiere decir que van a sentir ardor como si se
estuvieran quemando con fuego; no van a sentir nada, porque es fuego espiritual
y el fuego espiritual no se siente. Pero sí pueden hacer lo siguiente: cuando
vayan a pasar, imaginen que sus corazones son como el carbón, que es negro,
seco, frío, para que cuando el obispo les imponga las manos y ustedes reciban
al fuego del Espíritu Santo, sus corazones se enciendan en el Fuego del Divino
Amor, es decir, se conviertan en brasas ardientes: luminosas, quemantes, que
dan calor con el calor del Amor de Dios, el Espíritu Santo; también pueden
imaginar que sus corazones son como el pasto seco, para que al contacto con el
Fuego del Espíritu Santo se enciendan en el Fuego del Amor Divino; o también
que sean como la leña seca, para que al contacto con el Fuego del Espíritu
Santo ardan de Amor a Dios. Todo esto pueden y deben pensar e imaginar ustedes,
sabiendo que no van a sentir nada, porque como dijimos, el Espíritu Santo que
van a recibir en la Confirmación es un fuego espiritual y no se siente, pero sí
obra espiritualmente, así que le pueden pedir a la Virgen que haga que sus
corazones sean así, para que arda en el Amor de Dios.
Cada uno
de ustedes tiene que hacer este trabajo espiritual, para recibir con provecho
los sacramentos, ya sea la Eucaristía o la Confirmación ya que si ustedes no
los hacen por ustedes mismos, nadie los puede hacer por ustedes.
lunes, 30 de diciembre de 2024
Los niños y adolescentes de la Infancia y Adolescencia Misionera tienen el encargo de anunciar a Cristo, Presente en la Eucaristía y en la Cruz
(Homilía para la IAM)
La
Infancia y Adolescencia Misionera tienen una característica que está definida
por su nombre y es el de la “misión”. Por eso podemos preguntarnos qué significa
la palabra “misión”, para recordar y tener presentes cuáles son los objetivos
de la IAM.
Según la
Real Academia Española, la palabra “misión” significa “Acción
de enviar” y también “Poder, facultad que se da a alguien de ir a desempeñar
algún cometido”[1].
Es decir, el misionero es aquel que “es enviado” y además de ser enviado, recibe
un poder para “desempeñar un cometido”, es decir, para hacer algo.
Los integrantes de la IAM, entonces,
son “enviados para cumplir un encargo”.
¿De qué se trata este envío y este
encargo que tienen los integrantes de la IAM?
Al ser un grupo católico, debemos tener
en cuenta que antes de todo, todos los católicos, desde el Bautismo, somos
enviados y tenemos que cumplir un encargo de parte de Dios. El envío es hacia
el mundo y el encargo a cumplir, como todo bautizado, es el de anunciar la
Buena Noticia de Jesucristo. Este mismo envío lo tienen los integrantes de la
IAM: son niños y adolescentes misioneros, es decir, enviados para cumplir un
encargo. ¿Enviados por quién y para qué? Enviados por Dios Padre, para dar testimonio
de Nuestro Señor Jesucristo, bajo el carisma propio de la IAM.
Entonces, los niños y jóvenes de la
IAM, son enviados con el encargo de anunciar el Evangelio, la Buena Noticia de
Jesucristo. ¿Cuál es esa novedad? La unión con Cristo Eucaristía, en el Amor de
Dios, el Espíritu Santo, para ser llevados por el Espíritu Santo al seno del
Padre.
Para poder cumplir con su misión, el
integrante de la IAM debe primero conocer a Jesucristo, para así amarlo y darlo
a conocer, porque nadie ama lo que no conoce, como dice el dicho. Y este
conocimiento de Jesucristo, se hace por medio de la oración y por la frecuencia
de los sacramentos, por eso los niños y jóvenes de la IAM deben hacer oración y
deben frecuentar los sacramentos, ya que es la única forma de conocer y amar a
Jesucristo.
Por último, el primer lugar en donde
la IAM debe misionar, es en la propia familia: los integrantes de la familia
son los primeros prójimos que tienen que recibir la caridad, el amor, la
paciencia, la humildad, la dulzura, la comprensión, de parte de los niños y
jóvenes de la IAM; luego, eso mismo, lo deben transmitir a todo prójimo. Es decir,
el integrante de la IAM debe entonces, conocer y amar a Jesucristo, que está en
Persona en la Eucaristía y luego transmitir ese amor recibido de parte de Jesús
y comunicarlo, primero a los integrantes de la familia y luego a todo prójimo,
como el prójimo es imagen de Dios y esto quiere decir que, así como tratamos a
nuestro prójimo, como integrantes de la IAM, es así cómo tratamos en realidad a
Dios. Y así, amando a Dios y al prójimo, los integrantes de la IAM cumplirán la
hermosa tarea recibida de Dios y de la Iglesia: anunciar a todo el mundo la
Buena Noticia de Nuestro Señor Jesucristo.
miércoles, 9 de octubre de 2024
Santa Misa de Primeras Comuniones
(San José en Alto Verde, Concepción, Tucumán,
Argentina)
Para saber
qué es lo que vamos a recibir en la Comunión, tenemos que saber qué es lo que
sucede en la Santa Misa, porque la Santa Misa y la Comunión están unidas
inseparablemente.
¿Qué
sucede en la Santa Misa?
En la Santa
Misa sucede algo invisible, algo que no podemos ver con nuestros ojos del
cuerpo, pero que igualmente sucede y esto pasa principalmente cuando el
sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino y pronuncia las palabras de
la consagración diciendo las mismas palabras que dijo Jesús en la Última Cena: “Esto
es mi Cuerpo”, “Este es el Cáliz de mi Sangre”.
En ese
momento, cuando suena la campanita para que todos se arrodillen, lo que sucede
es que Jesús, que es Dios, baja desde el Cielo con su Cruz -acompañado de miles
de millones de ángeles de luz y también de todos los santos y por supuesto
también está la Virgen, su Mamá y nuestra Mamá- y cuando Jesús baja desde el
Cielo hasta el Altar, deja su Cuerpo en la Hostia y así la Hostia, que hasta
entonces era solo pan de trigo, deja de ser pan de trigo para ser el Cuerpo de
Jesús, y también Jesús derrama su Sangre, la Sangre que sale de sus manos, de
sus pies, de su costado traspasado, sobre el Cáliz y así el vino que había en
el Cáliz deja de ser vino y se convierte en la Sangre de Jesús; por eso es que nosotros,
cuando comulgamos, no comulgamos pan y vino, sino que comulgamos “el Cuerpo y
la Sangre” de Jesús, es decir, la Sagrada Eucaristía.
Esto es
entonces lo que sucede en la Santa Misa: Jesús convierte el pan y el vino en su
Cuerpo y en su Sangre; convierte el pan y el vino en la Eucaristía y es lo que
ustedes van a recibir por primera vez, por eso se llama “Primera Comunión”,
porque van a recibir por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús, la Sagrada
Eucaristía.
Cuando comulgamos,
cuando recibimos la Eucaristía, no recibimos un pedacito de pan: recibimos el Cuerpo
y la Sangre de Jesús, recibimos el Corazón de Jesús, que late con el Amor de
Dios en la Eucaristía. Y cuando comulgamos, cuando recibimos al Corazón de
Jesús, el Corazón de Jesús se funde con nuestro pequeñito corazón -el Corazón
de Jesús es como un horno gigante de fuego de Amor y nuestro corazón es como
una chispita pequeñita que entra dentro de ese horno gigante- y se funde con
nuestro corazón para darnos todo el Amor de Dios, el Espíritu Santo.
Por eso,
no hay nada más importante, ni hermoso, ni maravilloso, ni bonito, ni grandioso,
que recibir la Comunión, porque recibir la Comunión es recibir a Jesús, que es
Dios y Dios nos da su Amor, que es infinito y es eterno, gigante, dura para
siempre, para siempre, porque nadie nos ama más que Dios, nadie nos ama más que
Jesús.
No seamos
como la inmensa mayoría de niños y jóvenes, que hacen la Comunión y dejan de
recibir a Jesús y así se pierden lo mejor y lo más lindo de esta vida, que es
recibir la Eucaristía, recibir al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.
domingo, 5 de noviembre de 2023
Santa Misa de Primeras Comuniones
En la
Santa Misa se confecciona, se realiza, se produce, un sacramento, la Eucaristía.
Como todo
sacramento, la Eucaristía tiene dos partes: una visible y otra invisible.
La parte
visible es lo que vemos, oímos, sentimos: el altar, las oraciones, los libros,
etc,.
La parte
invisible es lo que no vemos, pero que igualmente sucede porque sin lo invisible,
no hay sacramento.
Lo visible
viene de la tierra; lo invisible, viene del cielo.
Entonces,
en la Santa Misa, en el altar, sucede algo visible y algo invisible: lo invisible
consiste en que Jesús EN PERSONA baja desde el Cielo y convierte el pan en su
Cuerpo y convierte el vino en su Sangre, que queda en el Cáliz; por eso el pan
deja de ser pan y se convierte en el Cuerpo de Cristo y el vino deja de ser
vino y se convierte en la Sangre de Cristo. En ese momento debemos hacer silencio interior y exterior, porque Cristo está misteriosamente en el sacerdote, obrando el milagro.
Por eso
cuando comulgamos, no comulgamos pan, sino el Cuerpo de Jesús y no bebemos el
vino sino la Sangre de Jesús.
Cuando comulgamos
no comulgamos pan, aunque a los ojos y al gusto parezcan pan, sino que
comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, comulgamos a Jesús en Persona;
cuando comulgamos, recibimos con la boca la Eucaristía y con el corazón a Jesús
que en Persona viene a nuestros corazones por la Comunión.
Antes de
comulgar y cuando hemos comulgado, debemos hacer un acto de amor y de adoración
interior, en silencio, sin que nos importe nada de lo que pasa en el exterior,
concentrándonos en nuestro interior, porque Jesús está en nuestros corazones. No
vamos a sentir nada sensiblemente, pero eso no quiere decir que Jesús no esté;
aunque no sintamos nada, Jesús está en nuestros corazones por la Eucaristía y
por eso debemos regresar a nuestros asientos luego de la Comunión,
arrodillarnos y dar gracias a Jesús por haber bajado desde el cielo para venir
a nuestros corazones.
Este
hermosísimo milagro sucede en cada Misa; Jesús baja desde el Cielo, acompañado
por su Madre, la Virgen y por cientos de miles de ángeles y santos y el altar
se convierte en una parte del Cielo, deja de ser de cemento para ser de cielo,
donde está Jesús.
Jesús
hace este milagro en cada Misa para venir a nuestros corazones, para que lo
recibamos a nuestros corazones; deja el cielo en donde está con sus ángeles y santos,
para estar con nosotros, para darnos el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico.
No hay
nada más hermoso en el mundo que recibir a Jesús con el corazón purificado por
la confesión, en la Sagrada Eucaristía.
Los niños
deben preguntarse: si Dios quiere darme su Amor, el Espíritu Santo, ¿yo me voy
a quedar durmiendo o jugando o viendo televisión? Para eso tengo todo el día,
primero voy a recibir al Corazón de Jesús en la Eucaristía y después todo lo
demás.
Algo que
deben tener en cuenta los papás es que son responsables ante Dios por sus
hijos, porque van a responder ante el Juicio de Dios, en el Juicio Final, por
si se preocuparon o no por traerlos los Domingos para que reciban a Jesús
Eucaristía, al menos hasta que cumplan la mayoría de edad.
jueves, 20 de julio de 2023
El Divino Niño Jesús
Es
una devoción muy antigua entre los católicos; en antiguos escritos se indica
que la devoción al Divino Niño empezó en el Monte Carmelo (Israel),
donde, según la tradición, Jesús iba frecuentemente a pasear y a rezar con sus
padres, San José y la Virgen María, y sus abuelos San Joaquín y Santa Ana[1]. Para los católicos, el
honrar esta edad de Jesucristo, la Santa Infancia, es un recordatorio de cómo
Dios ama la inocencia y la pureza de cuerpo y alma[2].
Ya
hacia el año 1200 San Francisco de Asís dispuso recordar con mucha solemnidad
la Navidad haciendo un pesebre lo más parecido posible al de Belén y
representando al Divino Niño con un niño recién nacido, recordando al mismo
tiempo la gran bondad del Hijo de Dios al quererse hacer hombre, sin dejar de
ser Dios, para salvar nuestra alma.
También
San Antonio de Padua fue un entusiasta devoto del Niño Jesús quien, según la
tradición, se le apareció mientras meditaba en las Escrituras, razón por la
cual se retrata al santo con el Divino Niño.
Otro
santo al que se le presenta en las imágenes teniendo entre sus brazos al Niño
Jesús es San Cayetano, el cual lo que necesitaba pedir lo pedía por los méritos
de la infancia de Jesús. Además de los santos, millones de católicos han obtenido
favores y gracias a Dios, por los méritos de la infancia de Jesús y han
conseguido milagros inimaginables y esto se corresponde con la promesa que
Jesús le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, en el año 1636:
“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración
será escuchada”.
Modernamente
los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén fueron
Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz. De manera especial, Santa Teresa
de Jesús le tenía un gran amor al Divino Niño y un día tuvo una experiencia
mística con el Divino Niño: estaba Santa Teresa en el Convento, al pie de unas
escaleras, cuando contempló a un niño; entonces la santa, que todavía no se había
dado cuenta que era Jesús Niño, le dijo: “Yo soy Teresa de Jesús, ¿y tú quién
eres?” Y el Divino Niño le respondió: “Yo soy Jesús de Teresa”, luego de lo
cual desapareció y ahí fue cuando Santa Teresa de Ávila se dio cuenta que era
el Niño Jesús. Como recuerdo de esta visión la santa llevó siempre en sus
viajes una estatua del Divino Niño, y en cada casa de su comunidad mandó tener
y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre ella misma dejaba de
regalo al despedirse.
Existen
alrededor de todo el mundo muchas figuras e imágenes representando al Niño
Jesús mediante las cuales se han obtenido grandes milagros. Entre las más
conocidas se encuentran: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo
Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso
Niño Jesús de Bogotá en Colombia, entre otros.
Por
último, podemos preguntarnos: ¿qué representa el Divino Niño para los católicos?
Ante
todo, es un recuerdo de cómo Dios Hijo, siendo el Hijo Eterno del Eterno Padre,
quiso encarnarse por obra del Espíritu Santo, en el seno virginal de María
Santísima, para así manifestarse ante nosotros, los hombres, como un “hijo de
hombre”, es decir, como un niño, aunque en realidad, su Padre no es San José,
que era casto y puro, sino Dios Padre. Nos recuerda entonces que el Verbo
Eterno del Padre, por quien todas las cosas, visibles e invisibles, fueron
creadas, siendo Dios, quiso atravesar todas las etapas de la vida humana, sin
dejar de ser Dios. Así, por ejemplo, si regresamos a las etapas anteriores del
Divino Niño -que en las imágenes debe tener unos nueve o diez años-, el Verbo
de Dios encarnado también pasó por todas las etapas que atraviesa un ser humano;
de esta manera, antes de ser Divino Niño, el Verbo Encarnado fue Divino Cigoto
-hay que recordar que los cromosomas paternos no pertenecen a ningún hombre,
sino que fueron creados por el Espíritu Santo en el momento de la Encarnación-,
luego Divino Embrión, al nacer fue el Divino Niño recién nacido, luego el
Divino Niño propiamente, luego el Divino Jesús Adolescente, el Divino Jesús
Joven, el Divino Jesús Adulto, en cuya edad terrena, a los treinta y tres, se
inmoló voluntariamente por nuestra salvación en el Santo Sacrificio de la Cruz,
Santo Sacrificio que se renueva cada vez, incruenta y sacramentalmente, en la
Santa Misa.
Representa
también el Divino Niño la pureza, la inocencia, el candor, de la niñez, pero no
solo de la niñez humana, sino la Pureza, Inocencia, Candor, del Acto de Ser
divino trinitario, del cual se deriva y es imagen la pureza, la inocencia y el
candor de la niñez humana. En otras palabras, si el niño es inocente, puro y
cándido, lo es ante todo Dios Uno y Trino, quien es la Inocencia Increada, la
Pureza Increada y la Candidez Increada y es eso lo que nos recuerdan cada niño que
vemos.
Quienes
somos ya adultos, poco y nada tenemos de esa pureza, inocencia y candor que tienen
los niños, imagen de la pureza, inocencia y candor del Divino Niño y aquí se
nos presenta un problema, porque Jesús nos advierte que no entraremos en el
Reino de los cielos, sino somos “como niños”, lo cual no quiere decir obrar de
modo infantil siendo adultos, sino ser “como niños”, tener la pureza, la inocencia
y el candor de los niños. Entonces, surge la pregunta: ¿cómo podemos ser como
niños, para entrar en el Reino de los cielos, si ya somos adultos? La respuesta
es: por medio de la gracia santificante que nos otorgan los sacramentos, porque
por la gracia participamos de la vida de la Trinidad y por lo tanto
participamos de la Pureza, de la Inocencia y del Candor de la Santísima
Trinidad. Al recordarlo en su día, le pidamos al Divino Niño Jesús que bendiga
y proteja a todos los niños del mundo, y que a nosotros nos conceda la gracia
de “ser como niños”, para así poder entrar en el Reino de los cielos.






