Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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sábado, 8 de septiembre de 2018

Charla para Padres de Niños de Catequesis



         Los padres de familia deben tomar conciencia de la importancia literalmente vital de la Catequesis para la vida espiritual de sus hijos. Así como se preocupan por la alimentación del cuerpo, porque es obvio que si no comen se desnutren y mueren por inanición, así también el alma debe alimentarse, de lo contrario, muere por hambre de Dios. El alimento del alma es la Palabra de Dios, que está en la Biblia, para ser leída y está en la Eucaristía, para ser consumida. Si un alma no se alimenta de la Palabra de Dios, irremediablemente muere. Los Padres de familia deben ser conscientes de que sus hijos tienen hambre, no solo corporal, sino espiritual, aun cuando no la expresen verbalmente. Es muy importante que acompañen a los hijos con sus tareas de Catecismo, así como los acompañan con las tareas de la escuela, para que les expliquen lo que no entiendan o acudan a quien está capacitado para buscar respuestas, ya sea el catequista o el sacerdote.
         Los Padres deben acompañar a sus hijos a la Santa Misa dominical, que es la Misa de precepto. La Misa para niños es a las 10.00, aunque pueden asistir a cualquier otro horario. Lo importante es que acudan con ellos a la Santa Misa y sobre todo es importante que vean a la Santa Misa como un encuentro personal con Jesús Eucaristía y como lo que es, la renovación incruenta del Santo Sacrificio del Calvario. Asistir a la Misa dominical debe ser la primera y más importante ocupación no solo del Domingo, sino de toda la semana. Los Padres deben también construir un pequeño altar, con un crucifijo, una imagen de la Virgen, de San Miguel Arcángel y de los santos a los que más devoción se les tenga y reunirse, al menos una vez a la semana, alrededor de este altar casero, para rezar todos juntos en familia.
Los Padres deben tomar conciencia que si no satisfacen esa hambre espiritual que sus hijos tienen, con la Palabra de Dios y los sacramentos, la satisfarán con el ocultismo, que hoy está más activo que nunca. En casi todos los programas de televisión y en las películas de cine y en internet, se presentan a la magia, a los duendes, a las hadas, como algo bueno, cuando en realidad son obra y tarea del Demonio. Un ejemplo clarísimo de cómo se enseña ocultismo a los niños son las películas de Harry Potter, pero hay decenas y decenas de programas destinados a niños y adolescentes cuyo contenido es claramente esotérico y satánico, disfrazándolos a estos como algo bueno e inocente.
         Los niños juegan con juegos satánicos como por ejemplo el Charly-Charly, el juego de la copa, el Mono espacial, el Juego de la muerte. Son juegos para nada inocentes; son diabólicos y traen todo tipo de cosas malas, que pueden terminar incluso con el suicidio de los niños y adolescentes. Estos juegos no tienen nada de inocente ni de bueno y son, en la práctica, una forma encubierta de espiritismo, nigromancia e invocación directa al demonio, que entra en las vidas de los niños y de las familias, así como un ladrón entra cuando se le deja abierta la puerta de casa. Los Padres deben vigilar y estar atentos y advertir a sus hijos que JAMÁS deben jugar a estos juegos, ya que son una invitación al demonio para que entre en sus vidas. Deben, por el contrario, enseñarles a acudir al Ángel de la Guarda, a San Miguel Arcángel, a la Virgen y a Nuestro Señor Jesucristo. Deben enseñarles también a huir de los lugares en donde haya alguna imagen del Gauchito Gil, de la Difunta Correa o de San La Muerte, ya que son servidores del Demonio y en el caso de San La Muerte, es el Demonio en persona.
         Otro aspecto a tener en cuenta es el ESI o Educación Sexual Integral, un programa de educación elaborado por el Ministerio de Educación según el cual los niños serán sustraídos de la esfera de educación de los padres, para ser introducidos en esta nefasta ideología que llama “bueno” a toda clase de perversión moral y sexual. Si los Padres no educan a los hijos según la doctrina moral de la Iglesia, los niños y adolescentes inevitablemente serán arrastrados por esta corriente de inmoralidad y será muy difícil o casi imposible que vuelvan a la visión correcta de la sexualidad y de la vida.

sábado, 16 de marzo de 2013

Sobre la Catequesis Familiar





         ¿Qué entendemos los católicos, generalmente, por “catequesis”?
         -Una especie de “educación religiosa” que se imparte en las parroquias.
         -Una materia sin ninguna importancia teórica ni práctica, afectiva ni espiritual.
         -Una pérdida de tiempo: es más provechoso que los niños asistan a rugby, fútbol, boy scotuts, etc.
         -Un complemento, cada vez menos importante, de la educación humanista y científica, que los niños reciben en la educación laica.
         -Un conocimiento de escaso valor en un mundo dominado por la ciencia, la técnica y la tecnología. De nada sirve rezar, si el hombre es capaz de inventar celulares de última generación y Play Station cada vez más sofisticadas.
         -Un cúmulo de conocimientos ligeros sobre religión cristiana, que de nada sirven para la vida real de todos los días.
         -Para los niños, una insoportable y pesada carga horaria, que se suma a las de la escuela, con la diferencia de que la Catequesis es más “aburrida”.
         -Para los padres, un compromiso inexistente, puesto que no acuden nunca o casi nunca a las reuniones de padres, ya que siempre tienen otras cosas “más importantes”, “más interesantes”, “más divertidas”, para hacer.

         Qué es la catequesis en realidad:
         Para el que enseña Catequesis, es una de las obras de misericordia espirituales más importantes, porque enseña las verdades más importantes de la vida, las verdades necesarias para la salvación eterna.
         Para el que recibe la Catequesis, es el conocimiento más importante de todos los conocimientos que pueda alcanzar en toda su vida. Aún si la persona aprendiera toda la ciencia del mundo, este conocimiento no sería ni la sombra de la Sabiduría celestial que adquiere por la Catequesis, porque se trata de una sabiduría celestial que nos hace conocer al Hombre-Dios Jesucristo y su misterio pascual de muerte y resurrección, por el cual salva a toda la humanidad.
         La Catequesis es una sabiduría que nos enseña cómo abrir y cerrar puertas: abrir las puertas del cielo y cerrar las puertas del infierno, para nosotros y para muchas almas. Abrimos las puertas del cielo si hacemos lo que aprendemos en la Catequesis, porque es una guía práctica de salvación, en donde conocemos todo lo que tenemos que hacer para salvarnos: asistir a misa los Domingos, confesarnos, rezar, obrar la misericordia, ser santos. Conocemos todo lo que tenemos que hacer para cerrar las puertas del infierno: evitar el pecado y toda clase de mal, vivir la vida de la gracia.
Por último, la Catequesis es una sabiduría celestial porque todo lo que la Catequesis enseña y a lo que la Catequesis nos conduce, está en la Cruz y en el Sagrario. Por eso, el que quiera aprender el Catecismo, y el que quiera repasar el Catecismo, si ya lo aprendió, debe contemplar la Cruz y arrodillarse frente al Sagrario. Sólo así podremos aprender y vivir toda la Sabiduría celestial que nos enseña la Catequesis.

Consejos prácticos para la Catequesis Familiar:
-Los padres deben ser los primeros catequistas de sus hijos. No puede ser que los niños aprendan recién a hacer la señal de la Cruz, en la Catequesis. No puede ser que los niños vengan al Catecismo y no sepan el Padrenuestro, el Avemaría, el Gloria, el Credo, las oraciones al Ángel de la Guarda, o las oraciones de bendiciones. Los padres tienen que enseñar a orar a los niños incluso desde antes que empiecen a leer o escribir.
-La familia es, según los Padres de la Iglesia, la “iglesia doméstica”: los padres cumplen la función del sacerdote, en el sentido de acercar a los niños a Dios, con el ejemplo de vida, de bondad, de paciencia, de caridad, enseñando a rezar y a obrar el bien con todos.
-La familia debe tener un lugar en el hogar, especialmente reservado para ello, en donde padres e hijos hagan oración: un altar, iluminado, con flores, con las imágenes de la Virgen, de Jesús, de San Miguel Arcángel, de los santos.
-La Biblia debe ser leída con frecuencia y meditada, y esto lo deben enseñar los padres con el ejemplo, siendo los primeros en acudir a la lectura y meditación de la Palabra de Dios.
-La familia debe consumir cada vez menos televisión, menos internet, menos celulares, menos Play Station, menos fútbol, menos política, y más lectura de vida de santos y películas católicas (vidas de santos, apariciones de la Virgen, etc.).
-El Domingo debe ser el día más importante de toda la semana, por ser el Día de la Resurrección de Jesús, y la Misa debe ser la actividad más importante del Domingo, por ser la renovación sacramental del sacrificio en Cruz de Jesús.
-Esto no quiere decir que “todo tiene que estar bien”, humanamente hablando, para que la familia acuda a Misa. La Santa Misa debe ser la actividad familiar y personal más importante de la semana, no sólo cuando humanamente “todo está en orden”, sino también -y sobre todo- en momentos de tribulación, de angustia, de dolor, de enfermedad. En la Misa está la fuente de la alegría, de la paz, del Amor y de la felicidad de la familia. Abandonar la Misa por el mundo es elegir la tristeza del mundo por la alegría de Dios, la paz de Dios por la guerra del mundo, el amor de las cosas mundanas por el Amor de Dios. En cada Santa Misa, Dios Padre nos da todo lo que posee y lo que más ama, su Hijo Jesús en la Eucaristía, su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, y por eso es una afrenta y un desprecio a su Amor que dejemos la Eucaristía abandonada en el altar, para mirar televisión o pasear.
-Los padres deben invitar a sus hijos a rezar el Rosario, y los hijos deben responder con amor y prontitud a esta invitación, porque por el Rosario descienden todas las gracias y bendiciones del cielo, necesarias para que la familia en pleno se salve y alcance el Reino de los cielos, su destino final. 
         

viernes, 23 de noviembre de 2012

Novena al Divino Niño




Divino Niño Jesús: Tú dijiste la venerable Margarita del Santísimo Sacramento en el año 1636: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada”. Confiados en tus palabras, te rezamos esta novena en tu honor, pidiéndote una intención distinta cada día.

Día uno: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
            “Querido Niño Jesús, te pedimos la gracia de tener siempre, en la mente y en el corazón, el mandamiento más importante de todos, el que nos abre las puertas del cielo: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Haz que demostremos nuestro amor a Dios asistiendo a Misa los Domingos, y a nuestro prójimo, brindando nuestro auxilio a los más necesitados, y a todos respeto, tolerancia, paz y amor. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


            Día dos: Honrar padre y madre.
“Querido Niño Jesús, Tú que siendo Niño honraste a tu padre adoptivo, San José, y a tu Madre, la Virgen María, obedeciéndoles en todo, tratándolos siempre con infinito amor y respeto; haz que nosotros, a imitación tuya, sepamos también amar y honrar a nuestros padres y mayores, obedeciéndolos en todo y siendo respetuosos, amables y agradecidos con ellos, y nunca permitas que cometas el pecado de la desobediencia y de la falta de respeto. Divino Niño, haz que nos santifiquemos en el amor a nuestros padres. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día tres: Morir antes que pecar.
“Querido Divino Niño, Tú que siendo Dios, te hiciste Niño en el seno de tu Mamá, la Virgen, sin dejar de ser Dios; Tú, que como Niño Dios eres el Lirio purísimo de los cielos, que con su fragancia de exquisito perfume deleita a los ángeles y santos en el cielo, haz que imitemos tu Santa Pureza, y no permitas que nada impuro contamine nuestras mentes y nuestros corazones. Haz que tu Mamá, la Virgen Inmaculada, Ella también Purísima y Sin mancha, nos preserve de la contaminación del mundo, que exalta la impureza como norma de vida, y nos conceda la gracia de vivir siempre, aún cuando ya seamos grandes, con tu pureza, la pureza del Divino Niño. Amén”.  
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día cuatro: Combatir la pereza.
            “Querido Divino Niño, Tú que desde muy pequeño aprendiste el oficio de carpintero ayudando a San José en su taller; Tú que colaborabas con tu Mamá, la Virgen, en las tareas domésticas de todos los días, aleja de nosotros el pecado de la pereza, tanto de la corporal, que nos lleva a evitar todo tipo de esfuerzo físico y a no cumplir con nuestro deber de estado, como la pereza espiritual o acedia, que nos lleva a sentir hastío por la oración y a descuidar el deber de amor que tenemos para contigo, deber que se salda con la oración. Haz que seamos sacrificados y nos esforcemos por cumplir nuestro deber, para así santificarnos en las tareas de todos los días. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día cinco: Reconocer el espíritu del mundo.
            “Querido Divino Niño, Tú que viniste del cielo, del seno de tu Padre, en donde todo es santidad y bondad, y quieres que nosotros vayamos ahí algún día, haz que sepamos reconocer, en las cosas que nos rodean, el espíritu del mundo, que son todas las cosas malas que nos apartan de Ti. Danos el Don de Sabiduría, para saber qué es lo que te agrada, y qué es lo que te disgusta, para que así obremos lo que te agrada y evitemos lo que te ofende. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día seis: Desear los bienes del cielo.
            “Querido Niño Jesús, Tú que en el Evangelio dijiste: “Atesorad tesoros en el cielo”, quita de nosotros toda codicia por los bienes terrenos, para que deseemos sólo los bienes del cielo, el primero de todos, tu Amor eterno. Haz que te amemos siempre, por encima de todo bien de la tierra, y que sepamos darnos cuenta que las cosas materiales no son para acumularlas egoístamente, sino para compartirlas generosamente con nuestros hermanos, por amor a Ti. Ayúdanos a no caer en el pecado de la codicia, y danos la gracia de tener siempre la mirada puesta en tu Sagrado Corazón, el bien más preciado que jamás alguien pueda conseguir. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día siete: El amor a la Virgen.
            “Querido Niño Jesús, Tú que en la Cruz nos diste a tu Mamá, la Virgen, como verdadera Madre nuestra del Cielo, aumenta cada día nuestro amor hacia Ella, para que todo lo que pensemos, deseemos y hagamos, se lo ofrezcamos a su Corazón Inmaculado. Queremos amar a la Virgen, que es nuestra Madre, con un amor infinito y puro, y para eso Te pedimos que nos des el mismo Amor que tienes Tú en tu Sagrado Corazón, ese Amor purísimo con el que Tú la amas desde siempre. Danos Tu Amor, para amar a nuestra Madre del Cielo, la Virgen, con el mismo Amor tuyo. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día ocho: El amor a la Cruz.
            “Querido Divino Niño, Tú que amaste la Cruz desde el momento de Tu Encarnación, y la llevaste todos los días desde tu niñez, hasta subir al Calvario, danos un gran amor a la Cruz, el único camino que lleva al Cielo. El camino de la Cruz es un camino estrecho, en subida, difícil de recorrer, porque hay que renunciar a uno mismo, pero es el único camino que conduce al Cielo. No permitas que nos desviemos del camino, y que en vez de subir al Calvario, bajemos al mundo, por el ancho y espacioso camino que conduce al infierno. Danos un gran amor a la Cruz, para nunca quejarnos de ella, y para abrazarla cada día con amor, para seguirte en el camino del Calvario, y desde allí, al cielo. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
           
Día nueve: Amar a Jesús en la Eucaristía.
“Querido Niño Jesús. Aleja de nosotros el amor del mundo, que nos lleva a apartarnos de Ti; aleja de nosotros el pecado de malicia, el preferir un partido de fútbol, un programa de televisión, un paseo, a Tu Amor, donado para nosotros sin reservas en la Eucaristía, y haz que el Domingo, día de precepto, sea para nosotros el día más importante y feliz de la semana, porque Tú vienes a nuestro encuentro en la Santa Misa, bajando desde el cielo hasta el altar eucarístico, para quedarte luego en nuestros corazones por la comunión eucarística. Divino Niño, danos siempre tu luz, para que no reemplacemos tu Amor infinito, donado en la Eucaristía, por las distracciones del mundo. Haz que sintamos hambre y sed de Ti en la Eucaristía. Amén”. Padrenuestro, Avemaría, Gloria.