Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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domingo, 10 de abril de 2011

Rosario Meditado para niños para NACER - Misterios Luminosos



Misterios Luminosos

Primer misterio Luminoso: El Bautismo de Jesús en el río Jordán.

Jesús es bautizado en el Jordán

Pasaje del Evangelio: Mt 3, 13-17

Este misterio se llama “El Bautismo de Jesús en el Jordán”, y nos acordamos de cuando Juan el Bautista, que era primo de Jesús, lo bautizó en el Jordán. Jesús no necesitaba ser bautizado, porque Él es Dios, pero se dejó bautizar, para que nosotros sepamos qué pasa cuando nos bautizan: el Espíritu Santo vuela, invisible, como una paloma, así como voló cuando Jesús se bautizaba, y Dios Padre nos adopta como hijos, diciéndonos: “Ustedes son mis hijos amados”, así como le dijo a Jesús: “Éste es mi Hijo muy amado”.

En el Bautismo, recibimos al Espíritu Santo, que se queda, como una palomita muy pequeñita, en el corazón, a vivir dentro de él. Pero así como una palomita, si le estamos dando de comer en la plaza, se asusta y vuela si alguien grita, o corre, así la dulce paloma del Espíritu Santo, que hace su nido en el corazón, sale volando cuando en ese corazón hay impaciencia, enojos, gritos, egoísmo, pereza. El Espíritu Santo, que viene al corazón como una palomita blanca y hermosa, quiere quedarse ahí para siempre, convirtiendo nuestro cuerpo en templo suyo. Por eso el cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo, tiene que estar siempre limpio, bien perfumado, y bien puro, con la limpieza, el perfume y la pureza de la gracia.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Jaculatoria al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Segundo misterio Luminoso: Jesús hace un milagro en una fiesta de casamiento: convierte el agua en vino.

Jesús convierte el agua en vino en Caná de Galilea

Pasaje del Evangelio: Jn 2, 1-12

Meditación:

Este misterio se llama: “La conversión del agua en el vino en las bodas de Caná”, y aquí nos acordamos de cuando a Jesús y la Virgen los habían invitado a una fiesta de casamiento. Estaban en la fiesta, y como había muchos invitados, pasó que se acabó el vino. La Virgen se dio cuenta de lo que había pasado, y entonces le dijo a Jesús: “Hijo, se les terminó el vino”. Jesús no quería hacer un milagro, porque todavía no era la hora que el Padre le había dicho para que empezara a hacer milagros, y por eso le contestó a su Mamá que ellos eran invitados y que no tenían porqué ocuparse del vino. Pero la Virgen le insistió a Jesús, y Jesús, a pesar de que no quería hacer el milagro, terminó haciéndolo, por pedido de su Mamá, para darle el gusto a Ella. Al final, trajeron unas vasijas enormes de agua, y Jesús, con su poder de Dios, convirtió el agua en vino, y en un vino del mejor.

¿Qué podemos aprender de las bodas de Caná? Por un lado, que cuando la Virgen le pide algo a Jesús, por más difícil que sea, y aunque Jesús no quiera hacer el milagro, sólo porque lo pide Ella, lo termina haciendo. Por eso tenemos que rezarle siempre a la Virgen, para que Ella nos alcance, del Corazón de su Hijo, todas las gracias que necesitemos, y también todos los milagros que sean necesarios para llegar al cielo, a la vida eterna.

La otra cosa que tenemos que aprender, es que Jesús convirtió el agua en vino para que nosotros sepamos que en la Santa Misa también se produce un milagro parecido, pero mucho, mucho más hermoso: se convierte el vino en la sangre de Jesús.

Así como Jesús convirtió el agua en vino, así Jesús también convierte, con su poder, el vino en su Sangre, en la Santa Misa. Pidamos en este misterio maravillarnos del milagro de Caná, pero sobre todo, del milagro de la Misa.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Jaculatoria al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Tercer misterio Luminoso: La predicación del Reino y el llamado a la conversión.

Jesús predica el Reino de Dios,
que es caridad, misericordia, amor, justicia

Pasaje del Evangelio: Mt 4, 23-25

Meditación:

Este misterio se llama: “Jesús sale a predicar el Reino de Dios y llama a la conversión”. En este misterio vemos a Jesús que sale con sus Apóstoles a predicar, a pie, por los caminos de tierra de Palestina, pasando hambre, frío, calor, sed, cansancio, por todos nosotros. Agradezcamos siempre a Jesús, que por nosotros pasó hambre, sed, cansancio, y soportó el calor del día y el frío de la noche. Jesús predicaba que el Reino de Dios había llegado, y que para entrar en ese Reino, había que tener caridad y misericordia para con todos.

Pero además de anunciar la hermosa noticia de que el Reino de Dios, que está en los cielos, había llegado a la tierra, Jesús llamaba a la “conversión”. ¿Qué quiere decir “conversión”? Para saber qué es, tomemos la imagen de una flor que se llama “girasol”: durante la noche, está caído, vuelto hacia la tierra, pero cuando aparece la estrella más grande, que se llama “Estrella de la mañana”, el girasol comienza a levantarse hacia el cielo, y cuando sale el sol, lo mira y lo sigue por todo el recorrido que el sol hace en el cielo. Así es nuestro corazón: sin la conversión, es decir, sin Jesús, nuestro corazón mira hacia la tierra, hacia las cosas bajas, muchas de ellas malas; pero cuando aparece en el alma la Estrella de la mañana, la Virgen María, se levanta y comienza a mirar hacia arriba, hasta que aparece el Sol de justicia, que es Jesucristo, y entonces ahí el corazón, que se queda encantado y loco de contento porque está mirando a Jesús, sigue a Jesús, que es el Sol de Dios, por donde Él va. Pidamos en este misterio que nuestro corazón sea como un girasol, es decir que, con la ayuda de la Virgen, se convierta, que quiere decir que esté mirando todo el tiempo a Jesús.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Jaculatoria al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Cuarto misterio Luminoso: La Transfiguración en el Monte Tabor

Jesús deja salir la luz de su cuerpo en el Monte Tabor

Pasaje del Evangelio: Mt 17, 1-13

Meditación: Este misterio se llama: “La Transfiguración de Jesús”, y nos acordamos aquí de cuando Jesús, acompañado de Pedro, Santiago y Juan, subió a un Monte que se llama “Tabor”, y cuando estaba ahí, Él hizo salir una luz de dentro suyo, y así su rostro, sus manos y sus pies, y toda su ropa, se volvieron blancos como la luz. La luz que salía de Jesús alumbraba todo, y era más fuerte y brillante que el sol, pero además, concedía mucha paz y provocaba una gran alegría a los que estaban cerca de Jesús, tanto es así, que Pedro quería quedarse para siempre ahí.

¿Por qué Jesús hizo salir esa luz desde dentro suyo, en el Monte Tabor? Porque dentro de poco, Él iba a subir a otro monte, el Monte Calvario, y cuando subiera ahí y fuera crucificado, nadie lo iba a reconocer, nadie se iba a dar cuenta que era Él, porque iba a estar todo lleno de golpes, de heridas, de machucones, de lastimados, de moretones, y en vez de salir luz de rostro, de sus manos y de sus pies, iba a salir sangre, por la corona de espinas y por los clavos de hierro.

Entonces Jesús deja que salga luz de su cuerpo en el Monte Tabor, para que sus amigos se acuerden de Él en el Monte Calvario, en la cruz.

¿Dónde queremos estar: en el Monte Tabor, donde Jesús no sufre, o en el Monte Calvario, donde Jesús sufre y está solo, acompañado únicamente por su Mamá, la Virgen? ¡Jesús, queremos estar contigo en el Monte Calvario, en la cruz!

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Jaculatoria al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Quinto misterio Luminoso: La institución de la Eucaristía.

Jesús nos deja en la Eucaristía
su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad

Pasaje del Evangelio: Mt 26, 26-29

Meditación: Este misterio se llama: “La institución de la Eucaristía”, y nos acordamos de cuando Jesús, en el Jueves Santo, antes de subir a la cruz, estaba cenando con sus discípulos, y nos dejó ese regalo tan hermoso que es la Eucaristía.

¿Qué cenaban en la Última Cena? En la Última Cena, Jesús y sus discípulos cenaban esta comida: carne de cordero asado, pan sin levadura, hierbas amargas, y vino. ¿Y qué pasó cuando estaban cenando? Jesús les dijo, mostrándoles el pan: “Tomen y coman, esto es mi Cuerpo”, y después, mostrándoles el vino, les dijo: “Tomen y beban, esta es mi Sangre”. De esta manera, Jesús dejó su Cuerpo en la Hostia consagrada, y su Sangre, en el Vino consagrado. Y como Jesús es Dios, con su Cuerpo y con su Sangre, nos dejó su Alma y su Divinidad, es decir, todo Él, todo para nosotros. Lo que hizo en la Última Cena es lo mismo que hizo en la cruz: entregó su Cuerpo y derramó su Sangre, y todo lo hizo por amor a nosotros, para quedarse con nosotros hasta el fin de los tiempos, hasta el Último Día. La Eucaristía entonces no es un simple pancito bendecido: es el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, que es Dios hecho hombre sin dejar de ser Dios.

Comulgar la Eucaristía no es comulgar un poco de pan sin levadura: es comulgar el Cuerpo de Cristo, es estar unidos a Él, es entrar dentro de su Corazón. Cuando comulguemos, no estemos nunca distraídos, porque el que entra dentro de nuestro corazón es el mismo Jesús, que quiere encendernos en el fuego del Amor de Dios.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Jaculatoria al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

lunes, 4 de abril de 2011

Rosario meditado para Niños para NACER


El Ángel anuncia a la Virgen que va a ser la Madre de Dios.
La Virgen responde con un "Sí"

¿Qué es rezar el Rosario?

Primero, veamos qué no es rezar el Rosario: rezar el Rosario no es pasar las cuentas rápido, para terminar lo antes posible; rezar el Rosario no es cumplir un deber “aburrido” ni “pesado”; rezar el Rosario no es repetir palabras sin saber qué decimos, como si fuéramos unos robots.

Entonces, de nuevo: ¿qué es rezar el Rosario?

Rezar el Rosario es mirar, desde el Corazón de la Virgen, la vida de Jesús, para aprender de Él, y así tratar de ser como Él.

Cuando rezamos el Rosario, la Virgen nos hace “ver”, con la luz de la fe, la vida de Jesús, para que aprendamos de Él y lo imitemos.

Otra cosa que tenemos que saber es que, cuando rezamos el Rosario, nunca estamos solos, porque vienen la Virgen, acompañada por muchísimos ángeles de luz, los ángeles de Dios, y por supuesto viene también Jesús, que siempre está donde está su Mamá. Nosotros no los vemos, pero sabemos, por la fe, que están junto a nosotros, porque Jesús dijo que si dos o más se reunían a rezar en su Nombre, Él iba a estar en medio de ellos.

Por eso es que, cuando rezamos, no le rezamos a una pared que no oye, ni al aire vacío, sino a Jesús y a la Virgen, que están en medio de nosotros. Esto nos tiene que ayudar para que no nos distraigamos al rezar.

¿Cómo se reza el Rosario?

El Rosario se reza así:

-Hacemos la señal de la cruz: “Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”.

-Luego, pedimos perdón por nuestros pecados, que ofenden a Dios, y prometemos alejarnos de las ocasiones y no pecar más: “Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; pésame, por el infierno que merecí, y por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes, querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente no pecar más, y evitar toda ocasión próxima de pecado. Amén”.

-Luego, rezamos el Credo: “Creo en Dios, Padre, todopoderoso, y en Jesucristo, su Único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos; subió a los cielos; está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos; creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén”.

-Enunciamos el misterio que vamos a rezar (gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos) y tratamos de imaginarnos la escena.

-Rezamos un Padrenuestro, diez Avemarías, y un Gloria.

-Al finalizar, se dice la oración que la Virgen les enseñó a los pastorcitos de Fátima: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Primer misterio gozoso: El Ángel Gabriel le anuncia a María que va a ser la Madre de Dios, y María responde: “Sí”.

Pasaje del Evangelio: Lc 1, 26-32. 34-35. 38



Primer Misterio Gozoso: La Anunciación del Ángel
y la Encarnación del Hijo de Dios

Meditación

Este misterio se llama “La Anunciación”, que es cuando fue a visitarla el Ángel Gabriel a la Virgen, para darle un mensaje de parte de Dios. La Virgen estaba en su dormitorio, rezando, cuando se le apareció el Ángel Gabriel. La venía a visitar, porque le traía un mensaje de parte de Dios Padre: como Ella era tan pero tan humilde, tan hermosa, tan pura y tan delicada, Dios Padre quería que fuera la Mamá de Dios Hijo. El Ángel le dijo que el Amor de Dios, el Espíritu Santo, iba a bajar sobre Ella, para que Ella se convirtiera en la Mamá de Dios Hijo, Jesús. Y entonces la Virgen, como amaba mucho a Dios, y era muy humilde, le dijo que sí, que Ella quería todo lo que Dios le pedía. Entonces el Ángel se fue al cielo, de donde había venido, para avisarle a Dios Padre que la Virgen había aceptado ser la Mamá de Jesús.

¡Qué lindo ejemplo nos deja la Virgen! Amar a Dios sobre todas las cosas, y cumplir siempre su Voluntad. Como la Virgen, le digamos siempre “Sí” a la Voluntad de Dios.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Segundo misterio gozoso: La Virgen, que lleva en su vientre al Niño Dios, va a visitar a su prima Isabel.

Pasaje del Evangelio: Lc 1, 39-45.56

Segundo Misterio Gozoso: La Visitación de María a su prima Santa Isabel

Meditación

Este misterio se llama “La Visitación”, porque la Virgen, que ya ha concebido por el Espíritu Santo, se entera de que su prima, Santa Isabel, también está embarazada, y va a visitarla. Como Isabel es ya anciana, necesita ayuda, y por eso la Virgen se pone en camino para ir a visitarla y para ayudarla en todo lo que le haga falta. A pesar de que la Virgen también está embarazada, no piensa en Ella misma, sino en los demás, y por eso hace un viaje para ayudar a Isabel.

Cuando la Virgen llega, Isabel no le dice: “Hola prima, me alegro de verte”. La saluda con un nombre nuevo: “Madre de Dios”. Además, San Juan Bautista, que está en la panza de Isabel, “salta de alegría” al saber que llegaron la Virgen y, con la Virgen, Jesús.

¿Por qué pasó todo esto? ¿Por qué Isabel le dice a María: “Madre de Dios” y no “prima”, como debería ser? ¿Por qué Juan el Bautista salta de alegría, si él no puede ver a Jesús, porque está en la panza de su mamá?

Todo esto pasa porque es el Espíritu Santo el que le hace saber a Isabel que la Virgen María es la Madre de Dios, y a Juan el Bautista le hace saber que dentro de la Virgen está Jesús. Isabel y el Bautista se alegran mucho cuando ven a la Virgen, porque saben que con Ella está Jesús.

Cuando rezamos el Rosario somos como Isabel y Juan Bautista: recibimos la Visita de la Virgen y de Jesús en el alma, y por eso nos alegramos, como se alegraron ellos.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Tercer misterio gozoso: El Nacimiento de Jesús en Belén.

Pasaje del Evangelio: Lc 2, 1.3-11.15-19.

Tercer Misterio Gozoso: El Nacimiento de Nuestro Señor
en un humilde portal de Belén

Este misterio se llama “El Nacimiento”, y aquí nos acordamos de cuando nació Jesús. Antes de nacer, la Virgen y San José buscaban un lugar en las posadas de Belén, pero en ninguna había lugar. Finalmente, encontraron una gruta, que servía de refugio a los animales. Allí nació Jesús: en una gruta donde dormían los animales por la noche. Jesús, siendo Dios, nació en un lugar muy pobre; además, hacía mucho frío, y por eso el Niño Dios al nacer temblaba por el frío que sentía. ¿Cómo fue el Nacimiento de Jesús? Jesús no nació como nacemos todas las personas: Él era Dios, y nació como sólo Dios puede hacerlo. Mientras la Virgen estaba arrodillada, rezando, comenzó a bajar una luz muy fuerte, muy blanca, hermosa, desde el cielo, hasta donde estaba la Virgen; después, esa luz, blanca y hermosa, comenzó a salir de la parte alta de la panza de la Virgen, y cuando se fue la luz, ya había nacido Jesús, que estaba en los brazos de la Virgen. Su Nacimiento fue, dicen los Padres de la Iglesia, “como un rayo de luz que atraviesa un cristal”. Así como la luz no le hace daño al cristal cuando lo atraviesa, así la Virgen fue Virgen antes, durante y después del parto.

¡Que nuestro corazón sea como una gruta de Belén, para que ahí nazca siempre el Niño Dios¡

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Cuarto misterio gozoso: La Presentación de Jesús en el Templo.

Pasaje del Evangelio: Lc 2, 22-25.33


Cuarto Misterio Gozoso: La Presentación del Señor

Este misterio se llama “La Presentación”, y aquí nos acordamos cuando la Virgen llevó en sus brazos a Jesús, recién nacido, para ofrecerlo a Dios. Entre los judíos, cuando el primer hijo que nacía era varón, había que llevarlo al Templo, para ofrecerlo a Dios. Por eso la Virgen y San José lo llevan a Jesús. Cuando estaban entrando en el Templo, se les acercó un anciano que se llamaba Simeón, que rezaba mucho, hacía mucho ayuno, y amaba mucho a Dios. Al ver Simeón al Niño, el Espíritu Santo le hizo saber que ese niño no era un niño cualquiera, sino que era el Niño Dios, es decir, era Dios que, sin dejar de ser Dios, se había hecho Niño. Simeón se alegró mucho al saber que el niño que llevaba María era Dios, porque desde muy chico había querido conocerlo. Pero el Espíritu Santo le avisó al oído que el Niño, cuando fuera grande, iba a morir en la cruz, y que por eso su Mamá, la Virgen, iba a sufrir mucho. Entonces Simeón le dijo a la Virgen: “Una espada de dolor te atravesará el corazón”. Y así fue: cuando Jesús estaba muriendo por nosotros en la cruz, la Virgen estaba al pie de la cruz de Jesús, y sufría tanto por su Hijo, que le parecía que tenía una espada atravesada en el corazón. La Virgen ofrecía sus dolores, junto a Jesús, para que nosotros nos salvemos.

Le pidamos a la Virgen que Ella nos lleve entre sus brazos, y nos presente ante su Hijo Jesús, y le pidamos que nos ayude a ser santos, para que podamos consolar su Corazón traspasado por el dolor.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.

Quinto misterio gozoso: Nuestro Señor perdido y hallado en el Templo.

Pasaje del Evangelio: Lc 2, 22.25-33

Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

Este misterio se llama: “Jesús perdido y hallado en el Templo”. Aquí nos acordamos cuando Jesús, que tenía doce años, fue a Jerusalén con la Virgen y con San José. Cuando se volvían, la Virgen pensaba que estaba con José, y José pensaba que estaba con la Virgen. Después de un rato que iban caminando, la Virgen y San José se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ellos, y se volvieron, muy preocupados, a Jerusalén, buscando a Jesús. Al final, lo encontraron en el Templo, en donde Jesús estaba rodeado de doctores, contestando las preguntas y enseñándoles la Palabra de Dios. Cuando lo encontraron, la Virgen le dijo: “Hijo, te estábamos buscando”, y Jesús le contestó: “Madre, tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre, Dios”.

Así como les pasó a la Virgen y a San José, así nos puede pasar a nosotros: que pensemos que hemos perdido a Jesús. Pero cuando nos pase eso, tenemos que hacer también como la Virgen y como San José, que encontraron a Jesús en el Templo. Nosotros también vamos a encontrar a Jesús en la Iglesia, en sus sacramentos, principalmente en la Sagrada Eucaristía, en donde está Jesús con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Rezo de la decena: un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria.

Al finalizar: “Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia. Amén”.