Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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viernes, 16 de mayo de 2014

El Evangelio para Niños: “Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida”


(Domingo V – TP - 2014)
         Jesús en el Evangelio nos dice que Él es tres cosas: Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 1-12).
         Jesús es el Camino, el Único Camino, para ir al Cielo, y no hay otro camino que no sea Jesús. Nadie puede ir al cielo, sino es por el Camino que es Jesús. Es verdad que no es un camino fácil, porque se trata del camino de la cruz y además, es un camino en subida y muy estrecho, pero es el único camino y no hay otro camino que el Camino que es Jesús. En este camino, Jesús va delante, llevando la cruz, y nosotros lo seguimos por detrás, pero no estamos solos: con nosotros está la Virgen, que nos ayuda a llevar la cruz y por eso el camino de la cruz, aunque sea en subida y aunque sea difícil y largo, se hace fácil y corto, porque la Virgen nos acompaña con su amor maternal, así como lo acompañó a Jesús en su camino al Calvario y así la cruz se nos hace mucho más liviana. Jesús es el camino, pero, ¿dónde termina este camino? El camino de la cruz, por el que nos conduce Jesús, nos lleva a un lugar es más hermoso que el cielo y que es la Casa de Dios Padre, una casa enorme, más grande que el cielo, donde hay infinitas habitaciones, en donde entramos todos los seres humanos. Jesús es el Camino que por la Cruz, nos lleva a la Casa de su Papá, que es más grande que el cielo y por eso es que Jesús dice: “Yo Soy el Camino”.
         Jesús es la Verdad, y es la única Verdad que tenemos que saber para poder salvarnos. ¿Cuál es esta Verdad? La que nos enseña la Iglesia en el Credo: que Dios es Padre Todopoderoso y que Él creó todo con su poder; que Jesús es Dios Hijo, que se hizo hombre sin dejar de ser Dios; nació de Santa María Virgen, padeció en tiempos de Poncio Pilato, murió en la cruz, resucitó el Domingo de Resurrección, subió a los cielos, envió al Espíritu Santo en Pentecostés, y se quedó en la Eucaristía para estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo, y al fin del mundo, vendrá para juzgar a vivos y muertos; a los buenos les dará como recompensa el cielo, y a los malos, les dará lo que los malos eligieron, que es el infierno. No hay otra Verdad que debamos creer, sino esta, y es la única verdad, la Verdad que nos enseña el Credo de nuestra Santa Iglesia Católica.
         Jesús es la Vida, y una vida muy especial, que se llama “eterna”, porque es la vida de Dios. Solo Dios tiene “Vida eterna”, y como Jesús es Dios, solo Él tiene “Vida eterna”. Nadie más que Jesús da la “Vida eterna”, y Jesús da la Vida eterna en la Eucaristía, por eso la Eucaristía se llama “Pan de Vida eterna”. La Eucaristía no es un pan sin vida, como el pan de mesa, sino que es un Pan que tiene vida, la vida misma de Dios y como viene del cielo hasta el altar de la misa, se llama también “Pan Vivo bajado del cielo”. Cuando comulgamos, no consumimos un pan sin vida, como el pan de mesa, sino que consumimos un Pan Vivo, un Pan que late con los latidos de un corazón, porque la Eucaristía es el Sagrado Corazón de Jesús, que late con el Amor de Dios, el Espíritu Santo, y por eso, cuando comulgamos, recibimos toda la vida de Dios, que es la Vida y que es Amor al mismo tiempo.

         Y todo esto es Jesús en la Eucaristía: Camino, Verdad y Vida. 

domingo, 9 de junio de 2013

El Evangelio para Niños: Jesús resucita al hijo de la viuda de Naím


         La Biblia nos cuenta que una vez Jesús iba caminando y se encontró con unas personas que iban al cementerio a enterrar a un niño que había muerto. La mamá del niño estaba muy pero muy triste, porque era su único hijo, y además, ya había fallecido su esposo, por lo que se encontraba sola. Al ver a esa mamá que lloraba tanto por su hijo, Jesús se puso muy triste, y como no quería que siguiera llorando, le dijo: “Mujer, no llores”. Jesús le dijo eso no solo para tranquilizarla, sino porque  Él sabía qué era lo que iba a hacer: iba a hacer un milagro, lo iba a volver a hacer vivir a su hijo muerto. Después que le dijo eso, Jesús le dijo al niño: “Levántate”, y el niño volvió a vivir. Jesús hizo eso porque Jesús nos ama muchísimo, y no quiere que estemos tristes. 
          Esto nos hace acordar que en la vida de todos los días, hay gente que muere, incluso seres queridos nuestros. Por eso nos preguntamos muchas veces: ¿Por qué muere la gente? ¿Por qué mueren los seres queridos? ¿Dios no puede hacer nada para que la gente no muera? 
          Lo que tenemos que saber es que la gente muere por culpa del pecado original de Adán y Eva: Dios no nos creó para morir, sino para que vivamos, pero por el pecado que entró en el Paraíso, todas las gentes empezaron a morir. Y Dios sí puede hacer algo para que la gente ya no muera más, y lo que hizo fue enviar a su Hijo Jesús  para que ya no muramos más: Él vino para morir en la Cruz y después resucitar y así darnos la vida eterna en los cielos. Si subimos a la Cruz con Jesús en esta vida, todos los días, en la otra vida, vamos a vivir para siempre, porque vamos a resucitar con Él, y nunca más vamos a morir, y vamos a vivir felices con Jesús, con la Virgen, los ángeles, los santos, y todos nuestros seres queridos.

         El Evangelio de hoy nos enseña que, gracias a la muerte de Jesús en la Cruz, todos los que mueren, van a resucitar, es decir, van a volver a vivir, para ya no morir nunca más, y van a ir a vivir en la Casa de Dios Padre para siempre.