Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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martes, 26 de abril de 2016

Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 23 - El Papa o Romano Pontífice


Papas Francisco y Benedicto XVI.

Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 23 - El Papa o Romano Pontífice[1]
         Doctrina
         ¿Quién es el Papa? El papa es el Obispo de Roma, el Vicario de Cristo en la tierra, el que hace sus veces en el gobierno de la Iglesia; como tal, todos los católicos estamos obligados a obedecerle.
         ¿A quién ha confiado Jesucristo la Iglesia? Jesucristo ha confiado su Iglesia a los doce apóstoles y a los sucesores de los apóstoles, que son el Papa y los obispos.
         ¿Puede equivocarse el Papa? El Papa no puede equivocarse –esto quiere decir que es “infalible”- sólo cuando habla ex cathedra, es decir, cuando define doctrinas de fe y de moral y como Maestro supremo de toda la Iglesia. El Papa nunca se equivoca cuando enseña verdades de fe y de moral en el mismo sentido de la fe bimilenaria de la Santa Iglesia Católica. Pero no es infalible cuando dice algo que no puede ser, como por ejemplo, que un círculo es cuadrado y no redondo, o que el blanco es negro y el negro es blanco. Es decir, por el hecho de ser Papa, no puede modificar ni los Mandamientos de Dios, como tampoco las leyes de la naturaleza (tampoco Dios lo puede hacer, porque Dios no hace cosas absurdas).
         ¿Con qué palabras nombró Jesús a Pedro representante suyo en la tierra? Jesús dijo a Pedro: “Tú eres Pedro (=la piedra) y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en el cielo, y cuanto desatares en la tierra será desatado en el cielo” (Mt 16, 18-19).
         ¿Hasta cuándo durará la Iglesia sobre la tierra? La Iglesia durará en la tierra hasta el fin del mundo, como ha prometido Jesucristo. Jesús también prometió que estaría “todos los días” con nosotros, hasta el fin del mundo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Esta promesa la cumple Jesús en la Eucaristía, porque allí está en Persona, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad: Jesús estará en la Eucaristía, acompañándonos todos los días, hasta el Día del Juicio Final.
         ¿Quién es el Papa en nuestros días? Es el Papa Francisco, elegido el 13 de Marzo de 2013. En nuestros días la Iglesia vive un hecho inédito, pues el Papa anterior, Benedicto XVI, renunció por motivos de salud, aunque conserva el título de “Papa emérito”. Esto quiere decir que la Iglesia, en un hecho antes nunca vivido en su historia, posee dos Papas: uno en ejercicio, el Papa Francisco, y otro emérito, el Papa Benedicto XVI.
         Explicación

         En la foto de arriba, vemos a los dos Papas actuales, los Papas Francisco y Benedicto. El Papa es el representante de Jesucristo en la tierra. Jesucristo comenzó la fundación de su Iglesia con sus discípulos, de entre los que eligió doce, que llamó apóstoles (que significa “enviados”) (Lc 6, 12-13). Luego los envió a predicar su doctrina: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará…” (Mc 16, 15-16). De esta manera, los que iban creyendo en el Evangelio y se bautizaban, se incorporaban a la Iglesia (Hech 2, 41) y así se fue formando el Pueblo de Dios. Fue a Simón Pedro a quien Jesús lo hizo príncipe de los apóstoles y jefe supremo de su Iglesia. El sucesor de Pedro es el Papa y los sucesores de los apóstoles son los obispos. Al Papa lo llamamos “Obispo de Roma” porque reside en Roma, pero es el jefe supremo de la Iglesia universal. A él debemos obediencia en la fe todos los católicos.
         La autoridad o Cabeza de la Iglesia no es el Papa, sino Jesucristo, el Hombre-Dios, que no ha muerto, sino que vive y está glorioso y resucitado en el cielo y en la Eucaristía, aunque en la Eucaristía está oculto a los ojos del cuerpo, pero “visible” a los ojos de la fe. Debido a que es invisible para nosotros, Él ha decidido nombrar un representante o embajador suyo en la tierra, y para eso ha nombrado al Papa como cabeza visible de la Iglesia, y por eso el Papa es su Vicario. Desde San Pedro, primer Papa, hasta el actual en ejercicio, Francisco, ha habido 266 Papas.
         Es tan importante la figura del Papa, que su obediencia es una de las condiciones para pertenecer a la Iglesia y ser católico. Las condiciones son tres: 1º. Estar bautizado; 2º. Creer en la doctrina de Jesucristo; 3º. Obedecer al Papa. Atentar contra el Papa es causa de expulsión inmediata de la Iglesia, la cual se llama “latae sententiae”.
         La obediencia al Papa es, pues, una de las condiciones para pertenecer a la Iglesia, según este aforismo: “Donde está Pedro, allí está la Iglesia”. Aunque hay que recordar que la obediencia al Papa –como la obediencia a los padres, a los superiores, etc.-, se limita a lo que es bueno y verdadero, porque no se puede obedecer en algo que es pecaminoso y que provoca el pecado.
         Práctica: Escucharé con reverencia al Papa y al obispo, sobre todo cuando nos hablan en sus encíclicas; su voz es la Voz de Cristo.
         Palabra de Dios: Jesús dijo a sus apóstoles: “El que a vosotros escucha, a mí me escucha y el que os desprecia, a mí me desprecia” (Lc 10, 16). San Pablo llama a la Iglesia: “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3, 15). “Mirad por vosotros y por todo el rebaño, sobre el cual el Espíritu Santo os ha constituido obispos para apacentar la Iglesia de Dios, que Él adquirió con su sangre” (Hech 20, 28). Jesús nombró a Pedro Pastor Supremo al decirle: “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).
         Ejercicios bíblicos: Lc 6, 17; Mt 16, 18; 28, 20; Mc 16, 15-16.
        
        




[1]                      Adaptado de El Catecismo ilustrado, de P. BENJAMÍN SÁNCHEZ, Apostolado Mariano, Sevilla3 1997.

sábado, 22 de agosto de 2015

El Evangelio para Niños: “Sólo Jesús tiene palabras que dan la vida de Dios, que es eterna”


(Domingo XXI - TO - Ciclo B - 2015)

         Pedro le dice a Jesús: “Sólo Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 60-69). Para saber qué es lo que quiere decir Pedro, imaginemos lo siguiente: imaginemos a un hombre cualquiera, que le hablara a un trozo de pan, a una copa de vino y a una pequeña roca: por mucho que les hablara este hombre, ¿les daría vida? No, por supuesto que no, porque el pan, el vino y la roca, seguirían siendo lo que son: pan, vino y roca, es decir, cosas sin vida.
         Ahora, veamos lo que pasa en la Misa, en donde tenemos pan y vino sobre el altar: cuando el sacerdote pronuncia las palabras sobre el pan y el vino -es como si les "hablara" al pan y al vino-: “Esto es mi Cuerpo, Esta es mi Sangre”, el que habla a través de la voz humana del sacerdote, es Jesús, que es Dios y que es el Sumo y Eterno Sacerdote. Entonces, como Él es Dios, es Él el que, hablando a través del sacerdote, da vida al pan y al vino, convirtiéndolos en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. 
       Es decir, antes de las palabras, el pan y el vino no tenían vida; luego de las palabras, tienen vida y la vida de Dios, que se llama “eterna” porque es perfectísima, y esto sucede porque el que pronuncia esas palabras es Jesús, que así demuestra que tiene “palabras de vida eterna”.
         ¿Y la roca? 
       La roca representa a nuestro corazón, que muchas veces es frío y duro como la piedra más fría y más dura y muchas veces está sin vida, como la roca, porque no tiene al Amor de Dios. Pero cuando Jesús nos habla al corazón le da vida, porque lo convierte, de roca dura y fría, en un corazón de carne, y además lo llena del Fuego del Espíritu Santo, que es la Vida y el Amor de Dios.

         Así nos damos cuenta de cómo es que sólo Jesús tiene “Palabras de vida eterna”, porque sólo Él es capaz de dar vida eterna, que es la vida de Dios, al pan, al vino y a la roca, que es nuestro corazón.

sábado, 23 de agosto de 2014

El Evangelio para Niños: “Tú eres el Papa y sobre Ti edificaré mi Iglesia”


(Domingo XXI – TO – Ciclo A – 2014)
         En este Evangelio, Jesús elige a Pedro como Papa y así Pedro se convierte en el primer Papa de la historia. ¿Qué función tiene el Papa? El Papa tiene la función de ser “el mismo Jesús” en la tierra. Una gran santa, que se llamaba Santa Catalina de Siena, decía que el Papa era “el dulce Cristo en la tierra”. Por eso nosotros podemos decir que, viendo al Papa, es como si viéramos al mismo Jesús en Persona. 
El Papa habla en nombre de Jesús y nos dice, de parte de Jesús, todo lo que tenemos que creer, para poder salvarnos, y sabemos que el Papa no puede equivocarse porque está siempre iluminado por el Espíritu Santo, porque esa es una promesa que le hizo Jesús a Pedro cuando lo eligió (y esa promesa era para Pedro y para todos los Papas que iban a venir, hasta el fin del mundo): “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no van a triunfar sobre mi Iglesia. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
Esto es lo que se llama “in-fa-li-bi-li-dad”. Parece un trabalenguas, pero no lo es. Quiere decir que el Papa no se equivoca cuando nos habla sobre la fe y sobre cómo debemos comportarnos si queremos ir al cielo, y no se equivoca, porque, como dijimos, está asistido por el Espíritu Santo. Por eso es que nunca, pero nunca, el Príncipe de la mentira, que es el diablo, va a poder engañar al Papa, y nunca, pero nunca, le va a poder hacer decir algo que sea falso, acerca de Jesús. El diablo nunca le va a poder hacer decir al Papa que Jesús no es el Hijo de Dios, o que Jesús no se encarnó en la panza de la Virgen, o que la Virgen no es la Mamá de Jesús, o que Jesús no está en la Eucaristía, porque siempre el Espíritu Santo va a estar al lado del Papa, diciéndole al oído la Verdad acerca de Jesús, y eso es lo que quiere decir: “las puertas del infierno no van a triunfar sobre mi Iglesia”. Además, el Espíritu Santo hace que el Papa nunca se equivoque cuando dice las verdades del Catecismo: una sola fe, la fe en Nuestro Señor Jesucristo; un solo Bautismo, el Bautismo de la Iglesia Católica, y un solo Señor, Nuestro Señor Jesucristo, y eso es lo que quiere decir cuando dice: “lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
Entonces, si nosotros estamos siempre unidos al Papa en la tierra -nuestro Papa actual se llama "Papa Francisco", aunque también tenemos un "Papa emérito" que se llama "Papa Benedicto XVI"-, vamos a estar seguros de que vamos a estar unidos para siempre a Jesús y a la Virgen en el cielo. ¡Amemos mucho al Papa, porque es el “dulce Cristo en la tierra”!

         

domingo, 10 de agosto de 2014

El Evangelio para Niños: “Quédense tranquilos, Soy Yo, no tengan miedo”


(Domingo XXIX –TO – Ciclo A – 2014)
         El Evangelio de hoy nos cuenta de una vez que Jesús venía caminando sobre el agua, y los amigos de Jesús, que estaban en el barco, cuando lo vieron que venía caminando sobre el agua, se asustaron mucho y comenzaron a gritar, porque creían que era un fantasma. Además, había mucho viento y las olas del mar eran muy altas, y la barca se movía para muchos lados y como entraba mucha agua, parecía que estaban por hundirse.
Entonces Jesús, como veía que sus amigos estaban con mucho miedo, les dijo que se tranquilizaran, que era Él y que no tenían nada de qué temer: “Quédense tranquilos, Soy Yo, no tengan miedo”. Después, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, si eres Tú, mándame a ir a tu encuentro sobre el agua”. Y Jesús le dijo que fuera junto a Él: “Ven”. Entonces Pedro comenzó a caminar sobre el agua. Como al principio Pedro tenía mucha fe en Jesús, cuando empezó a caminar en el agua, no se hundió, sino que para Pedro era como caminar en tierra firme, pero después, empezó a sentir el viento, que soplaba muy fuerte –representaba al diablo, que le decía que no creyera en Jesús-, y ahí Pedro empezó a vacilar en su fe en Jesús, y ahí fue cuando comenzó a hundirse, entonces Pedro dio un grito pidiendo auxilio a Jesús: “Señor, sálvame”. Y Jesús, que estaba a su lado, extendió la mano y no dejó que se siguiera hundiendo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”, como diciéndole: “Si Yo estoy a tu lado, ¿por qué gritas como si Yo no estuviera?”. Entonces, Jesús lo hizo subir a la barca a Pedro, sano y salvo, y también Jesús le ordenó al viento y al mar que se calmasen.
Luego, Pedro y los amigos de Jesús, se arrodillaron delante de Jesús y lo adoraron, porque se dieron cuenta que Jesús no era un fantasma, como ellos creían al principio, sino que, iluminados por el Espíritu Santo, supieron que Jesús era el Hombre-Dios, porque solo Dios hecho hombre tenía el poder de hacer todos esos milagros que había hecho Jesús: caminar sobre las aguas, hacer que Pedro caminara sobre las aguas, y calmar al viento y al mar. Esto nos enseña el Evangelio de hoy: Jesús no es un fantasma, sino el Hombre-Dios, y Él está vivo y lleno de la gloria y de la luz de Dios, con su Cuerpo de luz y con su Corazón lleno del Amor de Dios, en la Eucaristía, esperándonos en el sagrario, para que vayamos a visitarlo y a decirle que nosotros, como Pedro y los discípulos, creemos que Él no es un fantasma, sino el Hombre-Dios, que está escondido ahí, en el sagrario, en algo que parece pan, pero ya no es más pan, sino que es la Eucaristía, que es su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. También nosotros, como Pedro, le decimos a Jesús en la Eucaristía: “Jesús, Tú eres Dios en la Eucaristía, mándame a ir a Ti, porque quiero recibir tu Amor”.

Y al ir a recibir la comunión, no tenemos que dudar de que Jesús es Dios en la Eucaristía, que está ahí para darnos todo su Amor.

sábado, 28 de junio de 2014

El Evangelio para Niños: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán sobre ella”


         En este Evangelio, Jesús hace dos cosas muy importantes para la Iglesia: le dice a Pedro que él va a ser Papa, y después nos promete a nosotros, que somos su Iglesia, que cuando el diablo quiera pelear con nosotros, nosotros le vamos a ganar, porque Él va a estar siempre con nosotros y Él no va a dejar que a su Iglesia le gane el diablo: "Las puertas del Infierno no prevalecerán -no ganarán- contra ella -contra la Iglesia-".
         Primero, entonces, lo nombra a Pedro como Papa, cuando le dice: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. “Pedro” significa “piedra”, y por eso Jesús le dice: “Tú eres “Pedro” y sobre esta “piedra” edificaré mi Iglesia, porque la Iglesia de Jesús, más que por las iglesias de material, está hecha por las personas de carne y hueso, que somos todos los que hemos recibido el bautismo, y Pedro, como Papa, es la primera piedra de este edificio espiritual que es la Iglesia de Jesús, que se llama también “Cuerpo Místico”.
         Y después le dice: “Yo te daré las llaves del Reino de los cielos. Lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. ¿Qué quiere decir eso? Las “llaves del Reino de los cielos” y el poder de “atar y desatar”, significan el poder de perdonar los pecados, que tienen los sacerdotes, y la autoridad que tiene el Papa para decir todas las verdades que están en el Catecismo y después estudiamos para hacer la Comunión y la Confirmación.
         Y después de Pedro, que fue el primer Papa, vinieron muchos otros Papas, hasta llegar al actual Papa Francisco, y todos hacen lo mismo que hizo Pedro: señalar a Jesús y decirle: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Por eso nosotros tenemos que estar siempre unidos al Papa –ahora, nuestro Papa, es el Papa Francisco- y a la Iglesia de siempre, de todos los siglos, y así vamos a estar iluminados por el Espíritu Santo, y así vamos a poder reconocer a Jesús en la Eucaristía y le vamos a poder decir, sin equivocarnos: “Jesús, Tú en la Eucaristía eres el Hijo de Dios, y te amamos con todo el corazón”.

         

domingo, 23 de junio de 2013

El Evangelio para Niños: “Jesús, Tú eres el Hijo de Dios”


(Domingo XII – TO – Ciclo C – 2013)
         El Evangelio de hoy cuenta lo que pasó cuando Jesús una vez les preguntó a sus amigos si ellos sabían qué era lo que las personas decían de Él. Sus amigos le dijeron que muchos creían que era un profeta que se llamaba Elías, otros, creían que era un hombre santo. Pero solo Pedro dijo la verdad: “Jesús, Tú eres el Hijo de Dios”. Pedro, que era el primer Papa, era el único que sabía la repuesta, porque el Espíritu Santo se lo había dicho al oído. Y eso mismo que Pedro dijo a Jesús, lo tenemos que decir nosotros cada vez que estemos delante del sagrario, porque la Eucaristía es el mismo Jesús, que es el Hijo de Dios.
         Es muy importante saber que Jesús no es un hombre más como cualquier otro, sino que es el Hijo de Dios, que ha venido a nuestro mundo y se ha hecho hombre, sin dejar de ser Dios, para hacernos a todos nosotros hijos adoptivos de Dios y así poder llevarnos al cielo.
         También es importante saber que Jesús es Dios, porque así sí vale la pena dar la vida por Jesús: si Jesús fuera solo un hombre y nada más, no tendría sentido ni dar la vida ni seguirlo ni tratar de ser como Él, porque ningún hombre puede perdonar los pecados, dar el Espíritu Santo, y llevar a todos al cielo, como hace Jesús. Pero como Jesús es Dios, entonces todo lo que Él promete, lo cumple. Jesús promete que si nosotros lo amamos y lo seguimos, diciendo “no” a nuestros caprichos, a la pereza, a la falta de paciencia, a la falta de amor a los demás, y luchamos cada día por ser más y más buenos para ser como Jesús, llevando la Cruz de cada día, Él nos va a llevar al cielo, a la Casa de su Papá, en donde vamos a vivir alegres para siempre junto a Jesús, a la Virgen y a todos los ángeles y santos.

         Cuando vayamos a rezar delante del sagrario, nos tenemos que acordar del primer Papa, Pedro, que le dijo a Jesús: “Tú eres el Hijo de Dios”, y le tenemos que decir a Jesús que está en la Eucaristía: “Jesús Eucaristía, Tú eres el Hijo de Dios y te has quedado en el sagrario para darme tu Amor. Haz que te ame tanto pero tanto, que después de esta vida, siga amándote para siempre en el cielo, junto a tu Mamá, la Virgen, que es también mi Mamá del cielo”.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Santa Misa para Niños (XIV) En la Misa, junto al Papa, le decimos a Jesús Eucaristía: “Tú eres el Mesías”




Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:


Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa N.,

En esta parte de la Misa, el sacerdote nombra al Papa, que se llama "Benedicto XVI". ¿Por qué lo nombra? Porque el Papa tiene mucha importancia para la Iglesia de todo el mundo, y por supuesto para cada uno de nosotros. Es tan importante el Papa, que nadie puede ir al Cielo si no cree lo que el Papa cree. 
¿Y en qué es en lo que el Papa cree? El Papa cree en Jesús, pero no como un hombre cualquiera, sino como Hombre verdadero y Dios verdadero, y por eso le llama: el Hombre-Dios. Además, el Papa cree que Jesús está en la Eucaristía, en Persona, y no simplemente en el recuerdo. 
Esto es muy importante, porque la fe del Papa es la fe de toda la Iglesia, y por lo tanto, es nuestra fe. Si tenemos la misma fe del Papa, estamos dentro de la Iglesia; si creemos en algo distinto, entonces estamos fuera de la Iglesia.
Entonces nosotros, como cristianos, tenemos que creer en lo mismo que cree el al Papa, y para eso el sacerdote lo nombra al Papa en esta parte de la Misa: no es solamente para que nos acordemos de él, sino para que tengamos la misma fe del Papa.
Para ayudarnos a saber cómo es la fe del Papa en Jesús, nos tenemos que acordar de una vez que Jesús, estando en Palestina, lo llamó a Pedro -que era pescador-, para darle un cargo muy importante: quería hacerlo Jefe de su Iglesia en la tierra.
Y como el significado del nombre tiene mucha importancia para los judíos, Jesús le agregó un nombre nuevo al nombre que ya tenía, que era “Simón”, y lo llamó: “Kefas”, que quiere decir “Piedra”. Desde entonces se llamó “Simón Pedro”.
Con eso le decía que él iba a ser como una piedra de esas que se ponen en la tierra antes de hacer una casa, y que sobre él iba a construir su Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia” (cfr. Mt 16, 13-19).
También nos tenemos que acordar de cuando Pedro le dice a Jesús: “Tú eres el Mesías” (cfr. Mt 16, 13-23), porque ahí le está diciendo a Jesús que Él es el Salvador de los hombres, y eso es lo que nosotros le tenemos que decir a Jesús en la Eucaristía: “Tú eres el Mesías”. La Eucaristía no es un poco de pan bendecido: es Jesús, que está escondido en algo que parece un poco de pan, pero ya no es más pan; por eso, tenemos que decirle a Jesús Eucaristía lo mismo que le dijo Pedro a Jesús en Palestina: “Tú eres el Mesías”. Nunca nos vamos a equivocar, si repetimos siempre las palabras que Pedro le dijo a Jesús.
Pero también tenemos que acordarnos de esa vez en la que Pedro y los demás pescadores habían estado pescando toda la noche, sin poder pescar nada, pero cuando vino Jesús al otro día, pudieron pescar: es lo que en el Evangelio se llama: "pesca milagrosa". Fue así: era de noche y Pedro y sus compañeros salieron a pescar, pero aunque estuvieron toda la noche tirando las redes en el mar, no pudieron sacar ningún pez. Cuando ya era de mañana temprano, llegó Jesús y le dijo a Pedro: "Navega mar adentro y echa las redes"; Pedro hizo lo que Jesús le decía, y pescó muchos peces; tantos, que tenían temor de que la barca se hundiera. Cuando llegaron al puerto o a la playa, de donde salieron, empezaron a separar a los peces buenos de los peces malos, esos que están descompuestos y ya no sirven, para tirarlos de de nuevo al mar a los malos, y quedarse con los buenos.
Todo en esta hermosa historia de la pesca milagrosa tiene un sentido que nos enseña el camino para ir al cielo: la Barca es la Iglesia; el mar es la tierra y la historia; los peces son los hombres; Pedro, el pescador, es el Papa, Pescador de hombres por encargo de Jesucristo; la red es Jesús; los otros pescadores son los Apóstoles; el puerto o la playa adonde va la Barca después de la pesca, es el Juicio Final; el trabajo que hacen los pescadores, separando a los peces buenos de los malos, son los Ángeles de Dios, que separan a los hombres buenos, para llevarlos al cielo, de los malos, para arrojarlos al infierno, de donde no podrán nunca más salir, por no querer portarse bien y amar a Dios y a sus hermanos. Los peces malos son aquellos que preferían ver un partido de fútbol en el estadio o en la televisión, antes que venir a Misa, y son aquellos que no les importaba lo que Jesús había enseñado: “Amen a sus enemigos”, y así se portaban mal con todos, y eran malos con todos, y como los que son malos no pueden estar delante de Dios, entonces los arrojan fuera de la barca, es decir, son los que nunca van a entrar en el cielo.
Los peces buenos, los que quedan en la Barca, son los que en su vida terrena se alimentaron de la Eucaristía, y asistían a Misa los domingos, y trataban de ser buenos con sus hermanos más necesitados. Otra cosa que nos enseña esta historia es que cuando Pedro quiere pescar solo, sin Jesús, es de noche, y no pesca nada; pero cuando llega Jesús, obedece a Jesús, sale a pescar, es de día, y pesca muchos peces: esto nos enseña el valor de obedecer a Jesús y a sus Mandamientos.
Entonces, cuando el sacerdote en esta parte de la Misa nombre al Papa, nos acordamos de Pedro, cuando le decía a Jesús: “Tú eres el Mesías”, y desde lo más profundo del corazón, le decimos a Jesús Eucaristía: “¡Jesús Eucaristía, Tú eres el Mesías; ven a mi pobre corazón, llénalo de tu gracia y de tu amor, y haz que al final de mi vida, pueda ir al cielo, para estar con Vos y con la Virgen para siempre!”.