Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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miércoles, 29 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (V) - Segunda Aparición de la Virgen

La Segunda Aparición de la Virgen ocurrió el 13 de junio de 1917, y al igual que había sucedido en la Primera, los pastorcitos notaron nuevamente un resplandor, al que llamaban relámpago, pero que no era propiamente tal, sino el reflejo de una luz que se aproximaba. Como la Virgen les había anticipado que se les aparecería en ese día y en ese lugar, había un grupo de personas, alrededor de cincuenta, que se encontraban con los niños. Los espectadores notaron que mientras los pastorcitos dialogaban con la Virgen, la luz del sol se obscureció. Otros dijeron que la copa de la encina, cubierta de brotes, pareció curvarse como bajo un peso, un poco antes de que Lucía hablara. Durante el diálogo de Nuestra Señora con los videntes, algunos oyeron un susurro como si fuese el zumbido de una abeja.
El diálogo entre la Virgen y Lucía fue así:
-Lucía: “¿Vuestra Merced qué quiere de mí?”
NUESTRA SEÑORA: “Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, que recéis el rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después diré lo que quiero”.
Lucía pidió la curación de una persona enferma.
NUESTRA SEÑORA: “Si se convierte, se curará durante el año”.
Lucía: “Quería pedirle que nos llevara al cielo”.
NUESTRA SEÑORA: “Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré en breve. Pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace le prometo la salvación; y serán amadas de Dios estas almas como flores puestas por mí para adornar su trono”.
Lucía: “¿Y me quedo aquí sola?”
NUESTRA SEÑORA: “No, hija. ¿Y tú sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”. Al decir estas últimas palabras -cuenta la Hna. Lucía- abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de aquella luz tan intensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Francisco y Jacinta parecían estar en la parte que se elevaba hacia el cielo y yo en la que se esparcía por la tierra. Delante de la mano derecha de Nuestra Señora había un corazón rodeado de espinas que parecía se le clavaban por todas partes. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación.
Cuando se desvaneció esta visión, la Señora, envuelta todavía en la luz que de Ella irradiaba, se elevó del arbusto sin esfuerzo, suavemente, en dirección al este, hasta desaparecer del todo. Algunas personas más próximas notaron que los brotes de la copa de la encina estaban inclinados en la misma dirección, como si los vestidos de Nuestra Señora los hubiesen arrastrado. Sólo algunas horas más tarde volvieron a su posición natural”[1].

        


Enseñanzas espirituales de la Segunda Aparición de la Virgen
         -Al mismo tiempo que se aparece la Virgen, precedida por un resplandor, la luz del sol se oscurece. La Virgen aparece envuelta en una luz más brillante que el sol, porque es la “Mujer revestida de Sol”, de la que habla el Apocalipsis; Ella, por ser la Purísima Inmaculada, es la Llena de gracia y en Ella inhabita la Santísima Trinidad, y como Dios es luz, una luz más brillante que miles de millones de soles juntos, comparada con esta luz, la luz del astro sol es como una sombra. La Virgen, que es Inmaculada, es decir, no tiene la más pequeñísima sombra de pecado o de malicia, transparenta en sí misma la luz de Dios, a Dios, que es luz, y por eso cuando Ella se aparece, la luz del astro sol palidece. Esto es lo que significa que los testigos hayan declarado que “la luz del sol se había obscurecido”. Otro detalle que declararon los testigos fue que los brotes de la copa de la encina, donde se posó la Virgen, parecían doblados bajo un peso, y que cuando la Virgen se retiró, esos brotes se movieron como si hubieran sido arrastrados por el vestido de la Virgen. Esto es para indicar la realidad del cuerpo humano glorificado en la otra vida: sigue siendo el mismo cuerpo humano que poseemos aquí, pero glorificado –para los que van al cielo-. Que hayan escuchado como el zumbido de una abeja, significa que los diálogos del cielo los escuchan y entienden sólo aquellos que el cielo quiere que escuchen y entiendan.
         -Lucía, respetuosamente, le pregunta a la Virgen qué es lo que desea la Virgen que haga ella, y eso es lo que todos debemos preguntarle a la Virgen -aunque no se nos aparezca visiblemente- todos los días de nuestra vida, al levantarnos, durante el día, al acostarnos: “Virgen María, Madre mía, ¿qué es lo que quieres que haga? ¿Qué quieres de mí?”. No hay nada más gozoso que obedecer a las órdenes de la Virgen, porque son las órdenes del mismo Dios en Persona, que es Amor y solo Amor.
         -La Virgen le responde que quiere que regrese el mes siguiente, al mismo día, y que “recen el Rosario todos los días”. A nosotros nos pide que regresemos a su presencia, es decir, que la tengamos presente, no recién el mes que viene, sino todos los días, y esto por medio del rezo del Santo Rosario. Rezar el Rosario es ponernos en presencia de la Virgen, que escucha cada Avemaría que pronunciamos, recibiendo a cada Avemaría recitado con amor en su Corazón Inmaculado como lo que es, una rosa espiritual. A la Virgen, como a toda madre, le gustan las flores y especialmente las rosas; rezar el Rosario es entregarle rosas espirituales, una por cada Avemaría. La Virgen quiere que le regalemos un rosal de rosas espirituales cada día, y para eso nos pide que recemos el Rosario.
         -Lucía le pide la curación de una “persona enferma”, y la Virgen le dice que “si se convierte”, se curará en ese año. Aunque no siempre es así, en este caso, la curación del cuerpo enfermo depende de la conversión del alma. Convertirse es volver el rostro del alma a Dios, que es Sol de justicia, que con sus rayos ilumina y con su luz da de su Vida, de su Amor, de su paz y de su alegría. Pero Dios no puede iluminar y comunicarse a quien no lo quiere, por eso es necesaria la conversión, es decir, el volver el rostro del alma a Dios. La conversión es como el movimiento que hace el girasol, que de noche está cerrado y de espaldas al sol, inclinado hacia la tierra, pero cuando amanece y sale el sol, el girasol abre su corola, se vuelve hacia el sol y lo sigue en su recorrido por el firmamento; de igual manera, un alma no convertida, vive en la obscuridad del pecado, y su rostro está inclinado a las cosas bajas, a las cosas de la tierra; la conversión es cuando la Virgen intercede para que la luz de la gracia amanezca en su corazón y así se vuelva capaz de elevarse por encima de las cosas de la tierra, abriendo los ojos del alma a Jesús, Sol de justicia, y contemplándolo con Amor e imitando su vida. Esto es lo que la Virgen pide, la conversión del alma, para que después se cure el cuerpo, porque de nada sirve un cuerpo sano si el alma está enferma, con el cáncer incurable del pecado mortal.
         -Lucía le pide que “los lleve al cielo”.
         -La Virgen le dice que sí, pero primero los llevará a Jacinta y a Francisco, y a Lucía la dejará un tiempo más, para que la haga conocer y amar y para que  dé a conocer la mundo la devoción a su Inmaculado Corazón. Al que sea devoto de su Inmaculado Corazón, Ella le promete la salvación, y le dice que esas almas serán amadas de Dios como flores puestas por Ella para adornar su trono. El motivo es que el Corazón de la Virgen es como un Jardín hermosísimo, siempre florecido; son las virtudes de Ella y de Jesús, que despiden perfumes y fragancias exquisitos, desconocidos para el hombre. El que se consagra a la Virgen y se esfuerza por imitar sus virtudes y por vivir en gracia, no solo nunca es alcanzado por la pestilencia del pecado, sino que convierte su corazón en una imitación del corazón de la Virgen. Un corazón en pecado es como un desierto árido, lleno de alimañas, de víboras venenosas, de alimañas, escorpiones, arañas, roedores; un corazón que no ama a la Virgen es como un bosque oscuro, frío, tenebroso, habitado por extrañas y horribles creaturas monstruosas. En un corazón así, no entra la luz de la gracia, y es ocupado por los siniestros ángeles caídos. Por el contrario, el que se consagra a la Virgen, adorna su corazón con la luz y la gracia de Dios, y hacen de él un lugar tan agradable, que hasta el mismo Dios quiere venir a habitar en él.
         -La Virgen le dice que su Corazón Inmaculado será dos cosas: “refugio” y “camino que conduce a Dios”. “Refugio”, porque el mundo está bajo el maligno, como dice San Juan, y por eso hay tanta violencia, tanto engaño, tanta mentira. El mal asola el mundo, y los demonios acechan para hacer caer en sus perversas trampas, a cada momento. El mundo bajo el maligno es como un tornado gigantesco que devasta y destruye todo a su paso; el único refugio seguro es el Corazón Inmaculado de María. Es también el único “camino que conduce a Dios”, porque la Virgen enseña a negarnos a nosotros mismos, en nuestros enojos, impaciencias, perezas, y en todas las cosas malas; la Virgen nos enseña a cargar la Cruz de todos los días, siembra en nuestro corazón el deseo de seguir a Jesús, y nos guía para que vayamos detrás de su Hijo, por el camino del Calvario, que es el único camino que nos conduce a Dios. El mundo, por el contrario, nos muestra un camino fácil, en donde sólo hay que satisfacer nuestros caprichos y ser egoístas, no hace falta cargar la Cruz, y hay que caminar por un camino en bajada, que conduce lejos de Dios, fácil de andar, pero que termina en un abismo oscuro, en donde habita el ángel de la oscuridad. Por eso, el único camino que conduce a Dios, es el Inmaculado Corazón de María.
         -La Virgen les muestra la luz de Dios, que los sumerge en Dios, y como Francisco y Jacinta iban a partir pronto hacia el cielo, están más arriba, mientras que Lucía, que permanecería más tiempo, se encuentra más abajo. En la mano de la Virgen está su Corazón Inmaculado, rodeado de espinas “que se clavaban por todas partes”: son los pecados de los hombres, sus cosas malas que salen de sus corazones –mentiras, desobediencias, engaños, violencias, desprecios a la Eucaristía, entre otras muchas cosas más- y que ofenden al Corazón de María, que necesita por lo tanto reparación de parte nuestra.
        




[1] Cfr. “Memorias II”, págs. 48 y 49; “Memorias IV”, págs. 134 y 135; De Marchi, págs. 96 a 98; Walsh, págs. 94 y 95; Ayres da Fonseca, págs. 34 a 36; Galamba de Oliveira, pág. 7.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (III): Tercera Aparición del Ángel de Portugal



La Tercera Aparición del Ángel
Según Lucía, la tercera aparición del ángel ocurrió entre finales de Septiembre y comienzos de Octubre de 1916. Sucedió un día en el que los pastorcitos, que habían llevado a su rebaño hasta Cabeco, se encontraban arrodillados con la frente en tierra, en la posición que el ángel les había enseñado, rezando la oración que el Ángel les había enseñado en la Primera Aparición: “Dios mío, yo creo en ti, yo te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”. El Ángel se apareció envuelto en una luz “más blanca que la nieve”, y se les presentó bajo la apariencia de un joven de unos 14 ó 15 años, transparente y de una gran belleza.
Veamos cómo la Hermana Lucía narra la tercera y última aparición del Ángel: “En cuanto llegamos allí, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del ángel: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo...”. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vimos al ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual estaba suspendida una Hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sagrado Corazón y por los del Inmaculado Corazón de María, os pido humildemente por la conversión de los pobres pecadores”.
Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la Hostia, y me dio la Hostia a mí. Lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo: ‘Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios’.
De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: ‘Santísima Trinidad...’. Y desapareció.
Llevados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al ángel en todo; es decir, nos postrábamos como él y repetíamos las oraciones que él decía. La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa, que nos absorbía y aniquilaba casi por completo. Parecía como si nos hubiera quitado por un largo espacio de tiempo el uso de nuestros sentidos corporales. En esos días, hasta las acciones más materiales las hacíamos como llevados por esa misma fuerza sobrenatural que nos empujaba. La paz y felicidad que sentíamos era grande, pero sólo interior; el alma estaba completamente concentrada en Dios. Y al mismo tiempo el abatimiento físico que sentíamos era también fuerte”.

Enseñanzas espirituales en la Tercera Aparición del Ángel de Portugal
         -A diferencia de la Segunda Aparición del Ángel, en la que los niños están jugando, aquí se encuentran orando y con la oración que el mismo Ángel les había enseñado. Además de la oración, los pastorcitos demuestran que habían aprendido la lección de rezar a Dios en todo momento, no por obligación, sino por amor: quien ama a alguien, gusta de hablar con quien ama; quien ama a Dios, gusta de rezarle, porque rezar es hablar con Él y recibir de Él su infinito amor misericordioso.
         -El Ángel viene envuelto en una luz “más blanca que la nieve”, símbolo de la gracia santificante en la que él vive; tiene la apariencia de un joven de catorce o quince años, y es de gran belleza. Como todos los ángeles, él también fue sometido a una prueba por Dios: les preguntó si querían servirlo y amarlo a Él o no, y el Ángel de Portugal eligió servir y amar a Dios, y por eso está envuelto en luz y aparece envuelto en luz. La diferencia con los ángeles que no quisieron servir a Dios, es que estos últimos viven en la oscuridad, y nunca jamás podrán amar y servir a Dios, porque ellos eligieron libremente ser enemigos de Dios, uniéndose al Príncipe de las tinieblas, que cuando se le preguntó si quería amar y servir a Dios, dijo: “No amaré y no serviré a Dios”, y ahí fue cuando perdió para siempre la gracia santificante, quedando envuelto en tinieblas y oscuridad. El Ángel envuelto en luz, con su apariencia joven y hermosura, nos indica que es en el cielo en donde se vive la juventud para siempre, dada por la gracia santificante, y que es esta, y no la apariencia externa, lo que concede belleza a una persona. En la tierra, la juventud pasa pronto; en el cielo, se es eternamente joven, porque Cristo es Dios eternamente joven, y allí nadie tiene más de treinta y tres años, que es la edad de Cristo al morir en la Cruz.
         -El Ángel trae en sus manos un cáliz y una Hostia, de la cual caen gotas de sangre en el cáliz. El Ángel enseña que la Eucaristía no es un pan bendecido: parece un pan, tiene sabor a pan, pero es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. El hecho de que caigan gotas de sangre desde la Hostia hacia el cáliz, indica que en la Hostia está palpitante, vivo, resucitado y glorioso, Cristo Jesús, con su Sagrado Corazón traspasado, que es de donde sale la Sangre para ser recogida en el cáliz. La Sangre nos recuerda que la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, sólo que incruento, y es al mismo tiempo el signo que nos indica el Amor sin límites de Jesús por cada uno de nosotros: si alguien quiere saber cuál es la medida del Amor de Jesús, sólo tiene que recordar la Sangre que cae de la Hostia al cáliz, para saberlo: nos ama hasta la muerte de Cruz, nos ama hasta dar la vida por nosotros, por cada uno, en la Cruz.
Luego deja el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postra en tierra y repite por tres veces una oración: “Santísima Trinidad…”. De esta manera, les enseña a adorar la Eucaristía y a ofrecerla en reparación por los pecados de los hombres, principalmente los pecados de ingratitud. Jesús murió por toda la humanidad, dio su vida por todos y cada uno de los hombres, y está Presente en cada Eucaristía, en los sagrarios, para dar de su Amor a quien se le acerque, pero los hombres prefieren sus vanas distracciones –fútbol, música, deportes, salidas, recreaciones-, antes que asistir a Misa el Domingo, y muchos que van a Misa el Domingo, e incluso comulgan, lo hacen con un corazón malo, corazón con el que daña a su prójimo de palabra o de obra, y esto ofende mucho a Jesús. El Ángel pide reparaciones para consolar al Corazón de Jesús, ofendido por tantos ultrajes, sacrilegios e indiferencias, pero para poder reparar los “crímenes” de los hombres, es necesario que uno mismo no solo no cometa esos crímenes, sino que aprecie de tal manera la vida de la gracia, que prefiera “morir antes que pecar”, como pedía Santo Domingo Savio en el día de su Primera Comunión.
-Enseña además a comulgar: de rodillas, y haciendo antes un acto de adoración a Cristo Dios Presente en la Eucaristía. No se puede comulgar sin hacer una adoración interior, desde lo más profundo del corazón, y como esta adoración se origina en el amor a Jesús Eucaristía, no se puede comulgar sin amor a Jesús. La adoración y el amor interior se acompañan de un gesto exterior que los representa, y es la comunión de rodillas. Quien comulga de rodillas, pero no hace un acto previo, interior, de amor y adoración a Jesús Eucaristía, no comulga según las enseñanzas del Ángel. Quien comulga, y más todavía si lo hace de rodillas, debe hacer previamente un profundo acto de amor y de adoración a Jesús Presente en la Eucaristía.
-Cuando les da la comunión, el Ángel les dice: ‘Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios’. El Ángel tiene presente, en el momento de la comunión, al Sagrado Corazón de Jesús, “horriblemente ultrajado” por la maldad del corazón humano. El que comulga debe tener también presente al Sagrado Corazón, y pedirle perdón por los pecados propios y los de los demás. La expresión “horriblemente ultrajado” es muy fuerte, y da idea de la magnitud de las ofensas hechas a Jesús en la Eucaristía. La comunión, hecha con amor y adoración, es un acto reparador, que en algo consuela a Jesús, “horriblemente ultrajado por los hombres ingratos”, quienes con sus pecados, llamados “crímenes”, ofenden continuamente su majestad divina; quien comulga con intención de reparar esos pecados, “consuela” a Jesús. Comulgar entonces no puede ser nunca un acto distraído, como quien recibe en la boca y come un poco de pan; tiene que ser un acto de amor, de adoración y de reparación, para consolar a Jesús que sufre por la ingratitud de los hombres.
-La visita del Ángel se acompaña de la Presencia de Dios, Presencia que se hace sentir no sólo interiormente, sino también en el aspecto físico. La Presencia de Dios produce un estado de paz y de intensa alegría y felicidad, además de dejar concentrada al alma en Él, porque el alma se siente tan bien en presencia de Dios, que no quiere dejarlo nunca, y por eso ora continuamente. La visita de un ángel de luz se reconoce por estos efectos: paz, alegría, deseos de orar, movidos por el intenso amor a Dios.
Esta fue la última aparición del Ángel, quien de esta manera preparó los corazones de los pastorcitos para la visita de la Reina de los cielos, la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima.

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (II): Segunda Aparición del Ángel de Portugal



La Segunda Aparición del Ángel
Durante el verano de 1916 los tres primos estaban jugando en el calor del día en el jardín cerca del pozo detrás de la casa de los Santos en Aljustrel. Lucía describe cómo el ángel se les apareció una vez más, pero esta vez, reprochándoles por su falta de seriedad espiritual.
Dice así Sor Lucía: “Ocurrió a mediados del verano, cuando llevábamos los rebaños a casa hacia mediodía para regresar por la tarde. Estábamos a la sombra de los árboles que rodeaban el pozo de la quinta Arneiro. De pronto vimos al mismo Ángel junto a nosotros: ‘¿Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad mucho! Los corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!’. ¿Cómo hemos de sacrificarnos?, pregunté. ‘De todo lo que pudierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su guardia, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe”.
Esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo el primero en ellos. Lucía nos dice: Estas palabras hicieron una profunda impresión en nuestros espíritus; fueron como una luz que nos hacía comprender quién es Dios, cómo nos ama y desea ser amado, el valor del sacrificio, cuánto le agrada y cómo concede en atención a esto la gracia de conversión a los pecadores. Por esta razón, desde ese momento, comenzamos a ofrecer al Señor cuanto nos mortificaba, repitiendo siempre la oración que el Ángel nos enseñó.
Enseñanzas espirituales en la segunda aparición del Ángel de Portugal
-El Ángel se les aparece mientras están jugando, y les dice que deben rezar, ya que los corazones de Jesús y María tienen designios misericordiosos para ellos. De hecho, en poco tiempo, Lucía y Francisco morirán e irán al cielo; Lucía, en cambio, vivirá más tiempo, aunque también morirá y será llevada al cielo. La Misericordia Divina quiere que todos nos salvemos y vayamos al cielo, pero para eso, es necesario rezar, por nosotros y por quien no lo hace.
         -El Ángel les dice que además de rezar, deben ofrecer “sacrificios al Altísimo”, y que lo pueden hacer “en todas las formas que puedan”, pidiendo por los pecadores y reparando por las ofensas cometidas contra Jesús. Todo el mal del mundo, todos los pecados de los hombres, todas las cosas malas que los hombres hacen, desde las más pequeñas hasta las más grandes, todo ofende a Jesús, porque Jesús es la Bondad y el Amor infinitos, y en Él no hay sombra alguna de maldad. Por eso es que no puede tolerar la maldad, ni la más pequeña, aun si viene del más inocente niño. Muchos hombres ofenden a Dios con muchísimos pecados, y muchos lo hacen de modo voluntario, y ése es el motivo por el cual el cristiano, que ama a Cristo, tiene que ofrecer sacrificios y oraciones en reparación por los que ofenden a Jesús. Sacrificarse es orar con el cuerpo, y tiene mucho valor esta forma de oración, porque es unirse al sacrificio de Jesús en la Cruz. El sacrificio “en todas las formas que puedan”, quiere decir que de todo se puede hacer sacrificio, sin necesidad de hacer grandes peregrinaciones para tal motivo. Por ejemplo, se puede ofrecer, interiormente, en silencio, sin que nadie se de cuenta, a Jesús y a la Virgen, un día de mucho calor, o de mucho frío; una comida que no me gusta, la como sin quejarme; una tarea en el hogar, que no me gusta hacer, pero la hago en silencio y gustoso; en vez de dar una respuesta impaciente, rechazo la impaciencia y contesto con afecto y amor; una persona que no me cae simpática, tratarla con amor y respeto, por amor a Jesús, etc. Como dice el Ángel, “de todo” se puede ofrecer sacrificios, pidiendo por la conversión de los pecadores.
         -El Ángel les dice que “acepten y soporten con paciencia los sufrimientos que Dios les enviará”. Contrariamente a lo que puede parecer, las apariciones de los ángeles, o de la Virgen y Jesús, no significa que “todo va a ir bien”, que no vamos a tener problemas de ninguna clase, que vamos a ser admirados, aplaudidos y respetados por todo el mundo. El Ángel les advierte que Dios les enviará “sufrimientos”, y que deben “aceptarlos y soportarlos con paciencia”. Esto se debe a que la bendición de Dios no es lo que el mundo piensa; estar bendecido por Dios no significa “no tener problemas”, y que los negocios del mundo vayan viento en popa; no quiere decir ganar mucha plata, ni tener buen trabajo, ni estar libre de enfermedades o tribulaciones, porque la bendición de Dios pasa por la Cruz. Para entender la bendición de Dios, hay que mirar a Jesús crucificado: en la Cruz, Jesús no está “cómodo”; en la Cruz, no está sin tribulaciones, al contrario, es la Gran Tribulación de la Cruz; en la Cruz está dolorido, y sufre con pena la traición y el abandono de muchos de sus amigos. Ser bendecido por Dios, quiere decir ser crucificados junto a Jesús, y eso es muy distinto a lo que el mundo toma como “bendición”. Pero también el que está crucificado junto a Jesús, tiene el consuelo de la presencia de la Virgen María, porque Ella está al pie de la Cruz, consolando con su amorosa presencia maternal a su Hijo Jesús. Que Dios envía sufrimientos a quienes bendice, eso lo experimentaron en persona los pastorcitos: al poco tiempo, sufrieron la incomprensión de sus padres –aunque finalmente los padres creyeron-, de alguna gente del pueblo, que no les creían que se les apareciera la Virgen; también sufrieron y mucho, de parte de las autoridades civiles, quienes los llegaron incluso a amenazar con hacerlos hervir en aceite si no decían que todo era mentira; luego, sufrieron en sus cuerpos, porque se enfermaron gravemente y murieron. Frente a los sufrimientos, los niños hicieron como el ángel les había dicho: aceptaron y soportaron todo con paciencia, porque eran sufrimientos venidos de Dios, que es infinitamente bueno, y como Dios es infinitamente bueno, el sufrimiento que manda, cuando se lo une a la Cruz de Jesús, Dios lo convierte en bendición y alegría. Además, en comparación, el sufrimiento dura muy poco, y a cambio de ese sufrimiento aceptado, Dios nos da ¡una eternidad de alegría! Eso es lo que les pasó a los pastorcitos: sufrieron todo esto por muy poco tiempo, y ¡ahora viven en el cielo, alegres junto a Jesús y a la Virgen, para siempre!
         -El Ángel les dice que él es el “Ángel de Portugal”, lo cual quiere decir que no solo las personas tienen un Ángel Custodio, sino que el país tiene su propio Ángel Custodio. Entonces nuestra Patria Argentina también tiene un ángel custodio, el Ángel de Argentina, y a él hay que rezarle y pedirle por nuestra Patria y nuestros compatriotas, porque ha sido puesto por Dios para que nos asista. Por ejemplo, hay que pedirle por los gobernantes, por los problemas que se suceden todos los días, y también por Malvinas, para que las recuperemos para siempre, y por todo lo que nuestra querida Patria necesite, sobre todo la paz, que viene por la oración y los sacrificios. Además, es doctrina de la Iglesia que todo grupo humano –familia, grupos de oración, etc.- tiene su ángel custodio.
         -Lucía dice que las palabras del Ángel actuaron en sus almas como “llamas ardientes” que les hicieron comprender “quién es Dios, cuánto nos ama, cuánto quiere que lo amemos, y cuánto le agrada el sacrificio que podamos hacer por la conversión de los pecadores. Dios es Amor infinito, como un océano sin playas y sin fondo, y quiere que todos nos salvemos, por la oración, el amor al prójimo y los sacrificios por los pecadores.