Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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sábado, 22 de abril de 2017

El Evangelio para Niños: Fiesta de la Divina Misericordia


(Ciclo A - 2017)
         Hoy celebramos la “Fiesta de la Divina Misericordia”. ¿Por qué la celebramos? Porque Jesús se le apareció una vez a una monjita y le dijo que quería que el primer domingo después de Pascua, se festejara, en toda la Iglesia, la Fiesta de la Divina Misericordia.
         ¿Cómo sucedió eso? Hace muchos años, en un país llamado “Polonia”, Jesús se le apareció a una monjita, que se llamaba Sor Faustina, y se le apareció así como lo vemos en la imagen: de pie, con la mano en alto, bendiciendo, y con dos rayos, uno blanco y otro rojo, saliendo de su Corazón, y debajo de los pies, había una leyenda que decía: “Jesús en Vos confío”.
         ¿Por qué Jesús quería que Santa Faustina hiciera pintar un cuadro y que toda la Iglesia, en todo el mundo, hiciera fiesta por la Misericordia de Dios? Porque en este día, las compuertas del cielo se abren y dejan caer, por así decir, millones y millones de toneladas de gracias, sobre las almas de los pecadores. En el cielo hay fiesta, porque se abren las puertas del Amor de Dios, que es el Corazón traspasado de Jesús, y es este Amor el que perdona los pecados de los hombres a través del Sacramento de la confesión, dejando sus almas limpias y listas para ir al cielo.
         Jesús le prometió también a Santa Faustina que al que lo mirara a Él en la imagen y con mucho amor y fe dijera: “Jesús en Vos confío”, y se refugiara bajo sus rayos –el blanco, simboliza el agua, que es la gracia que quita el pecado en el Sacramento de la Confesión, y el rojo, que simboliza la Sangre, que nos alimenta en la Eucaristía-, Él lo iba a proteger en esta vida y que después lo iba a llevar al cielo en la otra vida. “Vivir bajo los rayos” del Corazón traspasado de Jesús, quiere decir confesarnos con frecuencia y comulgar, con mucho amor, en estado de gracia.

         Entonces, por pedido de Jesús, hoy festejamos la Fiesta de la Divina Misericordia en toda la Iglesia, pero en realidad, la podemos festejar todos los días, y la forma de hacerlo es: confesarnos seguido, recibir a Jesús Eucaristía todas las veces que podamos, ser misericordiosos con los más necesitados y decir, desde lo más profundo del corazón, todos los días, todo el día, y con todo el amor del que seamos capaces: “Jesús, en Vos confío”.

domingo, 3 de abril de 2016

La Fiesta de la Divina Misericordia para Niños


         Una vez, Jesús se le apareció a Santa Faustina y le dijo que Él quería que el Domingo siguiente al de Pascua, se hiciera una fiesta en la Iglesia, que se tenía que llamar “Fiesta de la Divina Misericordia”.
         En esa Fiesta, el que se confesara, iba a recibir el perdón de los pecados –la culpa- y también la pena, que es lo que queda en el alma después que se perdona el pecado; es decir, el que se confiese en esta Fiesta, queda con su alma limpia y brillante, lista para ir al cielo.
         Cuando nos confesamos, es como si nos pusiéramos debajo de la cruz de Jesús, cuando Él estaba el Viernes Santo, para que nos caigan la Sangre y el Agua que brotaron de su Corazón cuando fue traspasado por la lanza del soldado romano: el Agua lava nuestros pecados y la Sangre nos da la gracia de Dios y así nuestra alma queda hermosa, limpia, brillante, y cuando Dios Padre nos ve, somos tan parecidos a Jesús, que Dios Padre cree que está viendo a su mismo Hijo Jesús, y nos ama con todo el Amor de su Corazón de Dios, el Espíritu Santo.

         Cuando nos confesamos, nos ponemos bajo los rayos Rojo y Blanco que brotan del Corazón de Jesús, y así estamos seguros, refugiados, porque entonces la Justicia de Dios, que es muy severa, no nos alcanza. Es como cuando alguien, cuando hay una tormenta muy pero muy fuerte, con muchos rayos y truenos que caen muy cerca, entra en un refugio en donde está a salvo, porque ahí no le hacen nada ni los rayos ni los truenos. Es por eso que siempre pero siempre debemos confesarnos, para que ninguno de los rayos de la Justicia de Dios nos alcance, y vivamos en cambio siempre protegidos por los rayos de la Sangre y el Agua del Corazón de Jesús. Y para parecernos todavía más a Jesús, busquemos siempre de hacer obras de misericordia –hay catorce en total, así que alguna podemos hacer-, para que, siendo como Jesús, Dios Padre, al vernos, crea que está viendo a su Hijo Jesús, y así nos dé el Espíritu Santo sin medida y nos lleve a vivir con Él, en su hermosa casa, que es el Reino de los cielos.

viernes, 5 de abril de 2013

La Divina Misericordia para Niños



         Una vez Jesús le dijo a una monjita, que se llamaba Sor Faustina y que ahora está en el cielo para siempre, que Él quería que en la Iglesia se hiciera una fiesta muy grande y muy linda y que Él quería que se llame “Fiesta de la Divina Misericordia”.
         Esa fiesta –que no era una fiesta como las de cumpleaños, con globos, tortas, y todas esas cosas, pero era una fiesta más linda que la más linda fiesta de cumpleaños- se tenía que hacer un día muy especial: el domingo después de su Resurrección.
         Jesús también le dijo a Sor Faustina que pintara un cuadro así como lo veía y que pusiera abajo un cartel que decía: “Jesús en Vos confío”. Jesús quería que Sor Faustina hiciera un cuadro igual a como Él estaba cuando se le apareció en el convento. ¿Cómo estaba Jesús? Jesús estaba muy hermoso, con ojos que reflejaban amor y paz, los mismos ojos con los que nos mira desde la Cruz; su mano izquierda estaba en su Corazón, y su mano derecha estaba en alto, como cuando el sacerdote da la bendición. Llevaba puesta una túnica blanca, con un cinturón dorado, y estaba descalzo. De su Corazón salía una luz blanca y una luz roja: la luz blanca quiere decir el Agua que limpia al alma del pecado que la ensucia; la luz roja, quiere decir su Sangre, que cuando cae sobre el alma, le da la vida que tiene Dios, que es vida eterna.
         Jesús prometió además que ese día, el día de la Fiesta de la Divina Misericordia, si alguien se confesaba, iba a quedar con su alma sin pecados. Y un alma sin pecados, es muy parecida al alma de la Virgen. ¿Cómo era el alma de la Virgen? Era más que limpia, limpidísima, porque cuando Ella comenzó a existir en la panza de su mamá, Santa Ana, desde ese entonces, tuvo siempre a su alma limpita de pecados; además, como la Virgen era tan Hermosa y Pura, Dios la amaba tanto a la Virgen, que le envió al Espíritu Santo para que viviera en su Corazón. Por eso es que la Virgen se llama “Inmaculada Concepción” y “Llena de gracia”, porque está sin pecados, y porque el Espíritu Santo, que se aparece como una paloma, vive en Ella, y le gusta tanto estar con la Virgen, que hizo del Corazón de la Virgen su nido de luz y de amor.
         Bueno, Jesús quiere que para esta fiesta, nosotros seamos como la Virgen, es decir, que nuestras almas estén limpias de pecado y llenas de la gracia de Dios, y esto se consigue con la Confesión sacramental y con la Comunión eucarística: con la Confesión se limpian los pecados; con la comunión, el alma se llena de gracia –que es como decir la luz, la vida y el Amor de Dios-, porque viene al alma Jesús, que es la Gracia Increada.
         Si nos confesamos y comulgamos, recibiendo a Jesús con Amor en el corazón, entonces vamos a disfrutar mucho de esta gran fiesta del cielo, la Fiesta de la Divina Misericordia.