Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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sábado, 26 de octubre de 2013

El Santo Rosario meditado para Niños: Misterios Gloriosos


La Mamá de Jesús, en Fátima, pidió que los primeros cinco sábados de mes, se rezara el Rosario meditado y se comulgara, con la intención de reparar las ofensas, ultrajes y sacrilegios que continuamente se cometen contra los Sacratísimos Corazones de
Jesús y María.

Ofrecemos estas meditaciones, para facilitar el cumplimiento del deseo de Nuestra Madre del cielo, animando a los niños y a los jóvenes para rezar y reparar.

         Primer Misterio de Gloria: Jesús vuelve lleno de la luz y de la gloria divina. Después de sepultar a Jesús el Viernes Santo, cerraron la puerta del sepulcro con una piedra gigante que no dejaba pasar la luz y por eso estaba todo oscuro. Pero el Domingo bien tempranito, del Corazón de Jesús comenzó a salir una luz que le iluminó todo el Cuerpo: esa luz era la Gloria de Dios, que Él tenía desde siempre, y que ahora le daba vida de Dios. Así resucitó Jesús y así está en la Eucaristía y cuando comulgamos, Jesús entra en nuestros corazones, que son oscuros como el sepulcro, y nos inunda de su luz, de su vida y de su Amor. Virgen María, haz que recibamos siempre a Jesús en la Eucaristía para que nos colme de su luz y de su Amor.

         Segundo Misterio de Gloria: la Ascensión de Jesús a los cielos. Jesús asciende a los cielos después de resucitar: va a prepararnos una habitación en la Casa del Padre. Pero antes de subir, nos deja una misión: que anunciemos a nuestros hermanos que Él ha muerto y resucitado y está vivo y glorioso en la Eucaristía, esperándonos. Virgen María, intercede por nosotros para que seamos santos y con el ejemplo de vida llevemos a muchos hermanos a la Santa Misa y al Sagrario.

         Tercer Misterio de Gloria: la Venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles en oración. Ya desde el cielo, y junto a su Papá, Jesús sopla el Espíritu Santo, que se aparece como lenguas de fuego sobre la Virgen y los amigos de Jesús, llenándolos del Amor de Dios y de la Fortaleza de Dios para salir a misionar. Virgen María, pídele a Jesús que también a nosotros nos envíe el Espíritu Santo, para que salgamos a misionar, anunciando que Jesús ha resucitado y nos espera en la Eucaristía.

         Cuarto Misterio de Gloria: la Asunción de María Santísima en Cuerpo y Alma a los cielos. 0Una vez, la Virgen se durmió y su Cuerpo Inmaculado se llenó de luz; cuando se despertó, vio a su Hijo Jesús que la venía a buscar para ir al cielo y estar con Él para siempre. Virgen María, haz que también nosotros, algún día, subamos en cuerpo y alma a los cielos, para estar contigo y con Jesús, y para eso, haz que vivamos siempre en gracia de Dios.


         Quinto Misterio de Gloria: la Coronación de María Santísima en el cielo. Al llegar al cielo luego de su Asunción, Jesús le da una corona de luz y de gloria a su Mamá en el cielo, porque Ella lo ayudó a llevar la corona de espinas, sintiendo en su Corazón los mismos dolores de Jesús. Virgen María, pídele a Jesús que nos ponga su corona de espinas en la cabeza, para que en el cielo tengamos una como la tuya, una de luz y de gloria. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Las Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños - Quinta Aparición de la Virgen



13 setiembre de 1917


Al igual que sucedió en las apariciones anteriores, se registraron una serie de importantes fenómenos cosmológicos, los cuales fueron observados por los que asistieron al lugar, cuyo número fue calculado entre 15 y 20 mil personas, o tal vez más: el súbito refrescar de la atmósfera, el empalidecimiento del sol hasta el punto de verse las estrellas, una especie de lluvia como de pétalos irisados o copos de nieve, que desaparecían antes de llegar a la tierra. Como de costumbre, los videntes notaron el reflejo de una luz y, a continuación, vieron a Nuestra Señora sobre la encina:
Nuestra Señora: Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre veréis también a Nuestro Señor, a Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, y a San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda; llevadla sólo durante el día.
Lucía: Me han dicho que le pida muchas cosas: la curación de un sordomudo, de algunos enfermos...
Nuestra Señora: Sí, curaré algunos, a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean.
Y comenzando a elevarse, desapareció como de costumbre. 

         -Enseñanzas espirituales de la Quinta Aparición de la Virgen
         -Se producen fenómenos meteorológicos importantes, como el palidecer del sol, tanto, que se alcanzan a ver las estrellas. Esto quiere decir que todo el universo, visible e invisible, obedece a la Virgen, porque uno de sus títulos, junto al de Madre de Dios, es el de “Reina y Señora de todo lo creado”, y en el Apocalipsis Ella aparece como “la Mujer revestida de sol, con la luna a sus pies”. Toda la Creación palidece ante la Presencia de la Madre de Dios, y el mismo sol se oscurece, como signo de que la luz que inhabita a la Virgen desde su Concepción Inmaculada, la luz de la Gracia Increada, es infinitamente más potente que cualquier luz creada. La luz del sol, o de miles de millones de soles juntos, comparados con la luz de Virgen María, son como sombras. Esto es lo que quiere decir que el sol palidece. Otro significado es que la luz de la gracia, que viene por la intercesión de María, es superior a todo lo creado, simbolizado en la luz del astro sol que se vuelve pálida.
         -La Virgen les dice que continúen rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra. El rezo del Rosario, unas palabras recitadas con unas cuentas de madera unidas por un hilo y rematadas por una cruz, tiene más poder que el poder de las armas y de las bombas que los hombres fabrican para matarse entre sí. El Rosario es más poderoso que las armas, porque por el Rosario los hombres entran en comunión con la Virgen, y a través de Ella y de su Inmaculado Corazón, entran en contacto con Dios, que es la Paz y el Amor en sí mismos, y la Paz y el Amor de Dios, que vienen por el rezo del Rosario, son inimaginablemente más potentes que el poder de las armas fabricadas por los hombres. Además, el evangelista Juan dice que Dios “es Amor”, y el Amor de Dios es “más fuerte que la muerte”, y por eso es que, al rezar el Rosario, se alcanza la paz: porque por el Rosario viene a los corazones de los hombres el mismo Dios en Persona, que es Amor, Paz y Vida, y Dios, que es Amor, Paz y Vida, triunfa siempre sobre aquello que los hombres construyen con las armas: odio, guerra y muerte.
         -Debido a que los niños han hecho sacrificios, la Virgen está contenta con ellos, pero les dice que hay algunos, de modo particular, que no los deben hacer. El que quiera hacer algún sacrificio más fuerte, debe consultarlo siempre con su director espiritual –es muy conveniente tener uno- y obedecer a todo lo que él diga, porque más vale un sacrificio hecho por obediencia, que miles hechos por propia voluntad.
         -La Virgen curará a algunos enfermos, a otros no. Todo depende de la Voluntad de Dios, que siempre nos da lo mejor para nosotros. Si a alguno le servirá para su salvación que se cure, entonces lo curará, pero si no le sirve, no lo curará. Puede suceder que algunos, recibiendo el milagro de la curación, sintiéndose con buena salud, no la aprovechen para el bien, y por eso no reciben el don de la curación; a otros, puede ser que por la enfermedad alcancen el cielo, y por eso no reciben la curación. Como sea, Dios siempre nos da lo mejor para nosotros.
         -La Virgen dice que en octubre “hará el milagro para que todos crean”, un milagro que asombrará a todo el mundo.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (I): Primera Aparición del Ángel de Portugal



Debido a que Su Santidad el Papa Francisco ha decidido consagrar su pontificado a Nuestra Señora de Fátima, presentaremos, Dios mediante, una serie de artículos en los que desarrollaremos las apariciones de la Virgen, acompañando las mismas con una breve reflexión, destinada a generar, incentivar y cultivar la vida espiritual y sobrenatural de los niños. Con respecto a las apariciones, hay que decir que la Virgen no se apareció inmediatamente en persona a los niños; como preparación a las apariciones de Nuestra Señora, se les apareció primero un ángel, quien se identificó como el "Ángel de Portugal" y "Ángel de la paz".

Al momento de las apariciones, en la Portugal rural del año 1916, era frecuente ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear. Esto es lo que los niños de las familias Marto y Santos estaban haciendo cuando se les apareció el ángel. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad agradecidos por la oportunidad de jugar al aire libre mientras las ovejas pastoreaban en silencio.  Los pastorcitos solían llevar a pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblito de Fátima (donde se encontraba la Iglesia parroquial) y Aljustrel (donde vivían los niños). Dos miradores favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeco (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Enseñada de Irene) a poca distancia de Fátima.

En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y anunciarían eventos futuros que involucrarían a toda la humanidad.

        La primera aparición del Ángel

En la primavera de 1916 Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron su primer encuentro con un ángel de Dios. En sus memorias, compuestas bajo obediencia a su obispo, Lucía nos cuenta sobre esa primera aparición: “Fuimos esa vez a la propiedad de mis padres, que está abajo del Cabeco, mirando hacia el este. Se llama Chousa Velha. Como a mitad de mañana comenzó a lloviznar y subimos la colina, seguidos de las ovejas, en busca de una roca que nos protegiera. Así fue como entramos por primera vez en el lugar santo. Está en la mitad de una arboleda de olivos que pertenece a mi padrino, Anastasio. Desde allí uno puede ver la aldea donde yo nací, la casa de mi padre y también Casa Velha y Eira da Pedra. La "Arboleda de los obispos", que en realidad pertenece a varias personas, se extiende hasta estos lugares. Pasamos el día allí, a pesar que la lluvia había finalizado y el sol brillaba en el cielo azul. Comimos nuestros almuerzos y comenzamos a rezar el rosario. Después de eso comenzamos a jugar un juego con guijarros. Pasaron tan solo unos segundos cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles y miramos hacia arriba para ver lo que estaba pasando, ya que era un día calmo, sin brisa. Luego comenzamos a ver, a la distancia, sobre los árboles que se extendían hacia el este, una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rallos del sol. Al acercarse pudimos ver sus rasgos. Nos quedamos asombrados y absortos y no nos dijimos nada el uno al otro.
Luego él dijo: “No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo”. Él se arrodilló, inclinando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”. Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo: “Oren de esta forma. Los corazones de Jesús y María están atentos a vuestras súplicas”.

Y desapareció. Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural que era tan intensa que estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de Dios era tan poderosa e íntima que aún entre nosotros mismo no podíamos hablar. Al día siguiente, continuaba esta atmósfera, y fue disminuyendo gradualmente hasta desaparecer. Ninguno de nosotros pensó en hablar de esta aparición o hacer ningún tipo de promesa en secreto. Las palabras del ángel impactaron tan profundamente en nuestras mentes que nunca las olvidamos, hasta el punto en que pasábamos largos ratos de rodillas repitiéndolas, a veces hasta que nos caíamos exhaustos”.

        Sentido espiritual y sobrenatural de la primera aparición del ángel

-Se aparece a los niños, y no a adultos, y esto significa dos cosas: que todo el contenido del mensaje se debe apreciar con el espíritu de un niño, es decir, la sencillez y la inocencia, recordando las palabras de Jesús: “El que no se haga como niño no entrará en el Reino de los cielos”. Quiere decir no cuestionar con razonamientos humanos y tendenciosos el contenido del mensaje, así como un niño pequeño no cuestiona lo que su madre le dice. El otro motivo por el que se aparece a los niños es que el contenido del mensaje no debe ser ocultado a nadie, ni siquiera a los niños pequeños. Se habla de penitencia, de ayuno, de oración, de infierno, de conversión, y la que lo hace es principalmente la Virgen, quien incluso muestra a los niños y les hace sentir de cerca la experiencia del infierno. No se deben ocultar estas cosas a nadie, y menos a los niños.
            -Antes de la Virgen, se aparece un ángel de luz, como preparación a las apariciones de la Virgen. Los ángeles de luz son diferentes a los ángeles de la oscuridad: se los distingue porque siempre traen paz al corazón, además de conducirnos siempre a Dios y aumentar nuestro amor a Jesús y María, dejándonos el deseo de hacer oración. Lo contrario sucede con los ángeles de la oscuridad, los ángeles caídos, los demonios.
            -Cuando se les aparece a los niños, les enseña una oración que expresa el amor y la adoración a Dios. Por su parte, los niños han hecho bien todo lo que tenían que hacer; es decir, cuidar las ovejas, rezar el Rosario y jugar. Quiere decir que en todo momento se debe elevar el alma a Dios, aun en medio de las tareas cotidianas. Además, el Ángel se aparece a los niños que cumplen su deber de estado: ayudar en las tareas del hogar y de la familia -cuidan las ovejas-, rezar -están rezando el Rosario- y jugar -cuando se aparece el Ángel, están jugando "con guijarros".
           -Se identifica como "Ángel de Portugal", lo cual quiere decir que toda Nación -y también toda familia y todo grupo humano y toda sociedad humana- tiene un ángel, al cual hay que rezarle con devoción y con frecuencia.
           -Se identifica también como "Ángel de la paz", lo cual quiere decir que nos transmite la paz de Dios, la paz de Jesús, que no es la paz del mundo, sino la verdadera paz, la paz que nace del perdón que Cristo nos da desde la Cruz, y que es la paz que debemos transmitir a nuestros hermanos.
            -Siendo él un ángel de luz, y por lo tanto lleno de gracia y de amor, se postra con la frente en la tierra para adorar a Dios, en señal de humillación ante la majestad divina. Nos enseña a amar y adorar a Dios, ante quien únicamente el hombre debe postrarse en adoración. Una señal externa del amor y de la adoración externa es recibir la comunión de rodillas. Los ángeles de la oscuridad son soberbios y no aman a Dios, y por eso no se postran ante Él. Un santo vio al demonio con las rodillas para atrás, indicando que por su soberbia no se puede arrodillar ante Dios. Arrodillarse ante Jesús Eucaristía es una muestra de amor y adoración externa, que complementa el amor y la adoración interna que se tributa con el alma y el corazón.
            

jueves, 21 de julio de 2011

El milagro eucarístico de Fátima


Como sabemos, la Virgen María, la Madre de Dios, se les apareció a tres pastorcitos en Fátima, Portugal, hace muchos años, y les dejó varios mensajes, que se pueden resumir en tres palabras: oración, sacrificios, reparación.

Las apariciones de la Virgen estuvieron precedidas por tres apariciones de un ángel, que se llamó a sí mismo “Ángel de la paz”. Fue precisamente en la tercera aparición del ángel, cuando se produjo el milagro eucarístico.

¿Cómo sucedió?

Cuentan los pastorcitos que ellos estaban rezando el Rosario, cuando sintieron un fuerte viento y vieron un gran resplandor de luz. Alzaron la vista y vieron cómo se acercaba, por los aires, sin tocar el suelo, un ángel, con vestiduras resplandecientes, que tenía en sus manos un cáliz y una hostia. De la hostia brotaban algunas gotas de sangre que iban a caer dentro del cáliz. Cuando llegó delante de ellos, dejó el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, y mientras se arrodillaba tocando el suelo con la frente, dijo esta oración: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco los preciosísimos Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón, y de los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores”.

Después, levantándose, tomó de nuevo el cáliz y la hostia y los ofreció a los niños. Lucía recibió la hostia, mientras que Jacinta y Francisco tomaron del contenido del cáliz. Y mientras hacía esto, el Ángel decía: “Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”.

La aparición del ángel con la Eucaristía llenó sus corazones del Amor a Dios. Dice Lucía: “Llevados por una fuerza sobrenatural que nos envolvía imitábamos en todo al Ángel, y postrándonos en tierra como él, repetíamos las oraciones que nos había enseñado”.

Luego de las apariciones del ángel, los niños sentían que día a día crecía en ellos niños el amor a Dios, el deseo de reparación por las ofensas que recibía, y el anhelo de sacrificio por la conversión de los pecadores.

¿Qué nos enseña el ángel en este maravilloso prodigio eucarístico?

Por un lado, al arrodillarse y tocar la frente con el suelo, el ángel nos enseña el profundo amor y la adoración que debemos tener a la Eucaristía, puesto que no es un poco de pan bendecido, sino la Presencia real de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se ha encarnado, y está ahí, en la Hostia, con su Cuerpo, su Sangre y su Alma, resucitados, unidos a su Divinidad.

Por otro lado, nos enseña que, a pesar de que Jesús está en el Sagrario por Amor y para darnos su Amor, hay muchísimas personas que ofenden su Presencia de diversas maneras, ya que el ángel les dice que el Cuerpo y la Sangre de Cristo son “horriblemente ultrajados” por los “hombres ingratos”. Es decir, en vez de agradecer el don infinito de su Amor que es la Eucaristía, los hombres ofenden a Jesús Sacramentado de muchas maneras.

La otra enseñanza que nos deja el milagro eucarístico de Fátima es que estamos llamados, como cristianos, a adorar a Cristo en la Eucaristía, a “reparar los crímenes” de quienes no creen en la Presencia Real -o, creyendo, igualmente la profanan- y así, de esta manera, “consolar a Dios”.

¿Cómo cumplir con esta tarea triple tarea –adorar, reparar, consolar- que nos deja el ángel en Fátima?

La clave está en su aparición anterior, la segunda, sucedida en un día de verano del mismo año - 1916 -, cuando los tres niños jugaban en casa de Lucía. El ángel se les apareció y les dijo: “¿Qué hacéis? ¡Orad mucho! Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced al Altísimo continuamente oraciones y sacrificios”.

Debido a que los niños no sabían cómo hacer lo que el ángel les pedía, le preguntaron extrañados: “¿Cómo hemos de sacrificarnos?”.

Y ésta fue la contestación del Ángel: “En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así, sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda; el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe”.

A partir de entonces, no dudaron los niños en ofrecer sus sufrimientos a Dios, para reparar por tantas ofensas como recibe de los hombres y como súplica por la salvación de los pecadores. No sólo ofrecían las incomprensiones, las burlas, o las agresiones de muchos que no entendían las apariciones, es decir, no sólo aceptaron y soportaron “con sumisión” todas las tribulaciones y sufrimientos que Dios “les envió”, sino que ellos mismos buscaban hacer mortificaciones, como por ejemplo, pasar sed. Luego, cuando Jacinta enfermó gravemente –al punto que murió a causa de esta enfermedad-, ofrecía toda su enfermedad y todos sus dolores, por la conversión de los pecadores, para que estos no cayeran en el infierno. La Virgen les mostró luego, en una aparición, cómo caían las almas de los pecadores al infierno, porque no había nadie que rezara y se sacrificara por ellos, y fue esta visión la que llevó a los pastorcitos a hacer muchos sacrificios y a ofrecer sus tribulaciones por su conversión.

¿Y qué debe suceder con nosotros? ¿También debemos ir al pueblito donde se apareció el ángel, para adorar y reparar?

No, para hacer lo pedido por el ángel de la paz, no necesitamos ir a Portugal, al lugar donde se apareció el ángel, porque todo lo que le pasó a los pastorcitos, nos sucede a nosotros, aunque de modo invisible, en el Santo Sacrificio del altar, la Santa Misa: aunque no vemos un ángel de Dios, sí recibimos la comunión de manos del sacerdote, y la comunión es algo mucho más grande que ver un ángel, porque es el mismo Jesús en Persona. Y en el momento de recibir la Eucaristía, podemos consolar y adorar a nuestro Dios, que viene a nuestros corazones en la Hostia consagrada, rezando la oración que les enseñó el ángel de la Paz en la primera aparición: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro y Te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman”.

Así repararemos por quienes “no creen, ni esperan, ni adoran, ni aman” su Presencia Real en la Eucaristía.