Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud
miércoles, 5 de octubre de 2016
Santo Rosario meditado para Niños: Misterios de Luz
domingo, 15 de septiembre de 2013
El Evangelio para Niños: "En el cielo hay más alegría por un pecador que se convierte..."
sábado, 7 de mayo de 2011
Los nombres de la Misa (I): "Santo sacrificio del altar"

¿Cuáles son los nombres de
Hoy vamos a ver el primer nombre, “Santo sacrificio del altar”.
¿Porqué
“De todo se puede hacer sacrificio”, como dice el ángel, no solo con la comida; puede ser con el tiempo, con las cosas que más me gustan, e incluso con el mismo cuerpo. Hay cosas que son sacrificio, y otras que no son. Si yo estuve estudiando mucho, y me gané como recompensa un tiempo para jugar videojuegos en la computadora, y justo cuando voy a jugar viene mi mamá y me pide que vaya al almacén a comprar algo, es un sacrificio que yo deje de jugar, o incluso que hasta no juegue nada, para ir a hacer las compras que mi madre me pide. Y lo tengo que hacer sin protestar, ni por dentro ni por fuera, contento porque puedo hacer un sacrificio para ofrecerlo a Jesús, pidiendo por los pecadores. Pero no es un sacrificio que yo esté jugando cinco horas seguidas en la computadora, y cuando me piden que la deje, la dejo, y encima, refunfuñando y enojándome. Tampoco es un sacrificio haber estado jugando al fútbol cinco horas con los amigos del barrio, y recién después entrar en casa, cuando me habían dicho que entrara hacía rato. Es un sacrificio, por ejemplo, comer menos de lo que me gusta, o comer más de lo que no me gusta, o no protestar cuando los fideos parecen más un mazacote de engrudo y no fideos al pesto; es un sacrificio no tomar agua helada cuando hace calor, o tomar poco jugo en vez de mucho, para que alcance para todos.
También con el cuerpo puedo hacer sacrificios, como por ejemplo, pasar un poco de sed, es decir, cuando tengo sed, no tomar ahí nomás agua, o jugo, y quedarme con sed por un tiempo, para acordarme de cuando Jesús tenía sed en la cruz, y pedirle por la conversión de los pecadores.
¿De qué manera hace Jesús un sacrificio en
En
¿Y cómo es que no vemos nada? Porque en
Imaginemos el altar, que no es de piedra, sino de luz, una luz blanca, muy intensa. En él están el pan y el vino. En la consagración, Jesús baja desde el cielo, en la cruz, y el pan se convierte en su Cuerpo, y el vino en su Sangre. En
¿Y porqué hace Jesús este sacrificio tan grande? Para salvarnos y llevarnos al cielo, y lo hace movido por un infinito amor. El amor de Jesús es tan grande, que lo lleva a entregarse en sacrificio en la cruz, por nosotros.
Por esto es que
No vengamos a Misa con las manos vacías: hagamos algún sacrificio durante la semana, para ofrecerlo a Jesús el Domingo, en el Santo Sacrificio del Altar.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Cuaresma es tiempo de cambio del corazón

¿Qué es la conversión? Es el cambio del corazón. ¿Y cómo es el cambio de corazón? Para darnos una idea de qué es el "cambio de corazón", veamos qué es lo que pasa con una flor muy particular, el girasol, que, como dice su nombre, gira alrededor del sol –en inglés, “girasol” se dice: “sunflower”, que sería algo así como: “flor del sol”-: por la noche, está quieto, con sus hojas replegadas sobre la corola, y vuelto hacia el suelo, pero cuando empieza a amanecer, y en el cielo aparece una estrella, que es la estrella de la mañana, o
Nuestro corazón, sin Jesús, sin la conversión, es como el girasol durante la noche: el corazón está cerrado, frío, sin amor, y dirigido hacia el suelo, hacia la tierra, hacia las cosas bajas. Pero con la conversión, el corazón, movido por
Así debe ser nuestro corazón en Cuaresma: debe girar y enfocar hacia ese Sol de los cielos, que es Jesucristo, y debe estar siempre pero siempre enfocado en Él.
Imaginemos que vemos un campo inmenso de girasoles: cuando es de noche, están quietos, cerrados, y hacia abajo; cuando comienza a salir el sol, se abren, giran, y siguen, desde la tierra, al sol que está en el cielo. Así deben ser los corazones de los hombres, y también nuestro corazón, en Cuaresma.
Y es para esto, para que nosotros nos convirtamos, para que nuestro corazón sea como el girasol, que sufrió Jesús en el Huerto de Getsemaní. Allí en el Huerto, Jesús sufrió muchísimo, por tres cosas: como Él era Dios Hijo, veía espiritualmente toda la fealdad del mal, y eso le provocaba horror, como cuando alguien ve algo que le causa espanto, a causa de lo feo y malo que es, pero además Jesús veía no solo un pecado, sino los pecados de todos los hombres, de todos los tiempos, desde Adán y Eva, hasta el pecado original del último bebé que iba a nacer en el Último Día, el Día del Juicio Final; lo segundo por lo que Jesús sufría en el Huerto, era porque como Dios que era, veía que todos los pecados de todos los hombres, Él los iba a llevar sobres sus hombros y en su espalda, y que Dios lo iba a castigar a Él, con todo su enojo, para no tener que castigarnos a nosotros, y sabía que eso le iba a hacer doler mucho, y que también iba a morir, y por eso Jesús sufría, y sufría tanto pero tanto, que empezó a sudar sangre; lo tercero por lo cual sufría Jesús, era que Jesús veía que, a pesar de que Él iba a llevar los pecados de todos los seres humanos, y a pesar de que iba a soportar los latigazos, los insultos, la corona de espinas, y que iba a dar su vida en la cruz, derramando hasta la última gota de sangre, a pesar de eso, muchos, pero muchos hombres, iban a desperdiciar su sacrificio, porque no se iban a convertir, y se iban a condenar en el infierno.
En el Huerto, lo que más dolor le daba a Jesús, era ver cómo muchas almas caían en el infierno, porque no querían convertirse aquí en la tierra, no querían volver sus corazones a Dios, como hace el girasol cuando sale el sol; Jesús veía cómo muchos se iban a condenar porque no se querían convertir, es decir, no querían ser buenos.
Le prometamos a Jesús que en esta Cuaresma vamos a tratar de no hacerlo sufrir, y vamos a buscar la conversión, para que nuestro corazón, como el girasol, desde la tierra, mire siempre hacia el cielo, adonde está ese hermosísimo Sol que es Jesús.
