Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

domingo, 25 de septiembre de 2016

El Evangelio para Niños: Porqué se salva el pobre Lázaro



(Domingo XXVI – TO – Ciclo C – 2016)

         Jesús nos cuenta la siguiente parábola: un hombre –que se llama Epulón, según otras partes del Evangelio- era muy rico, y comía cosas ricos todos los días y todo el día, y se vestía con ropa muy cara, de seda y de lino finísimos. A la puerta de la casa de Epulón, solía ir un mendigo, llamado Lázaro, que no tenía ni un solo centavo y por eso pasaba mucha hambre; además, estaba solo, porque no tenía parientes ni amigos, y estaba muy enfermo, con su cuerpo cubierto de heridas, y como le costaba mucho moverse, estaba tirado en el suelo casi todo el día, y los únicos que le hacían compañía eran los perros, que podemos decir que eran los únicos que tenían compasión de él, porque le lamían las heridas.
         Pasó un día que los dos murieron, pero fueron a lugares distintos: Epulón fue al infierno, un lugar de mucho dolor a causa de las llamas y además porque el que está ahí sabe que ha perdido a Dios para siempre, y que nunca jamás podrá ser feliz, porque nunca jamás verá a Dios. Lázaro, en cambio, fue al cielo, en donde se volvió joven y sano, y además su corazón saltaba de alegría, porque no solo habían desaparecido todas las cosas malas que le habían sucedido, sino que ahora estaba con Dios para siempre.
         ¿Por qué se condenó Epulón en el Infierno? ¿Acaso se condenó porque era rico? No, Epulón no se condenó por ser rico: se condenó porque, teniendo casa, dinero, alimento, medicamentos, para ayudar a su hermano Lázaro, se los quedó todo para él, porque su corazón era un corazón avaro, en el que no había amor ni a Dios ni al prójimo, y sólo había amor egoísta hacia él mismo. Lo que lo condenó a Epulón fue no tener amor a Dios y al prójimo y además pensar en él y sólo en él, sin importarle que Lázaro, su hermano, estaba sufriendo.
         ¿Y por qué se salvó Lázaro? ¿Lázaro se salvó porque era pobre? No, Lázaro no se salvó porque era pobre, sino porque amaba a Dios y al prójimo. ¿Y cómo demostraba ese amor a Dios? Lo demostraba no sólo no quejándose por todas las cosas malas que le sucedían –estaba enfermo, solo, cubierto de heridas, pasaba hambre, porque deseaba alimentarse aunque sea de las migajas que caían de la mesa de Epulón y no podía, y no tenía ni un centavo en el bolsillo-, y sin embargo, a pesar de todas estas cosas malas, el amor a Dios en el corazón de Lázaro era tan grande, que no había lugar ni siquiera para el más pequeñísimo reproche a Dios; aún más, le daba gracias por permitirle sufrir en su Nombre y le pedía perdón por ser pecador. ¿Y cómo demostraba su amor al prójimo? Demostraba su amor al prójimo, en este caso, Epulón, comprendiendo sus debilidades –una obra de misericordia es soportar con paciencia los defectos del prójimo-, no teniendo para con Epulón ni siquiera el más mínimo enojo, a pesar de que Epulón se portaba de forma tan mala y egoísta con él, porque pudiendo ayudarlo, no lo hacía. Es decir, en el corazón de Lázaro había amor a Dios y al prójimo, que junto con el amor a sí mismo, forman el Primer Mandamiento, el más importante de todos, que abre las puertas del cielo y esa fue la razón por la que se salvó.

         ¿Qué nos enseña la parábola? Que todos somos Epulón, porque todos tenemos riquezas con las cuales auxiliar a nuestros hermanos, sean materiales –como dinero, alimentos, medicamentos-, o sean riquezas espirituales –podemos dar un consejo al que lo necesite, podemos rezar por vivos y muertos, podemos dar afecto y cariño a  los que nos rodean, y así muchas otras cosas más-; por lo tanto, todos podemos y debemos, si queremos salvar el alma, ver de qué manera ayudamos a nuestros hermanos más necesitados. La otra enseñanza de la parábola es que todos debemos ser como Lázaro, es decir, debemos amar a Dios, dándole gracias y alabándolo en todo momento, sea en momentos alegres como en momentos difíciles y tristes, sin quejarnos nunca de sus planes para con nosotros, y para poder hacer esto, debemos enriquecernos con el Tesoro más grande que tiene la Iglesia, y es el Sagrado Corazón de Jesús, que late con el Amor de Dios en la Eucaristía.

sábado, 17 de septiembre de 2016

El Evangelio para Niños: Jesús quiere que seamos astutos en las cosas de Dios


(Domingo XXV - TO - Ciclo C - 2016)

En este Evangelio, Jesús nos cuenta el caso de un mayordomo que hacía trampas a su dueño y, cuando este lo descubre, termina por despedirlo (Lc 16, 1-13). Entonces, lo que decide hacer, es llamar a los que le debían a su amo y rebajarles la deuda, por ejemplo, si debían diez sacos de trigo, los hacía firmar por cinco, entonces, era como que estuviera “regalando” esos cinco sacos de trigo, aunque realidad era un robo, porque él no podía hacer eso, porque no eran suyos. Así, el mayordomo pensaba que, cuando él estuviera en la calle y sin trabajo, aquellos a los que había favorecido, lo recibirían en sus casas como amigo y lo tratarían bien. Su amo se entera de este nuevo engaño y lo alaba, admirándose por la astucia que había demostrado.

¿Y qué dice Jesús? Como Jesús no dice nada, parece que está aprobando esta trampa del mayordomo, porque lo único que dice es: “Los hijos de las tinieblas son más astutos en sus asuntos que los hijos de la luz”. En realidad, Jesús no aprueba lo que está mal, que es el robo, y jamás lo podría hacer, porque Él es Dios tres veces Santo; lo que Jesús nos quiere enseñar en esta parábola, es que nosotros también debemos ser astutos, sagaces, inteligentes, con los dones que Dios nos dio –la inteligencia, la voluntad, el bautismo, la confirmación- para ganar almas para el cielo. Él mismo nos dice que seamos como dos animales –o más bien, como tres, porque dice que seamos “mansos y humildes de corazón” como Él, que es el Cordero de Dios-, cuando dice: “Sed mansos como palomas y astutos como serpientes” (Mt 10, 16). Esto es lo que Jesús quiere de nosotros: que seamos mansos, pero también astutos, para que seamos administradores fieles y sagaces, que hagamos fructificar los dones que Él nos dio, para salvar muchas almas y así, cuando dejemos de ser administradores, al final de la vida, Él nos haga pasar al Reino de Dios “para gozar de Dios”.

sábado, 10 de septiembre de 2016

El Evangelio para Niños: Dios Padre se alegra cuando nos confesamos


(Domingo XXIV – TO – Ciclo C – 2016)
“Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por cien justos que no necesitan conversión” (Lc 15, 1-32). Jesús nos narra tres parábolas, que tienen algo parecido: en las tres, algo se pierde –una moneda, una oveja, un hijo pródigo-; en las tres parábolas, el dueño va en busca de lo que se ha perdido –la mujer que barre la casa, el pastor que sale a buscar la oveja, el padre de la parábola que sale a esperar a su hijo hasta que regrese-; en las tres parábolas, el dueño de lo que se ha perdido, se alegra al encontrarlo –la mujer, el pastor, el padre-; en la última parábola, el padre organiza una fiesta, para celebrar el regreso de su hijo.
¿Qué nos enseña Jesús en estas parábolas?
Para responder, tenemos que saber que aquello que se pierde en la parábola –la dracma o moneda, la oveja, el hijo pródigo-, somos nosotros, pecadores, que por el pecado, nos ocultamos de la vista de Dios, así como Adán y Eva, en el Paraíso, se ocultaron de los ojos de Dios después de cometer el pecado original. Nosotros, o cualquiera que comete un pecado, se aparta de la vista de Dios, pero Dios nos ama tanto, que sale a buscarnos, y así tenemos que ver el amor de Dios que nos busca, por medio de Jesús, en la mujer que barre para buscar la dracma, en el pastor que sale a buscar su oveja, y en el cordero sacrificado por el padre de la parábola, para festejar el regreso de su hijo. La mujer que busca su moneda, el pastor que busca su oveja, y el padre que espera el regreso de su hijo, representan a Dios Padre, que sale a buscarnos por medio de Jesús, y que se alegra cuando nos confesamos, porque el vestido nuevo que le manda a poner a su hijo, las sandalias y el anillo, significan que es hijo suyo y no sirviente, y este vestido de fiesta simboliza la gracia santificante que recibimos cuando nos confesamos.
¿Y la fiesta que organiza el padre de la parábola? ¿Qué significa? Representa la Santa Misa: el padre hace sacrificar un cordero, y ese cordero representa a Jesús, que es el Cordero de Dios, que con su Sangre derramada en la cruz, quita los pecados del corazón del hombre. El banquete que nos sirve Dios Padre, para festejar nuestro regreso, cuando nos confesamos y nos revestimos con la gracia santificante, es la Santa Misa, y está compuesto de: Carne, Pan y Vino: la Carne del Cordero de Dios, asada en el Fuego del Espíritu Santo, la Eucaristía; el Pan Vivo bajado del cielo, su Cuerpo glorificado en la Hostia; y el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, la Sangre de Jesús derramada en la cruz y recogida en el cáliz del altar eucarístico.
La Santa Misa es el banquete organizado por Dios Padre, en el que sacrifica su Cordero, Jesús, para festejar nuestro regreso a su Casa, que se produce luego de confesarnos.


sábado, 3 de septiembre de 2016

El Evangelio para Niños: Qué tenemos que hacer para ser discípulos de Jesús


Jesús Niño crucificado.


(Domingo XXIII – TO – Ciclo C – 2016)

         En este Evangelio, Jesús nos dice que tenemos que hacer tres cosas si queremos ser sus discípulos: renunciar a lo que tenemos, cargar la cruz y amarlo a Él más que a nuestros padres, hermanos e incluso hasta nuestra propia vida.
         ¿Qué quiere decir renunciar a lo que tenemos? Quiere decir que el que quiere ser sacerdote, o religiosa, tiene que dejar su familia, elegir no casarse y dejar todo el dinero o casas, o autos, que pudiera tener. Pero para el que no va a ser sacerdote ni religiosa, quiere decir renunciar a lo que nos aparta de Dios, que es el pecado: la mentira, el enojo, las peleas, la pereza.
         ¿Qué quiere decir cargar la cruz? Quiere decir que tenemos que llevarnos a nosotros mismos e ir detrás de Jesús, que va con la cruz a cuestas, hasta la parte más alta del Monte Calvario, para que ahí nuestro “yo” egoísta, malo, perezoso, muera en la cruz y así pueda nacer un nuevo “yo”, que vive la vida de la gracia y evita todo pecado como si fuera la peor de las pestes.
         ¿Qué quiere decir renunciar a la propia vida? Quiere decir estar dispuesto a perder la vida antes que renunciar a Jesús; por ejemplo, es lo que sucede hoy en Medio Oriente, en donde muchos niños cristianos prefieren morir antes que decir que no creen en Jesús. Pero para nosotros, que no nos persigue nadie, quiere decir que tenemos que estar dispuestos a perder la vida antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado, y un ejemplo de esto es la gracia que pidió Santo Domingo Savio el día que hizo su Primera Comunión: “Morir antes que pecar”. Es decir, debemos estar dispuestos a perder la vida, antes que decir siquiera una mentira pequeña deliberadamente.
         Para que sepamos si somos verdaderamente amigos de Jesús, tenemos entonces que hacer estas tres cosas: renunciar a lo que tenemos, cargar la cruz, amar a Jesús más que a la propia vida.

            

jueves, 1 de septiembre de 2016

El Santo Rosario meditado para Niños: Misterios Dolorosos


         1er Misterio de dolor: la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos. Jesús ve los pecados que cometemos y eso le causa tanta angustia, que suda Sangre. Son nuestros pecados del corazón los que hacen que Jesús sienta que está a punto de morir de pena. ¡María, Madre mía,  dame un corazón nuevo, sin rencores y lleno de amor, para que ya no le cause más dolor a Jesús!
         2º Misterio de dolor: la flagelación de Nuestro Señor. Según Santa Brígida, los soldados romanos dieron a Jesús más de cinco mil latigazos, que desprendieron su piel, haciendo caer su Sangre Preciosísima, como cuando un torrente de aguas cristalinas cae por la ladera de la montaña. Son los pecados contra la pureza. ¡María, Madre de Dios y Madre mía, dame pureza de cuerpo y alma y pídele a Jesús que por Sangre lave los pecados impuros de todos los hombres!
         3er Misterio de dolor: la coronación de espinas de Nuestro Señor. Colocan a Jesús una gran corona de espinas, filosas, gruesas, duras, que traspasan su cuero cabelludo y le hacen salir mucha Sangre. Son por mis pecados de pensamiento. ¡María, Madre mía, dile a Jesús que me dé la gracia de tener siempre pensamientos santos y puros, como Él los tiene en la coronación de espinas!
         4to Misterio de dolor: Nuestro Señor con la Cruz a cuestas, marcha camino del Calvario. La Cruz de madera es muy pesada, porque está cargada con nuestros pecados, los pecados de toda clase, que serán lavados por la Sangre de Jesús. ¡María, Madre mía, haz que yo nunca rechace la cruz de Jesús, el único camino que lleva al cielo!

         5º Misterio de dolor: Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Luego de tres horas de dolorosa agonía, Jesús muere dando un fuerte grito: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu!”. ¡María, Madre mía, haz que la Sangre Preciosísima de Jesús caiga sobre nuestros corazones, para que así queden purificados de todo pecado y santificados por su gracia celestial!

miércoles, 24 de agosto de 2016

Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 35 - El Santo Rosario



Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 35 - El Santo Rosario


Las apariciones de la Virgen en Fátima a los tres Pastorcitos son una de las más grandiosas manifestaciones marianas de todos los tiempos y dentro de todos sus mensajes espirituales, uno de los más importantes está relacionado con el rezo del Santo Rosario: ese mensaje es que la Virgen quiere que sea rezado por todos, pero especialmente por los niños, porque cuando la Virgen se les apareció, los Pastorcitos tenían edades que oscilaban entre los siete y los diez años.
         Ya desde la primera aparición, acaecida el 13 de mayo de 1917, la Virgen manifestó su interés –que es el interés del mismo Dios Trino- en que se rezara el Rosario. En esa ocasión Lucía le preguntó si ella y Jacinta irían al cielo, y la Virgen le contestó que sí, pero cuando preguntó por Francisco, la Madre de Dios contestó: “También irá, pero tiene que rezar antes muchos rosarios”. Aquí hay una primera indicación que señala al Rosario como camino para llegar al cielo. Luego de decir esto, la Virgen de Fátima abrió sus manos y les comunicó a los tres Pastorcitos una luz divina muy intensa. Ellos cayeron de rodillas y alabaron a la Santísima Trinidad y al Santísimo Sacramento. Luego la Virgen señaló: “Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. La Virgen les hace experimentar la luz de Dios, después de pedirles que recen el Rosario, para que nos demos cuenta que esa misma luz invade el alma, por la gracia, cuando se reza el Rosario. Después les pide que recen el Rosario “todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”, porque en ese entonces, se desarrollaba la Primera Guerra Mundial. Efectivamente, al poco tiempo, esta Guerra terminó y hoy si bien no hay una Guerra Mundial, sí hay muchos motivos para rezar el Rosario, ya que se necesita paz para las personas, para las familias, para la sociedad y también para todo el mundo. Y algo muy importante, la paz que se obtiene por el rezo del Rosario, no es una paz que viene de los hombres, sino que es una paz que, viniendo de Dios, nos la trae la misma Virgen María.
En la segunda aparición la Virgen María se les presentó después que ellos rezaron el Santo Rosario, para que nos demos cuenta de cómo Ella está escuchando nuestro rezo de cada Rosario, y en la tercera ocasión Nuestra Señora les enseñó una oración para pedir ser librados del infierno y la misericordia divina: “Cuando recen el Rosario, decid después de cada misterio: ‘Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia’”. Como podemos ver, el Rosario, además de alcanzarnos la paz de Dios, es una oración que nos ayuda a llegar al cielo y evitar el infierno, y además para implorar misericordia a Dios, pidiéndole por la conversión de los pecadores.
Para la cuarta aparición Jacinta le preguntó a la Madre de Dios lo que quería que se hiciera con el dinero que la gente dejaba en Cova de Iría. La Virgen les indicó que el dinero era para la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario y que lo que quedaba era para una capilla que se debía construir. En esa misma aparición, la Virgen tomó un aspecto muy triste y les dijo: “Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno por no tener quién se sacrifique y rece por ellas”. La expresión de tristeza de la Virgen se debe a que, como Madre, Ella ve cómo muchos de sus hijos se dirigen a la condenación eterna, por no tener quién rece por ellos. En las apariciones de Fátima, la Virgen se mostraba con su Inmaculado Corazón rodeado de espinas, que significan nuestros pecados y su dolor porque sus hijos no se convierten a Dios y este dolor se calma, en gran medida, por el rezo del Rosario. Nuevamente, aquí se manifiesta el gran poder que tiene el Rosario para pedir por los pecadores, y además, para calmar el gran dolor de la Virgen, ya que la Virgen experimenta un gran consuelo cuando rezamos el Rosario pidiendo por sus hijos que están más alejados de Dios. ¡Un motivo más para rezar el Santo Rosario!
Al llegar el día de la quinta aparición, los niños llegaron a Cova de Iría con dificultad debido a las miles de personas que les pedían que presentaran sus necesidades a Nuestra Señora. Los pastorcitos se pusieron a rezar el Rosario con la gente y la Virgen, al aparecerles, animó nuevamente a los niños a continuar rezando el Santo Rosario para alcanzar el fin de la guerra. Una vez más, la Virgen se les aparece después que ellos rezan el Rosario, lo cual nos hace ver cómo está María presente, en medio nuestro, cuando rezamos el Rosario.
En la última aparición, antes de producirse el famoso milagro del sol, en el que el astro pareció desprenderse del firmamento y caer sobre la muchedumbre, la Madre de Dios pidió que hicieran en ese lugar una capilla en su honor y se presentó como la “Señora del Rosario”. Posteriormente, tomando un aspecto más triste dijo: “Que no se ofenda más a Dios Nuestro Señor, que ya es muy ofendido”. Esto sucedió el 13 de octubre de 1917. El rezo del Santo Rosario puede causar milagros más grandes que el ver danzar al sol, y es la conversión de un corazón a Jesús, Sol de justicia, y esto se debe a que, en el Rosario, interviene la Madre de Dios concediendo sus gracias, aunque nosotros no nos demos cuenta.
Después de las Apariciones de la Virgen, unos 40 años después, Lucía, convertida en monja carmelita descalza, dio una entrevista al entonces Postulador de la Causa de Beatificación de Francisco y Jacinta Marto y a algunos miembros del alto clero. Allí manifestó que la Santísima Virgen les dijo, tanto a sus primos como a ella, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo: el Santo Rosario y el Inmaculado Corazón de María. Esto es particularmente importante para nuestros días, por lo que debemos rezar el Santo Rosario con fervor y amor, y consagrarnos al Inmaculado Corazón de María, para aliviar al Corazón de Jesús, que sufre por las almas que no quieren convertirse y viven en el camino del error y del mal.
Pero además, el Rosario es fuente de gracias inimaginables; podemos decir que tenemos en nuestras manos la llave que abre los tesoros del Corazón de Jesús, y ésa llave es el Santo Rosario. Con el Rosario podemos conseguir todas las gracias que pidamos y la solución de todos los problemas, porque es la Virgen, nuestra Madre, la que interviene cuando le pedimos algo a través del Rosario. Dice así Sor Lucía: “No hay problema por más difícil que sea: sea temporal y, sobre todo, espiritual; sea que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros o a la vida de nuestras familias, del mundo o comunidades religiosas, o a la vida de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario”. “No hay problema que no pueda ser resuelto por medio del rezo del Santo Rosario”; entonces, ¿qué esperamos para rezarlo?
Sor Lucía dijo también que con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. “Por eso, el demonio hará todo lo posible para distraernos de esta devoción; nos pondrá multitud de pretextos: cansancio, ocupaciones, etc., para que no recemos el Santo Rosario”, advirtió.
Por medio del Santo Rosario, el camino de la salvación eterna será fácil y agradable, porque con el Santo Rosario “practicaremos los Santos Mandamientos, aprovecharemos la frecuencia de los Sacramentos, procuraremos cumplir perfectamente nuestros deberes de estado y hacer lo que Dios quiere de cada uno de nosotros”.
Por último, dice Sor Lucía que el Rosario es un arma, un arma espiritual, una de las más grandiosas que podamos tener en nuestras manos; un arma con la que nos venceremos a nosotros mismos, a la tentación y al Demonio y lograremos resonantes triunfos espirituales: “El Rosario es el arma de combate de las batallas espirituales de los últimos tiempos”, afirmó la vidente de la Virgen de Fátima.
Además de todo esto, podemos decir que el Santo Rosario es la forma más hermosa de agradar a Nuestra Madre del cielo, la Virgen, porque cada Ave María es una rosa espiritual que le regalamos a la Virgen, lo que significa que cada Rosario es un hermoso ramo de rosas que le damos a Nuestra Madre celestial. Y es la oración que más le gusta, porque le hacemos recordar el momento en que el Ángel le anunció la noticia más maravillosa para toda la humanidad: que Ella sería la Madre de Dios. También le recordamos que esté con nosotros en la hora en que debamos pasar de este mundo a la otra vida, para luego seguir estando con Ella y con Jesús para siempre. Con el Rosario, entonces, agradamos al Inmaculado Corazón de María y le quitamos un poco la tristeza que le dan muchos de sus hijos, que no se acuerdan de Ella.
Paz de Dios, conversión de los pecadores, alivio del Corazón de María, alivio del Corazón de Jesús, fuente de gracias, cumplimiento de la voluntad de Dios, vida de santidad. ¡Recemos el Rosario!


Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 34 - Las figuras de la Eucaristía - La Comunión Eucarística

Catecismo para Niños de Primera Comunión[1] - Lección 34 -  Las figuras de la Eucaristía - La Comunión Eucarística
Doctrina
         ¿Qué es la Sagrada Comunión? La Sagrada Comunión es recibir al mismo Jesucristo bajo las especies de pan y vino. En otras palabras, quiere decir que, aunque nosotros vemos algo que parece pan y tiene sabor a pan, en la Eucaristía está el mismo Jesucristo en Persona. Es como si se nos apareciera, con su Cuerpo glorioso y resucitado, pero escondido bajo lo que parece pan y vino. Al comulgar, hacemos que Jesús entre en nuestros corazones, por eso es que tenemos que tener el corazón en gracia santificante y libre de amores mundanos, para poder amar a Jesús que viene a visitarnos a la habitación más privada de nuestra casa, que es nuestro corazón. Cuando comulgamos, tenemos que olvidarnos de todo y pensar que recibimos al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, para poder darle todo nuestro amor, ya que Jesús nos da todo el Amor de su Corazón en cada Comunión, sin reservarse nada. Si no sabemos cómo comulgar dignamente, le podemos pedir a la Virgen que nos ayude a comulgar, pidiéndole que Ella reciba nuestra Comunión en lugar nuestro, para que le dé a Jesús Eucaristía, de parte nuestra, todo el amor que nosotros no podemos darle.
         ¿Para qué recibimos a Jesucristo en la Sagrada Comunión? Recibimos a Jesucristo en la Sagrada Comunión para que Él nos alimente nuestras almas con su Vida eterna y su Amor misericordioso. Lo recibimos también para que Jesús venga en Persona a nuestros corazones y nosotros podamos decirle que lo amamos y lo adoramos y que queremos que nunca nos deje solos.
         ¿Cuántas cosas son necesarias para recibir la Comunión? Para recibir la Sagrada Comunión son necesarias tres cosas:
         1-Estar en gracia de Dios (es decir, limpios de pecado mortal).
         2-Guardar el ayuno eucarístico (significa no haber comido ni bebido nada desde una hora antes de comulgar. El agua no rompe el ayuno).
         3-Saber a quién vamos a recibir: esto quiere decir que no puede comulgar quien no sabe qué es la Eucaristía, o que no sabe que Jesús está en Persona, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía.
         ¿Quién puede comulgar todos los días? El que se encuentre en estado de gracia y tenga recta intención (deseando recibir a Jesucristo y su Amor, guardando el ayuno eucarístico) puede comulgar todos los días.
         Explicación

Jesús Eucaristía es el Cordero de Dios
         Las figuras de la Eucaristía
         La 1ª figura es el Cordero Pascual, imagen viva de Jesucristo, que fue muerto y sacrificado en el altar de la cruz por la salvación de los hombres. En el Antiguo Testamento, en la Pascua, los hebreos comían cordero asado, pan ázimo, es decir, sin levadura, y bebían en la copa el vino pascual. Pero la pascua judía era solo una figura de la verdadera Pascua, que es la que celebramos nosotros en la Santa Misa: allí comemos la Carne del Cordero de Dios, el Pan Vivo bajado del cielo y el Vino de la Alianza Nueva y Eterna. Los cristianos participamos de la Pasión de Cristo comiendo su carne en la Sagrada Comunión y recordando que Cristo se dejó matar y se sacrificó por nosotros como manso cordero, uniéndonos a Él como víctimas de la Divina Justicia y de la Divina Misericordia, para la salvación de las almas.
         La 2ª figura es el Maná: en el desierto, los israelitas recibieron un alimento milagroso llamado “Maná”, y así pudieron llegar a la Tierra Prometida, la Jerusalén de la tierra. Pero ese maná era sólo una figura y un anticipo del verdadero Maná bajado del cielo, la Eucaristía. Los cristianos caminamos por el desierto de la vida hacia la Jerusalén celestial, y el alimento que nos da fuerzas para llegar a nuestro destino final, es el Verdadero Maná bajado del cielo, el Pan de Vida eterna, la Eucaristía.
         La 3ª figura de la Eucaristía es Melquisedec, rey y sacerdote, que ofrece pan y vino en memoria de una gran victoria por Abraham. Melquisedec es figura de Jesucristo y el pan y el vino son figuras de la Eucaristía y el Vino de la Nueva Alianza, ofrecidos a Dios Padre por la victoria de Jesucristo en la cruz sobre los tres grandes enemigos de la humanidad: el demonio, el pecado y la muerte.
         La 4ª figura es el Arca de la Alianza: el Arca simboliza nuestros Sagrarios, en donde se guarda la Sagrada Eucaristía: así como en la Antigua Arca se guardaba una porción del Maná con que Dios alimentó a su Pueblo, así en nuestros Sagrarios se guarda el Verdadero Maná bajado del cielo, la Eucaristía, con la que nosotros, Nuevo Pueblo de Dios, somos alimentados por nuestro Padre Dios, en nuestro camino hacia la Nueva Tierra Prometida, la Jerusalén celestial.
         La 5ª figura es el pan que dio un ángel al profeta Elías quien, desfallecido, no podía llegar al término del viaje, pero una vez que recibió este milagroso alimento, pudo andar cuarenta días sin cansarse, hasta el monte Horeb. Ese pan que recibió Elías es figura de la Eucaristía, el Pan Vivo bajado del cielo, que nos nutre con la vida y el amor de Dios y nos da fuerzas en nuestro peregrinar al cielo, durante el tiempo que dura nuestra vida terrena.
Práctica: Si sé que Jesús está en la Eucaristía en Persona, es decir, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, y que está ahí para darme TODO        el Amor de su Sagrado Corazón, haré el propósito de no faltar nunca a Misa por las cosas del mundo, y también haré el propósito de hacer Adoración Eucarística y de visitarlo a menudo en el Sagrario.
Palabra de Dios: “Jesús dijo: ‘Tomad y comed: Esto es mi Cuerpo…” (Mt 26, 26); “Si alguno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne… El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo lo resucitaré el último día” (Jn 6, 51-57). Pero notemos lo que dice San Pablo de la comunión indigna, es decir, hecha en pecado mortal: “Quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese a sí mismo el hombre, y entonces coma del pan y beba del cáliz, pues el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11, 27-28).
Ejercicios bíblicos: Jn 6, 51; Cor 11, 23-24; Lc 22, 19; Jn 6, 54.



[1] Adaptado de El Catecismo ilustrado, de P. BENJAMÍN SÁNCHEZ, Apostolado Mariano, Sevilla3 1997.