Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

domingo, 27 de noviembre de 2016

El Evangelio para Niños: Adviento es esperar a Jesús que vino, que viene y que vendrá




(Domingo I – TA – Ciclo A – 2016-2017)

         ¿Qué quiere decir “Adviento”? Quiere decir “venida” o “llegada”. Cuando decimos “Adviento” en la Iglesia, estamos hablando de alguien que viene o que llega. ¿Y quién es el que viene o el que llega? Jesús. En Adviento, entonces, el que “viene” o “llega” Jesús. ¿Cuántos Advientos hay? Hay dos Advientos, uno que dura hasta Navidad, y otro que dura toda la vida. ¿Cómo es eso? Veamos.
         Por el Catecismo, sabemos que Jesús ya vino por primera vez, en Belén, y en Adviento nos preparamos para recordar y participar de su Primera Venida, sólo que ahora, en vez de nacer en un pesebre, Jesús va a nacer en nuestros corazones, y es por eso que en Adviento preparamos nuestros corazones, por la oración, la penitencia y las buenas obras, para que pueda nacer allí Jesús. Este Adviento llega hasta Navidad.
         También sabemos, por el Catecismo, que Jesús va a venir por segunda vez, al final del mundo, en el Día del Juicio Final, y va a venir para juzgar a toda la humanidad, para darle a los buenos el cielo y a los malos, el infierno. En Adviento, entonces, nos preparamos para estar listos para cuando venga por Segunda Vez, y la forma de prepararnos es estar como el siervo de la parábola, que en la madrugada, estaba despierto, con una túnica ceñida y la lámpara encendida, esperando la llegada de su Señor. Este otro Adviento dura toda la vida, porque en cualquier momento de la vida, puede llegar Jesús y para cuando llegue, tenemos que tener la túnica de la gracia, la luz de la fe y las manos llenas de obras buenas, para que Jesús nos lleve al cielo, cuando venga al fin del mundo.
         Entonces, en el Adviento que llega hasta Navidad, tenemos que preparar nuestros corazones para que allí pueda nacer el Niño Dios, y por eso tenemos que ser como el Portal de Belén; para el Adviento que dura toda la vida, tenemos que ser como el siervo fiel y vigilante, que espera que llegue su señor en cualquier momento.
         Por último, hay un tercer Adviento, y es la Misa, porque en cada Misa, Jesús “viene”, “llega”, desde el cielo hasta la Eucaristía, y para ese Adviento, para esa llegada de Jesús, tenemos que tener el corazón siempre bien preparado y listo, limpio por la gracia y lleno de buenas obras.
         Adviento, entonces, es esperar a Jesús, que vino por Primera Vez en Belén, que va a venir por Segunda Vez al fin del mundo, y que viene, en cada Misa, por la Eucaristía.
        


domingo, 20 de noviembre de 2016

Solemnidad de Cristo Rey para Niños



(Ciclo C – 2016)

         En este Domingo –el último del año litúrgico- la Iglesia está de fiesta porque festejamos a Jesús, que es nuestro Rey. ¿Dónde está Jesús, que es nuestro Rey? ¿Es igual a los reyes de la tierra, que tienen un castillo, un palacio, y un trono de terciopelo y oro? Jesús es Rey, pero es distinto a los reyes de la tierra: los reyes de la tierra reinan en sus castillos, sentados en tronos de madera preciosa; tienen un cetro de ébano, señal de su poder; llevan coronas de oro, de piedras preciosas, de rubíes y plata;  se visten con túnicas de seda y capas bordadas en oro, y tratan a todos como sirvientes y súbditos.
         Nuestro Rey, Jesús, es distinto a los reyes de la tierra: su trono real es la Santa Cruz; su corona, no es de oro, plata o rubíes, sino que está formada por gruesas, duras y filosas espinas, que le provocan mucho dolor y le hace salir mucha sangre de su Preciosa Cabeza; su cetro no es de ébano, sino que son los clavos de hierro, con los que está clavado en la cruz; en vez de vestidos y capas de seda y bordados en oro, Nuestro Rey, que reina desde la Cruz, está vestido con un manto púrpura, que es la Sangre rojo brillante que sale de sus heridas y le cubre todo el Cuerpo. A los reyes de la tierra, los súbditos lo saludan haciendo una inclinación y reverencia, demostrándoles así su respeto y amor; nosotros, nos postramos ante Jesús, que reina en la Cruz y que reina también en la Eucaristía, y le ofrecemos el homenaje de nuestros corazones, el dolor de nuestros pecados y el escaso amor que tenemos, dejando nuestros corazones a los pies de la Cruz.

         Jesús es Nuestro Rey, pero no es un rey como los de la tierra: reina en el madero de la Cruz y también reina en la Eucaristía. A Él, Nuestro Rey, Cristo Jesús, le decimos: “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.

domingo, 13 de noviembre de 2016

El Evangelio para Niños: Jesús va venir por Segunda Vez en la gloria



(Domingo XXXIII – TO – Ciclo C - 2016)

         En este Evangelio, Jesús anuncia dos cosas: que el Templo de Jerusalén va a ser destruido, y que Él va a volver al final de los tiempos. Lo primero ya se cumplió, porque en el año 70 d. C., los romanos invadieron Jerusalén y destruyeron el Templo. Lo segundo, que es su Segunda Venida al fin de los tiempos, todavía no pasó, y no sabemos cuándo será.
         Pero aunque no sabemos cuándo será, sí podemos saber si está cerca o no, porque Jesús dice que antes que venga Él, van a haber muchas guerras, hambre, terremotos. Y cuando Jesús venga por Segunda Vez, ya no va a ser el Dios misericordioso, lleno de amor y perdón, sino que va a ser el Justo Juez, porque dará a cada uno lo que cada uno se eligió con sus obras: o el Cielo, para los que fueron buenos, o el Infierno, para los que se portaron mal.
         ¿Cómo nos podemos preparar para la Segunda Venida de Jesús? Lo primero, es abrir nuestros corazones –de par en par- para que entre Jesús allí por la Comunión Eucaristía y pedirle que por su gracia nos convierta, nos haga alejar del pecado y nos ayude a ser buenos con todos.

         Si hacemos esto, es decir, si nos confesamos por frecuencia, si no faltamos a Misa por pereza, son que venimos a Misa por amor a Jesús Eucaristía, si nos confesamos con frecuencia, si somos misericordiosos con los prójimos más necesitados, si nos refugiamos en el Inmaculado Corazón de María, entonces estamos listos para cuando Jesús llegue por Segunda Vez, y cuando Jesús nos vea que así lo estamos esperando, nos llevará a la Casa de su Papá, el Reino de los cielos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Santo Rosario meditado para Niños: Misterios Luminosos


         Primer Misterio: El Bautismo de Jesús. Juan el Bautista derrama agua sobre la cabeza de Jesús en el Jordán, mientras aparece Dios Espíritu Santo en forma de paloma y se escucha a Dios Padre que dice: “Éste es mi hijo muy amado, escúchenlo”. Virgen María, Madre de Dios, danos tus oídos, para escuchar a Jesús como lo escuchas tú. Amén.
         Segundo Misterio: Las bodas de Caná. A pedido de la Virgen, Jesús realiza un milagro: convierte el agua de las tinajas en vino exquisito. Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que nuestros corazones, vacíos como las tinajas, se llenen con el agua de la gracia primero y con la Sangre del Cordero después. Amén.
         Tercer Misterio: La predicación del Reino y el llamado a la conversión. Jesús anuncia que el Reino de Dios está cerca y que para entrar en él, hay que convertir el corazón. Madre de Dios, que nuestros corazones, apegados a la tierra como un girasol en la noche, se vuelvan hacia el Sol de justicia, tu Hijo Jesús, como hace un girasol por la mañana, cuando sale el sol.
         Cuarto Misterio: La Transfiguración en el Monte Tabor. Jesús resplandece con una luz más brillante que miles de soles juntos: es la luz que posee por ser Dios y que ocultar para poder padecer la Pasión por nuestro amor. Madre mía, María Santísima, haz que yo cargue mi cruz de todos los días, para morir al hombre viejo en el Calvario para así resplandecer luego de gloria, para siempre, con la luz de Jesús, en la vida eterna.

         Quinto Misterio: La Institución de la Eucaristía. En la Última Cena, y antes de partir al Padre por el sacrificio de la cruz, Jesús instituye la Eucaristía, para cumplir su promesa de quedarse con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo”. Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que yo ame cada vez más a Jesús Eucaristía, que para darme el Amor de su Corazón se queda en el sagrario.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Evangelio para Niños: “En el cielo nadie se casa, porque todos son como ángeles”


(Domingo XXXII – TO – Ciclo C – 2016)

         En la época de Jesús había una gente que decía que no era verdad que después de esta vida, había resurrección. Pero Jesús les contesta y les dice: “En el cielo nadie se casa, porque todos son como ángeles, y los que vivan en gracia en esta vida, van a resucitar, porque el que los va a resucitar es Dios, que es el Dios de la Vida”.
         Pero después dice también que Él es ese Dios de la Vida: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida (…) Yo Soy el Pan de Vida y el que come de este Pan, aunque muera, vivirá, porque Yo doy la Vida eterna”. Y como ese Pan de Vida es la Eucaristía, quiere decir que Jesús, que es Dios, está en la Eucaristía, y desde la Eucaristía nos da la vida eterna a los que toman la Comunión Eucarística con fe y con amor.
         Entonces, nosotros, los católicos, tenemos que considerarnos muy afortunados, porque no solo creemos que existe la resurrección, sino que recibimos, por la Comunión Eucarística, al Dios Viviente, que está oculto en la Eucaristía y que desde la Eucaristía nos da su vida divina.

         Esta es la alegre noticia que debemos transmitir los católicos: que Jesús ha resucitado y está vivo y glorioso en la Eucaristía. ¿Y cómo podemos decir esto a los demás? Con obras de misericordia y viviendo en gracia.

martes, 1 de noviembre de 2016

Solemnidad de Todos los Santos para Niños


               ¿Quiénes son los Santos? Son todos los bautizados que están en el cielo.
         ¿Cómo están allí? Están alegres, contentos, felices, con una alegría y una felicidad que nadie se puede imaginar, porque ven cara a cara a las Tres Personas de la Trinidad –el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-, y porque junto con la Virgen y los ángeles, ven y adoran a Jesús, el Cordero de Dios, cara a cara.
         ¿Cómo fue que llegaron al cielo? Llegaron al cielo porque vivieron y murieron en gracia santificante, porque sabían que la gracia los unía a Dios en esta vida y los llevaba con Él en la otra, mientras que el pecado los apartaba de Dios. Y como los santos amaban tanto, pero tanto, a Dios, hacían todo lo posible para vivir en gracia y para aumentarla cada día más, con pensamientos buenos, con buenos deseos, y sobre todo, con obras buenas, evitando siempre el mal, que es el pecado: evitaban la mentira, la discordia, la pelea, la envidia, la soberbia, es decir, todo lo malo que nos aparta de Dios. Esto es lo que quiere decir “cargar la Cruz de cada día para seguir a Jesús”, y es la única manera de ser santos.
         Además, los Santos se confesaban seguido y comulgaban todas las veces que podían, porque sabían que con la Confesión sus almas quedaban limpias de todo pecado y que con la Comunión sus corazones se fundían y se hacían uno solo con el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.
         Al recordar a los Santos en su día –cada uno le pide al santo de su devoción-, les pidamos que intercedan ante la Virgen, que es la Mamá de Todos los Santos, para que también nosotros, viviendo en la gracia de Dios en esta vida, lleguemos al cielo y seamos santos en la otra vida y, junto con ellos, adoremos a Jesús, el Cordero de Dios, para siempre.
         A los Santos, en su día, les rezamos así (cada uno reza, desde lo más profundo de su corazón, al santo que más ama):
         “Queridos Santos de Dios/intercedan por nosotros/para que viviendo en gracia en esta vida/seamos capaces de llegar al cielo/para adorar y amar a Jesús/junto a vosotros, a la Virgen y a los ángeles de Dios. Amén”.

sábado, 22 de octubre de 2016

Santa Misa de Primeras Comuniones


 (Homilía para Santa Misa de Primeras Comuniones)

Queridos niños, en este día finaliza un largo itinerario de preparación para la Primera Comunión, que comprende los dos años de Catecismo realizados, con sus respectivas asistencias a clases, con sol, con lluvia, con viento; con sus pruebas y lecciones, con sus estudios y lecturas. Hoy concluye esta preparación, que no significa que “finaliza” algo, sino que comienza una vida nueva para ustedes, la vida en el Amor de Jesús Eucaristía. Finalizar el Catecismo de Comunión no significa que no deben venir más a la Iglesia, como muchos parecerían creer; al contrario, significa que comienzan la etapa más hermosa de sus vidas, que es la Comunión de vida y amor con Jesús Eucaristía, y para vivir esta vida, deben acudir a recibir a Jesús en la Eucaristía los Domingos.
Luego de dos años de preparación y con unas edades que oscilan entre los nueve, diez y once años, aproximadamente, al llegar este día, están ansiosos por recibir la Comunión, como también están ansiosos por este momento sus maestros de Catecismo y sus padres y familiares, como también lo estamos los sacerdotes de la Parroquia, responsables de su preparación para la Comunión.
Pero hay Alguien que está más ansioso que ustedes; hay Alguien que los acompañó, no solo en los dos años que duró el Catecismo; hay Alguien que está esperando este momento no desde hace ocho, nueve o diez años, sino desde toda la eternidad, para ser recibido por ustedes, y ese Alguien es Jesús. Desde antes que ustedes nacieran, Jesús estaba esperando este momento, el momento en el que cada uno, luego de abrir las puertas de su corazón, dejará entrar a Jesús; el momento en el que cada uno entablará un diálogo personal, de persona a persona, con Jesús Eucaristía, el Hijo de Dios, que baja del cielo al altar, sólo para luego entrar en sus corazones; el momento que Jesús espera, desde toda la eternidad, para derramar en sus corazones todo el Amor que se contiene en su Corazón, un Amor que es más grande que miles de millones de cielos juntos. Y a medida que se acerca el momento de ser recibido por ustedes, el Corazón de Jesús, lleno del Amor de Dios, late cada vez más fuerte, porque cuando ustedes lo reciban en la Comunión, se cumplirá su deseo, el de poder darles todo el Amor de su Corazón, el de poder amarlos con el mismo Amor con el que Él ama a su Padre, el Espíritu Santo.
         Dispongamos entonces nuestros corazones para recibir a Jesús Eucaristía; alejemos todo pensamiento y todo sentimiento que nos distraiga de Jesús Eucaristía; preparemos nuestros corazones, para que sean como un altar, o como un sagrario, o como una custodia, en donde Jesús Eucaristía sea amado, bendecido, glorificado, adorado, exaltado, honrado.
         Cuando Jesús entre en nuestros corazones, recibámoslo con gozo en el alma y con alegría interior, y así como cuando se abren las puertas de la casa para recibir a un ser querido –un padre, una madre, un amigo, un hermano- a quien se ama pero no se ve hace tiempo, le abramos las puertas del corazón de par en par y hagamos entrar a Jesús Eucaristía, postrándonos ante su Presencia. Y cuando Jesús entre y ya esté en nuestros corazones por la Comunión Eucarística, nos olvidemos de todo lo que nos rodea; nos olvidemos de nuestros papás, de nuestras familias, de la parroquia, de los amigos, de todos; olvidémonos de la plaza, del día, de todo lo que conocemos, incluso olvidémonos de nosotros mismos, para concentrarnos en la Persona de Jesús, que viene a nuestros corazones para estar con nosotros, para darnos el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico y para darnos también todas las gracias que necesitamos para ser santos, los más grandes santos que jamás haya conocido la Iglesia. Jesús viene con sus manos cargadas de regalos espirituales para nosotros, pero muchas veces –y esto se lo dijo Jesús a una monjita santa, Sor Faustina Kowalska-, Jesús debe retirarse con tristeza, con sus manos cargadas de regalos, porque muchos lo reciben y se distraen y lo dejan solo, olvidándose por completo de Él. Es como cuando alguien invita a un amigo al que ama con locura, a su casa, para estar con él, y apenas pasa el umbral de la casa, el que lo invitó le dice: “Espérame aquí”, y se va para adentro de la casa, para no salir más, dejando a su amigo esperando en vano, tanto, que al final debe retirarse al darse cuenta que quien lo invitó ya no va a volver para estar con él. Ese Amigo es Jesús, que viene a nuestra casa, nuestro corazón, por la Eucaristía, y viene para darnos gracias y milagros que ni siquiera podemos imaginar, pero sobre todo viene para darnos su Amor, el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico, un Amor que es más grande que cientos de miles de millones de cielos juntos, pero como muchos comulgan y es como si no recibieran nada, porque se distraen con las cosas de afuera, se pierden lo mejor de la Comunión, que no es ni los vestidos, ni la fiesta que espera, ni la familia, ni las fotos, sino el Corazón de Jesús que late de amor en la Eucaristía. Entonces, cuando recibamos a Jesús en la Eucaristía, no nos distraigamos con nada, olvidémonos de todo y de todos, olvidémonos de nosotros mismos; arrodillémonos, cerremos los ojos del cuerpo, y abramos los ojos del alma para ver, por la fe, a Jesús que viene a mi corazón por la Eucaristía para darme su Amor, y le demos a cambio nuestro pobre corazón, con todo el amor, poco o mucho, que en él pueda haber. Cuando Jesús entre por la Eucaristía, entronicemos la Eucaristía en nuestros corazones, y le demos todo nuestro amor, para que no compartamos nuestro amor a Jesús con nadie, para que amemos a Jesús y sólo a Jesús y nada más que a Jesús.
Pero como nuestros corazones son muy pequeños para un Amor tan grande como el del Corazón de Jesús, y como nos distraemos con tanta facilidad, le vamos a pedir a nuestra Mamá del cielo, Nuestra Señora de la Eucaristía, que sea Ella la que reciba la Comunión Eucarística por nosotros, para que Ella le dé a su Hijo Jesús todo el amor del que nosotros no somos capaces de darle.
Le digamos así: “Jesús Eucaristía, Tú vienes a mi corazón, para darme tu Amor; yo te doy a cambio mi pobre corazón; tómalo, Jesús, recíbelo de manos de la Virgen; introduce mi corazón en el horno ardiente de tu Sagrado Corazón Eucarístico, llénalo de tu Amor y no permitas que nunca salga de tu Corazón. Encierra mi corazón en tu Sagrado Corazón Eucarístico y quémalo con el Fuego de tu Amor, y haz que te ame tanto, pero tanto, que no pueda vivir sin desear recibirte, todos los días, en la Sagrada Comunión”.

         Vamos a pedir a Nuestra Señora de la Eucaristía esta gracia, que experimenten tan fuerte el Amor del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, que deseen recibir a Jesús todos los días, para que la Primera Comunión no sea la última –como lamentablemente sucede con muchos niños-, sino la primera de muchas, incontables comuniones, hechas todas con amor, hasta que llegue el día de contemplar a Jesús ya no oculto en lo que parece ser pan, sino cara a cara, en el Reino de los cielos.