Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

viernes, 25 de mayo de 2012

Hora Santa para Niños y Jóvenes




         Entramos en el Oratorio, nos arrodillamos y hacemos silencio. Preparamos nuestros corazones para hablar con Jesús Eucaristía, que está escondido en algo que parece ser un poco de pan, pero no es pan, sino Jesús, el Hijo de Dios, en Persona.
         No lo podemos ver ni oír, pero Él sí nos ve y nos oye. Junto a Él, se encuentran, también invisibles, pero presentes de verdad, su Mamá, la Virgen, y millones y millones de ángeles del cielo que lo adoran de rodillas.
         También nosotros hemos venido a adorar a Jesús Eucaristía, y por eso nos arrodillamos y hacemos silencio ante su Presencia sacramental.

         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         Meditación: Querido Jesús Eucaristía, venimos ante Ti, para darte el regalo de nuestra humilde adoración. Como niños y jóvenes, te ofrecemos nuestra compañía en este rato de adoración, y nuestros corazones para que descanses en ellos.
         Venimos a pedirte por todos los niños y jóvenes del mundo, para que nunca nos apartemos de Ti, porque solo en Ti obtendremos la paz y la alegría para nosotros y para nuestras familias.
         Te pedimos por nuestros padres, por nuestros hermanos, por nuestros abuelos, por todos nuestros familiares, para que a todos los ilumines y les des la gracia de creer en Ti, única fuente de dicha y de gozo.
         Queremos pedirte también para que todos, pero especialmente los niños y los jóvenes, encuentren en Ti, Jesús Eucaristía, el sentido de sus vidas. Que todos sepan que sólo recibiéndote a Ti en la comunión, podrán cumplir la voluntad de Dios en sus vidas.
         Que todos deseen vivir el primer mandamiento, el más importante de todos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a Ti mismo”.
         Querido Jesús Eucaristía, te pedimos la luz que viene de Tu Sagrado Corazón, para que seamos capaces de entender y de vivir el cuarto mandamiento: “Honrarás padre y madre”. Que podamos honrarlos verdaderamente, siendo para con ellos amables, obedientes, serviciales, y buscando de evitar, a toda costa, cualquier cosa que pueda entristecerlos.
         Danos también tu ayuda para que seamos capaces de vivir la pureza de cuerpo y alma, porque como dice la Biblia, “el cuerpo es templo del Espíritu Santo”. Desde ya, te consagramos nuestros corazones y nuestros cuerpos, para Tú nos ayudes con tu gracia a conservarlos puros y sin mancha, de modo que esté siempre en nosotros la dulce paloma blanca del Espíritu Santo.
         Ayúdanos, Jesús, a comprender que las obras de misericordia, corporales y espirituales, que la Iglesia nos manda aprender, no son lecciones para saberlas de memoria, sino obras de amor que tenemos que hacer, todos los días, si es que algún día queremos entrar al cielo. Ayúdanos a entender que si no ayudamos a nuestros prójimos, sobre todo los más necesitados, nunca entraremos en el Cielo. Por eso te prometemos, desde ahora, que trataremos de ser lo más buenos posibles, brindando a todos nuestra ayuda.
        
         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).
         Oración de despedida: Querido Jesús Eucaristía, debemos ya retirarnos, pero antes, te dejamos nuestros corazones al pie tu Presencia Eucarística, para que no permitas que nunca dejemos de pensar en Ti y en todo lo que sufriste por nuestro amor.
         Y si lo mismo nos distraemos, llámanos con tu dulce voz, para que siempre y en todo momento estemos alabándote, adorándote y dándote gracias. Haz que tu Mamá, la Virgen, que es también nuestra Madre, nos acompañe y nos guíe en nuestro caminar hacia el encuentro contigo, en la eternidad.

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