Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

domingo, 25 de junio de 2017

El Evangelio para Niños: Si damos testimonio de Jesús Él le hablará al Padre de nosotros


(Domingo XII – TO – Ciclo A - 2017)

En el Evangelio, Jesús dice que si alguien da testimonio de Él ante los hombres, en esta vida terrena, después Él, en la vida eterna, dará testimonio de esa persona ante Dios Padre: “Al que me reconozca ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo”. Pero también dice que si alguien se calla y no dice nada ni hace nada por Él, Él también se quedará callado ante su Padre en el cielo: “Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres” (Mt 10, 26-33).
¿Qué quiere decir “dar testimonio de Jesús”? No quiere decir pararse en un banquito en la plaza y leer la Biblia en voz alta; no quiere decir estar fijándose en qué es lo que hacen los demás, para señalarles sus errores. Dar testimonio de Jesús quiere decir, en primer lugar, tener grabados, en la mente y en el corazón, los Mandamientos de la Ley de Dios y las palabras de Jesús, y obrar según ellos. Por ejemplo: en el Tercer Mandamiento, se dice: “Santificarás las fiestas”, lo cual quiere decir asistir a la Santa Misa en el día Domingo, además de hacer obras buenas, como leer un buen libro, visitar a un enfermo, dar limosna, o hacer tareas livianas como asear la casa, hacer las tareas de la escuela, hacer alguna compra necesaria, etc. Eso es dar testimonio de Cristo. Pero no lo es si, por pereza, falto a la Misa dominical, cometiendo pecado mortal, a menos que haya una excusa grave, como por ejemplo, cuidar un enfermo o uno mismo estar enfermo.
Otra manera de dar testimonio de Jesús, es con el Cuarto Mandamiento: honrar padre y madre. Se cumple este mandamiento tratando a los papás con respeto, con cariño, con amor, y obedeciendo siempre de buena gana, sin reprochar, y evitando todo lo que les pueda hacer sentir mal, como por ejemplo, protestar por la comida, pelear con los hermanos por cosas sin importancia, no hacer los deberes, ser caprichosos, etc.
Si tratamos de dar testimonio de Jesús, con nuestras obras, y no con sermones, entonces, cuando sea la hora de ir al cielo, Jesús dará testimonio de nosotros ante su Papá del cielo, y nos hará entrar en el cielo, para gozar y alegrarnos para siempre en la Casa de Jesús.


domingo, 18 de junio de 2017

Solemnidad de Corpus Christi para Niños


(Ciclo A – 2017)

         ¿Qué quiere decir “Corpus Christi”? Quiere decir, en latín, “Cuerpo de Cristo”. ¿Y por qué celebramos esta fiesta en la Iglesia? Porque una vez, había un sacerdote, que se llamaba Pedro de Praga, que tenía dudas acerca de lo que la Iglesia enseñaba acerca de lo que pasaba en la Misa, y entonces Jesús hizo un milagro eucarístico para que su fe creciera y se hiciera más fuerte.
         ¿Cómo fue el milagro eucarístico que hizo Jesús? Sucedió así: Pedro de Praga estaba celebrando la Santa Misa en la capilla de la iglesia de Santa Cristina –una niña mártir de los primeros siglos- en un pueblito de Italia llamado Bolsena. En el momento en que tenía que decir las palabras de la consagración –“Esto es mi Cuerpo, Esta es mi Sangre”-, comenzó a dudar de si realmente el pan se convertía en el Cuerpo de Cristo, y el vino en su Sangre. Entonces, en ese momento, apenas dijo las palabras de la consagración, y cuando elevaba la Hostia que tenía entre sus dedos, sucedió el milagro: la parte de la Hostia que estaba entre sus dedos, seguía teniendo el aspecto de pan, pero todo el resto de la Hostia, se convirtió en un trozo de músculo del corazón, vivo, y como estaba vivo, sangraba mucho. Entonces el sacerdote quedó con la Hostia entre los dedos, parte de la cual se había convertido en músculo del corazón, del cual salía mucha sangre. Tanta era la sangre, que algunas gotas cayeron en el piso de mármol, impregnándolo. Pedro de Praga, asombrado por el milagro, envolvió la Hostia consagrada en el corporal y lo llevó a la Sacristía. Sucedió que el Papa de ese entonces, que se llamaba Urbano IV, estaba cerquita de Bolsena, en un pueblito llamado Orvieto, y cuando se enteró del milagro, lo hizo traer en procesión hasta donde él estaba, arrodillándose ante la Hostia consagrada cuando la tuvo ante él.  A partir de entonces, el Papa ordenó que en toda la Iglesia se celebrara la Solemnidad de Corpus Christi, en recuerdo no solo del milagro que sucedió a Pedro de Praga, sino en recuerdo de lo que pasa en cada Santa Misa, aunque no lo veamos.
         El milagro que le sucedió a Pedro de Praga fue para que nos diéramos cuenta que todo lo que la Iglesia nos enseña en el Catecismo de Primera Comunión es verdad: por las palabras de la consagración, se produce, de modo invisible pero real, un milagro llamado “transubstanciación” –parece una palabra difícil, pero no lo es: Tran-subs-tan-cia-ción-, milagro por el cual el pan deja de ser pan, para convertirse en el Cuerpo de Cristo, y el vino deja de ser vino, para convertirse en la Sangre de Cristo. El milagro que le pasó a Pedro de Praga, sucede verdaderamente, en cada Misa, pero de modo invisible, de modo que no lo podemos ver con los ojos del cuerpo, pero sí lo podemos “ver” con los ojos del alma, iluminados por la luz de la fe.
         Por eso, no es necesario que Dios repita el milagro en cada Misa: basta con que haya sucedido una vez, para que creamos firmemente lo que la Iglesia nos enseña en el Catecismo de Primera Comunión: que por la consagración, el pan deja de ser pan, para convertirse en el Cuerpo, en el Corazón de Cristo, y el vino en su Sangre, la Sangre de Cristo. Es por esto que, cuando el sacerdote eleva la Hostia consagrada, en realidad eleva y presenta a Dios Padre el Corazón de Jesús; no un pedacito de pan, sino el Corazón de Jesús, lleno del Amor de Dios.
         ¿Y para qué hace Jesús este milagro en cada Misa? La única razón por la que Jesús convierte al pan en su Cuerpo y en su Corazón, lleno de su Sangre Preciosísima, es para darnos el Amor de su Corazón, para que nuestros corazones se fundan con el Corazón de Jesús y sean uno solo con Él. Por eso, cometen un grave error aquellos que dejan la Misa y la Eucaristía del Domingo por pasatiempos mundanos, porque se pierden de recibir el Amor del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. Al igual que Pedro de Praga, también nosotros debemos pedir crecer en la Fe de la Iglesia sobre la Eucaristía, la Fe que nos dice que la Eucaristía no es un trocito de pan bendecido, sino el Corazón Eucarístico de Jesús.

         

jueves, 15 de junio de 2017

Visita a Jesús Sacramentado con niños de Primera Comunión


         Inicio: nos arrodillamos ante Jesús en el sagrario. No podemos verlo con los ojos del cuerpo, pero la Fe de la Iglesia nos enseña que Jesús, el Cordero de Dios, está Presente realmente en la Eucaristía. Si pudiéramos verlo, lo veríamos con su Cuerpo resplandeciente de gloria, como en el día de la Resurrección. Hacemos silencio, no solo de palabras, sino de pensamiento, y para lograrlo le pedimos a la Virgen la gracia de poder escuchar a su Hijo, que nos habla, sin que nos demos cuenta, en lo más profundo de nuestro ser.
         Rezamos la oración que el Ángel de Portugal les enseñara a los pastorcitos:
         “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

         (Breve pausa de silencio).

         Oración a Jesús, el Dios del sagrario.

         Aunque no te vemos con los ojos del cuerpo, sabemos por la Fe que estás allí, en la Eucaristía. Venimos a decirte que queremos amarte con el mismo amor con el que te ama tu Mamá, la Virgen, y también que queremos adorarte con su misma adoración.
         Querido Jesús Eucaristía, puesto que Tú eres Dios, en tus manos están nuestras vidas y las de nuestros seres queridos, y por eso estamos tranquilos, porque como Dios siempre permitirás lo mejor para nuestra eterna salvación.
         Querido Jesús Eucaristía, Tú derramaste un sudor de Sangre en el Huerto de Getsemaní, al ver la horrible malicia de mis pecados del corazón. Por eso te entrego mi corazón, duro y frío como una carbón apagado, para que con el Fuego del Amor de Dios, lo conviertas en brasa ardiente que no solo evite todo pecado, sino que a cada latido respire el Amor de Dios.
         Querido Jesús Eucaristía, por la Sangre que derramaste en la flagelación, danos pureza de cuerpo y alma y la gracia de preferir “morir antes que pecar”.
         Querido Jesús Eucaristía, por la Sangre que derramaste en la coronación de espinas, danos pensamientos santos y puros como los tuyos.
         Querido Jesús Eucaristía, que antes de morir en la cruz, nos diste a María como Madre, haz que vivamos siempre dentro de su Inmaculado Corazón, envueltos en su manto celeste y blanco.
         Querido Jesús Eucaristía, que en la Misa bajas del cielo para darnos tu Sagrado Corazón Eucarístico, haz que no seamos indiferentes a tu Amor y que deseemos siempre recibir, con fe, con amor y devoción, tu Cuerpo Sacramentado, sobre todo los Domingos, el Día que nos anticipa la feliz eternidad.

                  (Breve silencio).
          Rezamos la oración que el Ángel de Portugal les enseñara a los pastorcitos:
         “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).


Oración final: Jesús, Dios de la Eucaristía, Dios del Sagrario, queremos seguir contigo, pero aunque ya debemos retirarnos, deseamos permanecer siempre contigo, de manera que por manos de María, la Virgen, Madre tuya y nuestra, te dejamos nuestros corazones al pie del sagrario, para que día y noche te alaben y te adoren sin cesar. Y si alguna vez sentimos la tentación de apartarnos de tu Presencia, que tu Madre Santísima nos estreche contra su Inmaculado Corazón, para que así, contagiados por su amor, te amemos y adoremos en todo tiempo y lugar. Amén.

sábado, 10 de junio de 2017

El Evangelio para Niños - Solemnidad de la Santísima Trinidad


(Ciclo A – 2017)

         ¿Cómo es el Dios de los católicos? Sabemos que es Uno solo y que no hay más dioses que Dios, pero sabemos también, porque Jesús nos lo dijo en la Biblia, que en Dios hay Tres Personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No son tres dioses, sino Un solo Dios verdadero, y Tres Personas en Él. Este misterio es imposible de entender para nosotros y para que nos demos una idea de cuán grande es este misterio, podemos recordar un episodio sucedido con un gran santo, San Agustín. Un día paseaba por la playa mientras iba reflexionando sobre el misterio de la Santísima Trinidad tratando de comprender, solo con su razón, cómo era posible que Tres Personas distintas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) pudieran constituir un único Dios. Mientras caminaba y pensaba, se encontró con un niñito que había excavado un pequeño pozo en la arena y trataba de llenarlo con agua del mar. El niñito corría hacia el mar y recogía un poquito de agua en una cuenca marina. Después regresaba corriendo a verter el líquido en el hueco, repitiendo esto una y otra vez. Esta actitud llamó la atención del santo, quien lleno de curiosidad le preguntó al niño qué era lo que estaba haciendo: “Intento meter toda el agua del océano en este pozo”, le respondió el niñito. “Pero eso es imposible –dijo San Agustín–, ¿cómo piensas meter toda el agua del océano que es tan inmenso en un pozo tan pequeñito?”. “Al igual que tú, que pretendes comprender con tu mente finita el misterio de Dios que es infinito…”. Y en ese instante el niñito desapareció. Ese niñito era su Ángel de la Guarda, que venía a auxiliarlo en su esfuerzo por conocer y amar a Dios Uno y Trino. Nuestra mente, entonces, es como un pequeño pozo excavado en la arena; Dios, en el misterio de la unidad de su Naturaleza y la diversidad de las Tres Divinas Personas, es el océano. Así como es imposible meter el océano en el pequeño pozo, así también es imposible comprender, para nuestra pobre razón, cómo es que Dios es Uno en naturaleza y Trino en Personas, y no hay en Él tres dioses, sino Un solo Dios Verdadero y Tres Personas distintas.
         Otro ejemplo que podemos usar para tratar de entender este misterio, es el del sol, con su luz y el calor, como nos dice un diácono llamado San Efrén: “Toma como símbolos el sol para el Padre: para el Hijo, la luz, y para el Espíritu Santo, el calor. Aunque sea un solo ser, es una trinidad lo que se percibe en él (…) Este único es múltiple: uno formado de tres, y tres no forman sino uno (…) El sol es distinto de sus rayos aunque estén unidos a él; sus rayos también son el sol. Pero nadie habla, sin embargo, de dos soles, aunque los rayos son también el sol aquí abajo. Tampoco nosotros decimos que habría dos Dioses”. Dios Padre es el sol; Dios Hijo es el rayo de sol, la luz; Dios Espíritu Santo es el calor del sol, es decir, el Amor de Dios.

         Por último, hay algo que debemos saber y que también es un gran misterio: este Dios, que es Uno en naturaleza y Trino en Personas, viene a vivir en el corazón del que está en gracia y lo ama y adora con todas sus fuerzas. Esforcémonos entonces, no solo de evitar el pecado, sino de vivir siempre en gracia, confesándonos con frecuencia, para que el Dios católico, Dios Uno y Trino, la Santísima Trinidad, viva en nuestros corazones, y así empecemos a vivir, anticipadamente, desde esta tierra, en el cielo.

sábado, 3 de junio de 2017

El Evangelio para Niños: Solemnidad de Pentecostés


(Ciclo A – 2017)

         El Espíritu Santo, en Pentecostés, apareció como lenguas de fuego y como viento impetuoso, y muchos comenzaron a hablar en lenguas. ¿Esto quiere decir que si no lo vemos como lenguas de fuego y si no lo sentimos como viento y si no hablamos en lenguas, entonces, no tenemos al Espíritu Santo en nosotros? No, porque el Espíritu Santo obra en la Iglesia, no solo en Pentecostés, sino todo el tiempo, y no visiblemente, como lenguas de fuego o como viento, ni tampoco dando don de lenguas.
         ¿Cómo obra el Espíritu Santo?
         Iluminando nuestras mentes y corazones para que recemos el Credo, que es nuestra Fe católica, con mucha fe, con mucho fervor y con mucho amor; nos hace entender qué es cada una de las oraciones del Credo y nos hace amar a Jesús y desear el cielo. El Espíritu Santo actúa en la inteligencia y en el corazón, dándonos la Sabiduría y el Amor de Dios.
         Pero también actúa de otra manera: convierte nuestros cuerpos en templos del Espíritu y nuestros corazones en altares. Así como es el templo, así es nuestro cuerpo, y así como es el altar, así es nuestro corazón. ¿Podemos en el templo cantar canciones inmorales e indecentes, como cumbia, reggaetón, rock, con letras que ofenden a Dios y a la Virgen? No, entonces, tampoco lo debemos cantar en nuestros cuerpos, porque también son templos del Espíritu y por eso son sagrados. ¿Podemos, en el altar, poner figuras de ídolos como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, Buda, o cualquier otro ídolo? No, porque en el altar eucarístico sólo se adora a Jesús Eucaristía: de la misma manera, en nuestros corazones no puede haber lugar para esos ídolos, sino solo para Jesús Eucaristía.
         Así es como actúa el Espíritu Santo en nuestros cuerpos, en nuestras almas y corazones, todo el tiempo, y por eso debemos abrir nuestros corazones para que entre el Espíritu Santo, el Amor de Dios, no solo en Pentecostés, sino en toda época del año.

         

martes, 30 de mayo de 2017

Santo Rosario meditado para Niños: Misterios Gloriosos


         Primer Misterio Glorioso: la Resurrección del Señor (Mc 16, 5-6). Las santas mujeres van al sepulcro, en busca de Jesús muerto, pero el Ángel les anuncia la hermosa noticia: “Jesús de Nazareth ha resucitado, no está aquí”. Llenas de alegría, corren para dar a los demás la noticia de que el sepulcro de Jesús está vacío, porque ha vencido a la muerte. Nosotros debemos acudir al sagrario, para después anunciar al mundo la alegre noticia: ¡Jesús está resucitado y glorioso en la Eucaristía!

         Padre Nuestro, diez Avemarías, Gloria.

         Segundo Misterio Glorioso: Jesús Asciende glorioso a los cielos (Mt 28, 18-19; Lc 24, 50-51). Después de resucitar, Jesús sube al cielo para prepararnos una morada en la Casa del Padre, porque Él nos ama tanto, que quiere que donde esté Él, también estemos nosotros. En la Casa del Padre, inmensa como los cielos eternos, hay habitaciones que tienen nuestro nombre y están listas y preparadas para que las habitemos, luego de esta vida. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que yo ame tanto a Jesús, que desee siempre vivir en gracia, para ir a habitar en la Morada del Padre en la vida eterna!

         Padre Nuestro, diez Avemarías, Gloria.

         Tercer Misterio Glorioso: la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles (Hch 2, 1.3-4). Desde el cielo, Jesús cumple con su promesa de enviarnos el Amor de Dios y junto a Dios Padre, sopla el Espíritu Santo sobre María Santísima y los Apóstoles, reunidos en oración. El Espíritu Santo, que es Fuego de Amor divino, quiere encender nuestros corazones en el Amor de Dios. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, nuestros corazones, que sin la gracia de Dios son fríos y oscuros como el carbón; haz que se conviertan en brasas incandescentes y luminosas al recibir el Fuego del Amor de Dios, el Espíritu Santo!

         Padre Nuestro, diez Avemarías, Gloria.

         Cuarto Misterio Glorioso: la asunción de María Santísima en cuerpo y alma a los cielos. La Virgen María, por ser la Madre de Dios, no podeía sufrir la corrupción de la muerte y es por eso que la Inmaculada siempre Virgen María, cuando finalizó su vida terrena, se durmió en la tierra y despertó en los cielos, revestida de la luz y de la gloria de Jesús. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, ayúdanos para que, viviendo siempre en gracia en esta vida terrena, logremos alcanzar el premio de la vida eterna, para estar contigo y con Jesús, en el Reino de Dios, para siempre!  

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.

         Quinto misterio glorioso: la coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado (Ap 12, 1). Cuando llega al cielo, Jesús coloca en la cabeza de su Mamá una corona, más preciosa que el oro, porque está hecha de la luz y de la gloria de Dios. Para merecer esta corona, la Virgen aceptó con amor sufrir junto con su Hijo la Pasión, acompañándolo en todo momento, y sufriendo en su espíritu la coronación de espinas de Jesús. Así la Virgen nos enseña que, si queremos ser coronados de gloria en el cielo, aquí en la tierra debemos llevar la corona de espinas de su Hijo Jesús. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, haz que deseemos siempre ser coronados con la corona de espinas de Jesús, para compartir tu corona de gloria en el cielo!

Padrenuestro, diez Avemarías, Gloria.



domingo, 28 de mayo de 2017

El Evangelio para Niños: Jesús Asciende a los cielos


(Domingo VII – TP – Ciclo A -2017)
         Después de morir en la cruz, Jesús resucita y sube a los cielos, para cumplir sus promesas: había prometido ir al cielo para prepararnos una morada en la casa del Padre, para que donde esté Él, ahí también estemos nosotros; es decir, sube al cielo para que nosotros tengamos una habitación, sola para cada uno, en la Casa de Dios en el cielo. Sube también al cielo para enviarnos el Espíritu Santo, para que el Espíritu Santo nos haga ser santos y así podamos ir al cielo, porque nadie que no sea santo, puede entrar en el Reino de Dios. Sólo los que tienen traje de fiesta, que es la gracia santificante, pueden entrar en la gran fiesta del Reino de Dios, y para eso Jesús sube al cielo, para enviarnos al Espíritu Santo, que nos haga santos como es Él, y así podamos entrar en el Reino de Dios.
         Pero antes de subir al cielo, Jesús hace una promesa: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. ¿Y cómo puede ser que Jesús suba al cielo, pero al mismo tiempo esté con nosotros hasta el fin del mundo?
         Lo puede hacer porque Él, en la Última Cena, inventó una forma de quedarse en medio nuestro, estando al mismo tiempo en el cielo, y es la Eucaristía.

         En la Eucaristía, Jesús está con el mismo Cuerpo lleno de la luz y de la gloria de Dios, con el que Él está en el cielo. Quiere decir que cuando estamos cerca de Jesús Eucaristía, estamos cerca de Jesús que está en el cielo. Estar delante de Jesús Eucaristía y, mucho más, recibir a Jesús Eucaristía en el corazón, es como estar ya en el cielo, pero todavía en la tierra. Si queremos ir al cielo, y si queremos saber cómo es el cielo estando todavía en la tierra, tenemos que hacer dos cosas: adorar a Jesús en la Eucaristía, y recibirlo en el corazón, en estado de gracia.

sábado, 27 de mayo de 2017

El perfil de un catequista


         Podemos decir que en el perfil de un catequista hay distintos aspectos: espiritual, formativo y personal.

         Aspecto espiritual del perfil del catequista:

Ante todo, el catequista debe tener conciencia de su misión y de Quién es el que lo ha llamado a esta misión: la misión no es la de “enseñar un tema”, sino ante todo, la de transmitir la Fe, mediante la enseñanza de un tema, lo cual es algo muy distinto. Y la Fe que se debe transmitir, no es la propia fe, construida a la medida personal, sino la Fe de la Santa Iglesia Católica, la Fe de los Apóstoles, la Fe del Credo, la Fe que se explicita en el Magisterio de la Iglesia, la Fe que se transmite por la Tradición.
Y con respecto a Quién lo llamó para esta misión, debe ser consciente de que es un llamado divino, según Efesios 4, 11-12: “Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo”. En este caso, el don comunicado es el de “maestro”, para “la edificación del Cuerpo (Místico) de Cristo”. Ya en este llamado hay un contenido de misterio sobrenatural que el catequista debe tener en cuenta, para al mismo tiempo, reflexionar acerca de la importancia de su misión: no es un llamado humano, sino divino, y para “edificar el Cuerpo Místico de Cristo”, es decir, su Iglesia.
         El catequista debe saber que su Fe no es racional, en el sentido de que todo lo puede explicar con su razón, sino que precisamente es supra-racional, porque el contenido de la Fe católica no ha sido inventado por hombres, sino que nos ha sido revelado por la Segunda Persona de la Trinidad encarnada, Nuestro Señor Jesucristo. Lo que el catequista no entienda con su razón, perteneciendo este contenido al depósito de Fe de la Iglesia, no debe “descartarlo” ni tratar de racionalizarlo –por ejemplo, quitando de los milagros el poder de Dios, racionalizándolos-, sino que debe enseñar tal como la Iglesia con su Magisterio lo enseña. De lo contrario, produce un gran daño al alma de sus alumnos.
Por eso el catequista debe llevar una vida de Fe, lo cual significa que debe alimentar su Fe con la oración cotidiana –no es “oración” signarse con la cruz y rezar un Padrenuestro antes de dormir-, dedicándole tiempo a la misma, pero también con la frecuencia de los Sacramentos, teniendo en cuenta que los Sacramentos no son ritos vacíos, sino la actuación y presencia del misterio redentor de Jesucristo que se hace presente por los sacramentos, para darnos su gracia santificante.
Llevar una vida de Fe significa que el catequista debe tener mucha oración, entre ellas, principalmente, el Santo Rosario, porque allí la Virgen, en silencio y misteriosamente, nos explica y nos ilumina las verdades de Fe.
También debe ser, en la medida de lo posible y según las condiciones de vida y estado de vida, adorador eucarístico, porque allí Jesús, el Maestro Divino, nos ilumina con su luz acerca de los misterios de la Fe y aumenta y fortalece nuestra Fe.
El catequista debe encomendarse, antes de cada clase, a los santos, ante todo, San Pío V, Papa, Patrono de los catequistas, y a santos niños, como por ejemplo, Imelda Lambertini, Antonieta Meo, José Sánchez del Río, San Tarcisio, y debe rezar y pedir a Nuestro Señor, a la Virgen, a los ángeles custodios de sus alumnos y a los santos, por sus alumnos, para que no solo aprendan las lecciones sino, ante todo, comiencen a vivir su Fe.

Aspecto formativo del perfil del catequista.

Todo trabajo debe ser hecho con la mayor perfección, porque el trabajo y el estudio son lugares de santificación, al ser ofrecidos a Dios con sacrificio, uniéndolos al sacrificio de Jesús. Pero a Dios no puedo ofrecerle un trabajo mal hecho, o una hora de estudio en la que solo hice pereza, del mismo modo a como en el Antiguo Testamento no se podía ofrecer en sacrificio a Dios un animal defectuoso, sino que debía ser el mejor animal de todos; entonces así debe ser mi clase: debo prepararla, saberla, tratar de comunicar a los demás y de transmitir los conceptos y las ideas. Además de estudiar los Encuentros, debo prepararlos y ver de qué manera los niños tomen el gusto por aprender. No significa transformar la clase en una fiesta, sino en no solo evitar que las clases sean monótonas, y en hacer al menos el intento de que las clases consigan su objetivo, que es la aprehensión vital y la incorporación a la vida de Fe del catequizando, del contenido que se enseña.
El catequista no se debe dar por satisfecho porque sus alumnos “aprenden de memoria” los contenidos: debe preocuparse porque verdaderamente los vivan en sus vidas cotidianas.
Como parte de su aspecto formativo, el catequista debe profundizar en las lecciones, acudiendo a la Sagrada Escritura, al Magisterio y a la Tradición. Debe tener en cuenta que no somos protestantes, por lo que la fuente de conocimiento de nuestra Fe no se reduce, de ninguna manera, a la Escritura, sino que nuestra fuente está formada por una tríada: la Escritura, el Magisterio y la Tradición.

Aspecto personal del perfil del catequista.

Presentación personal: corresponde al cristiano, y no solo al catequista, estar siempre bien presentado, bien aseado, en lo posible, con perfume, y esto no por vanidad, sino porque el cristiano debe “amarse a sí mismo”, como parte del Primer Mandamiento, y además porque debe reflejar a Cristo y la limpieza, la pulcritud, la fragancia, son símbolos de la gracia de Cristo.
Coherencia de vida cristiana: vivir como la fe que profesamos, si enseñamos los sacramentos, vivir como los sacramentos nos piden. En el caso del matrimonio, o casados o solteros, pero no en concubinato, y mucho menos comulgar, estando en concubinato. No puedo enseñar que es pecado mortal faltar a Misa sin causa grave, y al mismo tiempo, faltar a Misa por causas banales. No puedo enseñar que la Eucaristía es el alimento del alma, si yo mismo no me alimento de la Eucaristía.
Tampoco se puede practicar la magia, la brujería, el esoterismo, el ocultismo, el tarot, el vudú; no se puede creer en supersticiones, como la cinta roja, el gato negro, la mano de Fátima, el árbol de la vida, etc.; no se pueden usar amuletos, como el árbol de la vida, amuleto gnóstico; no se puede rezar a supersticiones prohibidas por la Iglesia, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte; no se puede acudir a brujos, ni leer ni hacer leer las cartas; no se puede asistir a cursos de Metafísica, de Ovnis o de Medicinas alternativas; no se puede practicar Reiki, Yoga, o las medicinas orientales. En otras palabras, es incompatible el ser catequista con las prácticas gnósticas y ocultistas de la Nueva Era.


domingo, 21 de mayo de 2017

El Evangelio para Niños: El que cumple los Mandamientos ama a Jesús


(Domingo VI - TC - Ciclo A - 2017)

         “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama” (Jn 14, 15-21). En el cielo, los santos que están más cerca de Jesús, son los que más lo amaron en la tierra. Con Jesús y nosotros, sucede como con los planetas y el sol: hay algunos planetas que están muy cerca del sol, mientras que hay otros planetas que están lejos del sol. Los que están más cerca del sol, reciben más luz y más calor y tienen vida, como nuestro planeta Tierra; los que están más lejos, reciben cada vez menos luz y menos calor, por lo que están a oscuras, hace mucho frío, y no hay vida en ellos. Así sucede entre nosotros y Jesús: cuanto más un alma ama a Jesús, “Sol de justicia”, más cerca está de Él y más recibe de Jesús su luz, su vida divina y su Amor; el que más lejos está de Jesús, está a oscuras, sin la vida de Dios y sin su Amor.
¿Cómo saber  “a qué distancia” estamos de Jesús? Porque la diferencia entre nosotros y los planetas, es que los planetas giran alrededor del sol en la órbita que Dios les fijó; en cambio, nosotros podemos girar alrededor de Jesús libremente, es decir, podemos girar cerca o lejos. ¿Cómo saber a qué distancia estoy de Jesús? El mismo Jesús nos da una forma de “medir” nuestra distancia con Él: si cumplimos sus Mandamientos, o si no los cumplimos.
¿Cuáles mandamientos? Por supuesto que los Diez Mandamientos, o sea, el Decálogo, pero también otros mandamientos que Él da en el Evangelio. ¿Cuáles son estos? Por ejemplo, cuando Jesús dice: “Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”, y Jesús nos ha amado hasta la muerte de cruz. Quiere decir que si yo me enojo con mi hermano por cualquier cosa sin importancia –y aunque sea algo importante-, o si falto el respeto a los mayores, no cumplo lo que Jesús me dice, que los tengo que amar hasta la cruz, y eso quiere decir ser paciente, comprensivo, caritativo, y evitar siempre, siempre, los malos sentimientos.
Otro ejemplo: Jesús dice: “Carga tu cruz de cada día y sígueme”, lo cual quiere decir reconocer cuáles son mis pecados dominantes, los que cometo con más frecuencia, y como esos pecados son mi cruz y nacen de mi corazón y sólo me los puedo quitar si la Sangre de Jesús cae, gota a gota, sobre mi corazón, tengo que seguir a Jesús, que va camino del Calvario, para que cuando Él sea crucificado, yo esté a sus pies, arrodillado, para que su Sangre caiga sobre mí y me limpie mis pecados por la confesión sacramental. Si no reconozco mis pecados, si no me arrepiento los confieso en el Sacramento de la Penitencia, quiere decir que no cargo mi cruz y que no hago lo que dice Jesús y, por lo tanto, no amo a Jesús.

Cuanto más cumplamos los Mandamientos de Jesús, seremos como esos planetas que están más cerca del sol, los que reciben más luz, calor y vida, porque tanto más cerca estaremos de Jesús, que es el Sol de justicia, y cuanto más cumplamos sus Mandamientos, más luz divina, más calor de su Amor y más vida divina recibiremos de Él. No seamos como los planetas que están más lejos del sol, que viven a oscuras, fríos y sin vida; seamos como los planetas que están más cerca del sol, que son más luminosos y más vida tienen y, para eso, cumplamos los Mandamientos de Jesús. Amemos a Jesús, pero no de palabras, sino cumpliendo con amor sus Mandamientos.

domingo, 14 de mayo de 2017

El Evangelio para Niños: Jesús es el Camino al Padre


(Domingo V – TP – Ciclo A – 2017)

         “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida” (cfr. Jn 14, 1-12). En este Evangelio, Jesús dice de sí mismo que es tres cosas: Camino, Verdad y Vida. ¿Qué quiere decir Jesús, cuando dice que Él es "Camino, Verdad y Vida? Veamos.
         Él es el Camino y, como todo camino, lleva a un lugar, pero Jesús no es un camino de la tierra, y por eso no nos lleva a un lugar de la tierra; Él es del cielo y por eso, nos lleva a un lugar hermoso, que es el cielo, o mejor dicho, nos lleva a un lugar que es mucho más hermoso que todos los cielos más hermosos, y es el Corazón de Dios Padre. Jesús es Camino, pero no de la tierra, sino del cielo, y el lugar al que lleva este Camino que es Jesús, es el Corazón de Dios Padre, que es algo más hermoso que todos los cielos hermosos juntos.
         Él es la Verdad, pero no es una verdad que nosotros conocemos en esta tierra, como por ejemplo, que 2 mas dos es cuatro (aunque hay ingenieros y matemáticos que dicen que dos mas dos no es cuatro); la Verdad de Jesús es una Verdad que viene del cielo y por eso nos habla de cosas del cielo, como por ejemplo, nos dice cómo ees Dios. Jesús es la Verdad de Dios, porque nos dice cómo es Dios en sí mismo: Dios es Uno y Trino, en Dios hay Tres Personas Divinas, que son iguales en majestad, en honor y en poder, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sólo la Iglesia Católica tiene esta Verdad, porque Jesús nos la dijo.
         Él es la Vida, pero no esta vida que tenemos ahora, sino la vida de Dios, que en la tierra es la vida de la gracia, que se opone a la vida del pecado, y en el cielo, es la vida de la gloria, una vida llena de luz, de paz, de amor y de alegría, en compañía de los ángeles y los santos.
         Jesús, entonces, es Camino, Verdad y Vida. ¿Cuál Jesús? El Jesús que está en la Cruz y en la Eucaristía. Todos los otros Jesús, que no sean este Jesús, no son de Dios.

         

sábado, 6 de mayo de 2017

El Evangelio para Niños: Jesús es el Buen Pastor


(Domingo IV – TP – Ciclo A – 2017)

         En este Evangelio, Jesús utiliza la imagen de un corral, que tiene una puerta y en donde las ovejas están seguras; además, hay un guardián o pastor. Y aunque no lo dice, pero forman parte de esta imagen lo que está fuera del corral y que pone en peligro la vida de las ovejas, y es el lobo, además de las tinieblas, porque si una oveja se sale del corral y se aleja, pronto cae la noche y los peligros para la oveja aumentan cada vez más.
         ¿Qué significa cada una de estas partes de la imagen? El corral, ahí donde las ovejas están seguras porque están cuidadas por el Buen Pastor, y donde encuentran agua y alimentos, es la Iglesia Católica; las ovejas somos nosotros, los que hemos sido bautizados en la Iglesia Católica; la Puerta de las ovejas es Jesús, y eso quiere decir que entramos en la Iglesia por el Corazón de Jesús traspasado en la Cruz. Las tinieblas de la noche, que envuelven a las ovejas que salen del corral y se alejan, son el pecado y también el error de creer en otras religiones que no sean la Católica, o creer en sectas, o creer en ídolos paganos, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, o cosas así. El lobo que pone en peligro la vida de las ovejas, no es el lobo-animal, sino el Lobo del Infierno, el Demonio: así como una ovejita que sale del redil y se aleja, no tiene la más mínima oportunidad de defenderse si la ataca el lobo, porque el lobo la destroza con sus dientes afilados, así tampoco el alma, que sale de la Iglesia Católica, tiene la más mínima oportunidad de defenderse, ante los embates del Lobo infernal, el Demonio. Jesús habla también de “ladrones” que no entran por la puerta y que se quieren llevar las ovejas para venderlas: son los malos pastores, que no les importa la salvación de las ovejas, sino aprovecharse de sus bienes.
         Esto nos enseña que dentro de la Iglesia Católica, siempre vamos a estar a salvo, porque es como decían los Padres de la Iglesia: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, fuera del redil de Jesús, no podemos salvarnos. Por eso tenemos que pedir la gracia de la perseverancia final en la fe y en las buenas obras, y de nunca jamás apartarnos de la Iglesia, por ningún motivo.

         Por último, hay algo que dice Jesús con respecto a las ovejas, y es que ellas “conocen la voz” de su pastor y lo siguen, pero no reconocen la voz del asaltante y por eso no lo siguen: esto quiere decir que nosotros, que somos las ovejas de Jesús, debemos escuchar su Voz, para seguirlo. ¿Y dónde está nuestro Buen Pastor, Jesús? Está en la Cruz y está en la Eucaristía, y desde ahí, nos habla en el silencio, en lo más profundo de nuestro ser. Entonces, para reconocer la Voz del Buen Pastor, debemos hacer oración delante de Jesús crucificado y delante del sagrario, es decir, debemos hacer Adoración Eucarística, y así reconoceremos siempre a Jesús. A la Virgen, que es la Buena Pastora, le vamos a pedir que nos lleve ante el sagrario, y nos enseñe a escuchar la Voz de Nuestro Amado Pastor Jesucristo, para que nunca nos apartaremos de Él.

domingo, 30 de abril de 2017

El Evangelio para Niños: Jesús parte el pan y sus amigos de Emaús se dan cuenta que es Él


(Domingo III – TP – Ciclo A – 2017)

         Dos de los amigos de Jesús iban caminando desde Jerusalén a un pueblito llamado “Emaús”, que estaba a unos diez kilómetros de distancia. Mientras iban por el camino, conversaban entre ellos y comentaban algo que había pasado el Domingo después del Viernes Santo: unas mujeres les habían contado que cuando habían ido al sepulcro, lo habían encontrado vacío y que incluso se les habían aparecido unos ángeles, que les habían dicho que Jesús estaba vivo, pero ellos no creían que fuera cierto. Eran amigos de Jesús, lo habían visto hacer milagros, habían escuchado su sabiduría del cielo, pero ahora estaban tristes porque no creían lo que las mujeres y los ángeles decían, y pensaban que Jesús seguía muerto. Mientras estaban caminando y conversando entre ellos, muy tristes, se les apareció Jesús resucitado, pero ellos no se dieron cuenta que era Él y lo confundieron con un forastero, con un extraño. Jesús los acompañó y, cuando llegaron a Emaús, Jesús hizo como que seguía caminando, pero ellos le dijeron: “Quédate con nosotros, que ya es tarde y se hace la noche”. Jesús se quedó con ellos y cuando estaban en Emaús, celebró la Misa, y cuando llegó el momento en que Jesús partió la Eucaristía –igual a cuando el sacerdote en la Misa parte la Eucaristía para poner un pedacito en el cáliz, lo cual simboliza la Resurrección, al unirse el Cuerpo con la Sangre que se habían separado en la Cruz-, en ese momento, Jesús les sopló el Espíritu Santo, que les iluminó la inteligencia y les hizo arder el corazón con el Amor de Dios. Ahí los discípulos se dieron cuenta que era Él y sintieron mucho amor y mucha alegría al darse cuenta que era Jesús, pero Jesús, en ese momento, desapareció. Entonces los discípulos fueron a avisar a los demás, llenos de alegría, que Jesús había resucitado.
         Muchas veces nos puede pasar lo mismo a nosotros: Jesús resucitado está vivo, glorioso, con su Cuerpo lleno de la luz y del Amor de Dios, en la Eucaristía. Está oculto a los ojos del cuerpo, y como no lo vemos, no nos damos cuenta de que Jesús está con nosotros, en la Eucaristía, en el sagrario. Muchas veces, nos ponemos tristes porque pasan cosas, pero no nos acordamos que Jesús está resucitado en la Eucaristía, y está ahí para acompañarnos, para darnos su Amor, para decirnos que no estamos solos, que Él quiere ayudarnos, y que lo único que quiere es que lo vayamos a visitar en el sagrario.

         No seamos incrédulos y faltos de fe, como los discípulos de Emaús antes del encuentro con Jesús, y le pidamos a la Virgen, Nuestra Señora de la Eucaristía, que nos conceda la gracia de acordarnos siempre que Jesús está en la Eucaristía, resucitado y lleno de la luz y del Amor de Dios. Y pidamos esta gracia siempre, pero sobre todo, cuando vayamos a comulgar, para decirle a Jesús Eucaristía, como los discípulos de Emaús: “¡Jesús Eucaristía, quédate conmigo, en mi corazón, toda la vida, y no te vayas nunca de mí!”.

miércoles, 26 de abril de 2017

Santo Rosario meditado para Niños: Misterios Gozosos


         Primer Misterio de Gozo: La Anunciación del Ángel a María Virgen. El Arcángel San Gabriel le anuncia a la Virgen que será Madre de Dios. María seguirá siendo Virgen porque el fruto concebido es obra del Espíritu Santo y no del hombre. Con su “Sí” a la voluntad del Padre, la Virgen se convierte en el sagrario viviente que aloja en su seno purísimo el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, ayúdanos para que nuestros corazones, purificados por la gracia, reciban con fe y con amor a Jesús Eucaristía!

         Segundo Misterio de Gozo: La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel. La Virgen, que ya está encinta, emprende un largo viaje para visitar y asistir a su prima Santa Isabel, también encinta y de edad. Ante la llegada de la Virgen, Juan el Bautista salta de alegría en el seno de Santa Isabel y ella misma se alegra por la visita de María. Lo que sucede es que, cuando llega la Virgen, llega siempre Jesús, que es Alegría infinita. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que nuestra única alegría sea tu Hijo, Jesús Eucaristía!

         Tercer Misterio de Gozo: El Nacimiento de Nuestro Señor en un humilde portal de Belén. Al no encontrar lugar en las ricas y ruidosas posadas, San José y la Virgen deben dirigirse al Portal de Belén, que es pobre y oscuro, pues es un refugio de animales. Cuando nace Jesús, el Portal se ilumina con la luz de la gloria de Dios, que brota del Cuerpo del Niño Jesús. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, nuestro corazón es pobre y oscuro cuando está sin Dios y su gracia; haz que se ilumine con la luz de Jesús Eucaristía!

         Cuarto Misterio de Gozo: La Presentación de Nuestro Señor en el templo. La Virgen y San José llevan al Niño Jesús al templo, para ofrecerlo al Señor, tal como lo establecía la ley. ¡Virgen María, Nuestra Señora de la Eucaristía, llévanos entre tus brazos y preséntanos ante tu Hijo Jesús en la Eucaristía, nuestro Dios y Señor!


         Quinto Misterio de Gozo: Nuestro Señor, perdido y hallado en el templo, entre los doctores de la Ley. La Virgen y San José regresan a su hogar luego de estar en Jerusalén, pero como regresan por separado, no se dan cuenta de que el Niño Jesús no está con ellos. Luego de buscarlo por tres días, lo encuentran en el Templo, respondiendo a las preguntas de los doctores de la ley, con su sabiduría divina. Muchas veces nos sucede que perdemos de vista a Jesús, sin darnos cuenta de que Él está todos los días con nosotros, hasta el fin del mundo, en el sagrario. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, si en algún momento perdemos de vista a Jesús, tómanos de la mano y condúcenos hacia la morada donde habita Jesús Eucaristía, el sagrario!

sábado, 22 de abril de 2017

El Evangelio para Niños: Fiesta de la Divina Misericordia


(Ciclo A - 2017)
         Hoy celebramos la “Fiesta de la Divina Misericordia”. ¿Por qué la celebramos? Porque Jesús se le apareció una vez a una monjita y le dijo que quería que el primer domingo después de Pascua, se festejara, en toda la Iglesia, la Fiesta de la Divina Misericordia.
         ¿Cómo sucedió eso? Hace muchos años, en un país llamado “Polonia”, Jesús se le apareció a una monjita, que se llamaba Sor Faustina, y se le apareció así como lo vemos en la imagen: de pie, con la mano en alto, bendiciendo, y con dos rayos, uno blanco y otro rojo, saliendo de su Corazón, y debajo de los pies, había una leyenda que decía: “Jesús en Vos confío”.
         ¿Por qué Jesús quería que Santa Faustina hiciera pintar un cuadro y que toda la Iglesia, en todo el mundo, hiciera fiesta por la Misericordia de Dios? Porque en este día, las compuertas del cielo se abren y dejan caer, por así decir, millones y millones de toneladas de gracias, sobre las almas de los pecadores. En el cielo hay fiesta, porque se abren las puertas del Amor de Dios, que es el Corazón traspasado de Jesús, y es este Amor el que perdona los pecados de los hombres a través del Sacramento de la confesión, dejando sus almas limpias y listas para ir al cielo.
         Jesús le prometió también a Santa Faustina que al que lo mirara a Él en la imagen y con mucho amor y fe dijera: “Jesús en Vos confío”, y se refugiara bajo sus rayos –el blanco, simboliza el agua, que es la gracia que quita el pecado en el Sacramento de la Confesión, y el rojo, que simboliza la Sangre, que nos alimenta en la Eucaristía-, Él lo iba a proteger en esta vida y que después lo iba a llevar al cielo en la otra vida. “Vivir bajo los rayos” del Corazón traspasado de Jesús, quiere decir confesarnos con frecuencia y comulgar, con mucho amor, en estado de gracia.

         Entonces, por pedido de Jesús, hoy festejamos la Fiesta de la Divina Misericordia en toda la Iglesia, pero en realidad, la podemos festejar todos los días, y la forma de hacerlo es: confesarnos seguido, recibir a Jesús Eucaristía todas las veces que podamos, ser misericordiosos con los más necesitados y decir, desde lo más profundo del corazón, todos los días, todo el día, y con todo el amor del que seamos capaces: “Jesús, en Vos confío”.

domingo, 16 de abril de 2017

El Evangelio para Niños: Jesús resucitó


(Domingo de Resurrección – Ciclo A - 2017)

         El Domingo de Resurrección, la Iglesia está de fiesta, una fiesta que es más grande todavía que Navidad. ¿Por qué? Porque Jesús resucitó. ¿Qué quiere decir “resucitó”?
         Para saberlo, recordemos qué pasó el Viernes Santo: después de estar tres horas crucificado, es decir, clavado en la cruz sus manos y sus pies con tres clavos de hierro, Jesús murió y su Cuerpo fue llevado a un sepulcro nuevo, excavado en la roca.
Hagamos de cuenta que nosotros estamos dentro del sepulcro, junto con Jesús: Jesús está tendido sobre la roca, y el sepulcro está todo oscuro, en silencio y frío. Así pasó todo lo que quedaba del día del Viernes Santo y todo el Sábado Santo, hasta que el Domingo a la mañana, bien tempranito, vemos algo: a la altura del Corazón de Jesús, comienza a brillar una luz, que es muy pequeñita primero, pero que va creciendo y va recorriendo todo el Cuerpo de Jesús, y a medida que lo recorre, le va devolviendo la vida, hasta que todo el Cuerpo de Jesús está lleno de luz y de vida, y Jesús se levanta del sepulcro, vivo y glorioso, resplandeciente, con una luz que brilla más que miles de soles juntos. Si antes había silencio en el sepulcro, ahora se escuchan, primero, los latidos del Corazón de Jesús y, después, los cantos de los ángeles; si antes estaba oscuro, ahora todo brilla con la luz de la gloria de Dios, que sale del Cuerpo vivo de Jesús; si antes estaba frío, ahora lo invade todo el calor del Amor de Dios. Y nosotros, que estamos ahí en el sepulcro, nos alegramos y nos arrodillamos, para adorar a Jesús, que ha resucitado. Esto es lo que sucedió el Domingo de Resurrección: Jesús volvió a la vida, pero una vida distinta a esta que tenemos, porque su Cuerpo adquiere poderes especiales: es luminoso, puede atravesar puertas y paredes –cuando resucita, no se saca la Sábana Santa como lo hacemos cuando nos levantamos de dormir, sino que atraviesa la Sábana Santa y deja su imagen allí impresa-, no sufre ni siente dolor, no envejece y, lo más importante, ¡no muere más!
Pero lo más lindo de todo es que este Jesús resucitado, con su Cuerpo así glorioso y lleno de la vida, la luz y el Amor de Dios, viene a nosotros en cada comunión eucarística, para darnos esa misma luz, que es su Vida eterna, como una semilla, para que ya tengamos, como en germen, la resurrección, para que también nosotros seamos capaces de resucitar junto con Él. Cuando resucitemos, nuestro cuerpo tendrá los mismos poderes de Jesús: estará lleno de luz, no sufrirá, podremos atravesar puertas y paredes, y estaremos llenos de la gloria y del Amor de Dios. ¿Por qué hace todo esto Jesús? Porque Él quiere que nosotros estemos con Él en el cielo, y es para eso que, en cada comunión, nos da la vida eterna como en germen, como en semilla. Esto es entonces lo que festejamos en la Resurrección: que Jesús ha vencido a la muerte, que está con su Cuerpo glorioso en la Eucaristía, y que cuando comulgamos, recibimos su vida eterna en germen, para después poder resucitar. Cada vez que comulguemos, nos acordemos entonces de cómo resucitó Jesús el Domingo de Resurrección, y le agradezcamos, con todo el amor del que seamos capaces, que haya resucitado y que nos dé su vida eterna y su Amor en cada comunión.


sábado, 8 de abril de 2017

El Evangelio para Niños: Domingo de Ramos en la Pasión del Señor


(Ciclo A – 2017)

         El Domingo de Ramos, Jesús entra en Jerusalén, la Ciudad Santa, montado en un borriquillo. Cuando los habitantes de Jerusalén se enteran de que está llegando Jesús, abren las puertas de la ciudad de par en par y, llenos de alegría, salen para encontrarse con Jesús. Muchos extienden sus mantos sobre el suelo, como si fueran alfombras, y casi todos tienen palmas y ramos de olivos en sus manos. Todos los habitantes de Jerusalén habían recibido milagros de parte de Jesús: a unos los había curado de sus enfermedades; a otros los había liberado de los demonios; a otros les había calmado el hambre multiplicando panes y peces; a otros les había resucitado a sus hijos. Todos se acordaban de los milagros hechos por Jesús y por eso estaban agradecidos, lo reconocían como a su Rey y Salvador, le cantaban cánticos de alabanza, y le abrían las puertas de la Ciudad Santa.
         Pero unos días después, el Viernes Santo, los mismos habitantes de Jerusalén, desde los más pequeños hasta los más grandes, cambian del todo con respecto a Jesús: no le cantan, sino que lo insultan; no lo reconocen como Rey, sino que le ponen, para burlarse, una corona de espinas; no lo saludan con palmas y ramos de olivos, sino que le pegan trompadas y patadas. Por último, abren las puertas de la Ciudad Santa, pero no para que entre Jesús, como el Domingo de Ramos, sino para expulsarlo de la Ciudad Santa, para llevarlo al Calvario y ahí darle muerte de cruz.
         Este episodio de la vida de Jesús tiene mucho que ver con nosotros, porque la Ciudad Santa es nuestra alma, en dos momentos distintos: cuando está en gracia y reconoce a Jesús como a su Rey y Salvador y lo hace entrar en su corazón, es la Jerusalén del Domingo de Ramos, pero cuando está en pecado y no reconoce a Jesús como Rey y Señor, sino que lo expulsa de su corazón, es la Jerusalén del Viernes Santo, que expulsa a su Rey para darle muerte de cruz en el Calvario.

         Nosotros podemos elegir, cuál de las dos ciudades queremos que sea nuestra alma: si la del Domingo de Ramos, en la que reconocemos a Jesús como nuestro Rey, o la del Viernes Santo, que expulsa a Jesús porque está en pecado. Le vamos a pedir a nuestra Mamá del cielo, la Virgen, que nos ayude para que nuestra alma sea siempre como la Ciudad Santa de Jerusalén del Domingo de Ramos, para que abramos nuestros corazones de par en par a Jesús Eucaristía, lo entronicemos en nuestro corazón como Rey, le cantemos cánticos de alabanzas, y le digamos que lo queremos amar, en esta vida y por toda la eternidad.

sábado, 1 de abril de 2017

Santo Rosario meditado para Niños: Misterios de Dolor


1º. La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní (Lc. 22, 41-44). Huerto por nuestra salvación, pero está solo, porque sus discípulos, llevados por el desamor, duermen. También hoy sucede lo mismo: Jesús está solo en el sagrario, porque muchos niños y jóvenes eligen divertirse, en vez de acompañar a Jesús en la Eucaristía. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que mi corazón se encienda en el Amor de Jesús Sacramentado, para que nunca lo deje solo y abandonado en el sagrario!

2º. Jesús es flagelado (Jn 18, 38 - 19, 1). Los soldados atan a Jesús a una columna y comienzan a golpearlo cruelmente con látigos y azotes con punta de hierro. Son tantos los azotes, que le arrancan casi toda la piel, haciendo que su Sangre brote a borbotones. Con esa Sangre Preciosísima lavará los pecados de impureza. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que mi corazón sea siempre puro, como tu Inmaculado Corazón y como el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús!

3º. Jesús es coronado de espinas (Mt 27, 27-29). Jesús es el Rey de cielos y tierra, pero mientras en el cielo los ángeles le cantan cánticos de alabanza y lo adoran, en la tierra, los hombres le tejemos una corona de gruesas, duras y afiladas espinas, que le provocan mucho dolor y le hacen salir mucha sangre. Cada espina, es un pecado mío de pensamiento. Perdóname, Jesús, por herirte con mis malos pensamientos. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que tengamos siempre pensamientos y sentimientos puros y santos, como los de tu Hijo Jesús!

4º. Jesús con la cruz a cuestas. (Jn 19, 15-18). Jesús lleva la Cruz sobre sus hombros. La Cruz es tan pesada, que lastima los hombros de Jesús, provocándole una llaga muy dolorosa. El peso de la Cruz no se debe al madero, sino a mis pecados: cada pecado mío, sea de pensamiento, de palabra o de obra, aumenta el peso de la Cruz de Jesús, hace más grande la herida de su hombro, y lo caer de rodillas. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, que yo ame a Jesús Eucaristía con el amor de tu Inmaculado Corazón, para que no aumente más el peso y el dolor de la Cruz de Jesús!


5º. Jesús muere en la cruz. (Jn 19, 18; 25-27, 30). Luego de tres horas de estar crucificado, Jesús muere en la Cruz. Era tanto el Amor que nos tenía que, antes de morir, lavó nuestros pecados con su Sangre, nos entregó a su Madre amadísima como Madre nuestra, y se quedó misteriosamente en la Eucaristía. ¡Nuestra Señora de la Eucaristía, “amor con amor se paga”, aumenta entonces mi amor por Jesús Eucaristía, para que recibiéndolo yo en la Comunión Eucarística, pueda retribuirle al menos un poquito del amor por el que Jesús murió por mí en la Cruz!

El Evangelio para Niños: Jesús resucita a Lázaro


(Domingo V – TC – Ciclo A – 2017)

         En este Evangelio Jesús realiza un milagro impresionante: resucita a su amigo Lázaro, que ya estaba muerto desde hacía cuatro días. Para darnos cuenta de lo grandioso de este milagro y del poder divino de Jesús, recordemos qué pasa en el momento de la muerte: el alma, que es espiritual y tiene vida, se separa del cuerpo, que es material y, sin el alma, queda sin vida. El alma va, inmediatamente, a recibir lo que el Catecismo llama: “Juicio Particular”, en donde Dios da el premio a los que obraron el bien –el cielo- y el castigo –el infierno- a los que obraron el mal. El cuerpo queda en la tierra, para ser velado y sepultado y apenas el alma se separa de él, comienza un proceso de descomposición orgánica y por esa razón, hay que sepultarlo. Esto era lo que le había sucedido a Lázaro: su alma se había separado de su cuerpo y por lo tanto, su cuerpo estaba muerto y ya desde hacía cuatro días.
         Cuando llega Jesús, después de hablar con Marta –Jesús era muy amigo de los tres hermanos de Betania, María, Marta y Lázaro- y después de decirle que Él es “la resurrección y la vida”, le dice a Lázaro, que yace en la tumba: “¡Lázaro, levántate y sal afuera!”. En ese momento, el alma de Lázaro, reconociendo la voz de su Dios, el Dios que la había creado, se une inmediatamente a su cuerpo y el cuerpo, unido al alma, comienza a vivir como antes de la muerte.
         Es un milagro de resurrección, asombroso, que sólo Dios puede hacer y que nos demuestra que Jesús es Dios y que Él tiene poder sobre la muerte; Él es más fuerte que la muerte, porque Él es la Vida en sí misma.
         El milagro de la resurrección de Lázaro nos da muchas fuerzas, porque por un lado, si sufrimos la pérdida de un ser querido, sabemos que Jesús ha vencido a la muerte y que, por su misericordia, existe la posibilidad de reencontrarnos con ellos, si obramos el bien, vivimos en gracia y evitamos el pecado. Por otro lado, nos reconforta el saber que nuestro Dios es más poderoso y fuerte que la muerte, porque Él es el Dios de la vida.
         Pero hay algo que tenemos que saber, y es que en la Misa, Jesús obra un milagro más grande todavía que el de Lázaro, porque en el Evangelio lo que hizo fue simplemente unir el alma con el cuerpo, mientras que en la Misa, convierte el pan sin vida en su Cuerpo y Sangre, que es la Eucaristía; además, con nosotros nos demuestra un amor infinitamente más grande que para con sus amigos Marta, María y Lázaro, porque a Marta sólo le dijo que Él era la “resurrección y la vida”, mientras que a nosotros no nos dice que es la resurrección y la vida, sino que nos da esa misma resurrección y vida eterna, como en germen, como en semilla, en la Eucaristía, porque en la Eucaristía es Él mismo, el Dios de la vida, en Persona.

         “¡Lázaro, levántate y sal afuera!”. Si a Lázaro lo llamó a una nueva vida, que era en realidad la vida que ya tenía antes de morir, a nosotros, en la Santa Misa, al donarse Él mismo en la Eucaristía y siendo Él la resurrección y la vida, nos llama a levantarnos de nuestra muerte espiritual y salir fuera del mundo, para vivir la vida nueva de los hijos de Dios, la vida de la gracia, la vida de Dios, por lo que no podemos seguir viviendo más como hijos de las tinieblas, sino como hijos de la luz, es decir, como hijos de Dios, que es Luz.