Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Catecismo para Niños de Primera Comunión - Lección 31 – El Sacramento de la Eucaristía

Catecismo para Niños de Primera Comunión[1] - Lección 31 – El Sacramento de la Eucaristía
Doctrina
¿Qué es la Eucaristía? La Eucaristía es el Sacramento del Cuerpo y Sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino.
¿Para qué instituyó Jesucristo la Eucaristía? Para estos tres fines:
         1-Para cumplir su promesa de que habría de estar “todos los días con nosotros, hasta el fin del mundo” (cfr. Mt 28, 20). Al quedarse en la Eucaristía, Jesús está en medio nuestro, para que nosotros tengamos la posibilidad de acudir al sagrario para amarlo en la adoración eucarística, para darle gracias por su Amor y para pedirle por todo lo que necesitemos, siempre que sea conveniente para nuestra eterna salvación.
         2-Para que, ofreciéndose por nosotros en el Santo Sacrificio de la Misa, que es la renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio del Calvario, nosotros, que vivimos en el siglo XXI y alejados miles de kilómetros del Monte Calvario, pudiéramos acceder a los beneficios de la Redención obtenidos al precio de su Sangre derramada en la Cruz. Asistir a la Santa Misa es como si “viajáramos en el tiempo” y estuviéramos, el Viernes Santo, asistiendo al Santo Sacrificio de Jesús en la Cruz.
         3-Para darse como alimento espiritual en la sagrada Comunión: en la Comunión, Jesús nos alimenta con un manjar celestial, que consiste en Pan, Carne y Vino: el Pan de Vida Eterna, su Cuerpo resucitado en la Eucaristía; la Carne del Cordero de Dios, su Cuerpo glorificado en la Eucaristía; y el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, su Sangre derramada en la Cruz y vertida en el Cáliz eucarístico.
         ¿Cuándo comienza a estar Jesucristo en la Eucaristía? Jesucristo empieza a estar en la Eucaristía en el momento de la consagración de la Misa.
         ¿Qué es la Hostia antes y después de la consagración? La Hostia antes de la consagración es pan de trigo, y después de la consagración es el Cuerpo de Jesucristo.
         ¿Qué hay en el cáliz antes y después de la consagración? En el cáliz antes de la consagración hay vino con unas gotas de agua, y después está la Sangre de Jesucristo.
         Conviene notar que en la Hostia consagrada no está solamente el Cuerpo de Jesucristo, sino Jesucristo todo entero, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, tal como está en el cielo. Después de la consagración no queda pan y vino, sino solamente las especies de pan o accidentes del pan y vino, y si se parte la Hostia no se parte o divide Jesucristo, sino queda todo entero en todas y cada una de las partes. Sucede como cuando un espejo está intacto y cuando se rompe en varios fragmentos: la imagen se ve toda entera, tanto en el espejo intacto, como en cada uno de los fragmentos, si el espejo se rompe.
         Explicación

Nuestro Señor Jesucristo instituyó el Sacramento de la Eucaristía el Jueves Santo, vísperas de su muerte, en el Cenáculo de Jerusalén, y lo hizo de la siguiente manera: tomó el pan, lo bendijo y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed: ESTO ES MI CUERPO”. Luego tomó el cáliz en el que había vino, lo bendijo y se lo dio diciendo: “Tomad y bebed: ESTO ES MI SANGRE”. HACED ESTO EN MEMORIA MÍA”.
         El milagro, que Jesucristo hizo en la Última Cena, se actualiza y renueva todos los días, en todas las Misas que se celebran, en el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la Consagración, quedando el pan y el vino convertidos en el verdadero Cuerpo y Sangre de Jesucristo.
         Hay dos tipos de comuniones: la comunión en estado de gracia y la comunión en pecado mortal. Si alguien comulga en pecado mortal a sabiendas, comete un horrible sacrilegio. El que comulga en pecado mortal, dice la Escritura, “come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11, 29).
         El Sacramento de la Eucaristía es un sacramento que sólo debe recibirse si se sabe lo que se recibe; de lo contrario, no puede ser recibido. Esto nos hace ver la importancia de asistir a las clases de Catecismo y de estudiar y aprender lo que allí se nos enseña. Si alguien, por motivos no graves –es decir, por descuido o pereza- no asiste por lo menos a las ¾ partes de las lecciones y si no sabe el Catecismo de Primera Comunión, no puede hacer la Primera Comunión porque, como dijimos, para recibirla, es necesario saber lo que se recibe.
         La Comunión que se da a los enfermos –a los que están imposibilitados de movilizarse y sobre todo, a los que están en peligro de muerte- se llama “Viático”, porque da fuerzas para llegar al término del viaje del cristiano, que es el cielo. La Eucaristía es el “Verdadero Maná” bajado del cielo, que alimenta con la vida eterna de Jesús.
         Práctica: Al saber que la Eucaristía es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, y que al comulgar Jesús en Persona viene a mi corazón, entonces trataré de comulgar todas las veces que pueda, por supuesto que en estado de gracia.
         Palabra de Dios: “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan y después de dar gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros’. Y asimismo después de cenar, tomó el cáliz diciendo: ‘Éste es el cáliz de la Nueva Alianza en mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía’” (1 Cor 11, 23-26); “Yo Soy el Pan de Vida (…) bajado del cielo” (Jn 6, 48-51).
         Ejercicios bíblicos: Jn 6, 27; Jn 6, 48-49; Jn 6, 68; Jn 13, 1.



[1] Adaptado de El Catecismo ilustrado, de P. BENJAMÍN SÁNCHEZ, Apostolado Mariano, Sevilla3 1997.

sábado, 21 de julio de 2012

La Santa Misa para Niños (XVIII) El pan se convierte en el Cuerpo de Jesús




(…) tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

Para aprovechar esta parte de la Misa, tenemos que acordarnos de Jesús cuando estaba en la Última Cena con sus Apóstoles. Ahí, Jesús toma el pan con sus manos –“venerables y santas”, dice el Misal, el libro del sacerdote para la Misa, y son venerables y santas porque son las manos del Hombre-Dios-, da gracias a Dios y lo parte, antes de decir las palabras que van a transformar ese pan, en su Cuerpo.
Es decir, cuando Jesús toma el pan en sus manos, es solo pan, pero después de decir las palabras de la consagración –“Esto es mi Cuerpo”, “Esta es mi sangre”-, ya no es más pan, porque se convierte en su Cuerpo y en su Sangre.
Nos acordamos de Jesús en la Última Cena porque Jesús mandó que nos acordáramos de Él, ya que dijo en el Evangelio: “Haced esto en memoria mía”. Cuando el sacerdote toma el pan del altar, para pronunciar las palabras de la consagración, se acuerda siempre de Jesús, porque Él así lo quiso.
Pero debido a que a través del sacerdote actúa Jesús en Persona, en la Misa no solo nos acordamos de Jesús, sino que Jesús se hace presente, en Persona, en la Eucaristía, y así pasa en el altar lo mismo que pasaba en la Última Cena: antes de que el sacerdote tome el pan en sus manos, es simplemente un poco de pan, mezcla de trigo y agua, sin levadura –por eso es delgado, chato-, pero después que el sacerdote dice: “Esto es mi Cuerpo”, repitiendo las mismas palabras que dijo Jesús en la Última Cena, se convierte verdaderamente en el Cuerpo de Jesús, y así Jesús comienza a estar en la Eucaristía.
O sea que, en la Misa, es como si estuviéramos presentes en la Última Cena, porque el sacerdote hace lo mismo que hizo Jesús el Jueves Santo. Pero también, misteriosamente -¡la Misa es un gran misterio del Cielo!-, pasa lo mismo que pasó en el Calvario, porque Jesús en el Calvario entregó su Cuerpo en la cruz, y en la Misa lo entrega en la Eucaristía, y derrama su Sangre, y en la Misa derrama su Sangre en el cáliz.
Por eso es que la Misa tiene algo de parecido con la Última Cena, y también con el sacrificio de Jesús en el Calvario. Por eso es que, en esta parte de la Misa, tenemos que acordarnos siempre de la Última Cena y del Calvario.
Y Jesús hace todo esto, y se queda en la Eucaristía, para que cuando nosotros comulguemos, lo hagamos entrar, con su Cuerpo, en esa habitación tan especial que es nuestro corazón, para que Él nos de su Espíritu de Amor, el Espíritu Santo, y para que seamos todos hermanos de Jesús y hermanos de todos los hombres.
Y es para esto para lo que Jesús se queda en la Eucaristía: para que, como resultado de recibirlo a Él en el corazón, por la comunión, aumente el amor a Jesús y a todos los hombres, que por el Amor de Jesús son hermanos nuestros.

sábado, 14 de julio de 2012

La Santa Misa para Niños (XVII) La consagración, la Pascua judía y la Pascua de Jesús




Consagración.

Aquí es donde nos encontramos en el centro de la Santa Misa, en donde se representa, invisible y misteriosamente, la Última Cena de Jesús, llamada “Cena Pascual”, y también se representa el sacrificio en cruz de Jesús. Por eso nos imaginamos la escena de la Última Cena: Jesús sentado en el medio de la mesa, a su lado izquierdo está Juan, a su lado derecho está Pedro, y luego todos los demás Apóstoles.

(…)Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que sea para nosotros Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasión (…),

Para vivir con fruto espiritual esta parte de la Misa, nos imaginamos a Jesús, que cierra los ojos, junta sus manos a la altura del pecho, como cuando se reza, y dice: “...ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de mi Pasión” (Lc 22, 15).
Jesús hace esta oración antes de subir a la Cruz, porque Él celebra su Pascua, que es la Pascua de la Iglesia, la Pascua que es para siempre. Para entender la Pascua de Jesús, tenemos que saber un poco cómo era la de los judíos, porque la de Jesús se parece a la de ellos. Los judíos la festejaban en primavera, cuando comenzaba la recolección de las primeras espigas de trigo para hacer la ofrenda de panes ácimos (panes “chatos” sin levadura).
La pascua judía era una fiesta religiosa en la que el Pueblo Elegido recordaba las “maravillas de Yahveh”, es decir, todos esos milagros fantásticos y fabulosos con los que Dios los había liberado de la esclavitud de Egipto. Por eso la pascua quiere decir “paso” a la libertad: el Pueblo Elegido es liberado por Yahvéh, obrando grandes milagros a lo largo de toda su travesía. Para eso tenemos que leer el libro de la Biblia que se llama “Éxodo”.
Allí se narran todos los milagros de Yahvéh; por ejemplo, cuando los judíos querían cruzar el mar, lo cual era imposible, porque se iban a ahogar todos, Dios abre el mar –que se llama “Rojo” pero es azul, como todo mar-, y hace que las aguas se levanten como si fueran dos paredes, dejando un pasillo seco en el medio, por donde pasaron los israelitas. Ellos se salvaron, pero cuando los judíos quisieron pasar, las aguas volvieron a su posición normal, y se ahogaron todos. Después, cuando los judíos iban caminando por el desierto, sufrían de hambre y de sed, y además querían comer carne, entonces Dios hizo que todos los días amaneciera sobre el campamento un pan muy suave, llamado maná, y además hacía que vinieran bandadas de codornices para que los hebreos pudieran comer pan y carne. Y para la sed, hizo salir milagrosamente agua de la roca, ordenándole a Moisés que golpeara con su bastón una piedra muy dura. Así, los israelitas podían comer pan y carne y beber agua transparente y pura en medio del desierto.
Y por las noches, había una misteriosa nube luminosa que les alumbraba el camino. Otro milagro que hizo Dios para los israelitas fue una vez que ellos iban caminando por el desierto y empezaron a aparecer muchísimas víboras, que eran muy venenosas: a los que los mordían, se morían, porque el veneno era muy fuerte. Pero entonces lo que hizo Dios fue ordenarle a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y que la levantara en alto, para que todo aquel que la mirase, quedara curado. Moisés obedeció a Dios, y todos los israelitas quedaron curados. Después, cuando los judíos llegaron a la Casa que Dios les había prometido, la Tierra de Israel, empezaron a celebrar la pascua, que quería decir “paso”, celebrando el paso de ellos desde Egipto, por el desierto, hasta Jerusalén, y cuando se reunían a festejar, hacían un cordero asado, con hierbas amargas, y los más grandes tomaban una copa de vino.
¿Por qué tenemos que acordarnos de estas cosas? Porque toda la pascua judía era una imagen o una figura de la verdadera Pascua, que es Cristo Jesús. Una imagen no es la realidad, así como cuando la figura de un futbolista no es el futbolista; así también las pascua judía era solo una figura de la verdadera pascua que se celebra en la Santa Misa.
En la Misa, estamos nosotros, que somos el Nuevo Pueblo Elegido, que caminamos por un desierto, la vida, hacia la Tierra Prometida, la Jerusalén celestial –no la de la tierra, sino la del cielo, la que está alumbrada con la lámpara que es el Cordero- , y del mismo modo a como los judíos huían de sus enemigos, así también nosotros huimos de nuestros enemigos, que son el demonio, el mundo y la carne, pero en vez de abrir las aguas del mar, Dios Padre hace algo mucho mejor para nosotros, y es abrir el costado de Jesús y su Sagrado Corazón, para que todo aquel que entre y se refugie en Él, viva ya, desde la tierra, en el cielo. Y en vez de mandarnos carne de ave y pan, nos manda carne de Cordero, la Carne del Cordero de Dios, que es el Pan de Vida eterna, la Eucaristía. Y cuando los demonios quieren asaltarnos, para inyectarnos un veneno mucho más poderoso porque ataca el corazón del alma, el veneno del mal, del error, del pecado y de la mentira, Dios levanta, en vez de una serpiente de bronce, a su Hijo Jesús en la Cruz, y también cuando el sacerdote eleva la Eucaristía, en la Santa Misa, para que todo aquel que lo contemple, en la Cruz y en la Eucaristía, quede sanado del mal.
Y para el hambre y la sed de Dios, que se despiertan en este desierto que es la vida, Dios nos da a beber la Sangre del Cordero de Dios, y nos da a comer la carne del Cordero de Dios, la Eucaristía.
Esto entonces es lo que tenemos que tener presente en esta parte de la Misa, para vivir con fruto la consagración.

jueves, 5 de abril de 2012

Jueves Santo para Niños y Adolescentes



En el Jueves Santo, Jesús cena con sus discípulos por última vez, porque al otro día ya iba a morir en la Cruz, y por eso la cena se llama "Última Cena". ¿Qué hace Jesús con sus discípulos? No se trata de una simple cena más: celebra la Pascua, que quiere decir "paso", porque Jesús iba a pasar de esta vida a la otra. Para saber bien qué quiere decir esta Pascua de Jesús, hay que acordarse de la pascua de los judíos. Los judíos también celebraban una pascua, en la que se acordaban que Moisés había hecho el milagro de dividir las aguas del Mar Rojo para que pudieran llegar de Egipto a Jerusalén, y festejaban comiendo cordero asado. Jesús hace una nueva Pascua, porque los que la celebren van a pasar de esta vida, que es como el desierto de Egipto, a la otra vida, la vida eterna, en donde se encuentra la Jerusalén del cielo, no la de la tierra, y también se festeja comiendo carne de cordero, pero no del cordero animal, sino la carne del Cordero de Dios, Jesús resucitado en la Eucaristía. Es muy importante comer esta carne, porque el que no come de esta carne, muy especial, porque está llena de la gloria y de la vida de Dios, que es eterna, no puede entrar en la Jerusalén de los cielos.

Como Jesús, que era Dios, sabía que al día siguiente, Viernes Santo, iba a morir en la Cruz, y como en su Corazón estaba el Amor infinito de Dios, que amaba tanto a los hombres que no quería irse, quiso dejar muchos regalos espirituales para sus discípulos, y es así como en la Última Cena Jesús inventa cosas para quedarse con sus amigos, los hombres, hasta el fin del mundo.

Todo lo que hace Jesús nos muestra qué es lo que hay en su Sagrado Corazón: mansedumbre, humildad, y sobre todo amor, mucho pero mucho amor.

Jesús, siendo Dios omnipotente, infinitamente sabio, se humilla delante de sus discípulos, que eran creaturas suyas, porque Él las había creado, y les lava los pies. Esa era una tarea reservada a los esclavos, y era necesario hacerla porque en ese entonces muy pocas calles estaban cubiertas con adoquines, ya que la inmensa mayoría era de tierra, y como el calzado habitual eran sandalias, además de las manos, las personas debían lavarse los pies, puesto que se acostumbraba a comer sentados en una especie de almohadones.

Jesús, que en el cielo era adorado por los ángeles, que para estar delante de Él debían inclinar sus rostros porque se consideraban indignos de contemplarlo, ahora se humilla, haciendo una tarea propia de esclavos, y se arrodilla delante de cada discípulo para lavarles los pies.

¿Porqué Jesús hace algo así? ¿Porqué se humilla de esa manera?

Porque quería demostrarnos hasta qué punto llega su amor por nosotros; quería que nos diéramos cuenta que para Él no cuentan ni los títulos, ni las propiedades, ni el oro, ni la plata, ni las cuentas bancarias, ni los viajes que hagamos, ni la cantidad de universidades a las que hayamos asistido; para Él cuenta la humildad y la mansedumbre del corazón, y este gesto suyo de lavar los pies a sus discípulos, revela cómo es su Corazón, manso y humilde. Y Jesús hace esto para que nosotros hagamos lo mismo con los demás; Él quiere que aprendamos que la felicidad está en ser humildes y en servir a los demás, y no en ser orgullosos y soberbios y pretender que nos sirvan. No por nada nos dice que aprendamos a ser como Él: "Si Yo, que soy Maestro, les he lavado los pies, hagan lo mismo entre ustedes. Les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo que Yo hice con ustedes". Y en otro lugar dice: "Aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón".

Pero hay otras dos cosas que hace Jesús, que muestran el Amor infinito, que es como un océano sin playas, que hay en su Corazón: la primera cosa que hace es un milagro, el más grande de todos los milagros de Dios, un milagro en el que usa todo su poder infinito de Dios, toda su Sabiduría infinita de Dios, y todo su Amor infinito de Dios, de manera que si Él quisiera hacer otro milagro más grande, no podría; Jesús hace un milagro tan pero tan maravilloso, que los ángeles del cielo, los ángeles de luz, al mirarlo, se quedan sin palabras, porque es tan maravilloso y tan grande, que casi no lo pueden creer, y es el Milagro de la Eucaristía, milagro por el cual Él se iba a quedar entre los hombres en Persona, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, en todos los sagrarios del mundo. Es decir: Él iba a morir, luego iba a resucitar, y se iba a ir al Cielo, con su Padre Dios y con Dios Espíritu Santo, pero al mismo tiempo, por el milagro de la Eucaristía, se iba a quedar en medio nuestro, para consolarnos, para darnos fuerza, para ayudarnos en nuestros problemas, para iluminarnos en la oscuridad del mundo, para ayudarnos a caminar en el peregrinar a la Jerusalén celestial.

La otra cosa que hace Jesús, que demuestra el amor infinito que nos tiene, es ordenar sacerdotes a sus amigos, los discípulos, para que ellos celebren la Misa -y así Él pueda quedarse en la Eucaristía y en el sagrario, la Prisión de Amor, en donde el carcelero que no lo deja salir a Jesús y dejarnos solos es el Amor de Dios- y también confiesen, para que vivamos no solo sin pecados, sino en gracia de Dios, listos para ir al Cielo cuando Dios nos llame.

Todo esto hizo Jesús en la Última Cena, y todo lo hizo por amor a nosotros: el lavatorio de los pies, la Eucaristía, el sacerdocio llamado "ministerial", porque así dice el Evangelio: "Jesús, después de haber amado a los suyos, los amó hasta el fin" (Jn 13, 1-15).