Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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sábado, 29 de septiembre de 2018

El Evangelio para Niños: Mortifiquemos nuestra imaginación



(Domingo XXVI - TO - Ciclo B – 2018)

“Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible” (Mc 9, 38-43.45.47-48).
         ¿Qué nos quiere decir Jesús? ¿Acaso nos dice que nos cortemos la mano, el pie, el ojo, literalmente? No, de ninguna manera. Jesús no nos dice que hagamos daño a nuestro cuerpo, porque está hablando en un sentido figurado. Pero si usa una imagen tan fuerte es para que nos demos cuenta de dos cosas: una, que nuestras acciones son libres y nos pueden conducir al Cielo o al Infierno, según sean buenas o malas; la segunda, que debemos estar atentos y precavidos y mortificar la imaginación, el pensamiento y los sentidos, porque es ahí por donde comienza la tentación que, si no se combate, se consiente y se convierte en pecado. Esto es lo que quiere decir Jesús, que mortifiquemos el pensamiento malo, la imaginación mala, el deseo malo. Mortificar quiere decir pensar en otra cosa, imaginar otra cosa, desear otra cosa y para poder lograrlo, debemos tener, en la mente y en el corazón, la Pasión de Jesús, su flagelación, su corona de espinas, su cruz y también sus Mandamientos y sus Bienaventuranzas.
         Por ejemplo, si alguien me ofende, en vez de reaccionar con enojo, recuerdo los mandamientos de Jesús: “Ama a tus enemigos”, “Perdona setenta veces siete” y amo y perdono en vez de enojarme, porque eso es lo que Jesús quiere de mí.
         Tratemos entonces de tener siempre, en la mente y en el corazón, a Jesús crucificado y a los Mandamientos de la Ley de Dios, para poder entrar, con el cuerpo completo y lleno de la gloria de Dios, en el Reino del cielo.

miércoles, 12 de junio de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (VII) - Cuarta Aparición de la Virgen – 19 de agosto de 1917



Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (V) - Cuarta Aparición de la Virgen – 19 de agosto de 1917

El día 13 de agosto, en que debía darse la cuarta aparición, los videntes no pudieron a la cita con la Virgen en Cova da Iría, pues fueron raptados por el Administrador de Ourém quien, con amenazas, quiso arrancarles el secreto. Sin embargo, a pesar de su corta edad y a pesar de la violencia moral y verbal dirigida contra ellos, bajo la forma de múltiples amenazas –incluso los amenazaron de muerte, diciéndoles que los iban a “freír en aceite”, los niños permanecieron firmes y no cedieron a las presiones.
Sin los niños, retenidos por la fuerza, la Virgen lo mismo se hizo presente. A la hora de costumbre, se oyó en Cova da Iría un trueno, al que siguió un relámpago, habiendo notado los espectadores una pequeña nube blanca que se posó algunos minutos sobre la encina. Se observaron también fenómenos cromáticos de diversos colores en el rostro de las personas, en las ropas, en los árboles y en el suelo. Esto indicaba que Nuestra Señora había venido, pero no encontró a los videntes.
http://www.fatima.org.pe/images/sections/pix.gif
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Tres días más tarde, el día 19 de agosto, para cuando ya habían sido liberados los niños, Lucía estaba con Francisco y otro primo en el lugar llamado Valinhos, en una propiedad de uno de sus tíos, cuando a eso de las cuatro de la tarde, comenzaron a producirse las alteraciones atmosféricas que precedían a las apariciones de Nuestra Señora en Cova da Iría: un súbito refrescar de la temperatura, un oscurecimiento del sol y el característico relámpago. Lucía, sintiendo que algo de sobrenatural se aproximaba y los envolvía, mandó llamar rápidamente a Jacinta, que llegó a tiempo para ver a la Virgen aparecerse sobre una encina un poco mayor que la de Cova da Iría.
El diálogo entre Lucía y la Virgen, en la Cuarta Aparición de la Virgen, fue el siguiente:
Lucía: ¿Qué quiere Vuestra Merced de mí?
Nuestra Señora: Quiero que continuéis yendo a Cova da Iría el día 13 y que sigáis rezando el rosario todos los días. El último mes haré el milagro para que todos crean.
Lucía: ¿Qué desea que hagamos con el dinero que deja la gente en Cova da Iría?
Nuestra Señora: Que hagan dos andas. Una la llevas tú con Jacinta y otras dos niñas vestidas de blanco, y la otra que la lleve Francisco y otros tres niños. Las andas son para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. El dinero que sobre, es para ayuda de una capilla que mandarán hacer.
Lucía: Quería pedirle la curación de algunos enfermos.
Nuestra Señora: Sí, a algunos curaré durante el año. Y tomando un aspecto más triste, les recomendó de nuevo la práctica de la mortificación, diciendo, al final: Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas se van al infierno por no haber quien se sacrifique y pida por ellas.
Y, como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al este.
Los videntes cortaron ramas del árbol sobre el cual Nuestra Señora se había aparecido, y las llevaron a casa. Las ramas exhalaban un perfume singularmente suave[1].    


         -Los niños no pueden acudir a la cita porque son secuestrados por las autoridades civiles de Ourem, quienes incluso los amenazan de muerte. De esta manera, se cumplen las promesas de la Virgen, de que sufrirían tribulaciones en caso de aceptarlas libremente por la conversión de los pecadores. El hecho de que los detuvieran y los amenazaran de muerte, pero sin finalmente llevar a cabo esta amenaza, demuestra que es vano el intento del hombre de detener el designio de Dios, ya que es como pretender ocultar el sol con una mano: puede ser que de momento no se reciba la luz del sol en el rostro, porque está oculto por la mano, pero el sol continúa existiendo e irradiando su luz sobre la tierra, y así sucede con los planes de Dios, que siempre se llevan a cabo. También es importante considerar que incluso hasta quien obra el mal, como el caso de las autoridades civiles de Ourem, es conducido por Dios para que su Voluntad siempre se realice. En este caso, los niños sufrieron la angustia de la persecución por el Nombre de Jesús, con lo cual adquirieron la bienaventuranza de ser perseguidos por Él y por el Reino de Dios. Los que obran el mal también tienen oportunidad de santificación, porque si se arrepienten del mal realizado, Dios, que es Misericordia infinita, los perdona siempre.
         Significado espiritual de la Cuarta Aparición de la Virgen
         -La Virgen vuelve a pedir el rezo del Rosario todos los días, por la conversión de los pecadores, y vuelve a pedir también las mortificaciones o sacrificios, por la misma intención. Para animarnos a la oración, al rezo del Rosario y a hacer sacrificios, la Virgen nos recuerda la visión del infierno de la Aparición anterior: “muchos se condenan en el infierno porque no hay nadie que rece ni haga sacrificios por ellos”. Esto quiere decir que cuando rezamos y cuando hacemos alguna mortificación o sacrificio, o cuando aceptamos con paciencia y amor alguna mortificación que nos sobrevenga, y unimos esto interiormente al sacrificio de Jesús en la Cruz y en la Santa Misa, estamos haciendo algo infinitamente más grande que lo que parece o puede parecer a simple vista. Por ejemplo, si en vez de protestar por la comida que no nos gusta, nos acordamos a Jesús que en la Cruz tiene hambre y sed, y se lo ofrecemos en silencio y con amor, lo que estamos haciendo, en realidad, no es simplemente “ser buenos”, ni tampoco simplemente estamos ejercitándonos en la virtud: lo que estamos haciendo, al unir ese pequeño sacrificio, con el sacrificio de Jesús, es: ¡salvar un alma! Cuando rezamos el Rosario, no estamos simplemente recitando unas oraciones de memoria: nos unimos espiritualmente a Jesús, que en la Cruz y en la Santa Misa, ora por nuestra salvación a Dios Padre. Por este motivo, el hecho de rezar -y sobre todo rezar el Rosario- y hacer sacrificios o mortificaciones, es algo grandísimo, algo que solo en el cielo podremos llegar a apreciar en todo su significado: por recitar las Avemarías meditando los misterios de la vida de Jesús; por no quejarnos, por hacer lo que nos piden, por ser pacientes, por ejercer la humildad, estamos salvando un alma de la condenación eterna, porque estamos uniéndonos a Dios en su obra de iluminar las almas con su gracia, y cuando Dios ilumina con su gracia al alma, en lo más profundo del corazón y de la mente, esa persona deja de obrar el mal y empieza a amar a Dios y a obrar el bien, y así comienza su camino de salvación, su camino para ir al cielo, y eso se llama “conversión”.
         Como vemos, rezar el Rosario y hacer sacrificios, penitencias y mortificaciones, son pequeñas acciones que, unidas al Sacrificio de Jesús en la Cruz y en la Santa Misa –que es el mismo y único sacrificio-, se convierten en algo grandioso: ¡unidos a Jesús y a la Virgen, salvamos muchas almas de condenarse en el infierno!  


[1] Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, pp. 61-65.

miércoles, 5 de junio de 2013

Apariciones de la Virgen María en Fátima explicadas para Niños (VI) –Tercera Aparición de la Virgen - 13 de Julio de 1917


En el Infierno, los condenados deberán soportar la 
horrible visión y presencia de los demonios, 
quienes se burlarán de los condenados y los castigarán durísimamente 
por toda la eternidad.

Mientras se acercaba la fecha de Julio Lucía sufría tribulaciones a causa de la posición sostenida por el párroco quien le advertía que el diablo podría estar detrás de estas apariciones. A causa de estas sospechas Lucía le confió a Jacinta que su intención era la de no ir. Pero cuando el día finalmente llegó, sus miedos y ansiedades se desaparecieron, de manera que a las doce estaba en Cova de Iría con Jacinta y Francisco, esperando la llegada de la bella Señora. 
La Tercera Aparición, la del 13 de julio, se mostró como una de las más importantes de todo el mensaje de la Virgen en Fátima, estando formada por un secreto dividido en tres partes, secreto que los niños guardaron celosamente. Las primeras dos partes, la visión del infierno y la profecía del futuro rol de Rusia y cómo prevenirlo, fueron reveladas recién en el año 1941, cuando Lucía escribió su tercer diario. La tercera parte, comúnmente conocido como el Tercer Secreto, fue más tarde comunicado al obispo, quien lo envió sin leer al Papa Pío XII.
Así narra Lucía esta Aparición: “Unos minutos después de haber llegado a Cova da Iría, cerca de la encina donde la Virgen se había posado en la Aparición anterior, donde un gran número de personas estaban rezando el Rosario, vimos un flash de luz una vez más, y un momento después Nuestra Señora se apareció en la encina.
“Lucía”, dijo Jacinta, “habla. La Señora te está hablando”.
“¿Sí?”. Dijo Lucía. Ella habló humildemente, pidiendo perdón por sus dudas con todos sus gestos, y le dijo a la Señora: “¿Qué quieres de mí?”.
“Quiero que vengan aquí el día trece del mes que viene. Continúen rezando el Rosario todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque sólo Ella puede obtenerlo”.
“Sí, Sí”.
“Yo quisiera preguntarle quién es usted, y si puede hacer un milagro para que todo el mundo sepa a ciencia cierta que se ha aparecido”.
“Deben venir aquí todos los meses, y en octubre yo te diré quién soy y lo que quiero. Después haré un milagro para que todos crean”.
Con mucha confianza en la Virgen, Lucía comenzó a presentarle a la Virgen las peticiones que todos le habían confiado. La Señora dijo muy gentilmente que ella curaría a algunos, pero que a otros Ella no curaría.
“¿Y el hijo paralítico de Maria da Capelinha?”.
“No, no será curado ni de su enfermedad ni de su pobreza, y debe de asegurarse de rezar el Rosario junto a su familia todos los días.
Otro caso encomendado por Lucía a la Señora fue el de una mujer enferma de Atougia quien pidió que se la llevaran al cielo.
“Dile que no tenga prisa. Dile que yo sé muy bien cuando yo vendré a buscarla”.
“Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”.
Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. (Debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a horribles animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:
“Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando ustedes vean una noche que es iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió en Enero 28, 1938) sabrán que esta es la señal que Dios les dará que indicará que está a punto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y por la persecución de la Iglesia y del Papa.
Para prevenir esto, vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi Inmaculado Corazón, y pido que los primeros Sábados de cada mes se hagan comuniones en reparación por todos los pecados del mundo. Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, Rusia repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia los justos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, ciertas naciones serán aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre consagrará a Rusia a Mí, y esta será convertida y el mundo disfrutará de un período de paz. En Portugal la fe siempre será preservada… (Aquí viene la parte del secreto que aún no ha sido revelado). Recuerden no deben decirle esto a nadie más que a Francisco.
Cuando ustedes recen el Rosario, digan después de cada misterio: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, y socorre especialmente a los más necesitados de tu infinita Misericordia”.
“¿Hay algo más que quieras de mi?”.
“No, no quiero más nada de ti hoy”.
Luego, al igual que antes Nuestra Señora comenzó a ascender hacia el Este, hasta que finalmente desapareció en la inmensidad del firmamento.
La posesión del Secreto probó ser una gran prueba para los tres pequeños. La familia, los vecinos, seguidores de la aparición, hasta el clero, trató sin éxito que fuera revelado. Finalmente, en cuanto el día de la aparición se acercaba hasta el gobierno civil, que era secular y venenosamente anti-clerical, alarmado por el número de personas que estaban interesándose en los eventos de Fátima, planearon arrestar a los niños y denunciar a la Iglesia como colaboradora en un fraude.

Sor Lucía y la Virgen de Fátima


Enseñanzas espirituales de la Tercera Aparición
-El párroco le advierte a Lucía que el diablo puede estar detrás de las Apariciones. Esto es así, porque como es el “Príncipe de la mentira” (Jn 8, 44), puede “disfrazarse de ángel de luz” (2 Cor 11, 14) e incluso aparecerse como la Virgen, como Jesús o como algún santo, como de hecho ha sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia. Sin embargo, Dios nunca permite que seamos engañados y siempre nos da las herramientas para que podamos discernir si una aparición viene de Dios o del diablo. ¿Cómo saberlo? Dice San Ignacio de Loyola que si el principio, el medio y el fin son todos buenos, señal es que viene  de Dios. Pero si el principio es bueno, el medio es malo, el fin será malo, y entonces es clara señal que no viene de Dios. Otra forma de saberlo es ver a qué nos conduce: si nos lleva al arrepentimiento de los pecados y a detestar las cosas malas por pequeñas que  sean, y si nos enciende el deseo de rezar y de amar a Dios, a la Iglesia y al prójimo, es clara señal que viene de Dios. Lo contrario, es indicio de que viene del demonio. El párroco estaba bien en advertir que podía venir del diablo, pero al ver las señales del cielo, debía aceptar que las Apariciones venían del cielo y no eran ni invento de los niños ni engaños del diablo.
-La Virgen vuelve a pedirles que regresen el próximo mes y que continúen rezando el Rosario todos los días en honor de la Virgen del Rosario. Es la condición para obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque solo Ella puede hacerlo. Esto es así porque el Rosario es un arma espiritual poderosísima por medio de la cual el Instigador del mal, del rencor, de la enemistad entre los hombres, el demonio, queda totalmente desarmado cuando se reza el Rosario. El Rosario, una corona de rosas espirituales que llevan la fragancia del Amor a Dios, corona que le regalamos a la Virgen cada vez que lo rezamos, se convierte para el demonio en una pesadísima cadena con eslabones más duros que el acero, que lo envuelve todo entero y le impide, a él y a sus súbditos, hacer daño a las almas. Cuando no se reza el Rosario, esas cadenas se aflojan, y el demonio y todo el infierno quedan sueltos, y como sólo tienen odio en sus corazones angélicos privados de la gracia y llenos de maldad y rencor, buscan destruir, tentar, engañar, y provocar toda clase de males. Cuando las personas, las familias, las ciudades, las naciones enteras, no rezan el Rosario, se ven expuestas al ataque sin piedad de estos seres malignos, que destruirían el mundo y las almas en un instante si les fuera permitido. De ahí la importancia del rezo del Santo Rosario, y el pedido insistente de la Virgen de que lo recemos todos los días. Las guerras entre los hombres y las violencias de todo tipo van en aumento porque no se hace caso a las advertencias del cielo y no se reza el Rosario como lo pide la Virgen: todos los días.
-Lucía le vuelve a preguntar quién es y le pide un milagro para que todos crean, y la Virgen le dice que le dirá en octubre quién es y que hará un milagro para que todos crean.
-Lucía entonces le pide por algunos del pueblo: uno le había pedido que la Virgen lo cure de su parálisis y que lo saque de la pobreza, pero lo Virgen le dice que no hará ni una ni otra cosa, pero que debe asegurarse de rezar el Rosario todos los días junto a su familia. ¿Por qué la Virgen obra de esta manera? ¿No habría sido una muestra de bondad que se cure de su enfermedad y que deje de ser pobre? La razón por la que la Virgen no le concede lo que pide, es que Ella sabe, con la Sabiduría de Dios, lo que es verdaderamente bueno para nosotros. Ella sabía que si esta persona se curaba de su enfermedad, de su parálisis, usaría sus piernas y pies para obrar el mal, y si salía de su pobreza, usaría su dinero no para ayudar a los pobres y para dar limosna, sino para envanecerse y gastarlo en cosas malas. En otras palabras, la Virgen sabía que si le concedía lo que le pedía, eso serviría solo para la condenación de su alma, y por eso no se lo concede. Sin embargo, le pide que rece el Rosario todos los días con su familia, y esto sí es una doble ayuda: con el Rosario, más que caminar, puede volar espiritualmente al Corazón Inmaculado de María, y de allí al Sagrado Corazón de Jesús y esto es infinitamente más valioso que el hecho de caminar, porque es ya vivir el cielo en la tierra; además, con el Rosario vienen las verdaderas riquezas, aquellas que debemos “codiciar” con todo el corazón para ganarlas y depositarlas en el cielo, las riquezas espirituales, es decir, todo aquello que nos viene de Dios y de su Bondad infinita: la paz, la gracia, la alegría, el amor, la verdadera felicidad. Rezando el Rosario, entonces, esta persona iba a obtener mucho más de lo que pedía: iba a obtener la salud del alma y la riqueza del cielo. Por eso la Virgen no le concede lo que pide, pero sí le pide que rece el Rosario, para obtener infinitamente más de lo que pide.
-Una mujer le pide que la lleve al cielo. La Virgen le dice que no tenga prisa, que Ella sabe cuándo vendrá a buscarla. En la Biblia se dice: “Hay que pasar muchas tribulaciones para llegar al cielo” (Hch 14, 22), y eso es lo que nos dice también el Papa Francisco: “El Señor nos prepara para el cielo con las pruebas, con el consuelo, con las tribulaciones, con las cosas buenas”, porque nos prepara para una “belleza grande”. Esta buena señora quería ir al cielo, y la Virgen la iba a venir a buscar, como queremos que haga con todos nosotros, pero el tiempo y el momento, sólo Ella y Dios lo saben. Además, como lo dice la Biblia y el Papa, es necesario pasar por muchas tribulaciones para llegar al cielo, porque tenemos que desprendernos de todo: de nuestro propio yo, de las cosas materiales, de nuestros seres queridos, pero para reencontrar todo purificado y santificado en la otra vida. Todo lo que dejemos en esta vida por Jesús y su gloria, Él nos lo devolverá multiplicado millones y millones de veces, pero para eso tenemos que saber desprendernos de las cosas, y eso quiere decir que “para llegar al cielo hay que pasar por muchas tribulaciones”. El consuelo es que en la Cruz de Jesús, esas tribulaciones se dulcifican y desaparecen, para convertirse en bendiciones.
-La Virgen vuelve a pedir sacrificios por los pecadores, y les enseña una oración cada vez que se haga un sacrificio: “Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”. El sacrificio o mortificación es el camino más rápido para ir al cielo: un gesto de paciencia, un enojo convertido en sonrisa, una palabra de aliento en la dificultad, no quejarnos, dar ánimo a los demás, ayudar en todo lo que sea posible, según nuestro estado de vida, como por ejemplo levantar la mesa, limpiar los platos, ayudar en el hogar, no discutir, no pelear, buscar la paz, etc., uniendo todo al sacrificio de Jesús en la Cruz, pidiendo por la conversión de los pecadores, y ofreciéndolo en reparación por las ofensas al Inmaculado Corazón de María, es contribuir a que el Amor, la Bondad y la Paz de Dios reinen en los corazones de nuestros hermanos, y es anticipar el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

-Después de decirles esto, inmediatamente la Virgen abre sus manos, como lo había hecho en la otra Aparición, pero en vez de la luz de Dios, esta vez la luz que salía de sus manos les mostró otra cosa muy diferente: el Infierno. Pero más que mostrárselos simplemente, la Virgen les hizo experimentar su cercanía, y de algún modo los llevó allí, y por eso es que los pastorcitos sintieron terror, hasta el punto de dar Lucía un grito de espanto. Esto es una advertencia para aquellos que no quieren hablar del Infierno a los niños –ni a los jóvenes, ni a los adultos, ni a nadie-: si la Virgen en persona, más que hablarles del Infierno, se los muestra, y más que mostrárselos, les hace vivir la experiencia del Infierno, y esto a unos niños que se encuentran en su más tierna infancia: ¿quiénes somos nosotros para negar esta realidad sobrenatural? ¿Quiénes somos nosotros para ocultar las verdades del cielo? ¿Quiénes somos nosotros para seleccionar los contenidos de la Fe, transmitiendo lo que nos parece y ocultando lo que no nos parecer? ¿Puede acusarse a la Virgen de “cruel” por haberles mostrado y hecho experimentar el infierno a unos niños pequeñísimos? De ninguna manera, por lo tanto, es nuestro deber transmitir las verdades de la fe y entre ellas, el dogma de la existencia del Infierno. Si alguien no se decide a amar a Dios por su bondad, al menos que se abstenga de obra el mal por temor al Infierno y sus horrorosos castigos. Y si lo mismo quiere pecar y condenarse –en el fondo, el que se condena, lo hace porque quiere y porque no quiere salvarse-, que al menos no diga “Yo no sabía que existía un Infierno”, porque nosotros se lo advertimos.
Todos los hombres debemos estar certísimos de la existencia del Infierno y de la posibilidad real de condenación personal, eterna, para siempre, si endurecemos nuestro corazón y obramos el mal sin arrepentirnos. El problema no es obrar el mal, sino, no arrepentirse, y esto es lo que le pasó a Judas Iscariote y también a Pedro, el Primer Papa: los dos traicionaron a Jesús, pero Pedro se arrepintió y se salvó, mientras que Judas Iscariote no se arrepintió y se condenó.
Las penas y dolores del Infierno son dolorosísimas, tremendas, inenarrables, imposibles de imaginar siquiera, y todo lo que podamos saber, son solo una ligerísima aproximación que se quedan muy pero muy lejos de la realidad. Las almas sufren de todas las maneras posibles, sobre todo en los órganos con los cuales se pecó mortalmente y fueron la causa de la condenación eterna: tal como los ven los pastorcitos, los condenados arden como brasas incandescentes, porque el fuego del Infierno lastima cientos de miles de veces más que el fuego que conocemos en la tierra, y a diferencia de este, que al destruir la materia que consumía termina por apagarse, este fuego infernal, por un especial milagro de la Justicia Divina, ni consume los cuerpos ni se apaga, con lo cual el ardor, además de ser insoportable, es eterno, para siempre. Pero además los condenados sufren un castigo especial, además del castigo general, en los órganos con los que pecaron mortalmente, aumentando así el dolor y la pena: los ateos y apóstatas son invadidos por gusanos en sus cerebros; los ladrones sufren las amputaciones de sus miembros; los lujuriosos e impuros son acuchillados en sus partes íntimas; los avaros sufren hambre insoportable; los mentirosos y calumniadores vomitan serpientes continuamente; los brujos son obligados a comer asquerosidades inmundas eternamente, etc. etc., y todo esto envueltos en un mar de fuego y con el pensamiento de que ya no volverán a ver más a Dios –este es el dolor más grande que experimentarán por la eternidad-, y todo por un pecado que duró segundos y que no trajo más satisfacción que la del odio. Muchas de las cosas que vivimos en este mundo, y las tomamos como "normales", son manifestaciones del infierno: la música cumbia, la música rock pesada, el alcoholismo, las drogas, las modas indecentes, las minifaldas, el amor dinero, el amor al poder, la violencia, la mentira, el engaño, la pereza, el ganar dinero sin trabajar, el robar, el quedarse con bienes que no son propios, el confesarse sin propósito de enmienda... Todas estas cosas conducen directamente al infierno. Otro castigo que experimentarán los condenados es la presencia y visión continua de los demonios y de Satanás, seres horribles, espantosos, que provocan un terror y espanto tan grande por su fealdad indescriptible, que provocan la muerte, pero como en el Infierno no se muere más, se tiene que convivir con la visión, presencia, burla y castigo de estos seres malignos y perversos, por toda la eternidad, sin tener posibilidad alguna de escapar o de esconderse de su presencia abominable. Quien no quiera saber nada de Dios y de la Virgen en esta vida y quien no quiera amarlo, tendrá que saber del Diablo y de los demonios en el Infierno, en donde sólo podrá odiar sin descanso, por los siglos sin fin. Quien no quiera ser abrasado en el Fuego del Amor divino, Fuego que no solo no lastima, sino que concede el Amor, la luz, la paz, la alegría de Dios Trino por la eternidad, tendrá que indefectiblemente ser hundido en el mar de fuego que es el Infierno, fuego que lastima, quema, provocar ardor insoportable, sin consumirse, sin detenerse, sin apagarse, para siempre. No en vano la Biblia dice: “Frente al hombre están el bien y el mal; lo que él elija, eso se le dará”. Si elegimos el Bien infinito, Dios Trino, obtendremos de Él todo lo que es Él, Amor infinito; si elegimos el mal, obtendremos el mal infinito, el Infierno. De nosotros depende obtener aquello que queramos: lo que elijamos, eso se nos dará.

El que se condena en el infierno, 
lo hace porque en esta vida 
no quiso amar a Dios Trino.

-No todo está perdido para los pecadores. Mientras haya oración, hay esperanzas de salvación y ese es el motivo por el cual , luego de la visión del infierno, la Virgen pide nuevamente la oración del Rosario, pero ahora agrega algo, y es la devoción al Inmaculado Corazón de María de los primeros Sábados de cada mes: la devoción consiste en rezar el Rosario, meditando sus misterios, confesarse ese día, comulgar, y ofrecerlo todo en reparación por los pecados del mundo. También quiere que Rusia, que propaga el comunismo ateo, enseñado por el Dragón rojo, sea consagrada a su Inmaculado Corazón, para que deje de esparcir sus errores por el mundo, porque es una gran mentira decir que Dios no existe y que los hombres, para ser iguales, tienen que matarse entre sí; si se consagra a Rusia, el mundo tendrá paz.
-Finalmente, la Virgen deja un mensaje esperanzador: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”. Y esto es así, porque el Corazón de la Virgen, lleno del Amor de Dios, encenderá a todos los corazones en el Amor divino, y así el Amor de Jesús triunfará sobre el odio del Ángel caído.
-La Virgen pide que, al final de cada misterio, se rece así: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, y socorre especialmente a los más necesitados de tu infinita Misericordia”. En esta oración, nos reconocemos pecadores y pedimos perdón, como Pedro arrepentido; le pedimos a Jesús que nos libre del horroroso fuego del Infierno, y que perdone y lleve con Él a todos los pecadores, para que ninguno se condene.



martes, 15 de marzo de 2011

Jesús reza y ayuna en el desierto por mí

Después de ayunar durante cuarenta días y noches,
Jesús es tentado por el demonio,
que se le aparece como un fraile con cuernos
Autor: Juan de Flandes

Estamos en Cuaresma, y por eso el sacerdote usa ornamentos de color morado. ¿Qué quiere decir “Cuaresma”? ¿Qué tenemos que hacer en Cuaresma?

Para responder qué es la Cuaresma, y qué tenemos que hacer en Cuaresma, tenemos que fijarnos en Jesús, porque “Cuaresma” viene de “cuarenta”, que son los días que Jesús se fue al desierto, sin comer nada, y rezando todo el día.

“Cuaresma” quiere decir entonces “cuarenta”, por los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto. Y si Jesús fue al desierto, nos tenemos que preguntar si Jesús estuvo cómodo en el desierto, o no. Para saberlo, veamos cómo es el desierto.

¿Cómo es el desierto? ¿Alguien fue alguna vez a un desierto, o aunque sea lo vio en películas? Seguramente, que casi ninguna de nosotros ha estado en el desierto, pero tal vez hemos visto alguna vez el desierto en un documental, o en las clases de geografía o de historia en la escuela. Bueno, resulta que el desierto es un lugar muy peligroso, porque no hay nada ni nadie; no hay nada de comida –no se puede plantar nada porque en vez de tierra, hay arena, y en la arena no crecen las plantas, sólo los cactus, pero los cactus no se pueden comer-; no hay nada de agua, porque no llueve nunca, porque nunca hay nubes en el cielo, sino solamente el sol, que quema la piel y que hace tener mucha sed; puede ser que haya agua en algún pozo, que se llama “oasis”, pero capaz que hasta que encontrás uno, ya te morís; en el desierto no hay personas, porque nadie puede vivir en un lugar así; en el desierto también hay animales como las víboras, que son venenosas, y si te muerden, te matan, porque te inyectan el veneno; además hay insectos como las arañas, que también son peligrosas; también hace mucho, muchísimo calor durante el día, y no hay ni un árbol para que te haga un poco de sombra, y a la noche, hace mucho pero mucho frío, con temperaturas bajo cero, y sino te tapás bien con una frazada, te podés morir congelado.

Jesús fue al desierto por nosotros, y por eso en Cuaresma nos acordamos de todo lo que Jesús sufrió en el desierto por nosotros: calor, frío, hambre, sed; el peligro de las alimañas, como las víboras, las arañas; y al final de todo, tuvo que soportar verlo al diablo, con todo lo feo que es, y además lo dejó que lo tentara, para enseñarnos que nosotros podemos vencer al diablo con la ayuda de Él, que es Dios.

Jesús no tuvo ninguna comodidad en el desierto, y sufrió mucho, y todo lo que Él sufrió, lo sufrió por nosotros, por amor a nosotros, para que nosotros pudiéramos salvarnos.

En Cuaresma entonces tenemos que acordarnos de Jesús, que por nosotros, para salvarnos, se fue al desierto, a pasar hambre y sed, frío y calor, y después le ganó al demonio cuando éste lo trató de engañar con las tentaciones.

Pero no solo nos tenemos que acordar de Jesús: también tenemos que unirnos a Jesús, es decir, tenemos que tratar de entrar dentro del Corazón de Jesús. ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Cómo podemos entrar dentro del Corazón de Jesús? Haciendo algún pequeño sacrificio, como por ejemplo, privarme de algo que me gusta, o comer sin protestar lo que no me gusta, o hacer todo lo que me pidan sin renegar, o no pelear con los hermanos, o contestar bien a los papás y a los mayores, o también no jugar tanto a los video-juegos, estudiar más, ayudar más en la casa. Todo eso se llama “mortificación” y “penitencia”, y es la forma en la que podemos estar junto a Jesús que está en el desierto.

No puedo yo estar cómodo en mi casa, jugando todo el día, o portándome mal o más o menos, si Jesús está en el desierto sufriendo por mí.

Por eso, en Cuaresma, para ser agradecidos con Jesús, que por mi salvación está en el desierto, le prometamos a Jesús que vamos a tratar de hacer más penitencia y más mortificación, y vamos a rezar todos los días, para estar cerca, muy cerca de Él en el desierto. Y si hacemos penitencia y mortificación, y si rezamos y tratamos de ser buenos, vamos a estar muy pero muy cerca de Jesús: tan cerca, que vamos a estar dentro de su Sagrado Corazón.