Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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domingo, 26 de junio de 2016

Evangelio para Niños: “Te seguiré adonde vayas”


(Domingo XIII – TO – Ciclo C – 2016)

         Jesús pasa cerca de un grupo de jóvenes y los invita a seguirlo. Uno de ellos le dice: “Te seguiré adonde vayas” (Lc 9, 51-62). Para el que lo quiere seguir, Jesús le hace ver que seguirlo a Él no es fácil ni cómodo, porque Él, aunque es Dios y Creador del universo –y por lo tanto, Dueño de todo-, al vivir entre los hombres, vive pobremente, y tan pobre, que incluso los animalitos tienen un lugar donde ir a descansar, mientras que Él no tiene ni siquiera un lugar “donde reposar su cabeza”.
         Pero además, seguir a Jesús no es fácil, porque Jesús va por un camino estrecho, empinado, difícil de recorrer, porque es el camino de la cruz, el Via Crucis. Es en la cruz en donde Jesús no tiene “un lugar para reposar la cabeza”, porque por la posición en la que está, con sus manos clavadas al madero, con sus pies también clavados, y con la corona de espinas, que es muy grande, formada por espinas gruesas, filosas, duras, Jesús no puede, ni siquiera por un minuto, descansar; no puede, en la cruz, reposar su cabeza para tener un poco de alivio.

         También hoy Jesús pasa delante de cada uno de nosotros y nos dice: “Sígueme”; también hoy Jesús pasa, con la cruz a cuestas, camino del Calvario, el único camino que lleva al Cielo. 
       Y nosotros, junto con el joven del Evangelio, le decimos: “Querido Jesús, te seguiremos adonde vayas; te seguiremos y marcharemos detrás de Ti, que vas cargando la cruz hasta el Calvario; te seguiremos cargando nuestra propia cruz, para ir contigo, del Calvario, al Cielo. Te seguiremos adonde vayas, pero dile a tu Mamá, la Virgen, que nos ayude a llevar la cruz”.

martes, 8 de marzo de 2016

Via Crucis meditado para Niños y Jóvenes


         Oración inicial
         Jesús, queremos unirnos a tu Pasión en cuerpo y alma y, para ello, vamos a recorrer Contigo las estaciones de tu agonía y muerte. Así como la Virgen, Nuestra Señora de los Dolores, te acompañó a lo largo del Via Crucis, también nosotros, unidos a Nuestra Madre del cielo, deseamos unirnos al sacrificio que nos dio la vida eterna. Por este sacrificio tuyo en la cruz hemos recibido la gracia de Dios y hemos sido convertidos en hijos adoptivos del Padre; por este sacrificio tuyo, hemos sido salvados, porque nos perdonaste los pecados y nos abriste las puertas del cielo. Ayúdanos a seguirte por el Camino de la Cruz en esta vida, para luego reinar Contigo en la vida eterna. Amén.
         
         1ª Estación: Jesús es condenado a muerte.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
       Reflexión: Amado Jesús, eres condenado injustamente a morir en la cruz, a causa de nuestros pecados. Somos nosotros los que deberíamos ser crucificados, pero Tú ofreces tu Vida al Padre para nuestra salvación. ¡Madre mía, que yo desee morir, antes que pecar!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
         
         2ª Estación: Jesús carga con la cruz y marcha camino del Calvario.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: ¡Oh amado Jesús, cuánto te pesa la cruz! En ella llevas mis pecados, que quedarán lavados con tu Sangre Preciosísima. ¡Madre mía, dame un verdadero dolor de los pecados!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

3ª Estación: Jesús cae por primera vez.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Jesús cae de rodillas, agobiado por el peso de la cruz. ¡Oh Jesús, te doy gracias por tu Amor, porque tropiezas y caes para que yo pueda caminar firme por el Camino del Calvario, que lleva a la Casa del Padre!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: María, la Mamá de Jesús, mira a los ojos a su Hijo y Jesús, al ver el Amor de Dios en los ojos de la Virgen, se siente reconfortado para continuar por el Camino del Calvario. ¡Madre mía, María Santísima, mírame también a mí, pobre pecador, y dame el amor de tu Inmaculado Corazón, para que yo pueda seguir caminando detrás de la cruz de Jesús!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

         5ª Estación: El Cireneo ayuda a Jesús a cargar la cruz.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Jesús está tan cansado que los soldados, temiendo que muera antes de llegar a la cima del Monte Calvario, obligan al Cireneo a llevar la cruz de Jesús. ¡Oh Buen Jesús, que nunca me niegue a ayudar a mi hermano más necesitado!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

         6ª Estación: La Verónica limpia el Rostro de Jesús.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Compadecida por los sufrimientos de Jesús, la Verónica se acerca y limpia el Rostro de Jesús y Jesús, como premio a su caridad, deja impresa su Santa Faz en el lienzo. ¡Oh Jesús, yo no tengo un lienzo como la Verónica, pero te doy a cambio mi pobre corazón, para que imprimas en él tu Divino Rostro!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

          7ª Estación: Jesús cae por segunda vez.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: El camino que lleva al Calvario es muy angosto, empinado y difícil de andar, pero no se puede llegar al Reino de Dios, sino es por el Camino de la Cruz. Hay otro camino, ancho y sin cruz, en el que se puede incluso hasta correr, pero este otro camino es en bajada y lleva a un oscuro lugar, donde habita el ángel que cayó del cielo. ¡Jesús, dame un gran amor por la cruz, para que la abrace y nunca reniegue de ella y así, abrazado a la Santa Cruz, yo pueda llegar hasta el Reino de Dios!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
         Reflexión: Al ver a Jesús, las mujeres de Jerusalén lloran por Él, pero Jesús les dice que más bien deben llorar por sus pecados. ¡Jesús, Jesús, dame dolor de  mis pecados, para que llorando por ellos viva siempre en tu gracia santificante y así pueda luego vivir en la alegría eterna de tu Reino celestial!

9ª Estación: Jesús cae por segunda vez.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Los pecados que hacen pesada la cruz de Jesús nacen de mi corazón. Por eso, ¡oh Jesús!, te ruego que me des un corazón nuevo, un corazón lleno de tu gracia, que sea como el tuyo, manso y humilde, para que así ame a Dios y a los hermanos con tu mismo amor, el Amor de tu Sagrado Corazón.
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Quitan a Jesús sus vestiduras y al hacerlo, arrancan jirones de su piel, abriendo sus heridas y provocando que su Sangre corra a borbotones por todo su Cuerpo lacerado. ¡Jesús, dame la gracia de la pureza, la castidad, la modestia y el pudor!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Crucifican a Jesús con gruesos clavos de hierro que atraviesan sus manos y sus pies, provocándole inmensos dolores y haciendo brotar abundante Sangre. ¡Jesús, que al ver tus manos clavadas en la cruz, yo eleve mis manos para orar y para ayudar a mi prójimo, y que al ver tus pies clavados al madero, yo camine siempre detrás de Ti!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

12ª Estación: Jesús muere en la cruz.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Me arrodillo ante Ti, oh Jesús mío, y ahora que has muerto en la cruz por mi amor y por mi salvación, beso tus pies cubiertos de Sangre y digo, junto con los santos: “No me mueve, Jesús mío, para quererte, ni el cielo prometido, ni el infierno tan temido: Tú me mueves, me mueve ver tu Cuerpo, cubierto de Sangre y tan herido”, y por eso te pido, oh Jesús, que hieras mi duro corazón con el dardo de tu Amor, para que nunca jamás me separe de Ti!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

13ª Estación: Jesús es bajado de la cruz.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Al bajar a Jesús de la cruz, lo recibe la Virgen entre sus brazos y al verlo así, muerto y tan golpeado, no puede la Madre de Dios dejar de llorar, porque ha muerto el Hijo de su Amor. Madre mía, yo soy la causa de tu dolor, porque Jesús murió por mi salvación. ¡Te lo ruego, Madre del cielo, dame tu Corazón, dame tus penas, dame tus lágrimas, para que llore contigo por mis pecados y así quiera yo vivir y morir en gracia de Dios!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

14ª Estación: Jesús es llevado al sepulcro.
         G: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
         R: Porque por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
         Reflexión: Llevan el Cuerpo muerto de Jesús y lo depositan en el oscuro sepulcro, excavado en la roca, fría y dura. Mi corazón es, muchas veces, como el sepulcro: oscuro, duro y frío. ¡Madre del cielo, Virgen Santísima, que mi corazón se ilumine con la luz de Jesús resucitado, cuando lo reciba en gracia por la Comunión Eucarística!

         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Via Crucis para Niños



         -Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         1ª Estación: Jesús es condenado a muerte. Jesús, siendo inocente porque jamás cometió ni siquiera el más pequeño pecado venial, es condenado a muerte. Como Jesús, miles de niños por nacer son condenados a morir en el vientre de sus mamás. ¡Jesús, recíbelos en el cielo, y perdona a sus mamás, que no saben lo que hacen!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         2ª Estación: Jesús carga la Cruz y marcha camino del Calvario. La Cruz que lleva Jesús lleva todos mis pecados: mis desobediencias, enojos, egoísmos, peleas, pereza. Jesús se los lleva todos, para hacerlos desaparecer para siempre con su Sangre. ¡Jesús, haz que crezcamos en estatura y en gracia, para que seamos cada día más y más santos!    
-Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         3ª Estación: Jesús cae por primera vez. La Cruz de Jesús es muy pesada porque lleva todos mis pecados. Al caer, Jesús se golpea sus rodillas y sus manos y la Cruz, al caer sobre Él, le hace doler más sus heridas. ¡Te doy gracias por tu Amor, Jesús, porque tropiezas y caes para que yo pueda caminar seguro por el Camino de la Cruz, el único camino que lleva al cielo!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         4ª Estación: Jesús encuentra a su Mamá, la Virgen. En su andar por el Camino de la Cruz, Jesús está rodeado de mucha gente enojada, que le grita cosas y lo golpea. Al encontrarse con su Mamá, Jesús se alegra, porque los ojos de su Mamá le transmiten amor, paz y fortaleza, y así Jesús puede seguir llevando la Cruz. ¡Jesús, que tu Mamá, la Virgen, que es también Madre mía, me acompañe y me ayude a llevar mi cruz todos los días de mi vida!  
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         5ª Estación: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz. Jesús está muy cansado porque el desamor de los hombres hace que la Cruz sea cada vez más pesada. Para que pueda llegar al Calvario, le piden a Simón de Cirene que ayude a Jesús a cargar la Cruz. ¡Jesús, haz que pueda verte en mi hermano que sufre, para que con mis obras buenas, lo ayude a llevar su Cruz!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         6ª Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús. El rostro de Jesús está todo hinchado por los golpes recibidos; un ojo suyo está cerrado a causa de la bofetada que le dio el criado del sumo sacerdote; además, está todo cubierto de tierra, que se ha convertido en barro al mezclarse con las lágrimas, el sudor y la sangre. La Verónica se pone muy triste al ver a Jesús, y por eso se acerca para secarle el rostro. En recompensa, el rostro de Jesús queda impreso en la tela de la Verónica. ¡Jesús, te ofrezco mi pobre corazón, para que imprimas en él tu santísimo rostro!
-Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         7ª Estación: Jesús cae por segunda vez. El Camino de la Cruz es un camino estrecho y difícil de recorrer porque es en subida y porque la Cruz es muy pesada, pero es el único camino que lleva al cielo. Hay otro camino, más fácil de recorrer, porque es ancho y en bajada, y no hay que llevar la Cruz ni cumplir los Mandamientos, pero termina de repente en un pozo oscuro en cuyo fondo habita el ángel caído. ¡Jesús, haz que yo nunca reniegue de la Cruz y que vaya siempre detrás de ti, para poder llegar al cielo!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         8ª Estación: Jesús habla a las piadosas mujeres. Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús, pero Jesús les dice que deben más bien llorar por ellas. ¡Jesús, dame la gracia de tener un corazón contrito y humillado, para poder llorar por mis pecados, para que pueda reír y alegrarme para siempre en tu Reino!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
 -Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         9ª Estación: Jesús cae por tercera vez. La Cruz se hace cada vez más pesada. Son mis pecados los que hacen caer a Jesús. Los pecados nacen del corazón de los hombres, por eso te pido un corazón nuevo, manso y humilde como el tuyo, un corazón en gracia y lleno de fe y de amor a Dios y a los hermanos. ¡Jesús, haz que al verte caído por mis pecados, me decida a morir antes que pecar!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras. Al llegar a la cima del Monte de la Cruz, le quitan a Jesús sus vestimentas, y sus heridas, que se habían pegado a la tela, se abren provocándole mucho dolor y haciéndolo sangrar nuevamente. ¡Jesús, que yo me vista modestamente y con pudor, al recordarte despojado de tus vestiduras, pero sobre todo, haz que esté siempre revestido con el blanco manto de la gracia santificante!
-Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         11ª Estación: Jesús es crucificado. En la Cruz hay un cartel que dice: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. Jesús, coronado de espinas, es crucificado con gruesos clavos de hierro que atraviesan sus manos y sus pies. Somos nosotros los que lo crucificamos con los pecados, pero Jesús no pide que Dios nos castigue por crucificarlo, sino que le pide que nos perdone: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¡Jesús, enséñame a perdonar con el mismo perdón con el que Tú me perdonas desde la Cruz!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         12ª Estación: Jesús muere en la Cruz. A las tres de la tarde del Viernes Santo, Jesús, luego de dar un fuerte grito, muere en la Cruz. Con su muerte, ha abierto para mí las puertas del cielo, y esas puertas son su Sagrado Corazón traspasado. ¡Jesús, enciérrame en tu Corazón, para que viva de tu Amor, y no permitas que nunca salga de él!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         13ª Estación: Jesús es bajado de la Cruz. Lo recibe su Mamá, que está muy triste y llora mucho por la muerte del Hijo de su Amor. Llora tanto la Virgen, que con sus lágrimas lava el rostro de Jesús. ¡Virgen María, dame tus ojos para ver a Jesús, dame tus lágrimas para llorar mis pecados, dame tu Corazón para amar a Jesús con tu mismo Amor!
         -Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
-Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
         14ª Estación: Jesús es sepultado. Colocan el Cuerpo sin vida de Jesús en el sepulcro. Pero el Domingo resucitará con su Cuerpo glorioso, y dejará vacío el sepulcro, para ir a ocupar el altar y el sagrario. Jesús dio su vida en la Cruz para que yo pueda recibirlo en la Santa Misa, en la Eucaristía. ¡Virgen María, haz que siempre vaya a buscar el Cuerpo de Jesús resucitado en la Eucaristía!
-Padrenuestro, Avemaría, Gloria.






jueves, 21 de abril de 2011

El Viernes Santo para Niños y Adolescentes

La cruz quedó empapada con la Sangre de Jesús,
y desde entonces, los cristianos adoramos la Santa Cruz.

¿Qué pasó con Jesús el Viernes Santo? Después que lo arrestaron en el Huerto de los Olivos, y lo tuvieron preso toda la noche, lo llevaron por la mañana para hacerle un juicio, y ahí, a pesar de que Él era inocente, porque era el Hijo de Dios, lo condenaron a muerte en cruz.

Pilatos lo hizo azotar, y los soldados lo flagelaron hasta casi hacerlo morir. Le pegaron tantos latigazos, que le arrancaron casi toda la piel de la espalda, y le hicieron salir mucha sangre.

Después que le dieron los latigazos, hasta quedar cansados, le pusieron una corona de espinas diciéndole: “Esta corona es para ti, Rey de los judíos”, y para que le quedara bien ajustada, mientras le ponían la corona, le daban bastonazos, y como le había tapado los ojos, le decían: “Adivina quién te pegó”, y se reían, haciéndole burlas y más burlas, y escupiéndolo en la cara.

Después cargaron la cruz de madera sobre el hombro de Jesús, y lo llevaron por el Camino de la Cruz, que en latín se dice: “Via Crucis”, y le seguían pegando latigazos, trompadas y patadas, mientras lo escupían y lo insultaban, no solo los soldados, sino también todos los que estaban al costado del camino.

Finalmente, llegaron a la cima del Monte Calvario, y le sacaron la túnica a Jesús, haciéndole doler de nuevo, porque la sangre ya se había secado, y cuando le sacaron la túnica, le arrancaron la sangre seca que se había pegado a su espalda.

Jesús se recostó en la cruz, y dejó que le clavaran los clavos en las manos y en los pies, y así quedó durante tres horas, desde las doce del mediodía, hasta las tres de la tarde.

¿Cómo estaba Jesús en la cruz todo ese tiempo?

En la cruz, Jesús sentía que le ardía la garganta, de tanta sed que tenía, y le había dado sed porque se había deshidratado, porque había perdido mucha sangre, y cuando Él dijo: “Tengo sed”, en vez de darle un poco de agua, le dieron a beber vinagre y hiel, que es algo muy amargo; tenía fiebre, a causa de los hematomas y moretones que se le habían formado dentro del cuerpo, porque cuando hay moretones dentro del cuerpo, eso da fiebre; sentía mucha falta de aire, por la poca sangre, y por la posición de los brazos y de los pies, que le hacía muy difícil respirar; le dolían muchísimo las heridas de la cabeza, y también le dolían los músculos del cuello, pero no podía descansar, porque cuando hacía la cabeza para atrás, para descansar un poco, le punzaban las espinas en la parte de atrás de la cabeza, y en la nuca; tenía un ojo completamente cerrado, porque le habían dado una trompada, y le había salido un hematoma en el párpado, que no lo dejaba ver; en la cara tenía un corte, porque cuando el criado del sacerdote judío le dio una trompada, llevaba puesto un anillo, y le cortó la cara con el anillo; tenía todos los cabellos pegados, como un mazacote, porque le había salido mucha sangre cuando le pusieron la corona de espinas, y después esa sangre se secó y le quedaron todos sus cabellos pegados y sucios, llenos de polvo, porque cuando se caía con la cruz, su cabeza daba con el piso; tenía toda la cara cubierta de polvo y de sangre, que era la sangre que le caía de su cabeza, coronada de espinas, pero era también sangre que le salía de la nariz, por las trompadas que le habían dado, y era la sangre del corte del anillo del criado del sacerdote judío; los oídos, y los ojos, estaban tapados de sangre, por toda la sangre que le caía de la cabeza; tenía los brazos cansados, de tanto tenerlos estirados en la cruz, y además, porque había venido cargando la cruz todo el Via Crucis; el hombro derecho le dolía mucho, porque para poder atravesar su mano con el clavo, le estiraron tanto, que le hicieron salir de su lugar; tenía los dedos anular y meñique de las manos contraídos, vueltos hacia dentro de la mano, y los otros tres extendidos, porque los clavos de hierro habían traspasado un nervio, que hacía que los dedos se pusieran en esa posición; tenía los pies juntos, puestos uno sobre el otro, atravesados por un grueso clavo de hierro, y esas heridas de los pies le dolían cada vez que respiraba, porque tenía que apoyarse en los pies para poder respirar, y cada vez que lo hacía, el dolor de las heridas de los pies era insoportable.

Dice una santa, Ana Catalina Emmerich, que cuando subieron la cruz, los pies de Jesús quedaron a una altura en la que sus amigos podían besarlos. Además, en el momento en el que la cruz fue izada, y se deslizó en su base para quedar anclada en el pozo que habían excavado en el Calvario, en ese momento, cuando la cruz chocó contra el fondo del pozo, todas las heridas de Jesús se reabrieron, provocándole todavía más dolor, y haciendo brotar nuevamente la sangre de sus heridas. Pero también pasó algo más: en ese momento en el que la cruz fue levantada hacia lo alto, Satanás, los demonios, y el infierno entero, comenzó a aullar de miedo, de terror y de espanto, porque los había vencido el Amor de Dios Uno y Trino.

Jesús fue abandonado por todos sus amigos, y por todos los que habían recibido milagros de Él, e incluso hasta Dios Padre parecía que lo había abandonado –aunque nunca lo abandonó, pero Jesús sentía como que lo había abandonado-, pero había alguien que nunca lo abandonó, y ese alguien era la Virgen.

Desde que lo apresaron, y durante todo el tiempo que estuvo preso, y cuando le dieron los latigazos, hasta que lo crucificaron, la Virgen estuvo siempre cerca de su Hijo; Ella lo acompañaba de cerca, y veía cómo le pegaban a lo que más quería en el mundo, Jesús, y cuando veía que le pegaban, se acordaba de cuando era chiquito, que cuando Jesús se lastimaba, o se caía, ella salía corriendo a atenderlo, y ahora sufría y lloraba, porque no podía auxiliar a su querido Hijo. La Virgen veía cómo le pegaban a su Hijo, y aunque no le pegaban a Ella, le parecía sufrir los mismos dolores, porque cada golpe que recibía su Hijo Jesús, lo recibía Ella en espíritu, en su Corazón de Madre.

La Virgen sufrió los dolores de su Hijo, todos, en su Corazón Inmaculado, y con sus dolores nos salvó, por eso Ella es nuestra Salvadora, junto a su Hijo Jesús.

A las tres de la tarde, Jesús dio un fuerte grito, y dijo a su Papá del cielo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y entonces murió.

En ese momento, el cielo hizo luto, como cuando muere el hijo único, para expresar su dolor: aparecieron nubes negras en el cielo, que taparon el sol, y se puso tan oscuro, que parecía casi de noche, y eran las tres de la tarde; hubo un temblor muy fuerte, y la iglesia de los judíos, de los que habían condenado a Jesús, se partió en dos; salieron muchos muertos, que resucitaron, de sus tumbas, mientras los ángeles lloraban la muerte de Jesús.

Cuando Jesús ya estaba muerto, vino un soldado, y con una lanza le atravesó el pecho y de su Corazón salió sangre y agua, y con la sangre y el agua, el Espíritu Santo se derramó sobre la humanidad, porque Dios Padre perdonaba a los hombres que habían matado a su Hijo dándoles su Amor.

Después, bajaron a Jesús de la cruz, y la Virgen María lo lloraba en silencio, junto a Juan y a las piadosas mujeres. Después, se llevaron el Cuerpo muerto de Jesús a la tumba.

Sólo quedó en el Calvario la cruz, que era de madera dura, que quedó toda empapada de la sangre de Jesús, y porque esa sangre era la sangre del Cordero de Dios, los cristianos, desde entonces, adoramos la cruz.

Adorar quiere decir saber que somos nada delante de Dios, que somos como un granito de arena, comparado con el sol, y que aún así, siendo nada más que un granito de arena en comparación con el sol, amamos a Dios, que es Sol de Amor eterno, con todas nuestras fuerzas.

Adoremos la cruz, en el Viernes Santo, porque está empapada con la Sangre de Jesús, la sangre que nos salvó y nos hizo ser hijos de Dios.