Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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domingo, 21 de mayo de 2017

El Evangelio para Niños: El que cumple los Mandamientos ama a Jesús


(Domingo VI - TC - Ciclo A - 2017)

         “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama” (Jn 14, 15-21). En el cielo, los santos que están más cerca de Jesús, son los que más lo amaron en la tierra. Con Jesús y nosotros, sucede como con los planetas y el sol: hay algunos planetas que están muy cerca del sol, mientras que hay otros planetas que están lejos del sol. Los que están más cerca del sol, reciben más luz y más calor y tienen vida, como nuestro planeta Tierra; los que están más lejos, reciben cada vez menos luz y menos calor, por lo que están a oscuras, hace mucho frío, y no hay vida en ellos. Así sucede entre nosotros y Jesús: cuanto más un alma ama a Jesús, “Sol de justicia”, más cerca está de Él y más recibe de Jesús su luz, su vida divina y su Amor; el que más lejos está de Jesús, está a oscuras, sin la vida de Dios y sin su Amor.
¿Cómo saber  “a qué distancia” estamos de Jesús? Porque la diferencia entre nosotros y los planetas, es que los planetas giran alrededor del sol en la órbita que Dios les fijó; en cambio, nosotros podemos girar alrededor de Jesús libremente, es decir, podemos girar cerca o lejos. ¿Cómo saber a qué distancia estoy de Jesús? El mismo Jesús nos da una forma de “medir” nuestra distancia con Él: si cumplimos sus Mandamientos, o si no los cumplimos.
¿Cuáles mandamientos? Por supuesto que los Diez Mandamientos, o sea, el Decálogo, pero también otros mandamientos que Él da en el Evangelio. ¿Cuáles son estos? Por ejemplo, cuando Jesús dice: “Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”, y Jesús nos ha amado hasta la muerte de cruz. Quiere decir que si yo me enojo con mi hermano por cualquier cosa sin importancia –y aunque sea algo importante-, o si falto el respeto a los mayores, no cumplo lo que Jesús me dice, que los tengo que amar hasta la cruz, y eso quiere decir ser paciente, comprensivo, caritativo, y evitar siempre, siempre, los malos sentimientos.
Otro ejemplo: Jesús dice: “Carga tu cruz de cada día y sígueme”, lo cual quiere decir reconocer cuáles son mis pecados dominantes, los que cometo con más frecuencia, y como esos pecados son mi cruz y nacen de mi corazón y sólo me los puedo quitar si la Sangre de Jesús cae, gota a gota, sobre mi corazón, tengo que seguir a Jesús, que va camino del Calvario, para que cuando Él sea crucificado, yo esté a sus pies, arrodillado, para que su Sangre caiga sobre mí y me limpie mis pecados por la confesión sacramental. Si no reconozco mis pecados, si no me arrepiento los confieso en el Sacramento de la Penitencia, quiere decir que no cargo mi cruz y que no hago lo que dice Jesús y, por lo tanto, no amo a Jesús.

Cuanto más cumplamos los Mandamientos de Jesús, seremos como esos planetas que están más cerca del sol, los que reciben más luz, calor y vida, porque tanto más cerca estaremos de Jesús, que es el Sol de justicia, y cuanto más cumplamos sus Mandamientos, más luz divina, más calor de su Amor y más vida divina recibiremos de Él. No seamos como los planetas que están más lejos del sol, que viven a oscuras, fríos y sin vida; seamos como los planetas que están más cerca del sol, que son más luminosos y más vida tienen y, para eso, cumplamos los Mandamientos de Jesús. Amemos a Jesús, pero no de palabras, sino cumpliendo con amor sus Mandamientos.

sábado, 22 de agosto de 2015

El Evangelio para Niños: “Sólo Jesús tiene palabras que dan la vida de Dios, que es eterna”


(Domingo XXI - TO - Ciclo B - 2015)

         Pedro le dice a Jesús: “Sólo Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 60-69). Para saber qué es lo que quiere decir Pedro, imaginemos lo siguiente: imaginemos a un hombre cualquiera, que le hablara a un trozo de pan, a una copa de vino y a una pequeña roca: por mucho que les hablara este hombre, ¿les daría vida? No, por supuesto que no, porque el pan, el vino y la roca, seguirían siendo lo que son: pan, vino y roca, es decir, cosas sin vida.
         Ahora, veamos lo que pasa en la Misa, en donde tenemos pan y vino sobre el altar: cuando el sacerdote pronuncia las palabras sobre el pan y el vino -es como si les "hablara" al pan y al vino-: “Esto es mi Cuerpo, Esta es mi Sangre”, el que habla a través de la voz humana del sacerdote, es Jesús, que es Dios y que es el Sumo y Eterno Sacerdote. Entonces, como Él es Dios, es Él el que, hablando a través del sacerdote, da vida al pan y al vino, convirtiéndolos en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. 
       Es decir, antes de las palabras, el pan y el vino no tenían vida; luego de las palabras, tienen vida y la vida de Dios, que se llama “eterna” porque es perfectísima, y esto sucede porque el que pronuncia esas palabras es Jesús, que así demuestra que tiene “palabras de vida eterna”.
         ¿Y la roca? 
       La roca representa a nuestro corazón, que muchas veces es frío y duro como la piedra más fría y más dura y muchas veces está sin vida, como la roca, porque no tiene al Amor de Dios. Pero cuando Jesús nos habla al corazón le da vida, porque lo convierte, de roca dura y fría, en un corazón de carne, y además lo llena del Fuego del Espíritu Santo, que es la Vida y el Amor de Dios.

         Así nos damos cuenta de cómo es que sólo Jesús tiene “Palabras de vida eterna”, porque sólo Él es capaz de dar vida eterna, que es la vida de Dios, al pan, al vino y a la roca, que es nuestro corazón.