Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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jueves, 12 de noviembre de 2015

La Primera Comunión es recibir al Niño que tiene la Virgen entre sus brazos


(Homilía para Santa Misa de Primeras Comuniones de niños de la Catequesis Familiar -          CAFA)

         ¿En qué consiste la Primera Comunión? Para saberlo, contemplemos la imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía: la Virgen está de pie, avanzando hacia nosotros, con el gesto de entregarnos a su Niño; el Niño, a su vez, tiene un racimo de uvas rojas, que sostiene con su mano izquierda, ayudado por su Madre. La Virgen que nos da a su Niño, representa a la Iglesia, que por medio del sacerdote ministerial nos da al Hijo de María, Jesús, en la Eucaristía; el Niño que está en brazos de la Virgen y que la Virgen nos entrega, representa a ese Niño Jesús, nacido en Belén, Casa de Pan, que se nos entrega voluntariamente en la Eucaristía, Pan de Vida eterna, con su Cuerpo y con su Sangre: así como en la imagen la Madre de Jesús, la Virgen nos entrega a su Niño con su Cuerpo real y también con su Sangre, representada en las uvas –con las uvas se hace el vino de Misa y el vino en la Misa se convierte en la Sangre de Jesús por la “Tran-subs-tan-cia-ción”, así la Santa Madre Iglesia nos entrega, en la Misa, el Cuerpo de Jesús Sacramentado, en la Eucaristía, y su Sangre, vertida en el cáliz.
La imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía, en la que la Virgen que nos da a su Niño nacido en Belén, Casa de Pan, representa a la Iglesia y al sacerdote ministerial que por la Misa nos dan a Jesús, Pan de Vida eterna; el Cuerpo real del Niño en brazos de la Virgen representa al Cuerpo de Jesús, lleno de luz y de gloria, resucitado, en la Eucaristía; las uvas que lleva el Niño, representan su Sangre, derramada en la cruz y vertida en el cáliz en la Santa Misa, porque con las uvas se hace el vino y el vino, por la Transubstanciación, se convierte en la Sangre de Jesús.
         Entonces, cuando contemplemos la imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía, recordemos que así es la Comunión: así como la Virgen nos entrega el Cuerpo y la Sangre de su Hijo, así la Santa Madre Iglesia nos entrega el Cuerpo y la Sangre de su Hijo en la Eucaristía. Y como la Virgen nos entrega a su Hijo por Amor, para que su Hijo nos dé el Amor de su Sagrado Corazón, así nosotros, debemos entregarle, en la Primera Comunión y en toda comunión, nuestros corazones con todo el amor allí contenido, a Jesús. Recibir la Primera Comunión es recibir al Hijo de la Virgen María, Jesús Eucaristía, como si estuviéramos parados delante de la imagen, para recibir al Niño que nos da la Virgen: la diferencia con la imagen, en donde la Virgen nos da a su Niño y por lo tanto tenemos que estirar los brazos para recibirlo, es que en la Primera Comunión recibimos al Hijo de María en el corazón, porque viene a nosotros por la Eucaristía. Si en la imagen la Virgen da un paso hacia adelante para darnos a su Hijo Jesús, en la Primera Comunión recibimos al Hijo de María Virgen, que nos lo da la Iglesia oculto en apariencia de pan.
         Por lo tanto, al recibir la Primera Comunión, pensemos en el Niño que la Virgen tiene entre sus brazos, porque ese Niño Jesús está en la Eucaristía, no representado en un yeso, sino en la realidad, y viene a mi corazón para darme todo el Amor de su Sagrado Corazón y para darme el fruto de las uvas, que es su Sangre derramada por cada uno de nosotros en la cruz. Al recibir a Jesús Eucaristía por primera vez en nuestros corazones, no debemos estar distraídos con cosas que no son Jesús: debemos pensar en Él y sólo en Él, como cuando invitamos a nuestro mejor amigo a nuestra casa, para estar con él y sólo con él. La Primera Comunión es el primer intercambio de amor entre el Corazón Eucarístico de Jesús y el nuestro: Jesús nos da su Corazón –que late, vivo, con toda la fuerza del Amor de Dios, el Espíritu Santo- contenido en la Eucaristía y con Él nos da todo su Amor, por lo que nosotros no podemos hacer otra cosa que entregarle nuestro corazón, con todo el amor a Él allí contenido, por pequeño que sea.

Por último, la Primera Comunión no puede ni debe ser nunca la “última”, como ocurre en muchos casos, lamentablemente: es la Primera de muchas, porque cuanto más amemos a Jesús, más desearemos comulgar en gracia, para que más tiempo esté Jesús con nosotros, en nuestro corazón. La Eucaristía recibida en la Primera Comunión debe quedar entronizada en nuestros corazones, para ser allí amada y adorada, para que la Eucaristía sea el Centro de vida y amor divinos que guíe nuestras vidas. Y puesto que estamos en familia, la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre que nos da la Virgen María, debe ser el alimento celestial no solo para los niños de las familias que hoy reciben la Primera Comunión, sino para toda la familia, para todos los integrantes de la familia; es decir, la Eucaristía –sólo la Eucaristía y nada más que la Eucaristía- debe ser el centro de vida y amor de la familia; si algo reemplaza a la Eucaristía –el televisor, la computadora, el celular, etc.-, nada de eso podrá ser lo que la Eucaristía es para toda la familia: el centro y la fuente inagotable del Amor, de la Paz, de la Alegría de Dios Hijo encarnado, el Hijo de María.

sábado, 8 de agosto de 2015

El Evangelio para Niños: Jesús en la Eucaristía es el Pan de Vida eterna



(Domingo XIX - TO - Ciclo B - 2015)

         En este Evangelio, Jesús nos dice que Él es el “Pan de Vida” y el “Pan vivo bajado del cielo”, pero los judíos, que lo conocían desde chiquito, no le creen. Los que vivían con Él en el pueblo, se preguntaban: “Si Jesús es el hijo de José, el carpintero, y de María, y si nosotros lo conocemos desde chiquito, ¿cómo puede decir que Él es “Pan de Vida y que ha bajado del cielo?". Los judíos decían esto porque no tenían la fe de la Iglesia, ni la luz del Espíritu Santo, por la cual nosotros sabemos y creemos que Jesús es el Pan de Vida y que ha bajado del cielo.
         Nosotros, como tenemos la fe de la Iglesia y la luz del Espíritu Santo, que nos hacen creer que Jesús es el Pan bajado del cielo, aunque no veamos con los ojos del cuerpo, sabemos que Jesús en la Eucaristía es el Pan de Vida, el Verdadero y Único Maná bajado del cielo. Nosotros sabemos, porque así lo hemos aprendido en el Catecismo, que aunque no veamos a Jesús con los ojos del cuerpo, sí lo podemos ver con los ojos de la fe, Presente, vivo y lleno de la luz y de la gloria de Dios, en la Eucaristía.
         Si pudiéramos ver con los ojos del cuerpo a Jesús en la Eucaristía, no podríamos levantar la vista, así como no podemos ver cara a cara al sol, porque la Eucaristía es Jesús, que brilla más que miles de millones de soles juntos, porque Él es Dios.
         Jesús en la Eucaristía es Pan, pero no un pan sin vida, como el pan de la mesa, el que comemos todos los días: en la Eucaristía, Jesús es un Pan Vivo, porque alimenta con la vida de Dios a quien lo consume con fe y con amor.

         Le pidamos a Nuestra Madre del cielo, la Virgen, que interceda por nosotros para que no solo nos interesa comer el pan de la mesa, sino ante todo, para que tengamos hambre –un hambre voraz, como cuando volvemos del colegio, o de jugar un partido de fútbol, o como cuando venimos de correr con nuestros amigos- del Pan de la Misa, la Eucaristía, que alimenta no el cuerpo, sino el alma, con el Amor de Dios. 
         Y le pidamos también a la Virgen, que después de alimentarnos con el Amor de Dios, que se nos da en el Pan Eucarístico, seamos capaces de dar algo, aunque sea muy poquito, a nuestros hermanos, de ese Amor de Dios que recibimos en cada Pan del cielo, la Hostia consagrada.

sábado, 25 de julio de 2015

El Evangelio para Niños: Jesús multiplica panes y pescados



(Domingo XVII – TO - Ciclo B – 2015)

¿Qué hace Jesús en el Evangelio de hoy? Un gran milagro: multiplica panes y pescados y les da de comer a mucha gente.
¿A cuánta gente le dio de comer en total? El Evangelio dice que eran 5.000, pero además estaban las mujeres y los niños, eso quiere decir que multiplicó panes y peces para unas 10.000 o 15. 000 personas.
Pero más importante que saber a cuánta gente dio de comer, es saber que Él lo hizo porque Jesús es Dios: Él es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Si no tuviera el poder de Dios y si no fuera Dios, no podría hacerlo.
         ¿El Evangelio qué dice que hace la gente cuando termina de comer? Quieren hacerlo rey a Jesús.
¿Y qué hace Jesús? ¿Se deja coronar por la gente? No, porque el Evangelio dice que Jesús, sabiendo que querían hacerlo rey, “se retiró solo a la montaña”. Jesús no deja que lo nombren rey. Jesús hizo este milagro con mucho amor, porque todo lo que hace Jesús, lo hace por Amor; no lo hizo por interés y para que lo nombren rey.
Entonces, el Evangelio nos dice que Jesús, porque quería mucho a esa gente, multiplicó milagrosamente, con su poder de Dios, panes y pescados, y dio de comer a todos los que estaban ahí, unas 10.000 o 15. 000 personas; la Escritura nos dice también que ellos, en agradecimiento porque Jesús les dio de comer pan de cebada y carne de pescado, lo quisieron hacer rey, pero Jesús no los dejó y subió solo a la montaña.
Y ahora, nos preguntemos: ¿qué hace Jesús en la Misa por nosotros?
         Comparemos qué hace Jesús por la gente en el Evangelio y qué hace por nosotros en la Santa Misa y veremos que con nosotros, Jesús se porta con mucho más amor que con la gente del Evangelio de hoy.
Jesús nos trata con más amor que a ellos, porque a ellos les da de comer sólo pan, un pan común, más carne de pescado; a nosotros, nos alimenta con el Pan de Vida eterna y con la Carne del Cordero de Dios, la Eucaristía. Para ellos, multiplicó pan de cebada y carne de pescado; para nosotros, multiplica su Presencia en la Eucaristía, porque multiplica el Pan de Vida eterna y la Carne del Cordero de Dios.
Pero hay otra cosa que tenemos que saber, para darnos cuenta de cuánto nos ama Jesús. Cuando la gente del Evangelio se dio cuenta de que Jesús les había dado de comer milagrosamente, lo quiso hacer rey, pero, como vimos, Jesús subió a la montaña y no dejó que lo nombraran rey; en cambio, con nosotros se porta de una manera distinta: baja desde el cielo hasta la Eucaristía, para que después nosotros lo entronicemos a Él en nuestros corazones, porque Jesús sí quiere ser el rey, el Único Rey de nuestros corazones. Ahí nos damos cuenta entonces de cuánto nos ama Jesús: no se dejó coronar rey por la gente del Evangelio, pero en cambio sí quiere que nosotros lo hagamos rey de nuestros corazones.
¿Qué vamos a hacer? Simplemente, copiar a la gente del Evangelio y darle gracias porque nos alimenta con el Pan de Vida eterna y con la Carne del Cordero, la Eucaristía, y nombrarlo Nuestro Rey.
Le pidamos entonces, a la Mamá de Jesús, la Virgen, que nos ayude para que nuestros corazones sean un altar en donde lo adoremos a Jesús Eucaristía y que Él sea el Único Rey de nuestros corazones.


sábado, 2 de agosto de 2014

El Evangelio para Niños: Jesús hace aparecer milagrosamente muchos panes y pescados


(Domingo XVIII – TO – Ciclo A – 2014)
         La Biblia nos cuenta que una vez, Jesús estaba curando a mucha gente y como había muchos enfermos, se pasó todo día curándolos, hasta que se hizo de tarde. Entonces, todos empezaron a sentir hambre, porque no habían comido nada en todo el día. Los amigos de Jesús se dieron cuenta que como eran muy, pero muy muchos –unos dicen que eran casi como veinte mil, que quiere decir que eran muchisisisisímos-, y no había casi nada para cocinar, todos se tenían que ir a los pueblos que estaban cerca, para poder comprar algo de comida. Pero Jesús les dijo: “Dénles ustedes de comer”. Y ahí los amigos de Jesús no sabían qué hacer, porque ellos sólo tenían cinco panes y dos pescados; creían que Jesús les decía que tenían que cocinar esos pescados y esos panes para toda esa gente, y se decían unos a otros: “¡Cinco panes y dos pescados no van a alcanzar para tanta gente!”. Pero Jesús, que es Dios, sabía lo que hacía. Tomó los panes y los peces, los bendijo, y como Él era Dios, después de bendecirlos, hizo un milagro: Jesús hizo aparecer un montón de pescados y panes, y les dijo a sus amigos, que se los dieran a la gente, para que comieran. Había tanta cantidad de pescados y panes, que todos comieron “hasta saciarse”, dice el Evangelio, que quiere decir, hasta no querer comer más, y encima sobraron “doce canastas”.
         ¿Y por qué Jesús hizo este milagro? ¿Sólo para darle de comer a toda esa gente?
         No. Jesús no hizo aparecer toda esa cantidad de panes y peces solamente para darle de comer a toda esa cantidad de gente.
Jesús hizo aparecer todo ese montón de pescados y de panes, para hacernos dar cuenta de que Él es Dios, y de que Él tiene el poder de Dios, y por eso puede hacer cosas que sólo Dios, con su poder, puede hacer, como por ejemplo, hacer aparecer un montón de panes y pescados, para dar de comer a muchisisisíma gente.
         Pero también Jesús nos quiere hacer saber que, como Él es Dios, Él puede hacer algo que sólo Dios puede hacer: ¡Él puede convertir el pan y el vino del altar en su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad!

¿Y saben qué? Jesús les da de su poder a sus amigos, los sacerdotes, para que ellos, en su Nombre, en la Misa, conviertan el pan y el vino, en su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Y así, los sacerdotes, hacen un milagro más grande que hacer aparecer panes yu pescados y dar de comer a mucha gente, porque, con el poder que les da Jesús, ¡hacen aparecer a Jesús en la Hostia, y alimentan a la gente en la Iglesia, con la Carne del Cordero de Dios y con el Pan de Vida eterna!