Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud
Mostrando entradas con la etiqueta Virgen María. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Virgen María. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de mayo de 2014

Las Fiestas Patronales de Nuestra Señora de la Caridad explicadas para Niños de Catequesis


         La imagen de la Virgen se llama “Nuestra Señora de la Caridad” o también “Nuestra Señora de la Visitación” porque la Virgen, que está encinta por obra y gracia del Espíritu Santo, va a visitar a su prima Santa Isabel, que también está encinta, milagrosamente, de Juan el Bautista.
         “Caridad” significa “amor”, pero no es el amor humano, sino el amor de Dios, que es infinito y eterno, y es este amor el que lleva a la Virgen a emprender un camino largo y difícil –pensemos que en esos tiempos no existían los medios de transporte como ahora- para ir a socorrer a su prima Isabel, que está encinta y es anciana.
         Observemos la escena y los personajes cuando llega la Virgen: Juan el Bautista, que está en el vientre de Isabel, “salta de alegría”; santa Isabel no saluda a la Virgen con un saludo normal, como se saludan los parientes, sino que le dice: “Madre de mi Señor”, es decir, reconoce a la Virgen no simplemente como a su prima, sino como a la "Madre de mi Señor", es decir, como a la "Madre de Dios", y reconoce que el salto de su niño no es el movimiento normal de un bebé en el vientre de su madre, como cuando los bebés dan una patadita a sus mamás en la panza cuando empiezan a crecer y las mamás se alegran por ello, sino que Santa Isabel dice que es un “salto de alegría” y ese "salto de alegría se debe a que Juan el Bautista, iluminado por el Espíritu Santo, ha reconocido a Jesús, que viene a su vez, escondido en el seno virgen de su mamá, María Santísima; a su vez, la Virgen tampoco saluda a Isabel con un saludo normal, sino que entona un cántico, que se llama “Magnificat”, porque en ese canto alaba a Dios, por todas las "maravillas", las cosas hermosísimas que Dios ha hecho en Ella desde el mismo momento en que Ella fue concebida.
         ¿Por qué suceden todas estas cosas? ¿Por qué los personajes de la escena no se comportan como sucedería en una situación normal, como cuando dos mujeres embarazadas y que son parientes y se quieren mucho y se encuentran después de mucho tiempo que no se ven?
         Porque cuando la Virgen visita a alguien, con su visita, viene también Jesús, y con Jesús, viene el Espíritu Santo, y es el Espíritu Santo el que ilumina y alegra los corazones de Juan el Bautista, de Santa Isabel y de la Virgen María. El Espíritu Santo ilumina a Juan el Bautista y le hace saber que la Virgen trae en su seno a Jesús, que es Dios, y le alegra el corazón, y lo hace saltar de alegría en el seno de Isabel; el Espíritu Santo ilumina a Isabel y le hace saber que la Virgen trae al Hijo de Dios en su seno y le alegra el corazón porque con la Virgen viene Jesús, el Salvador; el Espíritu Santo ilumina a la Virgen y le recuerda su Inmaculada Concepción, que la convirtió en un Sagrario Viviente -¿vieron el sagrario que hay en la Iglesia, que está con la lucecita prendida, noche y día, indicando que ahí está Jesús en la Eucaristía? Bueno, la Virgen es como un sagrario, pero vivo, porque lleva a su Hijo Jesús, que es la Eucaristía-, para alojar a Jesús con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, es decir, la Eucaristía, y así el Espíritu Santo le alegra su Corazón Inmaculado, y es por ese motivo que la Virgen entona el “Magnificat”, el cántico de alabanza y de alegría por las maravillas que Dios obró en Ella, para bien de toda la humanidad, para salvar a toda la humanidad.
         Esto es lo que festejamos en las fiestas patronales de Nuestra Señora de la Caridad: la Visitación de la Virgen a Santa Isabel, y la llegada de Jesús y del Espíritu Santo a todos aquellos a los que la Virgen visita.

         Por eso la Virgen nos enseña a misionar: cuando nosotros misionamos o visitamos casas con la imagen de la Virgen, con nosotros vienen Jesús y el Amor de Dios, el Espíritu Santo.

sábado, 5 de octubre de 2013

El Santo Rosario meditado para Niños: Misterios Luminosos



         Primer Misterio: el Bautismo de Jesús. Jesús el Hijo de Dios, entra en el río Jordán y mientras el Bautista le echa agua en la cabeza, el Espíritu Santo se aparece como paloma y se escucha la voz de Dios Padre que dice: “Este es mi hijo muy amado. Escúchenlo”. Por el bautismo, somos convertidos en hijos adoptivos de Dios Padre y en hermanos de Jesús. Virgen María, condúcenos al Espíritu Santo, para que amemos a Dios Padre con el mismo amor con el que lo ama Jesús.

         Segundo Misterio: las Bodas de Caná. Los esposos se quedan sin vino y por un pedido especial de la Virgen, la Mamá de Jesús, Él hace un milagro, convirtiendo el agua de las tinajas de piedra, en vino. Virgen María, pídele a Jesús que convierta nuestros corazones de piedra en corazones de carne, donde habite el Espíritu Santo.

         Tercer Misterio: la Predicación del Reino y el llamado a la conversión. Jesús sale a caminar, para avisar a todos que el Reino de Dios está cerca y que si queremos entrar en él, debemos convertirnos. Virgen María, haz que nuestros corazones se conviertan a tu Hijo Jesús: que sean como el girasol, que cuando sale el sol, deja de mirar a la tierra para mirar al cielo, para que así miremos siempre al Sol de nuestras vidas, Cristo Jesús.

         Cuarto Misterio: la Transfiguración en el Monte Tabor. Jesús brilla con su propia luz, que es más fuerte que miles de soles juntos. Es la luz de la gracia, que nace de Él así como los rayos nacen del sol. Virgen María, haz que nuestros corazones vivan siempre iluminados por la gracia de tu Hijo Jesús.


Quinto Misterio: la Institución de la Eucaristía. Antes de subir a la Cruz, Jesús deja su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, en la Eucaristía. Virgen María, haz que nuestros corazones sean como otros tantos sagrarios, en donde viva para siempre tu Hijo Jesús.

sábado, 7 de septiembre de 2013

El Santo Rosario meditado para Niños: Misterios dolorosos


           
 
Primer misterio: Jesús ora en el Huerto de los olivos. Suda sangre a causa del dolor, la pena y la tristeza que le producen nuestros pecados. Les pide a sus amigos que recen con Él, pero sus amigos, vencidos por la pereza y el sueño, se duermen. Virgen María, ayúdame a que no peque más, para que no cause dolor a Jesús, y enséñame a rezar, para que esté siempre con Jesús en el Huerto, rezando por la salvación de los hombres.
            Segundo misterio: la flagelación de Jesús. Los soldados romanos atan a Jesús a la columna y comienzan a pegarle con látigos, y le dan tantos latigazos, que se forma un pequeño lago de sangre a sus pies, y toda su espalda queda sin piel. Virgen María, ¡haz que yo siempre beba de la Sangre de Jesús, derramada por mis pecados, y que por esta Sangre sea puro de cuerpo y alma!
            Tercer misterio: la coronación de espinas. Colocan a Jesús una enorme corona de gruesas espinas, que le hacen doler mucho y le hacen sangrar mucho, tanto, que la Sangre de su cabeza le tapa los ojos, los oídos, la boca, la nariz. Virgen María, haz que la Sangre de Jesús descienda sobre mis ojos, oídos, labios, nariz, para que nunca ofenda a Jesús con mis sentidos!.
           Cuarto misterio: Jesús lleva la cruz a cuestas, camino del Calvario, y la cruz le provoca una gran herida en su hombro. La cruz está cargada con mis pecados, y le pesa tanto, que lo hace caer y golpearse en el suelo. Su Mamá lo acompaña, y la fuerza del amor que hay en sus ojos, le da fuerzas a Jesús para levantarse y seguir hasta el Calvario. Virgen María, haz que yo cargue mi cruz de todos los días y siga a Jesús, para morir crucificado junto con Él, y cuando ya no tenga fuerzas, mírame con tus ojos maternales, y podré así seguir hasta la cima del Monte Calvario, para estar al lado de Jesús.
            Quinto misterio: Luego de tres horas de agonía, Jesús muere en la Cruz, dando su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad por mí, y continúa ese don en la Eucaristía. Virgen María, haz que reciba en mi corazón la Eucaristía, que es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, con el mismo amor que late en tu Inmaculado Corazón.

sábado, 17 de agosto de 2013

Evangelio para niños: "No he venido a traer la paz, sino la división"


(Domingo XX - TO - Ciclo C - 2013)
          Para entender el Evangelio de hoy, en donde Jesús nos dice que "no ha venido a traer la paz, sino la división", tenemos que imaginarnos a dos ejércitos que están luchando, uno dirigido por un capitán bueno, y otro, por un capitán malo. De pronto, en medio de la lucha, el capitán de uno de los ejércitos, el capitán bueno, sin tener miedo, se mete dentro de las filas de los soldados del otro ejército, y los convence, uno por uno, de que dejen de pelear contra él y comiencen a pelear contra el otro capitán, que es muy malo. así, este capitán bueno, introduce la división dentro del ejército enemigo, y hace que muchos de los que eran sus enemigos, ahora sean amigos de él y enemigos del capitán malo.
          Los dos ejércitos, que luchan uno contra otro, son el ejército de Jesús y María, y el ejército de Satanás. El ejército de Jesús está en un lugar alto, con mucho césped, con el cielo despejado y con un sol resplandeciente; el Jefe y Supremo Capitán de este ejército bien disciplinado y aguerrido es Jesucristo, y su estandarte es el estandarte ensangrentado de la Cruz; al lado suyo, está su Mamá, la Virgen, que es la celestial Capitana de este ejército; está rodeada de sus hijos más fieles, los que aman con todo el corazón y se han consagrado a Ella; los que rezan el Rosario todos los días; los que obran la misericordia, corporal y espiritual, por amor a su Hijo Jesús; los que prefieren morir antes de cometer un pecado mortal o venial deliberado. Los integrantes de este ejército tienen una coraza poderosísima, y es la humildad, que está reforzada a la altura del corazón, y esta humildad así reforzada hace que sea un corazón contrito y humillado. El casco y el escudo protector es la oración, y las armas que usan, poderosísimas, son el Santo Rosario, el amor a la Eucaristía y a la Santa Misa. Sus otras armas, igualmente poderosas, son: castidad, diligencia, templanza, paciencia, generosidad y, la más poderosa de todas, la caridad, que es el Amor mismo del Sagrado Corazón.
          El otro ejército, es el ejército de Satanás, que es su capitán; este ejército está en una hondanada, un lugar todo sucio con barro y agua estancada; el lugar está lleno de humo, que se levanta desde el trono de Satanás, pero el humo, en vez de subir al cielo, no lo hace, porque no puede entrar en el cielo el humo de Satanás, y entonces este humo, oscuro, espeso, de mal olor, invade todo su ejército. Este está formado por los ángeles caídos y por los hijos de las tinieblas, que son los hombres aliados con ellos; las armas son la soberbia, que hace que el corazón sea duro y frío como una piedra, y todos están atados al trono del demonio con gruesas cadenas de hierro, que tienen distintos nombres: pereza, gula, avaricia, ira, lujuria y envidia. Este ejército malo hace la guerra a Dios, a su Iglesia y a los hombres de buena voluntad.
          Los dos ejércitos están así, uno frente al otro, dispuestos para la batalla, pero en un momento determinado, el Capitán del ejército bueno, Jesús, acompañado por su Mamá, se dirige hacia el campamento del ejército malo. Nadie los puede ver, porque la soberbia los vuelve ciegos a todo lo que se refiere a Dios, y así es como se acercan a los hombres que están encadenados al trono de Satanás, y les hablan al corazón, primero la Virgen y después Jesús, para que se conviertan y se pasen al ejército bueno. A los que aceptan, Jesús y la Virgen los liberan de sus cadenas de hierro, y los llevan al campamento del ejército bueno; a los que no aceptan, los dejan así, para volver después y tratar de convencerlos.
          Esta es la división que viene a traer Jesús: la división dentro del ejército malo, convirtiendo los corazones de los que estaban atadas con cadenas de hierro al trono de Satanás y luchaban contra Dios. Antes eran enemigos de Dios por el pecado; ahora son amigos de Dios por la gracia.
          Esto es lo que Jesús quiere decir cuando dice que "no ha venido a traer la paz, sino la división", porque el cristiano no está en paz con el Demonio; el enemigo del cristiano no es su hermano, sino el Demonio, y Cristo ha venido para hacerle la guerra al Demonio, y por eso dice que "no ha venido a traer la paz".

          Jesús quiere que estemos en paz con Dios y con los hermanos y que, unidos a Él y a la Virgen, con la Cruz y con el Rosario, le hagamos la guerra al Demonio. Jesús ha venido para que dejemos de ser amigos del Demonio y seamos sus enemigos; Jesús ha venido para que, de enemigos de Dios que éramos, nos convirtamos en sus amigos.

viernes, 17 de mayo de 2013

El Evangelio para Niños - Pentecostés



(Ciclo C - 2013)
         Jesús sopla sobre sus amigos y sobre su Mamá, que estaban rezando, el Espíritu Santo, que se les aparece como lenguas de fuego. Esto es lo que en la Iglesia se llama “Pentecostés”. Pentecostés quiere decir “fiesta de la cosecha de trigo”, y era una fiesta que celebraban los judíos para festejar por los  primeros frutos que habían obtenido –como si plantamos árboles, por ejemplo, de limones y festejamos cuando aparecen los primeros limones-; en la Iglesia quiere decir los primeros que, gracias al Espíritu Santo, empiezan a conocer y amar a Jesús y eso quiere decir “conversión” a Jesús.
Así Jesús cumple una promesa suya: Él les había dicho que tenía que morir en Cruz para subir al cielo y así poder a prepararles las habitaciones que su Papá les tenía listas en su Casa del Reino; pero también les había dicho que una vez que llegara al cielo Él les enviaríal, junto a su Papá, al Espíritu Santo, que es el Amor de Dios. Jesús había bajado del cielo por Amor; en su Corazón ardía el Amor de Dios; murió en la Cruz para darnos su Amor y ahora, ya resucitado, nos sopla el Espíritu Santo para que amemos a Dios con su mismo Amor.
         ¿Qué hace el Espíritu Santo?
         Jesús les había dicho a sus amigos que el Espíritu Santo iba a hacerles acordar muchas cosas y a enseñarles muchas otras sobre Él: “El Espíritu Santo les enseñará y les recordará todo lo que les he dicho y les hablará de Mí” (cfr. Jn 14, 26). Como cuando un maestro le dice a su alumno: “¿Te acordás de esa lección, a principio de año, que no entendías bien y ahora la entendés?”. Y el alumno, que ahora entiende la lección, dice: “¡Ah, sí, ahora me acuerdo! Antes no entendía, y ahora sí!”. Bueno, el Espíritu Santo es como un Maestro del alma, un Maestro interior, que enseña muchas cosas, sin palabras, en el silencio y en la oración, por eso es muy importante hacer silencio, de palabras y de pensamientos, y hacer mucha oración, para poder escuchar las lecciones que nos enseña este maravilloso Maestro interior que es el Espíritu Santo. El que habla mucho y dice cosas sin sentido, y el que grita, esos no pueden escuchar al Espíritu Santo, y se quedan sin saber lo que Él les quiere enseñar.
         ¿Qué cosas enseña el Espíritu Santo?
         El Espíritu Santo es un Maestro interior, como dijimos, y hay que hacer silencio y oración para aprender de Él, y hay que estar en gracia para poder entender lo que enseña, porque enseña secretos que sólo Dios conoce; enseña cosas maravillosas que nadie, ni los ángeles ni los santos, sabe, y los enseña solamente a los que son sus amigos, sus grandes amigos; además, con su llama de fuego toca el corazón, para que, de piedra que es, se convierta en corazón de carne o, mejor, en un corazón como de hierba seca, para que pueda, al contacto con la llama, arder con el fuego del Amor divino. El que tiene un corazón duro y frío, como una piedra, no puede nunca sentir el Amor del Espíritu Santo.
         El Espíritu Santo enseña muchas cosas: que Jesús no es un hombre más, sino Dios Hijo “encarnado”, que se hizo hombre sin dejar de ser Dios, para que nosotros nos convirtiéramos en hijos adoptivos de Dios.
         Enseña que la Misa no es como un espectáculo de cine o de televisión, que si no es “divertido”, todos se aburren y no lo ven; el Espíritu Santo enseña que la Misa no tiene que ser ni “divertida” ni “aburrida”, porque es el mismo sacrificio de Jesús en la Cruz, sólo que sin derramamiento de sangre e invisible a los ojos del cuerpo, porque el Calvario, la Cruz y Jesús, la Virgen María y los ángeles y santos, están todos ocultos a nuestros ojos, pero están presentes, como también están ocultos a  nuestros ojos el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, pero igual Jesús está Presente en la Eucaristía.
         El Espíritu Santo enseña el valor del sacrificio y el valor de ofrecerlo por la conversión de los pecadores y por las almas del Purgatorio, porque el que hace un sacrificio se une a Jesús, que por nosotros muere en la cruz y así el pequeño sacrificio que uno puede hacer, se convierte en un sacrificio gigante, que sirve para salvar a muchos pecadores y para sacar muchas almas del Purgatorio; enseña también el valor del esfuerzo para combatir la pereza; enseña el valor de dar a los demás lo mejor de uno mismo, y enseña cuánto ama Dios a aquel que da la vida por Jesús.
         El Espíritu Santo enseña que el cuerpo es templo suyo, es decir, del Espíritu, y que por eso hay que cuidarlo de todas las cosas malas. Enseña que el cuerpo nuestro ya no nos pertenece, porque Jesús lo compró para el Espíritu Santo al precio de su Sangre, y le dio la llave de entrada a su Mamá, la Virgen, y por eso tenemos que cuidar el cuerpo y vivir en gracia. ¿Alguien dejaría pasar al templo de material, animales y bestias salvajes, que dejarían el templo todo desarreglado y sucio? Seguramente que nadie haría eso, por eso tampoco podemos tratar mal a nuestro cuerpo.
         ¿Habría alguien que se animaría a escuchar música que no es de Dios, a todo volumen, en el templo de Dios? Por supuesto que nadie lo haría, y por eso no debemos escuchar música que enseña malas cosas, como la cumbia y el rock. Además, debemos escuchar música agradable y por supuesto música sagrada, como el canto gregoriano y otros muchos hermosos cantos para Dios.
         El Espíritu Santo enseña también a comulgar, porque comulgar no es ponerse en la fila para recibir un pancito bendecido; es recibir el Cuerpo resucitado y glorioso de Jesús, y para eso se necesita estar en gracia de Dios, además de decirle a Jesús en el corazón: “Jesús, te amo”, con toda la fuerza de nuestro amor, y adorarlo, y así preparados, en gracia y con amor en el corazón, recibir a Jesús de rodillas, en lo posible, para expresar con el cuerpo el amor y la adoración interiores.
         Todas estas cosas, y muchas más, enseña el Espíritu Santo en Pentecostés, y también en cada comunión eucarística, porque cada vez que comulgamos, Jesús nos sopla el Espíritu Santo sobre nuestro corazón, que viene como lenguas de fuego sobre él, y por eso cada comunión es como un pequeño Pentecostés para quien comulga con fe y con amor.
        
        

miércoles, 8 de mayo de 2013

Apariciones de la Virgen en Fátima explicadas para Niños (III): Tercera Aparición del Ángel de Portugal



La Tercera Aparición del Ángel
Según Lucía, la tercera aparición del ángel ocurrió entre finales de Septiembre y comienzos de Octubre de 1916. Sucedió un día en el que los pastorcitos, que habían llevado a su rebaño hasta Cabeco, se encontraban arrodillados con la frente en tierra, en la posición que el ángel les había enseñado, rezando la oración que el Ángel les había enseñado en la Primera Aparición: “Dios mío, yo creo en ti, yo te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”. El Ángel se apareció envuelto en una luz “más blanca que la nieve”, y se les presentó bajo la apariencia de un joven de unos 14 ó 15 años, transparente y de una gran belleza.
Veamos cómo la Hermana Lucía narra la tercera y última aparición del Ángel: “En cuanto llegamos allí, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del ángel: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo...”. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vimos al ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual estaba suspendida una Hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sagrado Corazón y por los del Inmaculado Corazón de María, os pido humildemente por la conversión de los pobres pecadores”.
Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la Hostia, y me dio la Hostia a mí. Lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo: ‘Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios’.
De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: ‘Santísima Trinidad...’. Y desapareció.
Llevados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al ángel en todo; es decir, nos postrábamos como él y repetíamos las oraciones que él decía. La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa, que nos absorbía y aniquilaba casi por completo. Parecía como si nos hubiera quitado por un largo espacio de tiempo el uso de nuestros sentidos corporales. En esos días, hasta las acciones más materiales las hacíamos como llevados por esa misma fuerza sobrenatural que nos empujaba. La paz y felicidad que sentíamos era grande, pero sólo interior; el alma estaba completamente concentrada en Dios. Y al mismo tiempo el abatimiento físico que sentíamos era también fuerte”.

Enseñanzas espirituales en la Tercera Aparición del Ángel de Portugal
         -A diferencia de la Segunda Aparición del Ángel, en la que los niños están jugando, aquí se encuentran orando y con la oración que el mismo Ángel les había enseñado. Además de la oración, los pastorcitos demuestran que habían aprendido la lección de rezar a Dios en todo momento, no por obligación, sino por amor: quien ama a alguien, gusta de hablar con quien ama; quien ama a Dios, gusta de rezarle, porque rezar es hablar con Él y recibir de Él su infinito amor misericordioso.
         -El Ángel viene envuelto en una luz “más blanca que la nieve”, símbolo de la gracia santificante en la que él vive; tiene la apariencia de un joven de catorce o quince años, y es de gran belleza. Como todos los ángeles, él también fue sometido a una prueba por Dios: les preguntó si querían servirlo y amarlo a Él o no, y el Ángel de Portugal eligió servir y amar a Dios, y por eso está envuelto en luz y aparece envuelto en luz. La diferencia con los ángeles que no quisieron servir a Dios, es que estos últimos viven en la oscuridad, y nunca jamás podrán amar y servir a Dios, porque ellos eligieron libremente ser enemigos de Dios, uniéndose al Príncipe de las tinieblas, que cuando se le preguntó si quería amar y servir a Dios, dijo: “No amaré y no serviré a Dios”, y ahí fue cuando perdió para siempre la gracia santificante, quedando envuelto en tinieblas y oscuridad. El Ángel envuelto en luz, con su apariencia joven y hermosura, nos indica que es en el cielo en donde se vive la juventud para siempre, dada por la gracia santificante, y que es esta, y no la apariencia externa, lo que concede belleza a una persona. En la tierra, la juventud pasa pronto; en el cielo, se es eternamente joven, porque Cristo es Dios eternamente joven, y allí nadie tiene más de treinta y tres años, que es la edad de Cristo al morir en la Cruz.
         -El Ángel trae en sus manos un cáliz y una Hostia, de la cual caen gotas de sangre en el cáliz. El Ángel enseña que la Eucaristía no es un pan bendecido: parece un pan, tiene sabor a pan, pero es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. El hecho de que caigan gotas de sangre desde la Hostia hacia el cáliz, indica que en la Hostia está palpitante, vivo, resucitado y glorioso, Cristo Jesús, con su Sagrado Corazón traspasado, que es de donde sale la Sangre para ser recogida en el cáliz. La Sangre nos recuerda que la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, sólo que incruento, y es al mismo tiempo el signo que nos indica el Amor sin límites de Jesús por cada uno de nosotros: si alguien quiere saber cuál es la medida del Amor de Jesús, sólo tiene que recordar la Sangre que cae de la Hostia al cáliz, para saberlo: nos ama hasta la muerte de Cruz, nos ama hasta dar la vida por nosotros, por cada uno, en la Cruz.
Luego deja el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postra en tierra y repite por tres veces una oración: “Santísima Trinidad…”. De esta manera, les enseña a adorar la Eucaristía y a ofrecerla en reparación por los pecados de los hombres, principalmente los pecados de ingratitud. Jesús murió por toda la humanidad, dio su vida por todos y cada uno de los hombres, y está Presente en cada Eucaristía, en los sagrarios, para dar de su Amor a quien se le acerque, pero los hombres prefieren sus vanas distracciones –fútbol, música, deportes, salidas, recreaciones-, antes que asistir a Misa el Domingo, y muchos que van a Misa el Domingo, e incluso comulgan, lo hacen con un corazón malo, corazón con el que daña a su prójimo de palabra o de obra, y esto ofende mucho a Jesús. El Ángel pide reparaciones para consolar al Corazón de Jesús, ofendido por tantos ultrajes, sacrilegios e indiferencias, pero para poder reparar los “crímenes” de los hombres, es necesario que uno mismo no solo no cometa esos crímenes, sino que aprecie de tal manera la vida de la gracia, que prefiera “morir antes que pecar”, como pedía Santo Domingo Savio en el día de su Primera Comunión.
-Enseña además a comulgar: de rodillas, y haciendo antes un acto de adoración a Cristo Dios Presente en la Eucaristía. No se puede comulgar sin hacer una adoración interior, desde lo más profundo del corazón, y como esta adoración se origina en el amor a Jesús Eucaristía, no se puede comulgar sin amor a Jesús. La adoración y el amor interior se acompañan de un gesto exterior que los representa, y es la comunión de rodillas. Quien comulga de rodillas, pero no hace un acto previo, interior, de amor y adoración a Jesús Eucaristía, no comulga según las enseñanzas del Ángel. Quien comulga, y más todavía si lo hace de rodillas, debe hacer previamente un profundo acto de amor y de adoración a Jesús Presente en la Eucaristía.
-Cuando les da la comunión, el Ángel les dice: ‘Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios’. El Ángel tiene presente, en el momento de la comunión, al Sagrado Corazón de Jesús, “horriblemente ultrajado” por la maldad del corazón humano. El que comulga debe tener también presente al Sagrado Corazón, y pedirle perdón por los pecados propios y los de los demás. La expresión “horriblemente ultrajado” es muy fuerte, y da idea de la magnitud de las ofensas hechas a Jesús en la Eucaristía. La comunión, hecha con amor y adoración, es un acto reparador, que en algo consuela a Jesús, “horriblemente ultrajado por los hombres ingratos”, quienes con sus pecados, llamados “crímenes”, ofenden continuamente su majestad divina; quien comulga con intención de reparar esos pecados, “consuela” a Jesús. Comulgar entonces no puede ser nunca un acto distraído, como quien recibe en la boca y come un poco de pan; tiene que ser un acto de amor, de adoración y de reparación, para consolar a Jesús que sufre por la ingratitud de los hombres.
-La visita del Ángel se acompaña de la Presencia de Dios, Presencia que se hace sentir no sólo interiormente, sino también en el aspecto físico. La Presencia de Dios produce un estado de paz y de intensa alegría y felicidad, además de dejar concentrada al alma en Él, porque el alma se siente tan bien en presencia de Dios, que no quiere dejarlo nunca, y por eso ora continuamente. La visita de un ángel de luz se reconoce por estos efectos: paz, alegría, deseos de orar, movidos por el intenso amor a Dios.
Esta fue la última aparición del Ángel, quien de esta manera preparó los corazones de los pastorcitos para la visita de la Reina de los cielos, la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima.

jueves, 28 de marzo de 2013

El Evangelio para Niños: Viernes Santo



         El Viernes Santo es un día muy triste para la Iglesia, porque Jesús muere en la Cruz. Para darnos cuenta cuánto de  triste es este día, imaginemos como si se apagara el sol –no que hubiera un eclipse, sino que se apagara el sol, que ya no brillara nunca más, y que se convirtiera en una estrella enana, fría y sin luz-: el mundo estaría todo a oscuras, no podría verse casi nada; la temperatura bajaría a
         ¿Por qué es así el Viernes Santo? Porque Jesús es la “luz del mundo”, que vence a las tinieblas y a los que viven en las tinieblas, que son los ángeles caídos; es el Cordero que es la “lámpara de la Jerusalén celestial”, que con su luz divina ilumina y da vida a los ángeles y santos en el cielo; es el “Sol de justicia”, que alumbra y calienta las almas con el Amor de Dios, y si Él no está, entonces todas las almas mueren de frío y se quedan en la oscuridad, porque les falta el Amor del Sagrado Corazón de Jesús.
Jesús es para los hombres como el sol a los planetas: así como el sol calienta y da luz y vida, así Jesús, Sol de Amor infinito, da luz, calor, amor y vida eterna a las almas a las que ilumina. Y así como si falta el sol, la tierra se pone oscura y fría y las plantas no crecen y los animales se mueren, así también, si falta Jesús, como en el Viernes Santo, las almas se vuelven oscuras y frías y también mueren, porque no tienen ni la luz ni el calor del Amor de Dios.
Esto es lo que sucedió el Viernes Santo: murió Jesús en la Cruz, se apagó el Sol de justicia, dejó de alumbrar la luz del mundo, la luz de Dios, y todos los hombres quedaron envueltos en sombras muy pero muy oscuras, sombras malas, porque son sombras en donde viven los ángeles rebeldes, los que fueron echados del cielo por San Miguel Arcángel y los ángeles de luz.
El Viernes Santo es un día muy triste para la Iglesia, y sobre todo para la Mamá de Jesús, la Virgen, que está al pie de la Cruz llorando por su Hijo Jesús.
Pero es también un día de esperanza, y también de alegría, porque la Virgen María sabe que Jesús va a resucitar al tercer día, el Domingo. Y por eso la Virgen, mientras llora, reza, y mientras reza canta y se alegra, esperando volver a ver vivo a Jesús, esta vez para no separarse más. Mientras tanto, hasta que llegue el feliz día de la Resurrección, la Virgen de los Dolores, al pie de la Cruz, llora, reza, canta y, con serena alegría, espera.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Novena al Divino Niño




Divino Niño Jesús: Tú dijiste la venerable Margarita del Santísimo Sacramento en el año 1636: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada”. Confiados en tus palabras, te rezamos esta novena en tu honor, pidiéndote una intención distinta cada día.

Día uno: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
            “Querido Niño Jesús, te pedimos la gracia de tener siempre, en la mente y en el corazón, el mandamiento más importante de todos, el que nos abre las puertas del cielo: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Haz que demostremos nuestro amor a Dios asistiendo a Misa los Domingos, y a nuestro prójimo, brindando nuestro auxilio a los más necesitados, y a todos respeto, tolerancia, paz y amor. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


            Día dos: Honrar padre y madre.
“Querido Niño Jesús, Tú que siendo Niño honraste a tu padre adoptivo, San José, y a tu Madre, la Virgen María, obedeciéndoles en todo, tratándolos siempre con infinito amor y respeto; haz que nosotros, a imitación tuya, sepamos también amar y honrar a nuestros padres y mayores, obedeciéndolos en todo y siendo respetuosos, amables y agradecidos con ellos, y nunca permitas que cometas el pecado de la desobediencia y de la falta de respeto. Divino Niño, haz que nos santifiquemos en el amor a nuestros padres. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día tres: Morir antes que pecar.
“Querido Divino Niño, Tú que siendo Dios, te hiciste Niño en el seno de tu Mamá, la Virgen, sin dejar de ser Dios; Tú, que como Niño Dios eres el Lirio purísimo de los cielos, que con su fragancia de exquisito perfume deleita a los ángeles y santos en el cielo, haz que imitemos tu Santa Pureza, y no permitas que nada impuro contamine nuestras mentes y nuestros corazones. Haz que tu Mamá, la Virgen Inmaculada, Ella también Purísima y Sin mancha, nos preserve de la contaminación del mundo, que exalta la impureza como norma de vida, y nos conceda la gracia de vivir siempre, aún cuando ya seamos grandes, con tu pureza, la pureza del Divino Niño. Amén”.  
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día cuatro: Combatir la pereza.
            “Querido Divino Niño, Tú que desde muy pequeño aprendiste el oficio de carpintero ayudando a San José en su taller; Tú que colaborabas con tu Mamá, la Virgen, en las tareas domésticas de todos los días, aleja de nosotros el pecado de la pereza, tanto de la corporal, que nos lleva a evitar todo tipo de esfuerzo físico y a no cumplir con nuestro deber de estado, como la pereza espiritual o acedia, que nos lleva a sentir hastío por la oración y a descuidar el deber de amor que tenemos para contigo, deber que se salda con la oración. Haz que seamos sacrificados y nos esforcemos por cumplir nuestro deber, para así santificarnos en las tareas de todos los días. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día cinco: Reconocer el espíritu del mundo.
            “Querido Divino Niño, Tú que viniste del cielo, del seno de tu Padre, en donde todo es santidad y bondad, y quieres que nosotros vayamos ahí algún día, haz que sepamos reconocer, en las cosas que nos rodean, el espíritu del mundo, que son todas las cosas malas que nos apartan de Ti. Danos el Don de Sabiduría, para saber qué es lo que te agrada, y qué es lo que te disgusta, para que así obremos lo que te agrada y evitemos lo que te ofende. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día seis: Desear los bienes del cielo.
            “Querido Niño Jesús, Tú que en el Evangelio dijiste: “Atesorad tesoros en el cielo”, quita de nosotros toda codicia por los bienes terrenos, para que deseemos sólo los bienes del cielo, el primero de todos, tu Amor eterno. Haz que te amemos siempre, por encima de todo bien de la tierra, y que sepamos darnos cuenta que las cosas materiales no son para acumularlas egoístamente, sino para compartirlas generosamente con nuestros hermanos, por amor a Ti. Ayúdanos a no caer en el pecado de la codicia, y danos la gracia de tener siempre la mirada puesta en tu Sagrado Corazón, el bien más preciado que jamás alguien pueda conseguir. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día siete: El amor a la Virgen.
            “Querido Niño Jesús, Tú que en la Cruz nos diste a tu Mamá, la Virgen, como verdadera Madre nuestra del Cielo, aumenta cada día nuestro amor hacia Ella, para que todo lo que pensemos, deseemos y hagamos, se lo ofrezcamos a su Corazón Inmaculado. Queremos amar a la Virgen, que es nuestra Madre, con un amor infinito y puro, y para eso Te pedimos que nos des el mismo Amor que tienes Tú en tu Sagrado Corazón, ese Amor purísimo con el que Tú la amas desde siempre. Danos Tu Amor, para amar a nuestra Madre del Cielo, la Virgen, con el mismo Amor tuyo. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

            Día ocho: El amor a la Cruz.
            “Querido Divino Niño, Tú que amaste la Cruz desde el momento de Tu Encarnación, y la llevaste todos los días desde tu niñez, hasta subir al Calvario, danos un gran amor a la Cruz, el único camino que lleva al Cielo. El camino de la Cruz es un camino estrecho, en subida, difícil de recorrer, porque hay que renunciar a uno mismo, pero es el único camino que conduce al Cielo. No permitas que nos desviemos del camino, y que en vez de subir al Calvario, bajemos al mundo, por el ancho y espacioso camino que conduce al infierno. Danos un gran amor a la Cruz, para nunca quejarnos de ella, y para abrazarla cada día con amor, para seguirte en el camino del Calvario, y desde allí, al cielo. Amén”.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
           
Día nueve: Amar a Jesús en la Eucaristía.
“Querido Niño Jesús. Aleja de nosotros el amor del mundo, que nos lleva a apartarnos de Ti; aleja de nosotros el pecado de malicia, el preferir un partido de fútbol, un programa de televisión, un paseo, a Tu Amor, donado para nosotros sin reservas en la Eucaristía, y haz que el Domingo, día de precepto, sea para nosotros el día más importante y feliz de la semana, porque Tú vienes a nuestro encuentro en la Santa Misa, bajando desde el cielo hasta el altar eucarístico, para quedarte luego en nuestros corazones por la comunión eucarística. Divino Niño, danos siempre tu luz, para que no reemplacemos tu Amor infinito, donado en la Eucaristía, por las distracciones del mundo. Haz que sintamos hambre y sed de Ti en la Eucaristía. Amén”. Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Rezar el Rosario es mirar, como en una película, la vida de Jesús - El Santo Rosario explicado para niños


El Santo Rosario explicado para Niños







            ¿Alguien sabe qué quiere decir la palabra “Rosario”? Quiere decir: “rosas”. Rezar el Rosario es como regalarle rosas a la Virgen y también a Jesús. El Rosario es el rosal de la Virgen y de Jesús.
¿Cómo se reza el Rosario? Un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria por cada misterio. En el Rosario es importante saber de memoria las oraciones para no equivocarnos. Pero hay algo más importante todavía. En el Rosario, es como si nosotros estuviéramos viendo la vida de Jesús: ¿vieron cuando alguien ve un álbum de fotos de los papás, cuando eran chicos, después cuando eran más grandes, cuando iban a la universidad, cuando se casaban?
Bueno, así tiene que ser el Rosario: tiene que ser como si viéramos toda la vida de Jesús, como si nos pasaran fotos de Él. Por ejemplo, cuando rezamos los misterios de gozo. ¿Cuál es el primer misterio de gozo? “La Anunciación del Ángel a la Santísima Virgen María y la Encarnación del Hijo de Dios”. El Ángel -¿cuál de todos? Gabriel- le dice a la Virgen que Dios la ha elegido para que Ella sea la Madre de su Hijo y que el Espíritu Santo lo va a traer desde el cielo hasta dentro de su panza y la Virgen le dice que sí. Ese es el primer misterio de gozo. Jesús, el Hijo de Dios, que vivía desde siempre junto a su Padre, en el cielo, ahora, llevado por el Espíritu Santo, va a empezar a estar en la panza de la Virgen, para nacer como un Niño en Belén.
¿Qué tenemos que hacer nosotros cuando rezamos este misterio? Imaginar toda la escena: ¿qué podemos imaginar? Al ángel Gabriel, que se aparece de repente, todo lleno de luz, dentro de la casa de María; a María, que muy probablemente estaría cosiendo o haciendo las tareas de la casa, o estaría rezando; podemos imaginar lo que el ángel le dice, lo que la Virgen le contesta; podemos imaginar cómo Jesús, que es Dios invisible, es llevado por el Espíritu Santo a la panza de María.
Así podemos hacer en cada misterio: imaginarnos a las personas que actúan en cada misterio. Por ejemplo también, cuando rezamos el misterio de la coronación de espinas, o cuando rezamos la crucifixión de Jesús, o cuando rezamos la institución de la Eucaristía.
         Rezar las oraciones, imaginarnos las personas, aprender de Jesús y de María, porque ellos nos enseñan mucho con sus vidas y saber que cuando rezamos, Jesús y la Virgen están muy pero muy cerca de nosotros, están al lado nuestro, invisibles, sin que los veamos, escuchando la oración del Rosario, el rosal de la Virgen y de Jesús.

sábado, 26 de mayo de 2012

La Santa Misa para Niños (X) Oración universal y presentación de las ofrendas




Oración universal.

En esta parte de la Misa nos acordamos del Pueblo Elegido –los hebreos-, cuando atravesaba a pie el desierto para llegar a la Tierra Prometida, Jerusalén. En ese entonces, los hebreos iban conducidos por una nube luminosa que los guiaba en el camino, y eran alimentados por el maná, un alimento milagroso venido del cielo.
Ahora nosotros, por Jesús, somos el Nuevo Pueblo Elegido, que peregrina tamibén en un desierto, el desierto de la vida, en dirección a Jerusalén, pero no la de la tierra, sino la Jerusalén Celestial, y como los hebreos, también somos guiados por una nube luminosa, la Virgen María, y somos alimentados con el maná verdadero, el Pan bajado del cielo, el Cuerpo de Jesús en la Eucaristía.
Como somos el Pueblo de Dios, en este momento le rezamos a Dios Uno y Trino para que no nos deje solos en nuestro caminar hacia la Jerusalén del cielo, y le pedimos también por nuestras necesidades, sobre todo las espirituales, las que más necesitamos para llegar al Cielo.
Es importante saber que, por el bautismo, somos sacerdotes, profetas y reyes, porque estamos unidos a Cristo que es Sacerdote, Profeta y Rey, y por lo tanto nuestra oración tiene mucha importancia ante Dios Trinidad, porque es la “oración de los fieles”[1].
¿Y cuando pedimos, qué tenemos que pedir? Nos lo dice la misma Iglesia: “por las necesidades de la Iglesia; por los que gobiernan y por la salvación del mundo; por los que sufren por cualquier dificultad; por la comunidad local, y por alguna intención particular”[2].
Con esta oración que hacemos en este momento, no hace falta hacer ninguna “cosa rara”, como por ejemplo, aplaudir, bailar, o cosas por el estilo, porque con la oración nos unimos fuertemente a Jesús, que por nosotros intercede ante el Padre.
Pero además de pedir, podemos hacer otra cosa, más importante que pedir: ofrecernos como “víctimas”, junto a Jesús, que es “Víctima perfecta” en la Cruz, para la salvación del mundo[3].



Presentación de las ofrendas.

¿Qué es una “ofrenda”?
La ofrenda es un regalo que hacemos a Dios Uno y Trino para expresarle nuestro respeto y nuestro amor, porque Dios es infinitamente bueno para con nosotros. Es algo parecido a cuando queremos agasajar a nuestros papás por alguna ocasión especial, como por ejemplo, en sus cumpleaños: les hacemos un regalo, para demostrarles que los amamos y los respetamos.
Presentamos ofrendas porque tenemos para con Dios un deber de amor y una deuda de gratitud, debido a la enorme cantidad de bienes y de regalos que Él nos hace cada día, todos los días, desde que nos levantamos, hasta que nos acostamos, y también mientras dormimos. Por ejemplo, son muestras del Amor de Dios el solo hecho de que el sol salga en el horizonte; que la luna ilumine con su luz plateada y de que las estrellas brillen en la noche; que los pájaros canten en los árboles; que la tierra siga girando sobre su eje; que existan paisajes tan hermosos; que podamos saborear las ricas frutas; que podamos alimentarnos con los frutos de la tierra; que existan animales que son útiles para la vida y que además nos hacen compañía…
Solo por estas cosas somos deudores de Dios, de su bondad sin límites.
Pero además de todo esto, que son regalos maravillosos de Dios –los podemos llamar “naturales” o “de la naturaleza”-, hay otros regalos todavía más maravillosos, regalos del cielo, y por eso se llaman “celestiales” o “sobrenaturales”: haber sido adoptados por Dios en el Bautismo, lo cual quiere decir que Dios Padre Todopoderoso ¡es nuestro Padre!; recibir la Palabra de Dios en la Iglesia; recibir el Pan de Vida eterna en cada Santa Misa; recibir el Corazón de Jesús, lleno del Amor de Dios, en cada Eucaristía, y así podríamos seguir días y días contando los bienes de todo tipo que de Dios Trino hemos recibido.
Por todo esto, nuestra deuda de amor y de gratitud para con Dios es infinita e imposible de pagar, y es para saldar esta deuda que presentamos las ofrendas.
Y si presentamos el pan y el vino, ¿quiere decir que con ellos “pagamos” nuestra deuda con Jesús?
No, jamás podríamos saldar la deuda de amor con Dios con simplemente pan y vino. Entonces, ¿para qué presentamos el pan y el vino? Para que sean convertidas en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo.
¿Cuándo sucede esto? En el momento de la consagración, cuando el sacerdote dice: “Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, porque ahí es cuando el Espíritu Santo, con su poder de Dios, convierte el pan y el vino en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús. Y esta sí es una ofrenda digna de Dios, y agradable a sus ojos.
Cuando presentamos el pan y el vino, tenemos que saber que estos tienen que ser transformados por el Espíritu Santo para que puedan subir al Cielo.
 Esto sucede en la consagración eucarística, en el altar: el pan y el vino son transformados por el fuego del Espíritu Santo y son convertidos en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús.
Es decir, la ofrenda con la que agradaremos a Dios y le daremos retribución por su bondad, no son el pan y el vino, porque en sí mismos no tienen ningún valor y nunca podríamos pagar la deuda de amor que tenemos con Dios. En cambio, cuando el pan y el vino se convierten, por la transubstanciación, en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, con esto sí podemos saldar la deuda de amor con Dios Trino. Y con esta ofrenda santa, agradabilísima a Dios, no solo saldaremos nuestra deuda de amor, sino que quedaremos con saldo a nuestro favor.



[1] Cfr. OGMR, 69.
[2] Cfr. OGMR, 69.
[3] La fórmula utilizada en la OGMR promulgada en 1969 por Pablo VI define a la misa como “acción de Cristo y del pueblo de Dios jerárquicamente ordenado”.

viernes, 27 de abril de 2012

Hora Santa para Nacer - Niños y Adolescentes Adoradores de Cristo Eucaristía



Antes de la Adoración propiamente dicha: se enseña a hacer la genuflexión: la rodilla debe tocar el suelo, la vista debe estar fija en el Sagrario.
Se explica anteriormente a la visita, a los niños y a los adolescentes, que estamos delante de Jesús, y que por lo tanto, se debe tener una actitud de respeto y de silencio.
Vamos a hablar interiormente con Jesús; con los amigos, se puede hablar una vez que salgamos del Oratorio.
La adoración será de un máximo de veinte minutos. Debe haber un guía.
        
Inicio de la Adoración

         Canto Eucarístico: Oh Buen Jesús, yo creo firmemente.

Oración Introductoria: Nos encontramos ante la Presencia Real de Jesús. Dejemos de lado toda otra cosa, para no distraernos.

Guía: Oración de los Pastorcitos de Fátima: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro y Te amo; Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran ni Te aman”. (Se dice esta oración de forma pausada, por tres veces, con breve silencio entre ellas). Breve silencio al finalizar.

         Guía: Señor Jesús, Rey del cielo, vengo a visitarte.
                   No te veo, pero sé que estás escondido en la Eucaristía.
                   Vengo a decirte que te quiero mucho, y que te amo con todo el corazón.
                   Sé que muchas veces no me porto bien,
                   Pero desde ahora te prometo que voy a ser cada vez más bueno.
                   En esta adoración, Jesús, quiero pedirte que me ayudes a ser un niño santo, y para eso recordaré junto contigo cuando Tú eras niño como yo.

         Querido Jesús Eucaristía, queremos hacerte el regalo de nuestra niñez, ya que Tú también fuiste Niño, cuando vivías aquí en la tierra con tu Mamá, la Virgen, y San José. Así como fuiste protegido por ellos, también nosotros queremos que nos protejan, y nos enseñen a ser cada día más buenos, para crecer “en gracia y santidad”, como Tú.
        
Querido Jesús Eucaristía, queremos ser como Tú, cuando eras Niño; queremos aprender de tu infancia; queremos aprender a amar a nuestros papás y mamás como Tú los amabas. Queremos que nos enseñes a ser como eras Tú cuando tenías nuestra edad; queremos obedecer a nuestros padres, como Tú les obedecías; queremos respetarlos, honrarlos y amarlos, como Tú, Divino Niño, los respetabas, honrabas y amabas.
        
         Querido Jesús Eucaristía, cuando eras Niño, sufriste mucho por nosotros, y ya desde antes de ser un bebé en brazos de Tu Mamá, la Virgen, ofreciste tu infancia a Dios para salvarnos. ¡Ayúdanos con tu luz y tu amor, para que nosotros sepamos ofrecer sacrificios y mortificaciones para la salvación de las almas!

         Querido Jesús Eucaristía, cuando eras Niño, no tenías todas las comodidades que tenemos nosotros ahora, y además pasaste hambre y frío en muchas oportunidades, como cuando tuviste que huir de Herodes, que no quería que fueras rey. Tú, que siendo Niño te sacrificaste por nuestra salvación, ¡ayúdanos a ofrecer sacrificios, para la salvación de los pecadores! Haz que sepamos ofrecerte el sacrificio de privarnos de cosas buenas, para que todos se salven. Ven, Divino Niño Jesús, y haz que nuestra infancia transcurra en tu paz y en tu amor.
         Querido Jesús Eucaristía, que cuando tenías doce años te quedaste en el templo para ocuparte de las cosas de Dios Padre, haz que también nosotros, como niños adoradores de Tu Presencia Eucarística, seamos capaces de rezar mucho, como lo hacías Tú, y de ocuparnos más de las cosas de Dios y menos de las cosas del mundo.

         Querido Jesús Eucaristía, que cuando fuiste adolescente, aprendiste el oficio de carpintero que te enseñó tu padre adoptivo, San José, y ayudaste en los quehaceres de la casa a Tu Mamá, la Virgen María, ayúdanos para que demostremos amor a nuestros padres, ayudándolos en todo lo que podamos, de buena gana y sin que nos tengan que pedir con insistencia.

         Querido Jesús Eucaristía, que como Niño alegraste las vidas de tu Mamá y de tu papá San José, haz que también nosotros, buscando de ser santos, seamos también la alegría de nuestros padres, de nuestros hermanos, y de todos los que nos rodean.

         Querido Jesús Eucaristía, que desde Niño muy pequeño añorabas ser grande para algún día subir a la Cruz y así poder salvarnos, haz que también nosotros deseemos subir a la Cruz, para unirnos a Ti en tu sacrificio salvador.

         Oración en silencio por espacio de tres a cinco minutos. Antes de comenzar esta oración en silencio, el Guía explica a los niños que ahora tienen tiempo para hablar a Jesús con el corazón, que deben concentrarse en qué es lo que quieren decirle a Jesús.
Les explica el Guía a los niños que pueden pedir por sus papás, por sus hermanos, por sus seres queridos, por sus amigos.

         Guía: Pasados los cinco minutos, retoma el Guía, recitando nuevamente la oración de adoración de los Pastorcitos de Fátima: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro, y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman”.

         Guía: Jesús, Dios de la Eucaristía, Dios del Amor, de la luz y de la paz,
                   Me despido hasta la próxima visita.
                   Te dejo mi corazón junto al Sagrario,
                   Para que lo cuides de todo mal.
                   Te adoro con toda mi alma.
                   Querido Jesús Eucaristía,
                   Nunca dejes que me aparte de Ti.
          Querido Jesús Eucaristía, Divino Niño Jesús, acepta el don que te hago de mi infancia, y ayúdame a amar a Dios y a todo el mundo, con tu mismo Amor.

         Guía: recita nuevamente la oración de adoración de los Pastorcitos de Fátima: “Dios mío, yo creo, espero, Te adoro, y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman”.

Nuestra Señora de la Caridad, Tú que llevaste a Jesús dentro tuyo, como si fueras un Sagrario, te pido que me enseñes a amar a Jesús Eucaristía como Tú lo amas.

Señal de la cruz.

Canto Eucarístico de salida. Te adoramos, Hostia divina.