Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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domingo, 22 de octubre de 2017

El Evangelio para Niños: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios


(Domingo XXIX - TO - Ciclo A – 2017)

“Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mt 22, 15-21). ¿Qué quiere decir Jesús? El César es el mundo, lo que no es Dios; al César le corresponde el dinero, porque el dinero no es Dios. Lo que quiere decir Jesús es que no debemos apegarnos al dinero ni a lo que el dinero da: fama mundana, éxito mundano, bienes materiales, placeres terrenos. En el corazón del hombre hay un solo lugar, en el que puede caber, o el dinero, que es “el estiércol del Demonio”, como dicen los santos, o Dios. Es decir, en el corazón del hombre hay lugar para uno de dos: o el dinero –y detrás del dinero, el demonio-, o Dios. Si nos apegamos al dinero, nos olvidamos de Dios. Por eso Jesús nos dice que no debemos apegarnos al dinero, porque si nos aferramos al dinero y a lo que el dinero da, entonces, nos olvidamos de Dios, y lo peor que le puede pasar a una persona, es que se olvide de Dios, porque así, aunque tenga todo el mundo para él, su alma se va a perder en el Infierno.
A Dios debemos darle lo que es de Dios. ¿Y qué es lo que es de Dios? Lo que es de Dios, es todo nuestro ser, todo lo que somos y tenemos, porque Dios nos creó, nos salvó en la cruz por la Sangre de Jesús y nos santificó al darnos el Espíritu Santo, en Pentecostés y en la Confirmación. ¿Y qué quiere decir darle a Dios lo que somos y tenemos? Darle todo, desde la respiración que hacemos en este momento –por ejemplo, diciendo, “Te doy gracias, Dios mío, porque puedo respirar y estoy vivo”-, hasta el más pequeño pensamiento, rechazando todo pensamiento malo, porque nada malo podemos darle a Dios.

“Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”. Al César, el dinero y todo lo que el dinero da, para que nos desapeguemos, tanto del dinero, como lo que el dinero puede proporcionarnos; a Dios, nuestro ser, nuestra alma, nuestro corazón y nuestro cuerpo. ¿Dónde le damos a Dios todo lo que somos y tenemos? En la Santa Misa, porque en la Santa Misa Jesús baja del cielo, para quedarse en la patena con su Cuerpo y para dejar su Sangre en el cáliz. Desde lo más profundo del corazón, le decimos a Dios Padre: “Oh Dios mío, me ofrezco a Ti, con todo lo que soy lo que tengo, por medio de tu Hijo Jesús. Tú me creaste, me redimiste y me santificaste. Toma, Señor, mi humilde corazón, y únelo al Corazón de Jesús, para que unido al Sagrado Corazón, mi corazón sea inmolado con Jesús, para la salvación del mundo”.

viernes, 17 de octubre de 2014

El Evangelio para Niños: “Den al César las pasiones y a Dios los corazones”



"Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"


(Domingo XXIX – TO – Ciclo A – 2014)
         En este Evangelio, unos señores le llevan una moneda de plata, que tenía dibujada la cara del emperador de Roma –se llamaba Tiberio- y le preguntan si estaba bien pagarle con esa moneda al emperador. En realidad, lo que querían estos señores, era tenderle una trampa a Jesús, porque si Jesús decía que había que pagar, entonces lo iban a acusar de que Él estaba de parte de los romanos y en contra de los hebreos; si decía que no había que pagar, también lo iban a acusar lo mismo, porque entonces iban a decir que Jesús andaba diciendo que no había que pagar los impuestos al emperador de Roma. O sea que, ya sea que Jesús respondiera que sí había que pagar, o que no había que pagar con la moneda de plata que tenía dibujada la cara del emperador romano Tiberio, lo iban a acusar de todos modos.
         Pero la respuesta que les da Jesús los deja calladitos a todos. Jesús les dice: “¿De quién es ésa figura y inscripción?”. Y ellos le dijeron: “Es del César”. Entonces Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Y así Jesús los dejó a todos callados, porque de esa manera, nos enseña, a ellos y a nosotros, que hay que pagar los impuestos y que hay que obedecer a las autoridades civiles de la Patria, siempre y cuando no se opongan a la Ley de Dios.
         Pero hay otra cosa que también nos enseña Jesús cuando nos dice: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, porque el “César” es también el mundo, que ha sido vencido para siempre por Jesús en la cruz; entonces, al César hay que darle todo lo que no nos sirve para entrar en el cielo y es el hombre viejo y todo lo que hay en el hombre viejo: los pecados, las malas inclinaciones, los malos deseos, los malos pensamientos, las malas obras y cualquier cosa que nos aleje de Dios; a Dios, en cambio, hay que darle lo que le pertenece: nuestro corazón, renovado por la gracia, y con él, todo lo que somos y lo que tenemos, junto con nuestros seres queridos, los papás, los hermanos, los abuelos, los amigos, y se lo damos a través del Corazón Inmaculado de María, porque así nos aseguramos que Dios lo recibirá, ya que Dios nunca rechaza nada de lo que María le da.
“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Al César le pertenecen las pasiones, a Dios los corazones. Le demos al César nuestras pasiones, para que queden vencidas, junto al mundo, pisados y vencidos bajo la cruz, y le demos a la Virgen nuestros corazones, para que Ella se los dé a Nuestro amado Dios Jesús.