Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud
Mostrando entradas con la etiqueta Pan Vivo bajado del cielo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pan Vivo bajado del cielo. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de agosto de 2018

El Evangelio para Niños: La Eucaristía parece pan pero es la Carne de Jesús



(Domingo XIX - TO - Ciclo B – 2018)

“El pan que Yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 41-51). Cuando Jesús les dice a los judíos que su carne es pan y que el que coma de Él tendrá vida eterna, se escandalizan y piensan que ha perdido la razón, porque creen que Jesús los está invitando a que coman un pedazo de su Cuerpo. También creen que ha perdido la razón cuando les dice que Él ha bajado del cielo: “Yo Soy el Pan Vivo bajado del cielo”. Ellos lo vieron crecer desde chicos, conocen a su papá adoptivo, San José, conocen a su Mamá, la Virgen, conocen a sus primos, y por eso creen que Jesús es de la tierra y ahora, cuando les dice que ha venido del cielo, creen que ha perdido la razón.
         Lo que sucede es que los judíos no entienden las palabras de Jesús porque no tienen al Espíritu Santo en ellos. Solo el Espíritu Santo permite comprender que el Cuerpo de Jesús que hay que comer para tener vida eterna es el Cuerpo que está en la Eucaristía, que es un Cuerpo lleno de la gloria de Dios. La Eucaristía es el cumplimiento de las palabras de Jesús, de que el Pan que Él dará es la Carne para la vida del mundo, porque la Eucaristía parece pan, un pan sin vida, pero en realidad, es la carne del Cordero.
         Una vez sucedió un milagro eucarístico que confirma que la Eucaristía es Carne: un sacerdote, con dudas de fe, al momento de comulgar, le sucedió que la Hostia consagrada se convirtió en un trozo de carne, por lo que tuvo que sacársela de la boca y envolverla en el corporal, que quedó manchado de sangre.
         No hace falta que a nosotros nos suceda lo mismo: sabemos, por la fe, que la Eucaristía parece pan, pero es lo que dice Jesús: es la Carne de Jesús que da la vida eterna al que lo consume con fe, con amor y en estado de gracia.
        

domingo, 16 de agosto de 2015

El Evangelio para Niños: Jesús en la Eucaristía es el Pan Vivo bajado del cielo


(Domingo XX – TO – CicloB - 2015)

         Cuando Jesús les dice a los judíos que Él es “el Pan Vivo bajado del cielo” y que “ese Pan que Él dará es su carne, para la vida del mundo”, y que “su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida”, los judíos no pueden entender de qué está hablando Jesús. Dicen: “¿Cómo puede darnos a comer su carne y beber su sangre, si nosotros lo conocemos desde chiquito, y aquí en el pueblo son conocidos por nosotros su mamá y su papá?”.
         Dicen así porque no saben que Jesús está hablando de la Eucaristía, porque es en la Eucaristía en donde nosotros comemos su Carne resucitada y su Sangre glorificada.
         La Eucaristía es verdadera comida y verdadera bebida, porque es la Carne del Cordero de Dios y es la Sangre del Cordero de Dios, sólo que bajo apariencia de pan y de vino.
         Muchos pueden decir: pero si la Eucaristía es sólo un pedacito de pan, ¿cómo puede ser verdadera comida y verdadera bebida? Puede serlo, porque es la Carne del Cordero de Dios y es la Sangre del Cordero de Dios.

         ¿Es importante alimentarse de la Eucaristía? ¿Da lo mismo nutrirse de la Eucaristía a no hacerlo? Es importante alimentarse de la Eucaristía, y no da lo mismo nutrirse de la Eucaristía a no hacerlo: el que se alimenta de la Eucaristía, tiene la salvación de Dios y la vida de Dios; el que no se alimenta de la Eucaristía, no tiene ni la salvación de Dios ni su vida.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Santa Misa de Primeras Comuniones


(Homilía para los Niños del Colegio "Las Colinas" de Yerba Buena, Tucumán, Argentina, que reciben la Primera Comunión)

         ¿Como qué es la Misa de Primera Comunión?
         Es como haber sido invitados al sacrificio de la Cruz de Jesús; es como si hubiéramos estado en la época de Jesús, cuando lo llevaban camino del Calvario para crucificarlo, y alguien nos hubiera dicho: “Mirá, ahí lo llevan a Jesús, lo llevan para crucificarlo, vamos a acompañarlo, caminemos detrás de Él y nos quedemos cerquita suyo y de la Virgen, porque Jesús va a dar su vida por nosotros en la Cruz, para salvarnos”. Porque la Misa es como el Calvario de Jesús: en el altar, Jesús está invisible, en la Cruz, entregando su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad en la Eucaristía, solo que sin dolor y sin derramar sangre. No lo podemos ver con los ojos del cuerpo, pero sí lo podemos ver con los ojos de la Fe, y para eso hemos estudiado el Catecismo durante dos años, para poder “ver” a Jesús, que está invisible, sobre el altar. La Fe del Catecismo, la Fe que nos enseñaron nuestros catequistas, nos da una luz que nos hace ver más allá de lo que podemos ver con los ojos del cuerpo, y eso que podemos ver con los ojos de la Fe, es la Presencia de Jesús en el altar eucarístico, escondido detrás de algo que parece pan, pero que ya no es más pan, sino Jesús, vivo y resucitado, lleno de la luz y del Amor de Dios, en la Eucaristía. Por la Fe del Catecismo, podemos ver algo que antes no veíamos y ni sabíamos que existía: vemos a Jesús bajar del cielo con su Cruz y quedarse encerrado en algo que parece un poco de pan, que se llama “Eucaristía”.
         La Misa de Primera Comunión es también como cuando alguien es invitado a una fiesta, en donde hay una mesa con muchísimas cosas ricas; en la Misa, que es la Fiesta que Dios Padre prepara para nosotros; es una fiesta en donde se sirve un manjar delicioso, exquisito, tan pero tan rico, que no existe ninguna cosa rica en la tierra que se le pueda parecer. Aún más, si comparamos las cosas más ricas que hayamos probado alguna vez, comparadas con este manjar que se sirve en la Mesa del Altar, son como si uno comiera cenizas. ¿Qué cosas se sirven en la Fiesta de Dios Padre? Se sirve una carne exquisita, Carne de Cordero -el Cordero de Dios, Jesús-, asada en el Fuego del Espíritu Santo; se sirve un pan delicioso, el Pan Vivo bajado del cielo; y para beber, se sirve un vino también exquisito –el único vino que pueden tomar los niños, porque el vino de mesa común no pueden nunca tomarlo-, el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, que es la Sangre de Jesús, derramada en la Cruz y recogida en el cáliz del sacerdote.
         La Misa de Primera Comunión es como cuando entramos a un templo, como el nuestro, todo ornamentado y arreglado: así como el templo está todo iluminado, limpio, ordenado, con flores que adornan y perfuman el altar y el sagrario, y con la hermosa música del coro parroquial, que entona alabanzas a Dios, así el corazón, para la Primera Comunión -y para todas las que vendrán- tiene que estar iluminado con la luz de la fe, perfumado y limpio por la gracia de Jesucristo, y convertido en altar y sagrario para recibir a Jesús Eucaristía, y en él sólo se deben escuchar cantos de amor y de alabanzas a Jesús. Ahora bien, todo esto lo hace la gracia: solo por la gracia de la confesión sacramental, el corazón se ilumina con un resplandor más fuerte que mil soles juntos; solo por la gracia el corazón posee un perfume exquisito, el "buen olor de Jesucristo"; solo por la gracia el corazón se convierte en un altar y sagrario para recibir, con fe y con amor, a Jesús Sacramentado, y solo por la gracia, se escuchan en este corazón así preparado y dispuesto, cantos de amor, de alegría y de alabanza a Nuestro Dios que, del cielo, baja en la Cruz para quedarse en la Eucaristía, con su Cuerpo lleno de la luz, de la gloria y del Amor de Dios. De esto vemos qué importante es el Sacramento de la Penitencia antes de comulgar, para que la gracia de Jesús prepare nuestros corazones y los deje llenos de luz, para recibir a Jesús.
Pero lo que hace a la Santa Misa de Primeras Comuniones algo muy pero muy especial, y tan pero tan especial, que no hay nada en el mundo que se le pueda comparar, es que junto con la Carne del Cordero, el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, y el Pan Vivo bajado del cielo, va por dentro de estos alimentos celestiales el Amor de Dios. Quiere decir que cuando comulgamos, nos alimentamos con el Amor de Dios, que es como un Fuego que quiere encender nuestros corazones el Amor Divino.
La Santa Misa de Primeras Comuniones es entonces como ser invitados a un banquete en donde se sirven manjares, pero es un banquete del cielo, y los manjares que se sirven son también del cielo, porque tienen un condimento maravilloso y es el Amor de Dios. 
         La Santa Misa de Primeras Comuniones es como ser invitados a acompañar a Jesús al Calvario, y es como ser invitados al banquete del cielo, en donde nos alimentamos del Amor de Dios contenido en la Eucaristía, y es también como entrar a un templo hermoso, lleno de luz y con perfume de flores y esto es algo tan pero tan lindo, que querríamos que nunca se termine y que todos los días sean como el día de la Primera Comunión. Nosotros podemos hacer que “no termine nunca”. ¿De qué manera? Asistiendo todos los días que podamos, a la Misa y así todos los días van a ser para nosotros como la Misa de Primeras Comuniones.
                Por último, este es un día muy especial y para este día, nos hemos estado preparando durante dos años, estudiando el Catecismo y acudiendo a las clases que nos daban con mucho cariño nuestros catequistas. Estamos ansiosos de recibir a Jesús en nuestro corazón, después de dos años de preparación. Pero hay Alguien que ha estado esperando este momento desde hace nueve, diez, once años, desde que ustedes nacieron y todavía más, desde toda la eternidad; hay Alguien que está esperando desde hace mucho pero mucho tiempo para entrar en sus corazones, y ese Alguien es Jesús. Y a medida que se acerca la hora de la Primera Comunión de ustedes, el Sagrado Corazón de Jesús late cada vez más rápido y más fuerte, porque Él está muy ansioso de estar con cada uno de ustedes por la Comunión. Cuando comulguemos, entonces, no estemos distraídos: cerremos los ojos y en silencio, le digamos a Jesús en la Eucaristía: “¡Jesús, Dios mío, Te amo con todo mi corazón y nunca permitas que me aleje de Ti!” y le prometamos que la Primera Comunión no solo no va a ser la última, sino que va a ser la Primera de muchas, hasta llegar al cielo, momento en que ya no vamos a necesitar comulgar porque lo vamos a ver con nuestros propios ojos.