Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

viernes, 28 de diciembre de 2012

La Sagrada Familia para Niños



Antes que naciera Jesús, la Virgen y José estaban solos y formaban un “matrimonio”; después que nació Jesús, ese “matrimonio” se transformó en una “familia”, la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
Como niños, tenemos mucho que aprender del Niño de esta Familia Santa, el Niño Jesús, porque Él fue un Niño y un Hijo ejemplar. ¿Cómo era Jesús cuando era niño? Repasemos un poco su vida, para poder aprender de Él.
Desde muy chico, Jesús demostró siempre un gran amor hacia sus papás, y este amor lo demostraba no sólo no levantando jamás la voz, ni enojándose, ni impacientándose,  ni desobedeciendo, sino que lo demostraba durante todo el día, obedeciendo siempre, con prontitud y con gran alegría, y teniendo siempre para con ellos una sonrisa, un gesto amable, un gesto de cariño de hijo. De esto aprendemos a vivir el Cuarto Mandamiento, que dice: “Honrarás padre y madre”, porque no se puede honrar a los padres con el gesto enojado, con la impaciencia, con la desobediencia, y mucho menos con la mentira. El Niño Jesús nos enseña de qué manera hay que honrar a los papás: con la paciencia, el amor, la caridad, la generosidad, la obediencia. Aprendamos de Jesús el amor a los papás, para ser bendecidos por Dios.
A medida que fue creciendo, Jesús comenzó a ayudar a su mamá en las tareas de la casa, y a su padre adoptivo San José, en el taller, y fue así que fue aprendiendo el oficio de carpintero, con el cual se ganaba la vida. Jesús ayudaba y acompañaba a su Mamá, la Virgen, cuando la Virgen iba al mercado, a comprar las cosas que había en ese momento: pescado, queso, pan, frutas. No habían todas las cosas que hay ahora, como las que están en el super, o en el shopping; pero les bastaba para preparar una rica comida y, lo más importante, no había televisión, ni tampoco internet, ni celulares, así que los almuerzos y las cenas eran momentos para conversar entre los miembros de la familia. Jesús también ayudaba a su papá adoptivo, San José, y a pesar de que Él era Dios, no usaba sus poderes divinos para hacer la tarea más fácil, como muchos podrían pensar; por el contrario, se esforzaba al máximo, para tratar de hacer todos los trabajos que le encargaba su papá San José, a la perfección. De esto aprendemos su amor al sacrificio, porque si no amamos el sacrificio, nunca podremos subir a la Cruz, junto a Jesús, para acompañarlo en el Santo Sacrificio del Calvario. Aprendamos de Jesús el amor al trabajo y al sacrificio, porque si no, no podremos subir a la Cruz, y si no subimos a la Cruz, no podremos nunca salvarnos.
También Jesús, como todo Niño, tenía amigos, con los cuales jugaba y se divertía, y según cuentan muchos santos, iba a visitar a los amigos enfermos, y les llevaba algo para que se sintiesen mejor: queso, miel, higos y pan. De esto aprendemos su caridad, su gran amor hacia todos, sobre todo los más necesitados: los pobres, los enfermos, los que necesitan un buen consejo. Todas estas son obras de misericordia, necesarias para entrar en el Reino de los cielos. Aprendamos del Niño Jesús a ser buenos con los demás, para poder así ir al Cielo algún día.
Con el ejemplo de su vida, el Niño Jesús nos enseña a cumplir el Cuarto Mandamiento, que junto al primero, es el más importante para los niños (y también para los adultos). Pero a pesar de que Jesús amaba con locura a sus padres de la tierra, también amaba a su Padre del cielo, Dios Padre, y por ese motivo es que, cuando Jesús tenía doce años, luego de haber subido a Jerusalén por una fiesta religiosa, sabiendo Jesús que sus papás se iban sin Él, no fue tras de ellos, sino que se quedó en el Templo, enseñando a los Doctores de la Ley. Y después, cuando su Mamá, la Virgen, lo encontró y le dijo que Ella y San José se habían preocupado mucho porque no sabían dónde estaba, Jesús les dijo que no tenían que preocuparse, porque Él tenía que atender los asuntos de su Padre Dios, y por eso se había quedado en el Templo (cfr. Lc 2, 41-45). 
Es decir, Jesús sabía que sus papás se iban sin Él, pero no los fue a buscar, sino que se quedó en el Templo, porque sabía que tenía que cumplir la Voluntad de Dios en su vida, y esto significaba que debía separarse de ellos en ese momento. Jesús nos enseña entonces que hay que amar a los padres, en cumplimiento del Cuarto Mandamiento, pero también nos enseña que hay que amar a Dios "por sobre todas las cosas", y esto quiere decir que si Dios llama a la vida religiosa a alguien, ese tal debe dejarlo todo, incluidos sus padres, para cumplir la Voluntad de Dios, que siempre es santa.
Todo esto nos enseña el Niño Dios, el Niño de Belén, el Niño Jesús, y si los niños del mundo lo contemplaran a Él, en vez de mirar tanta televisión, tanta internet, tantos videojuegos, tanto fútbol, ¡el mundo sería un anticipo del Paraíso del cielo! 
Entonces, en el día de la Sagrada Familia, le pidamos a la Mamá de Jesús, la Virgen, y a su papá adoptivo, San José, que nos ayuden a ser cada día más parecidos al Niño Jesús, Dios Padre nos mire y piense que somos su Niño querido, y nos haga entrar directamente en el cielo, ¡sin pasar por el Purgatorio!

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