Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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domingo, 4 de febrero de 2018

El Evangelio para Niños: Jesús reza expulsa demonios cura enfermos y anuncia el Reino de Dios


(Domingo V - TO - Ciclo B – 2018)

         “Antes que amaneciera, Jesús fue a un lugar desierto; allí estuvo orando (…) Jesús curó a muchos enfermos (…) y expulsó a muchos demonios” (Mc 1, 29-39). El Evangelio nos describe cómo es un día de Jesús: reza, cura enfermos y expulsa demonios. Si bien Él es Dios, y por eso no tiene necesidad de rezar, es verdad que es también hombre perfecto, y en cuanto hombre, sí tiene necesidad de rezar. ¿Para qué reza Jesús? Para recibir la fuerza del Espíritu Santo, con la cual luego curará a los enfermos y expulsará a los demonios.

         Cuando vemos que Jesús cura los enfermos y expulsa a los demonios, podemos pensar que Jesús ha bajado del Cielo para hacer nuestra vida en la tierra más agradable, porque nos quita aquello que nos hace mal: la enfermedad y el Demonio, que con sus tentaciones nos molesta todo el día. Pero Jesús no ha venido para hacer más linda esta vida; no ha venido para sanarnos todas nuestras enfermedades; no ha venido para solo hacer exorcismos. Jesús ha venido para algo mucho, pero mucho más importante que el solo sanar enfermos y echar a los demonios: ha venido para avisarnos que el Reino de Dios está cerca y que Él quiere que todos vayamos allá, al Cielo, pero para poder entrar en el Reino de los cielos, tenemos que convertirnos, que quiere decir apartarnos del pecado, de todo lo que es malo, y además, vivir como hijos de Dios, como hijos de la luz, y no como hijos de las tinieblas. Para eso ha venido Jesús, y para eso tenemos que prepararnos todos los días de la vida: para entrar en el Reino de los cielos, cuando termine nuestra vida aquí en la tierra. Pero no hace falta que alguien muera para que entre en el Reino de Dios: si alguien está en gracia y comulga con amor y piedad y con frecuencia, comienza a vivir, ya desde esta vida, el Reino de Dios. Esta vida en la tierra no es nada más que una prueba o un ejercicio, para prepararnos para vivir, en el Cielo, en la Casa de Dios Padre, en donde reinan la paz, la alegría, el Amor de Dios. Para esto estamos en esta vida: para prepararnos para entrar en el Reino del Cielo.

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