Cristo Eucaristía, Luz de la niñez y de la juventud

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miércoles, 8 de junio de 2011

La Consagración a la Virgen para Niños y Adolescentes 1a Semana




Consagración a la Virgen para Niños y Adolescentes 1ª semana

PARTES O ETAPAS

Nos consagramos a la Virgen según el método de San Luis María Grignon de Montfort. La Consagración se divide en cuatro Partes o Etapas, que tienen que ser hechas paso a paso, sin adelantarse en nada.
Es cierto que podemos realizar una consagración de una forma espontánea rezando alguna oración frente al sagrario, o cada día de nuestra vida, al terminar el rosario, etc., pero hacer la consagración de esta otra manera, en cuatro partes o etapas, nos ayuda a ser más conscientes de qué es lo que entregamos a la Virgen y qué es lo que buscamos con esta entrega.

La primera Etapa, tiene como finalidad apartarse del Espíritu del Mundo. Ya veremos qué quiere decir esto, pero adelantamos algo diciendo que se trata de apartar todos los obstáculos que se interponen entre nosotros y la Virgen (tal como sucede en una carrera de obstáculos, que hay que ir superando, para llegar a la meta, así es con el espíritu del mundo: hay que superarlo, para llegar a María). Esta etapa es la que más tiempo dura, 12 días, porque el mundo tiene mucha influencia sobre nosotros y es difícil apartarnos de su acción sobre nuestras almas y el camino de salvación.

La segunda Etapa, es el Conocimiento de uno mismo. Tenemos que conocernos a nosotros mismos, para saber bien qué es lo que le entregamos a la Virgen. Lo bueno y lo malo, pecados anteriores, logros y anhelos, virtudes, talentos. Esta etapa dura 7 días.

La Tercera Etapa, nos habla del conocimiento de la Santísima Virgen. Es para conocer más a esa Madre tan amorosa y dulce que es la Virgen, en cuyos brazos nos vamos a arrojar.
Seguramente que en todo este tiempo, en nuestras vidas, la hemos nombrado, le hemos rezado, hemos besado sus imágenes, pero de lo que se trata ahora, es de conocerla más íntima y profundamente, y para eso es esta última etapa.

La Cuarta Etapa es para conocer a Jesús. Es verdad que es imposible conocer a Jesús en 7 días, pero tenemos una ventaja: la que nos presentará a su Hijo, y nos lo hará conocer, ¡es la Mamá de Jesús, la Virgen!, y Ella hará que lo conozcamos como nunca antes lo habíamos conocido. Y lo más importante, nos va a dar del amor de su Corazón Inmaculado, para que amemos a su Hijo con su mismo amor. De esta manera, conociendo a Jesús en esta vida, nos vamos preparando para el encuentro con Él en la hora de nuestra muerte, en donde lo veremos cara a cara y, por su misericordia, viviremos en el cielo para siempre, con Él y con la Virgen.

Primera Parte

Temas: 1. El desapego del espíritu del mundo. 2. Por qué consagrarnos a la Virgen. 3. Esta vida es como quien va de viaje a un lugar hermoso, y solo María conoce el Camino, su Hijo Jesús. 4. Jesús, siendo Dios omnipotente, quiso ser llevado en brazos por la Virgen, y como Jesús es nuestro modelo, nos consagramos para estar en los brazos de la Virgen. 5. Oraciones para rezar la Primera Semana de la Consagración.

1. El desapego del mundo.

¿Qué es el “mundo”, o también “espíritu del mundo”? Primero, veamos lo que no es: no es el mundo “creado” por Dios: las montañas, los mares, el cielo, los animales, las personas, el sol, los planetas, porque este “mundo” es esencialmente BUENO, porque fue creado por Dios, y Dios no hace ni crea nada malo.
En cambio, llamamos “mundo” o “espíritu del mundo”, a todo aquello que se opone a Dios, y que sí es malo. El “espíritu del mundo” se opone al Espíritu de Dios, y por eso es malo. Debido a que nosotros crecemos y vivimos en el espíritu del mundo, nos cuesta mucho reconocerlo, y por eso la primera semana de la Consagración, se destina a reconocer ese espíritu mundano que nos aleja de Dios. Por la consagración, buscamos alejarnos del espíritu del mundo, y acercarnos al Espíritu de Dios.
¿Qué cosas forman el espíritu del mundo?
Por ejemplo: buscar siempre la comodidad, el pasarla bien, el placer, el tener muchas cosas, la gran mayoría de ellas, inútiles; evitar el sacrificio, el trabajo, el orden, porque eso cuesta mucho y exige esfuerzo. El espíritu del mundo, nos deja seguir con nuestro corazón malo, sin tener que convertirnos, y por eso atrae más, porque es más fácil. El espíritu del mundo fomenta el egoísmo del corazón, porque hace pensar solo en uno mismo, sin que nos importe de los demás. Es como una nube oscura, que se asienta sobre la persona, y la hace ser mala y egoísta, y también triste, porque el egoísta nunca está alegre. El espíritu del mundo nos hace ser soberbios y desobedientes, y nos aleja de la gracia de Dios.
Es muy fácil tener el espíritu del mundo, y por ahí estamos tan acostumbrados a estar en él, que no nos damos cuenta. El espíritu del mundo está muchas veces como “pegado” a nosotros, y nos tenemos que despegar de él, para empezar a ser iluminados por el Espíritu de Dios.
El Espíritu de Dios, por el contrario, nos estimula al esfuerzo, al sacrificio, al trabajo, al orden, y en consecuencia, a la alegría, porque “Dios es Alegría infinita”, dice Santa Teresa de los Andes. El Espíritu de Dios es como una paloma blanca, que viene al corazón cuando este es como una luz; o también es como una luz grande, que produce paz y alegría en el corazón. El Espíritu de Dios nos hace ser humildes, obedientes, y mansos de corazón, como Jesús, y llena nuestros corazones de la gracia, de la luz y del amor de Dios.
Es muy difícil tener el Espíritu de Dios, y por eso nos consagramos a la Virgen, porque el Espíritu de Dios viene sólo por medio del Corazón Inmaculado de la Virgen.

2. ¿Por qué consagrarnos a la Virgen?

Porque dicen los santos que si queremos ir al cielo, el modo más seguro para llegar, es por medio de la Virgen. Dicen que, si intentamos llegar a Jesucristo -que es el Camino al cielo- por nosotros mismos, con toda seguridad, Él nos rechazará, ya que somos muy imperfectos, y también estamos llenos de cosas vanas y de pecados, pero si recurrimos a la Virgen, Ella nos tomará en sus brazos, como a niños pequeños, y nos presentará, limpitos y arropados, a su Hijo Jesús, y así Jesús no nos rechazará. Nos consagramos a la Virgen para que Ella nos lleve, desde su Corazón Inmaculado, al Corazón de su Hijo Jesús.

3. Estamos de viaje, y tenemos que preparar las valijas.

¿A quién le gusta salir de vacaciones a un lugar lindo? Por supuesto que a todos. Capaz que hay alguno que prefiera, en las vacaciones, quedarse a estudiar, encerrado, pero bueno, creo que la mayoría prefiere salir de vacaciones a algún lugar lindo, y cuanto más lindo, mejor. ¿Qué lugares lindos hay para ir de vacaciones? Hay muchos lugares muy lindos: Salta, Jujuy, Córdoba, Mendoza, la Patagonia, y también algunos lugares de nuestra propia provincia. El mar, la playa, la montaña, los cerros, los parques de diversiones, etc., son todos lugares para conocer y disfrutar.
Es muy lindo ir de vacaciones, porque en las vacaciones paseamos, tomamos helados, jugamos a los jueguitos, estamos más tiempo con mamá, papá y los hermanos. En vacaciones la pasamos muy bien, lástima que por ahí son un poco cortas, aunque hay algunos que hacen al revés: no estudian durante todo el año, porque se la pasan de vacaciones, y estudian en las vacaciones, con todo el calor encima, porque no estudiaron nada durante el año. Lo mejor es estudiar durante todo el año, para así poder disfrutar tranquilos de las vacaciones.
Para salir de vacaciones, tenemos que hacer las valijas, para saber qué cosas vamos a llevar, y después ponernos en camino: saber de dónde salimos, y adónde vamos, y para eso tenemos que ver un mapa. Nadie, que quiera ir a Mar del Plata, por ejemplo, llega “por casualidad”; hay que conocer el camino por donde vamos a ir.
¿Y qué tiene que ver esto con la Consagración a la Virgen?
Tiene que ver, porque en esta vida, estamos como quien está de viaje; desde que nacemos, vivimos en esta vida como alguien que se prepara para ir a un lugar muy, pero muy lindo, en donde vamos a estar como si estuviéramos en vacaciones, pero para siempre, porque es un lugar hermosísimo, en donde la felicidad y la alegría, la paz, el amor, no terminan nunca, y siempre hay cada vez más, y cada vez más y más felicidad, alegría, paz, amor, para siempre, para siempre. Al revés de las vacaciones de la tierra, que alguna vez se terminan –y por ahí se arruinan un poco, cuando llueve, o hace mal tiempo-, este lugar, al que tenemos que ir, no se termina nunca, y no se arruina nunca.
Ahí estamos mucho, mucho más felices, que cualquier día feliz que tengamos en esta tierra. Ese lugar es el cielo, donde viven Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Antes de subir a la cruz, Jesús nos dijo que en la Casa de su Padre, había muchas habitaciones -y la Casa del Papá de Jesús es hermosísima, y grandísima, como si fueran mil mansiones juntas, y más grandes todavías, y el paisaje es más lindo que Bariloche-, y que Él iba a prepararnos una habitación en esa Casa de su Papá. Para que nos demos una idea, una habitación de esa casa, es más grande que toda la Argentina junta. ¡Y todo eso, y más todavía, para nosotros!
Esta vida es entonces como quien está de viaje para ir de vacaciones –y quedarse a vivir para siempre- en un lugar hermosísimo, en una Casa grandísima y hermosa, la Casa de Dios Padre.
Y como cuando vamos de vacaciones, tenemos que saber adónde vamos, y tenemos que conocer el camino, así también en esta vida. Ya sabemos adónde vamos: al cielo, a encontrarnos con Dios Padre, en su Casa, y también nos vamos a encontrar con Dios Hijo, con Dios Espíritu Santo, con la Virgen, y con todos los santos y los ángeles, que viven también en el cielo.
Sabemos dónde tenemos que ir, y sabemos también cuál es el camino: Jesús es el camino, porque Él dijo en la Biblia: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Sabemos dónde vamos, y sabemos el camino, que es Jesús. Entonces nos preguntamos: ¿cómo hacemos para no equivocarnos de camino? Consagrándonos a la Virgen, porque Ella es la Única que sabe cómo llegar, porque Ella ya recorrió ese Camino. Es más, Ella fue la que ayudó a Dios Padre a construir ese Camino, porque Ella recibió a su Hijo Jesús en su vientre virginal; Ella crió a su Hijo Jesús, y lo acompañó cuando era joven, cuando era grande, y estuvo al lado suyo hasta que murió en la cruz.
La Virgen María es la que nos muestra el Camino; Ella nos conduce, en medio de la noche, y nos ilumina nuestros pasos, para que transitemos seguros por el Camino que lleva al cielo, Cristo Jesús.
Nos consagramos a la Virgen, a su Corazón Inmaculado para que, tomados de su mano, como un niño pequeño se toma de la mano de su mamá, caminemos el camino de la vida, para llegar al cielo, a la felicidad eterna, en donde veremos cara a cara a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo.

4. Queremos estar en los brazos de la Virgen.

Pero hay otro motivo más por el cual, como niños y jóvenes, debemos consagrarnos a la Virgen, lo que es igual a ser llevados por Ella en sus brazos: porque Jesús, siendo quien era, Dios omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, Creador del mundo visible y del invisible, eligió a la Virgen, para ser protegido por Ella, y para ser llevado por Ella en brazos, cuando era niño, y para ser educado por Ella, cuando era joven. Y si Jesús eligió tener por Mamá a la Virgen, entonces nosotros, que queremos ser como Jesús, también la elegimos a Ella, y nos consagramos a su Inmaculado Corazón, para vivir dentro de él.

5. Tarea para la Primera Semana de la Consagración: rezar al Espíritu Santo todos los días, pidiendo la gracia de saber cuál es el "espíritu del mundo" que me aparta del cielo.

Oraciones para rezar cada día
Nos ponemos en presencia de Dios y hacemos silencio por unos momentos
Nos hacemos la señal de la cruz.
Oración al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
Danos tu amor.
Ven a nuestras vidas, ven Santo Espíritu
Ven a nuestros cuerpos, ven Santo Espíritu (tres veces)

Recemos un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria

Oración a Jesús
Jesús, yo creo en Ti, Jesús, Te adoro
Jesús, yo espero en Ti y Te amo
Jesús, perdón por los que no creen en Ti,
y no Te adoran, no esperan, y no Te aman.

Oración a la Virgen María
Te elijo hoy, oh María,
en presencia de toda la corte celestial
por Madre y Reina mía.

Invocación
Oh María, Reina de la Paz y la Reconciliación
Ruega por nosotros y por el mundo entero.

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